viernes, 5 de marzo de 2021

Liturgia de la Palabra:


 


Liturgia de la Palabra:

06/03/2021
Sábado de la segunda semana de Cuaresma.
PRIMERA LECTURA
Arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.
Lectura de la profecía de Miqueas 7, 14-15.18-20
Pastorea a tu pueblo, Señor, con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que anda solo en la espesura, en medio del bosque; que se apaciente como antes en Basán y Galaad.
Como cuando saliste de Egipto les hará ver prodigios.
¿Qué Dios hay como tú, capaz de perdonar el pecado, de pasar por alto la falta del resto de tu heredad?
No conserva para siempre su cólera, pues le gusta la misericordia.
Volverá a compadecerse de nosotros, destrozará nuestras culpas, arrojará nuestros pecados a lo hondo del mar.
Concederás a Jacob tu fidelidad y a Abrahán tu bondad como antaño prometiste a nuestros padres.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 102, 1-2. 3-4. 9-10. 11-12
R. El Señor es compasivo y misericordioso.
Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R.
Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa,
y te colma de gracia y de ternura. R.
No está siempre acusando
ni guarda rencor perpetuo;
no nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R.
Como se levanta el cielo sobre la tierra,
se levanta su bondad sobre los que lo temen;
como dista el oriente del ocaso,
así aleja de nosotros nuestros delitos. R.

Versículo Lc 15, 18
Me levantaré, me pondré en camino
adonde está mi padre, y le diré:
Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

EVANGELIO
Este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido.
Lectura del santo Evangelio según san Lucas 15, 1-3.11-32
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
«Ese acoge a los pecadores y come con ellos».
Jesús les dijo esta parábola:
«Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre:
"Padre, dame la parte que me toca de la fortuna".
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad.
Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a apacentar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
"Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros".
Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo:
"Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo".
Pero el padre dijo a sus criados:
"Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado".
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
"Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud ".
Él se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Y él replicó a su padre:
"Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado."
El padre le dijo:
"Hijo, tú estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado"».
Palabra del Señor



Palabra de Dios diaria. P. Francisco J. Rebollo Leòn LECTURAS DEL SÁBADO II DE CUARESMA 6 DE MARZO (MORADO) Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo. Recíbeme como a uno de tus trabajadores.

 





ANTÍFONA DE ENTRADA Sal 122, 8-9

El Señor es compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar. Bueno es el Señor para con todos y su amor se extiende a todas sus creaturas.

ORACIÓN COLECTA

Señor Dios, que gracias a tus celestiales remedios nos haces participar, ya desde este mundo, de los bienes eternos, dirige nuestra vida presente para que, conducidos por ti lleguemos a la luz en que tú habitas. Por nuestro Señor Jesucristo…

LITURGIA DE LA PALABRA

Arrojará a lo hondo del mar nuestros delitos.

Del libro del profeta Miqueas: 7, 14-15. 18-20

Señor, Dios nuestro, pastorea a tu pueblo con tu cayado, al rebaño de tu heredad, que vive solitario entre malezas y matorrales silvestres. Pastarán en Basán y en Galaad, como en los días de antaño, como cuando salimos de Egipto y nos mostrabas tus prodigios.

¿Qué Dios hay como tú, que quitas la iniquidad y pasas por alto la rebeldía de los sobrevivientes de Israel? No mantendrás por siempre tu cólera, pues te complaces en ser misericordioso.

Reflexión 64: Escuchar la voz de Dios

 



Reflexiones diarias sobre la Divina Misericordia
365 días con santa Faustina

Reflexión 64: Escuchar la voz de Dios

Cuando estás en la iglesia, ¿escuchas? Específicamente, ¿escuchas la voz de Dios? Muchas veces nos sentamos y escuchamos la homilía y nuestra mente divaga y nos perdemos todo o la mayor parte de lo que se dijo. ¿A dónde vaga tu mente? La verdad es que a veces una mente errante proviene del Señor. A veces puede que se diga algo en la Misa que nuestro Señor luego pone en tu corazón para que medite. No tenga miedo de dejar que Jesús lo lleve en un viaje espiritual mientras está en la Misa o mientras está solo en oración. Es posible que a menudo desee pronunciar una homilía directamente a su alma (vea el Diario n. ° 221).

