lunes, 9 de julio de 2018




LA VIDA DEL EVANGELIO
por Julio Micó, OFMCap

Lo peligroso del Evangelio

Vivir con seriedad el Evangelio siempre ha sido peligroso y desestabilizador. Si Francisco hubiera seguido las pautas tradicionales de religiosidad que se vivían entonces en la Iglesia, no hubiera pasado nada. Pero se atrevió a caminar el camino que su encuentro con Dios le había descubierto. Por eso, tanto la sociedad como la Iglesia lo miraron con suspicacia, hasta que fueron capaces de integrarlo.

La forma evangélica de vida tomada por Francisco era subversiva aun sin pretenderlo, ya que chocaba con los nuevos valores que la sociedad de su tiempo estaba gestando; de ahí que la primera reacción fuera la de desautorizarlo como loco, como marginado. La sociedad no podía tolerar que alguien pensara y viviera por libre; eso era peligroso, pues creaba inseguridad. Con el paso de los años, lograron cierta domesticación al considerarlo como santo; un santo de la burguesía que era capaz de satisfacer las necesidades religiosas que tenían como clase. En adelante, los mendicantes, y en concreto los Franciscanos, serán las órdenes de la nueva sociedad, de la burguesía.

Respecto a la Iglesia pasó algo parecido. Costó bastante que en Roma, tal vez por experiencias recientes, se fiaran de la viabilidad del proyecto presentado por Francisco. Suponía aceptar que el Evangelio que los curiales predicaban, pero no cumplían, sí era practicable. Hubo que asegurar la plena fidelidad de Francisco y su integración dentro de los planes de reforma de la vida religiosa que la Curia estaba realizando, para que la vida del Evangelio que el santo presentaba como una forma coherente de vivir en la Iglesia fuese aprobada.


La misma Fraternidad tampoco llegó a asimilar del todo el evangelismo de Francisco. Además del corrimiento hacia posiciones y estructuras más tradicionales, los biógrafos lo interpretaron desde las mismas posiciones en que se había colocado la Orden. La forma de vida que Francisco intuyó y vivió como un seguimiento dinámico de Jesús tal como nos lo transmitió el grupo de carismáticos ambulantes de la Iglesia primitiva, es entendida como perfectio evangelica, «perfección evangélica», expresión monástica que refleja en contenidos de imitación, y por lo tanto de forma estática, la vivencia evangélica de la propia fe.

El cuadro antes descrito puede hacernos pensar que el proyecto de vida pretendido por Francisco fue un intento frustrado de hacer real el Evangelio de Jesús; y la verdad es que no fue así. Lo que no prosperó -tal vez porque es ley general que los movimientos radicales nazcan, se desarrollen y se disuelvan hasta desaparecer de una forma muy rápida- fue la forma del santo Evangelio vivida al estilo de los movimientos pauperísticos laicos, que Francisco entendió como voluntad del Señor. La evolución del movimiento franciscano hacia un tipo de Orden aceptable para la sociedad y la Iglesia, mantuvo los valores fundamentales, pero encarnados e historizados en formas menos sencillas y espontáneas que le restaban frescura.

De todos modos, el evangelismo vivido por Francisco sigue siendo para nosotros un reto a la hora de estructurar nuestra vida, ya que nos está invitando a recorrer el camino de Jesús desde la perspectiva del Reino; un Reino por el que se nos hace posible ser, a nivel individual y colectivo, lo que siempre hemos soñado y todavía más: lo que Dios ha proyectado, desde su amor, para nosotros.

Francisco recorrió este camino de Evangelio acompañado de la mano segura de la Iglesia. De ella recibió las santas palabras del Señor (2CtaF 34s), que para él eran espíritu y vida (Test 13), y a ella se dirigió para que le confirmara el vivir según la forma del santo Evangelio escrito en pocas palabras y sencillamente (Test 14s). Su empeño por vivirlo dentro de la Iglesia le confirmó como un verdadero creyente que no busca tanto seguir su propio camino, por muy seguro que esté, cuanto seguir el camino de Jesús que se nos muestra en el Evangelio.

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