MIENTRAS TANTO, COMAN DEMONIOS….
YA NO RESPETAN NI LO MÍNIMO QUE QUEDA DE LA TRADICIÓN DE LA IGLESIA…
LA ABSTINENCIA Y EL AYUNO SON NECESARIOS DURANTE LA SEMANA SANTA, PARA MEDITAR Y OFRECER POR LA PASIÓN DE N.S.J.C.; ADEMÁS DE OFRECER OTROS SACRIFICIOS, QUE NUNCA VIENEN DE MÁS…

Obispos de la diócesis de Concepción afirmaron que la tradicional abstinencia de ese alimento puede reemplazarse por otros sacrificios. Sugieren la privación de costumbres, placeres o lujos cotidianos, la oración y las obras de caridad.
El vicario general de la Arquidiócesis Tucumán, Melitón Chávez, y el obispo de la Concepción, José María Rossi, aclararon que la abstinencia de ese alimento puede ser reemplazada para esa época.
“Hoy es viernes y no se come carne”. Desde muy pequeños y durante siglos, los católicos asimilamos esa enseñanza que, con mayor o menor rigurosidad, se cumple en casi todos los hogares durante los viernes de la Cuaresma y, principalmente, en Semana Santa. Incluso, esa suerte de “mandamiento”, en muchas familias, es prácticamente la única actividad litúrgica que todos cumplen y comparten durante esta fecha tan especial para la grey católica.
Sin embargo, desde la Iglesia advierten que el verdadero sentido de la Cuaresma está en la privación de algunos lujos o vicios cotidianos, la solidaridad y la oración, como instrumentos que ayuden para fortalecer la espiritualidad y el acercamiento a Dios, y que no necesariamente debe circunscribirse a la abstinencia de consumir carne.
“No hay pecado si uno come carne para estos días y lo reemplaza con otro tipo de sacrificio, que haga que sus acciones lo lleven a encontrarse sinceramente con Dios, en el sentido religioso”, explicó a EL SIGLO monseñor Melitón Chávez, vicario general de la Arquidiócesis Tucumán.
El religioso explicó que “la Doctrina de la Iglesia aclara que la abstinencia de carne o cualquier otro alimento, como así también de costumbres o vicios que nos produzcan placer cotidianamente, implica un signo exterior de una actitud de penitencia interior que apunta a un cambio de actitud respecto a Dios y al prójimo. No se trata de un castigo que uno se impone a si mismo, sino de un auxilio personal, por lo que la penitencia no está en su rigor, sino en el valor que uno mismo le da”, agregó.
La verdadera penitencia
Monseñor Chávez aclaró que “las penitencias pueden ser muchas, no sólo no comer carne, como participar del Vía Crucis, rezar el rosario oración y fortalecer el contacto Dios; pero a su vez, la palabra de Dios nos insta al ayuno interno, a no ofender al prójimo, a evitar los vicios y la superficialidad”.
En este sentido, señaló que “en estos tiempos nuestros, por ejemplo, podemos acompañar el tiempo de Cuaresma privándonos de las adicciones modernas, como el celular e Internet, a los cuales se llega a tener un apego enfermizo. El sentido del ayuno no está completamente en lo que como o dejo de comer, sino en el sentido que yo le doy. Es dejar de lado las costumbres diarias para hacer un sacrificio que nos haga más espirituales”, puntualizó.
Tras aclarar que “es muy importante respetar estas fechas y su liturgia”, el prelado dijo que “hay que distinguir la abstinencia de carne con el ayuno, que se hace el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo, que implica comer lo mínimo e indispensable para no enfermarse”.
Además, consideró que “este sacrificio se puede hacer durante todo el año, privándonos de comer abundantemente, rezando, ayudando al prójimo, y no solo durante los tiempos de la Pascua. El ahorro de nuestro ayuno podemos compartirlo con quienes lo necesitan, eso realmente tiene gran valor en nuestra vida cristiana”, acotó.
Finalmente, el sacerdote sostuvo que “debemos aprovechar la Semana Santa no como un simple descanso, sino para orar, volver a Dios, encontrarnos con nuestro prójimo, tratar de cambiar para ser mejores, expresar nuestra solidaridad y participar de los signos litúrgicos, que nos ayuden a acercarnos a la espiritualidad”.
El sentido de la Cuaresma
Por su parte, monseñor José María Rossi, obispo de la Santísima Concepción, sostuvo que el tiempo de Cuaresma se propone llevarnos realizar algunos sacrificios como parte de la espiritualidad cristiana, siguiendo la tradición de tiempos anteriores a Jesús, con el ayuno, a través de la privación de algunos alimentos o placeres que para nosotros sean especiales.
En diálogo con nuestro diario, el religioso recordó que “Jesús, al cruzar el desierto, hizo 40 días de ayuno y esa es nuestra Cuaresma, hacer algunos sacrificios para alimentar nuestra espiritualidad”.
Mons. Rossi señaló que “tradicionalmente, la Cuaresma imponía no comer carne y ayunar espiritualmente, pero en los últimos tiempos esta tradición cambió”. No obstante, reconoció que “ante la diversidad de culturas fue variando y se dejo de pensar en el hecho de imponer solo el sacrificio de como no comer carne para esta época. La abstinencia de carne puede reemplazarse acompañando la Cuaresma con mayor espiritualidad, yendo a misa, rezando el rosario o poniendo en práctica nuestra solidaridad con el prójimo”, precisó.
Para la Iglesia, según el obispo de Concepción, “hoy el valor más grande es el sacrificio, que no sólo pasa por no comer carne, sino que puede reemplazarse con privarse de algunos lujos o realizando alguna obra de caridad”.
Al respecto, indicó que “para darle sentido a este sacrificio basta con privarse de algo que a uno le guste. Por ejemplo -explicó- en el caso de quienes le gusta tomar siempre vino, que los viernes de Cuaresma, Jueves y Viernes Santo no lo hagan, que a quienes les gustan los postres no los consuman y quienes fuman deje de hacerlo durante esos días”. El sacerdote agregó que “a su vez, esos sacrificios significan un ahorro, que bien puede ser destinado a la limosna, a compartirlo con los más necesitados. Esta espiritualidad de esforzarse y sacrificarse consiste en la renuncia de algunos placeres cotidianos y de prepararse para ser más generosos en la vida”.
Para finalizar, monseñor Rossi dijo que la Semana Santa tiene dos puntos de espiritualidad, como son la Cruz y la Resurrección. Esta fecha nos invita a descubrir que no hay conquistas sin esfuerzo sacrificio y solidaridad, en tiempos en que cada uno busca el bienestar personal dejando de lado el bienestar por el prójimo. Es una etapa de esperanza, de saber que todos cargamos una cruz todos los días, como son nuestros problemas y preocupaciones, pero también que hay una luz en el camino. Después del Viernes Santo y el dolor del Vía Crucis, Dios nos dice que debemos prepararnos para la vida eterna de la resurrección y la felicidad de las Pascuas”, concluyó.
Fuente: La Gaceta de Tucumán
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