Reflexione hoy sobre lo bien que reflexiona. La verdadera reflexión en oración no es simplemente soñar despierto. No es la distracción lo que nos lleva a obsesionarnos o preocuparnos por esto o aquello. La reflexión en oración es una forma de dejar que Dios se apodere de nuestra imaginación para llevarnos a Su Verdad. A menudo desea llevarnos a una palabra de Verdad en particular que necesitamos saber en ese momento. ¿Qué tan bien haces esto? Reflexione en su meditación en oración y la próxima vez que ore, no tenga miedo de dejar que Dios tome el control.

Señor, sé que me hablas día y noche. Ayúdame a escuchar Tu dulce voz y a escuchar. Ayúdame a permitirte tomar el control de mi oración y dirigirme a todo lo que tienes que decir. Jesús, en Ti confío.


Construyendo el Reino 5 de marzo de 2021 Viernes de la segunda semana de Cuaresma

  



Reflexiones diarias católicas
¡Mi vida católica!

Construyendo el Reino
5 de marzo de 2021
Viernes de la segunda semana de Cuaresma
Lecturas de hoy



“Por tanto, les digo que el Reino de Dios les será quitado y entregado a un pueblo que producirá su fruto”. Mateo 21:42

¿Estás entre aquellos a quienes se les quitará el Reino de Dios? ¿O entre aquellos a quienes se les dará para que produzcan buenos frutos? Esta es una pregunta importante para responder con sinceridad.

El primer grupo de personas, aquellos a quienes se les quitará el Reino de Dios, están representados en esta parábola por los labradores de la viña. Está claro que uno de sus mayores pecados es la codicia. Son egoístas. Ven el viñedo como un lugar a través del cual pueden enriquecerse y preocuparse poco por el bien de los demás. Lamentablemente, esta estructura mental es fácil de adoptar en nuestras propias vidas. Es fácil ver la vida como una serie de oportunidades para "salir adelante". Es fácil abordar la vida de una manera en la que constantemente nos cuidamos a nosotros mismos en lugar de buscar sinceramente el bien de los demás.

El segundo grupo de personas, aquellas a las que se les dará el Reino de Dios para que produzca buenos frutos, son las que comprenden que el propósito central de la vida no es simplemente enriquecerse, sino compartir el amor de Dios con los demás. Estas son las personas que buscan constantemente formas en las que puedan ser una verdadera bendición para los demás. Es la diferencia entre el egoísmo y la generosidad.

Pero la generosidad a la que estamos llamados principalmente es la de edificar el Reino de Dios. Esto se hace mediante obras de caridad, pero debe ser una caridad motivada por el Evangelio y que tenga el Evangelio como fin último. El cuidado de los necesitados, la enseñanza, el servicio y cosas por el estilo son todos buenos solo cuando Cristo es la motivación y la meta final. Nuestras vidas deben hacer que Jesús sea más conocido y amado, más comprendido y seguido. De hecho, incluso si alimentáramos a una multitud de personas en situación de pobreza, cuidáramos a los enfermos o visitáramos a los que se sentían solos, pero lo hiciéramos por razones distintas a la de compartir el Evangelio de Jesucristo, entonces nuestro trabajo no producir el buen fruto de la edificación del Reino de los Cielos. En ese caso, solo seríamos filántropos en lugar de misioneros del amor de Dios.

Reflexione hoy sobre la misión que le ha encomendado nuestro Señor de producir abundantes frutos buenos para la edificación de Su Reino. Sepa que esto solo se puede lograr al buscar en oración la forma en que Dios lo está inspirando a actuar. Procura servir solo a Su voluntad para que todo lo que hagas sea para la gloria de Dios y la salvación de las almas.

Mi glorioso Rey, oro para que Tu Reino crezca y que muchas almas lleguen a conocerte como su Señor y Dios. Úsame, querido Señor, para la edificación de ese Reino y ayuda a que todas mis acciones en la vida den abundantes y buenos frutos. Jesús, en Ti confío. 

«Sentí muchas náuseas…»: practicaba su primer aborto, y «no era nada de lo que sentirse orgullosa»

 


«Sentí muchas náuseas…»: practicaba su primer aborto, y «no era nada de lo que sentirse orgullosa»

Lora Buzzetti, médico provida

La doctora Lora Buzzetti pasó de apoyar el aborto a crear una organización de ayuda a embarazadaso

La doctora Lori Buzzetti era una mujer claramente partidaria del aborto durante sus estudios de Medicina y lo siguió siendo mientras ejercía la profesión aunque ya de manera mucho menos entusiasta. Era como obligarse a creer en algo que en realidad no quería. Pero fue una experiencia propia con un aborto espontáneo lo que convenció completamente a esta médico sobre el mal intrínseco del aborto provocado. Ahora es una activista provida y fundadora de un hogar para mujeres embarazadas.

