“Conforme envejecemos tenemos más y más personas a las que recordar, personas que han muerto antes que nosotros.
Es muy importante recordar a quienes nos han querido y a aquellos a quienes hemos querido nosotros.
Recordarles significa permitir que sus espíritus nos sigan acompañando en nuestra vida diaria. Pueden convertirse en partes de nuestra comunidad espiritual y ayudarnos amablemente cuando tomamos decisiones en nuestro viaje. Padres, maridos o mujeres, hijos o hijas, amigas o amigos pueden convertirse en verdaderos compañeros espirituales tras su muerte.
En ocasiones pueden llegar a ser incluso más íntimos nuestros después de su muerte, que en vida. Recordar a los muertos es elegir su permanente compañía.”

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