viernes, 10 de noviembre de 2017

DIOS HABLA EN EL HERMANO

Publicado: 09 de noviembre de 2017 a las 03:03 p.m. PST
El reproche y la queja son actitudes que nos dicen que todavía no somos capaces de reconocer a Dios en el hermano

"Cuentan que el abad de un monasterio visitó una comunidad que tenía fama de místico. Le contó cómo su monasterio, en otro tiempo, había sido un semillero vocacional fecundo. Hoy era casi un lugar ruinoso y desértico. No sabía por qué.

El eremita señaló el secreto: el Mesías estaba encarnado entre ellos y no había sido reconocido.

El abad, cuando regreso, lo contó a sus hermanos: en uno de ellos estaba el Mesías.

- ¿Quién sería ?, se preguntó.

Por si acaso, comenzó un proceso de otra manera. El monasterio cambió y las vocaciones renacidas. Pero lo más importante es descubrir una nueva oración: Dios también habla a través del hermano "

Después de nuestra vida como resucitados hemos caído en la cuenta de que, cuando nos olvidamos de eso, nos vamos a instalar, nos vamos a quedar ... no hacemos nada para superarnos y poco a poco nos vamos encerrando en sí mismos, mientras nuestra vida se vuelve aburrida, mediocre y vulgar.

Antes de resucitar todo nos parecían derechos, sin ninguna obligación. Todo era reproches contra los demás: porque no me entiende, porque no me habla con amabilidad, porque me juzga injustamente ... Vivíamos en la mediocridad, no encontrábamos nada para agradecer a nadie, todo lo que hacíamos por nosotros, era algo que merecíamos lo "bueno" que éramos. Mientras, casi sin apercibirnos de ello, íbamos entrando en la tibieza, y la apatía.

Qué significa que tú también, lo que pasa al monasterio que nos plasma la parábola de hoy. Los monjes, de tanto vivir en la rutina, habían perdido el resplandor, la luz, la frescura ... y se habían refugiado en la dejadez y el abandono.

Sin embargo, llama al cumplimiento de la vista, cómo puede salir de tu cuando el convento llega a la ilusión. Ya no se vende como "muebles" pertenecientes al mismo salón, sino que los seres vivos vivos pueden mejorar su trato, su entrega, su confianza ...

Cada uno puede ser capaz de reconocer todo lo que hace por él, intenta agradecerlo, comienza a vivir para los demás ... y la mediocridad ya no tiene cabida en el entorno, ni la tibieza tampoco. Todo vuelve a surgir, todo se renueva.

La persona que se aleja del agradecimiento acaba por darse el sí mismo, despreciando las soluciones que se presentan para solucionar su situación.

Lo hemos visto con claridad. ¡Cuántas veces se ha instalado en nuestro corazón la mediocridad por no haber sabido encajar en los trágos amargos de la vida!

Cuánta gente encontrando repitiendo siempre los mismos reproches y cuantas veces nos hemos visto nosotros haciéndolo igual. Son unos pesados ​​-hemos dicho- ¡No! Ahí hay mucho más que pesadez, esas quejas reiteradas están siendo alerta de que, en ese fondo, queda mucho por sanar.

Necesitamos salir de esta situación pidiéndole al Señor que nos dé un corazón misericordioso, como el suyo.

Pidámosle que nos ayude a ver que el reproche y la queja son actitudes que nos dicen que todavía no somos capaces de reconocer a Dios en el hermano y que, el que no entra en la misericordia y la comprensión ni sabe vivir, ni deja vivir a los demás.

Aceptamos todo eso que no nos gusta de nuestra vida. Sanémoslo. Dios no puede querer nada malo para nosotros. Es posible que muchas situaciones de las que nos plantean no nos agraden, pero seguro que tienen algo positivo para nuestra existencia.

Desterremos de nuestra vida la mediocridad. Los mediocres son los que tiran la toalla y viven sin esperanza.

Curemos nuestra pequeña con una vida de entrega y afecto a los demás. Y, cómo no, curémosla también con una vida profunda de Oración, pues es la única manera de aceptar todo eso que sin mirar al Señor, sería imposible acogerlo. Ya que:

La mediocridad, consiste en estar delante de la grandeza y no darse cuenta de ello.

Por Julia Merodio


Fuente: Betania.es

No hay comentarios. :

Publicar un comentario