La Academia de Obstetras y Ginecólogos provida estadounidense, AAPLOG por sus siglas en inglés, ha querido mostrar al mundo el testimonio de esta doctora para mostrar una vez más el mal del aborto pero también el cambio que se puede dar en las personas que antes se consideraban proabortistas.

Buzzetti explica que se describía a sí misma como “proaborto” cuando era estudiante  de Medicina y estaba más o menos en paz con la idea de que una mujer abortara a su hijo. “Yo creía que el Gobierno no debería tener voz en lo que debe hacer una mujer con su embarazo”, cuenta esta doctora en un vídeo que recoge Live Action.

De este modo, explica que en aquellos años sentía que “el aborto no debería usarse como una forma de anticoncepción, pero que había ciertas circunstancias en las que era aceptable que una mujer se sometiera a una interrupción electiva”.


Lori Buzzetti es ahora una destacada doctora provida

Pero una cosa era la teoría y otra muy distinta la práctica. Sus creencias tuvo que confrontarlas el día que durante su residencia la enseñaron a practicar abortos. “Mi mentor me mostró cómo hacer el primer aborto, luego me hizo tomar su puesto y me acompañó durante las distintas fases hasta la terminación. Y al final sólo recuerdo sentir muchas náuseas… Eso no es nada de lo que sentirse orgullosa”, explica la doctora Buzzetti.

Cuando ella misma experimentó la pérdida de su primer bebé su visión de todo este asunto empezó a dar un vuelvo en su vida.

Aunque ella esperaba volver a la normalidad, Lori se encontró incapaz de librarse del trauma de la muerte de su bebé antes de nacer. Este fue el hecho definitivo que llevó a esta mujer a darse cuenta de la contradicción que vivía en su corazón.

“Si la vida no comenzaba hasta que un bebé no podía sobrevivir por sí mismo fuera del útero, ¿por qué sentía tanto dolor? Entonces mi postura a favor del aborto comenzó a romperse”.

Desde aquel instante comenzó a ver su profesión como ginecóloga de una manera diferente. La doctora Buzzetti cuenta que comenzó “a ver el daño que estaban causando los abortos y me di cuenta de que, como obstetras, debemos dejar de ser complacientes y no permitir que estos bebés sean ignorados”.

En un llamamiento a los miembros de su profesión les recuerda que “cuando completamos nuestra formación médica hicimos un juramento de no hacer daño, y en lo que he visto, hay dos pacientes que sufren cuando permitimos estos abortos. Es hora de que analicemos detenidamente lo que está haciendo nuestra profesión y defendamos la salud y el bienestar de nuestros pacientes”.

La transformación de esta mujer fue unida a un encuentro con Dios y a la creación de So Big, una organización de ayuda a mujeres embarazadas. Ella misma relata en la web de esta plataforma que “la idea comenzó en 2008 cuando escuché un susurro de Dios que cambió mi vida”.

“Mientras trabajaba como directora de la Clínica de Salud de la Mujer en el Centro de Atención Primaria St Vincent en Indianápolis, supervisé y enseñé a los médicos residentes mientras atendían a mujeres embarazadas que a menudo se encontraban en situaciones desesperadas. Algunas mujeres vivían en sus coches, otras necesitaban comida, mientras que otras se sentaban a llorar en la sala de examen pensando que el aborto era su única opción. Durante este tiempo, Dios tocó mi corazón sobre que cada vida es importante y me presentó una imagen de un hogar donde una mujer embarazada podría encontrar refugio, comida y, sobre todo, amor”, cuenta. Y así fue como surgió esta gran obra de quien en el pasado defendía acabar con la vida de un hijo.

Fuente: Religión en Libertad

El Don de Fortaleza

 


EL DON DE FORTALEZA 

“Sé para mí una roca de refugio, un alcázar fuerte donde me salve; pues mi roca eres tú, mi fortaleza, y, por tu nombre, me guías y diriges. Sácame de la red que me han tendido, que tú eres mi refugio” (Sal 31, 3-5). 

