| por FOPSME. |
Jesús nos deja a su Madre, que tendrá la misión de llevarnos de la mano, para conducirnos también a su Sagrario.
La Santísima Virgen se convierte en nuestra Madre por la Eucaristía; se encarga de hacernos encontrar nuestro Pan de vida, de enseñarnos a apreciarlo y desearlo; recibe la misión de formarnos a la adoración.
Es menester que la Santísima Virgen nos diga: Venid a adorar conmigo. Nuestro Señor puso a María sobre nuestro camino, para ser el puente entre él y nosotros.
Quiero deciros: Adorad a Nuestro Señor en la sociedad de la Santísima Virgen.
No digo: permaneced en ella, sino, Jesús está aquí ante vosotros para que os dirijáis directamente a él; pero hacedlo con María; vivid con ella, vivid en su casa; puesto que Nuestro Señor os la dio como directora, no adoréis jamás sin ella.
Decidle: Buena Madre, acompáñame; una madre siempre acompaña a su hijo; sin vosotros no podría decir nada.

No hay comentarios. :
Publicar un comentario