miércoles, 5 de abril de 2017

¿Debemos pedir perdón a los homosexuales?

Cardenal Reinhard Marx
El año pasado el cardenal alemán Reinhard Marx, arzobispo de Munich y Frisinga, había asegurado que la Iglesia Católica tenía que pedir perdón a los homosexuales. Ante estas declaraciones preguntaron también al Papa Francisco si estaba de acuerdo en que la Iglesia tenía que pedirles perdón por haberlos marginado, y el Papa respondió que “no solo a ellos sino a cualquiera que pueda haberse sentido de esa forma”. En una entrevista publicada el día de hoy en REL, el Cardenal Cañizales también se le preguntó si estaba de acuerdo y respondió: “Lo acepto completamente. Hay que pedir perdón a los gays, pero no sólo a ellos, a mucha gente”. Ante todo esto es justo preguntarse:

¿Pero exactamente por qué debemos pedir perdón?

Porque si se trata de pedir perdón por haber sido protagonistas de cualquier tipo de trato injusto con los homosexuales, ciertamente habría que pedirles perdón. No dudo que los homosexuales hayan sido objeto de trato injusto por muchas personas, tanto católicas como no católicas, pero si estudiamos las declaraciones del Cardenal Marx, no se refería exactamente a esto.
Y es que el cardenal Marx hablaba específicamente a que debíamos pedirles perdón por la enseñanza oficial de la Iglesia respecto a la homosexualidad: porque esta afirma que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados y también que estos actos no deben recibir aprobación en ningún caso. Enseñanza, que aunque políticamente incorrecta, sigue vigente en el Catecismo Oficial de la Iglesia Católica.
Para el Cardenal Marx en cambio, “no se puede decir que una relación entre dos hombres, si son fieles, no tiene ningún valor“.
El problema consiste entonces que mientras para la doctrina católica dichas relaciones son pecaminosas, para el cardenal alemán son “valiosas“, o lo que es lo mismo, tienen “algún” valor.

El problema

Entiendo que los miembros de los colectivos LGTBI puedan sentirse ofendidos por la enseñanza oficial de la Iglesia, después de todo, está claro que quisieran que enseñáramos que las relaciones homosexuales no son pecado, sino un tipo de relación que debe ser aceptada como normal en la “diversidad” del mundo moderno. Enseñar cualquier otra cosa es para ellos una “ofensa” o inclusive “discriminación“.
La pregunta sería si el hecho de que ellos se sientan ofendidos porque enseñemos lo que ha sido parte de la enseñanza de la Biblia y del Magisterio bimilenario de la Iglesia es razón suficiente para dejarlo de hacer.
Lo cierto es que si de verdad la Iglesia ha tenido razón en enseñar esto, debería seguirlo enseñando a pesar de que esta enseñanza resulte molesta e incluso sea tomada como ofensiva por estos colectivos. Ceder ante estas presiones nos llevaría a dejar de ser sal de la tierra y luz del mundo. La Iglesia aunque siempre debe acoger al pecador nunca debe traicionar su misión de denunciar el pecado. El libro del profeta Isaías nos recuerda la advertencia del Señor que pesa sobre aquellos que llaman al mal bien y al bien mal. Estos colectivos pretenden hacernos ceder en este punto y con algunos lo logran

Hipocresía de la sociedad

En otras áreas políticamente correctas nadie pretende que la Iglesia traicione su mensaje. ¿Acaso vemos a la mafia ofendida porque la Iglesia enseña que el asesinato y el tráfico de drogas es pecado? ¿O a los ladrones por enseñar que robar está mal? Sinceramente creo que ni el propio Robin Hood se hubiese ofendido porque enseñemos lo evidente.
La hipócrita sociedad actual ve con buenos ojos que arremetamos contra aquello que es políticamente correcto. Contra los “avaros” capitalistas, contra los pedófilos y pederastas. ¿Pero acaso si degeneramos a un estado similar al que vivieron los antiguos griegos, cultura en que la pederastia era aceptada, tendremos que también dejar de enseñar sobre esto? ¿Se ofenderán acaso Aquiles y Patroclo? ¿O nos mandará a la hoguera el propio Alejandro Magno?
Por otro lado, de poca ayuda sería una Iglesia que solo acoge pero no suministra el remedio para el enfermo. Y es que aunque hoy está muy de moda hablar de “acogida” y de las “periferias", del “olor a oveja” y todo lo demás, y se olvida que una verdadera misericordia es la que busca la conversión del pecador, no dejarlo como está.
Si a un hospital llega un enfermo con un cuchillo clavado en la espalda, los doctores seguramente no se limitarán a darle una aspirina. Lo mismo, no tiene sentido, si alguien tiene una herida grave en el alma (el pecado mortal lo es) dejarlo permanecer en ese estado con la excusa del “respeto“. Y es esta precisamente otra de los graves problemas de hoy en día. Se comprende el respeto como una actitud excluyente de la corrección fraterna.
¿Irrespetamos a los sicarios cuando enseñamos que asesinar está mal? ¿Irrespetó Juan el Bautista a Herodes cuando le dijo que vivía en adulterio? ¿Por qué habría que suponer que la enseñanza del Catecismo es irrespetuosa, cuando señala una verdad objetiva?

¿Por qué entonces pedir perdón?

Y si a pesar del Cardenal Marx y de la opinión de la decadente y moribunda Iglesia alemana no tenemos que pedir perdón a los homosexuales por lo que dice el Catecismo, cabe preguntarse, ¿por qué entonces tendría la Iglesia que pedir perdón?
Porque no es verdad revelada que se pueda atribuir a la Iglesia los pecados de sus miembros. Los políticos que están tan ávidos de poner a la Iglesia de rodillas pidiendo perdón por los pecados de algunos de sus miembros, ni por error atribuyen, por ejemplo, a todos los musulmanes los atentados terroristas que perpetran los fundamentalistas islámicos.
¿Han visto a ustedes alguno de estos políticos hipócritas exigirles a los musulmanes que pidan perdón por los atentados terroristas que cometen sus correligionarios? ¿No es esto precisamente lo que se conoce como doble moral? 
Y a diferencia de los musulmanes, cualquier injusticia que se haya cometido contra un homosexual no fue precisamente por obedecer la enseñanza católica, sino más bien por desobedecerla
Como católico pido y pediré perdón por cualquier injusticia que haya cometido contra algún homosexual, pero no pediré perdón por creer la enseñanza de la Biblia y de la Iglesia, porque esta es justa.
Si en nuestra decadencia cada vez más obispos se suman a esta vorágine políticamente correcta de pedir perdón por todo lo que molesta a cualquier colectivo, aunque no tengan razón, pues no cuenten conmigo.
Poco ha servido a la decadente Iglesia alemana pedir perdón por haber sido católica. Poco sirve quedar bien en la foto pero convertirse en una iglesia insulsa que solo se limita a la amabilidad y a hacer unas cuentas obras sociales. La Iglesia alemana es modelo de en lo que no debemos convertirnos. Deberíamos darles las gracias por haber hecho el experimento.