Es la invocación del salmista en los momentos de peligro. Se dirige a Dios, y lo llama, de todas las formas posibles, como fortaleza.  

Sé Tú mi roca, mi alcázar, mi baluarte, mi peña, mi refugio, mi apoyo, mi masada. “¡Dios mío, líbrame de la mano del impío, de las garras del perverso y del violento! Pues tú eres mi esperanza, Señor, Dios mío, mi confianza desde mi juventud. 

En ti tengo mi apoyo desde el seno, tú, mi porción desde las entrañas de mi madre; ¡en ti sin cesar mi alabanza!  Espíritu Santo, revísteme con tu auxilio, sé Tú mi escudo, no sólo en la guerra que me hagan desde fuera, sino sobre todo en la guerra contra mí mismo; que no decaiga en mi esperanza y me fíe de que Tú eres mi auxilio, quien me sostiene cuando voy a caer.  

Guarda mi pie de caer en la trampa, la que me tiende el orgullo, el amor propio, la vanidad. Fortaléceme con la sencillez, la humildad, y si por mi frágil condición pruebo el sabor amargo de la infidelidad, tiende tu mano hacia mí y da fuerza a mis huesos y a mi voluntad para que siempre me levante.  

Se necesita más fuerza para levantarse que para no caer, es mayor la gracia que se experimenta cuando, humillado, surge la necesidad de volver al Señor, que cuando se cree uno invulnerable.   Espíritu Santo, que nunca magnifique mi debilidad hasta el extremo de desconfiar de tu fuerza; que siempre, al menos, confíe en que contigo puedo volver a empezar.  

Me impresiona la enseñanza del Papa Benedicto: “Queridos amigos, Cristo no se interesa tanto por las veces que flaqueamos o caemos en la vida, sino por las veces que nosotros, con su ayuda, nos levantamos. No exige acciones extraordinarias, pero quiere que su luz brille en vosotros. No os llama porque sois buenos y perfectos, sino porque Él es bueno y quiere haceros amigos suyos. Sí, vosotros sois la luz del mundo, porque Jesús es vuestra luz. 

Vosotros sois cristianos, no porque hacéis cosas especiales y extraordinarias, sino porque Él, Cristo, es vuestra, nuestra vida. Vosotros sois santos, nosotros somos santos, si dejamos que su gracia actúe en nosotros.” (Benedicto XVI, Homilía en Friburgo, 2011) Ven, Espíritu Santo, concédeme el Don de fortaleza para que al menos, siempre tenga el valor de levantarme.

Oración al Santísimo Sacramento Autor: Santo Tomas de Aquino

 



Oración al Santísimo Sacramento
Autor: Santo Tomas de Aquino




Concédeme, Dios misericordioso, que desee yo con ardor lo que Tú apruebas, que lo busque con prudencia, lo reconozca con verdad, lo cumpla con perfección, en alabanza y gloria de tu nombre.



Pon orden en mi vida, y concédeme conocer lo que quieres que haga; concédeme cumplir debidamente lo que sea útil para la salvación de mi alma.



Que me dirija a ti, Señor, por un camino seguro, recto, agradable, y apto para llevarme al término; un camino que no se extravíe entre las prosperidades y las adversidades, de modo que te dé gracias en las cosas prósperas, y en las adversas conserve la paciencia, no dejándome exaltar por las primeras ni abatir por las segundas.



Que nada me regocije ni me atribule, fuera de aquello que a ti me lleve o me aparte de ti. Que no desee gustar o tema desagradar a nadie sino a ti. Que todo lo perecedero se vuelva vil ante mis ojos por tu causa, Señor, y que todo lo que contigo se relacione sea amado por mí; y Tú más que todas las cosas. Que toda alegría que existe sin ti me fatigue y, fuera de ti, nada desee. Que todo trabajo, Señor, me sea agradable si es para ti, y todo reposo ajeno a ti me sea insoportable. Concédeme elevar frecuentemente mi corazón a ti, y cuando desfallezca, que me apene de mi falta con propósito firme de corregirme.



Hazme, Señor, obediente sin contradicción, pobre sin defecto, casto sin corrupción, paciente sin protesta, humilde sin ficción, alegre sin disipación, triste sin abatimiento, maduro sin pesadumbre, diligente sin inconstancia, animado por tu temor sin desesperación, sincero sin doblez, hacedor del bien sin presunción, capaz de reprender al prójimo sin soberbia, edificándolo con palabras y ejemplos sin fingimientos.



Dame, Señor Dios, un corazón vigilante, que ningún pensamiento curioso arrastre lejos de ti; un corazón noble, que ninguna indigna afección lo desvíe; un corazón firme, que ninguna adversidad destroce; un corazón libre, que ninguna pasión violenta subyugue.



Concédeme, Señor, Dios mío, una inteligencia que te conozca, una diligencia que te busque, una sabiduría que te encuentre, una vida que te plazca, una perseverancia que te espere con confianza y una confianza que al fin te posea. Concédeme ser afligido por tus penas en la penitencia y que en el camino de mi vida use de tus alegrías para la gloria. Señor, que vives y reinas, Dios por todos los siglos de los siglos.



Amén.

Viernes 5 de de marzo del 2021




PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

Leví o Mateo siguió a Jesús y dio en su honor un gran banquete, en el que participaron muchos publicanos. «Los fariseos y los escribas dijeron entonces a los discípulos de Jesús: "¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?". Jesús les respondió: "No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a pecadores a que se conviertan"» (cf. Lc 5,27-32).

Pensamiento franciscano:

Así ora san Francisco en su Regla no bulada: «Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo, porque todos nosotros no somos dignos de nombrarte, imploramos suplicantes que nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo amado, en quien bien te complaciste, junto con el Espíritu Santo Paráclito, te dé gracias por todos como a ti y a él os place, él que te basta siempre para todo y por quien tantas cosas hiciste en favor nuestro» (1 R 23,5).

Orar con la Iglesia:

Bendigamos a Jesús, nuestro Salvador, que por su muerte y resurrección nos ha abierto el camino de la salvación.

-Señor de misericordia, que en el bautismo nos diste una nueva vida, te pedimos que nos hagas cada día más conformes a ti.

-Enséñanos a ser alegría para los que sufren, y haz que sepamos servirte en cada uno de los indigentes.

-Haz que procuremos hacer lo bueno, lo recto y lo verdadero ante ti, y que busquemos tu rostro con sinceridad de corazón.

-Perdona las faltas que hemos cometido contra la unidad y la concordia de tu familia, y haz que tengamos un solo corazón y un solo espíritu.

Oración: Señor Jesús, ilumínanos con la luz de tu palabra, para que la celebración de la Cuaresma produzca en nosotros sus mejores frutos. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.



 

jueves, 4 de marzo de 2021

Por último, les mandó a su propio hijo

 

 Por último, les mandó a su propio hijo

Viernes 5 de marzo

¡Paz y Bien!

Evangelio

Mateo 21, 33-43. 45-46

En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud y a los sumos sacerdotes esta parábola: «Había una vez un propietario que plantó un viñedo, lo rodeó con una cerca, cavó un lagar en él, construyó una torre para el vigilante y luego la alquiló a unos viñadores y se fue de viaje.

Llegado el tiempo de la vendimia, envió a sus criados para pedir su parte de los frutos a los viñadores; pero éstos se apoderaron de los criados, golpearon a uno, mataron a otro, y a otro más lo apedrearon. Envió de nuevo a otros criados, en mayor número que los primeros, y los trataron del mismo modo.

Por último, les mandó a su propio hijo, pensando: 'A mi hijo lo respetarán'. Pero cuando los viñadores lo vieron, se dijeron unos a otros: 'Este es el heredero. Vamos a matarlo y nos quedaremos con su herencia'. Le echaron mano, lo sacaron del viñedo y lo mataron.

Ahora díganme: Cuando vuelva el dueño del viñedo, ¿qué hará con esos viñadores?» Ellos le respondieron: «Dará muerte terrible a esos desalmados y arrendará el viñedo a otros viñadores, que le entreguen los frutos a su tiempo».

Entonces Jesús les dijo: «¿No han leído nunca en la Escritura: La piedra que desecharon los constructores, es ahora la piedra angular. Esto es obra del Señor y es un prodigio admirable?


Por esta razón les digo que les será quitado a ustedes el Reino de Dios y se le dará a un pueblo que produzca sus frutos».

Al oír estas palabras, los sumos sacerdotes y los fariseos comprendieron que Jesús las decía por ellos y quisieron aprehenderlo, pero tuvieron miedo a la multitud, pues era tenido por profeta.

Palabra del Señor

Reflexión

Liturgia de las horas P. Paco Rebollo SIERVOS DEL DIVINO AMOR. OFICIO DE LECTURA, LAUDES, HORAS INTERMEDIAS, VÍSPERAS Y COMPLETAS. 5 DE MARZO VIERNES II DE CUARESMA

 




 

Propio del Tiempo. Salterio II

 

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

 

Si ésta es la primera oración del día:

 

V. Señor abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza

 

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

 

Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle.

 

 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle.

 

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Himno: ¡OH REDENTOR, OH CRISTO!

 

¡Oh Redentor, oh Cristo,

Señor del universo,

víctima y sacerdote,

sacerdote y cordero!

 

Para pagar la deuda

que nos cerraba el cielo,

tomaste entre tus manos

la hostia de tu cuerpo

y ofreciste tu sangre

en el cáliz del pecho:

altar blando, tu carne;

altar duro, un madero.

 

¡Oh Cristo Sacerdote,

hostia a la vez y templo!

Nunca estuvo la vida

de la muerte tan dentro,

nunca abrió tan terribles

el amor sus veneros.

 

El pecado del hombre,

tan huérfano del cielo,

se hizo perdón de sangre

y gracia de tu cuerpo. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant 1. Señor, no me castigues con cólera.

 

Salmo 37 I - ORACIÓN DE UN PECADOR EN PELIGRO DE MUERTE

 

Señor, no me corrijas con ira,

no me castigues con cólera;

tus flechas se me han clavado,

tu mano pesa sobre mí;

 

no hay parte ilesa en mi carne

a causa de tu furor,

no tienen descanso mis huesos

a causa de mis pecados;

 

mis culpas sobrepasan mi cabeza,

son un peso superior a mis fuerzas.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Señor, no me castigues con cólera.

 

Ant 2. Señor, todas mis ansias están en tu presencia.

 

Salmo 37 II

 

Mis llagas están podridas y supuran

por causa de mi insensatez;

voy encorvado y encogido,

todo el día camino sombrío;

 

tengo las espaldas ardiendo,

no hay parte ilesa en mi carne;

estoy agotado, deshecho del todo;

rujo con más fuerza que un león.

 

Señor mío, todas mis ansias están en tu presencia,

no se te ocultan mis gemidos;

siento palpitar mi corazón,

me abandonan las fuerzas,

y me falta hasta la luz de los ojos.

 

Mis amigos y compañeros se alejan de mí,

mis parientes se quedan a distancia;

me tienden lazos los que atentan contra mí,

los que desean mi daño me amenazan de muerte,

todo el día murmuran traiciones.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Señor, todas mis ansias están en tu presencia.

 

Ant 3. Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.

 

Salmo 37 III

 

Pero yo, como un sordo, no oigo;

como un mudo, no abro la boca;

soy como uno que no oye

y no puede replicar.

 

En ti, Señor, espero,

y tú me escucharás, Señor, Dios mío;

esto pido: que no se alegren por mi causa,

que, cuando resbale mi pie, no canten triunfo.

 

Porque yo estoy a punto de caer,

y mi pena no se aparta de mí:

yo confieso mi culpa,

me aflige mi pecado.

 

Mis enemigos mortales son poderosos,

son muchos los que me aborrecen sin razón,

los que me pagan males por bienes,

los que me atacan cuando procuro el bien.

 

No me abandones, Señor,

Dios mío, no te quedes lejos;

ven aprisa a socorrerme,

Señor mío, mi salvación.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Yo te confieso mi culpa, no me abandones, Señor, Dios mío.

 

V. Convertíos al Señor, vuestro Dios.

R. Porque es compasivo y misericordioso.

 

PRIMERA LECTURA

 

Del libro del Deuteronomio 31, 1-15. 23

 

ÚLTIMAS PALABRAS DE MOISÉS

 

En aquellos días, Moisés dirigió estas palabras a todo Israel:

 

«He cumplido ya ciento diez años, y me encuentro impedido; además, el Señor me ha dicho: "No pasarás ese Jordán." El Señor, tu Dios, es quien lo pasará delante de ti, es él quien destruirá delante de ti todos esos pueblos y los desalojará. Josué pasará delante de ti, como ha dicho el Señor. El Señor los tratará como a los reyes amorreos Sijón y Og, y como a sus tierras, que arrasó. Cuando el Señor os los entregue, haréis con ellos lo que yo os he ordenado. ¡Sed fuertes y valientes, no temáis, no os acobardéis ante ellos!, que el Señor, tu Dios, avanza contigo, no te dejará ni te abandonará.»

 

Después Moisés llamó a Josué y le dijo, en presencia de todo Israel:

 

«Sé fuerte y valiente, porque tú has de introducir a este pueblo en la tierra que el Señor, tu Dios, prometió dar a tus padres; y tú les repartirás la heredad. El Señor avanzará ante ti. Él estará contigo; no te dejará ni te abandonará. No temas ni te acobardes.»

 

Moisés escribió esta ley y la entregó a los sacerdotes levitas, que llevaban el arca de la alianza del Señor, y a todos los ancianos de Israel, y les dio esta prescripción:

 

«Cada siete años, el año de la Remisión, por la fiesta de los Tabernáculos, cuando todo Israel acuda a presentarse ante el Señor, tu Dios, en el lugar que él elija, se proclamará esta ley frente a todo el pueblo. Congregad al pueblo, hombres, mujeres y niños, y al forastero que viva en tus ciudades, para que oigan y aprendan a temer al Señor, vuestro Dios, y pongan por obra todos los artículos de esta ley, mientras os dure la vida en la tierra que vais a tomar en posesión, cruzando el Jordán. Y vuestros hijos, que todavía no la conocen, han de escuchar la ley, para que vayan aprendiendo a temer al Señor, vuestro Dios.»

 

El Señor dijo a Moisés:

 

«Está cerca el día de tu muerte. Llama a Josué, presentaos en la Tienda de Reunión, y yo le daré mis órdenes.»

 

Moisés y Josué fueron a presentarse a la Tienda de Reunión. El Señor se les apareció en forma de nube y fue a colocarse a la entrada de la Tienda. El Señor ordenó a Josué:

 

«Sé fuerte y valeroso, que tú has de introducir a los hijos de Israel en la tierra que les he prometido con juramento. Yo estaré contigo.»

 

RESPONSORIO    Dt 31, 23. 6. 8; Pr 3, 26

 

R. Sé fuerte y valeroso, que el Señor es tu Dios. * Él avanzará ante ti, él estará contigo: no temas.

V. El Señor estará a tu lado y será tu tranquilidad, él preservará a tu pie de caer en la trampa.

R. Él avanzará ante ti, él estará contigo: no temas.

 

SEGUNDA LECTURA

 

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías

(Libro 4, 16, 2.5: SC 100, 564-572)

 

LA ALIANZA DEL SEÑOR

 

Moisés, en el Deuteronomio, dice al pueblo: El Señor, nuestro Dios, hizo alianza con nosotros en el Horeb; no hizo esa alianza con nuestros padres, sino con nosotros. ¿Por qué no hizo la alianza con los padres? Porque la ley no fue instituida para los justos; los padres, en efecto, eran justos y tenían escrito en su interior el contenido del decálogo, amando a Dios, su Creador, y absteniéndose de toda injusticia contra el prójimo; por esto no necesitaron la conminación de una ley escrita, ya que llevaban en su corazón los mandatos de la ley.

 

Pero al caer en olvido y extinguirse la justicia y el amor de Dios, durante la permanencia en Egipto, fue necesario que Dios, por su gran benevolencia hacia los hombres, se manifestara a sí mismo de palabra.

 

Con su poder sacó al pueblo de Egipto, para que el hombre volviera a ser discípulo y seguidor de Dios; y lo atemorizó con su palabra, para que no despreciara a su Hacedor.

 

Lo alimentó con el maná, alimento espiritual, como dice también Moisés en el Deuteronomio: Te alimentó con el maná, que no conocieron tus padres, para enseñarte que no sólo se vive de pan, sino de cuanto sale de la boca de Dios.

 

Además, le ordenó el amor de Dios y la justicia para con el prójimo, para que no fuese injusto ni indigno de Dios, disponiendo así al hombre, por medio del decálogo, para su amistad y la concordia con el prójimo; todo ello en provecho del hombre, ya que Dios ninguna necesidad tiene del hombre.

 

Todo esto contribuía a la gloria del hombre, otorgándole la amistad con Dios, de la que estaba privado, sin que nada añadiera a Dios, ya que él no necesita del amor del hombre.

 

El hombre, en cambio, se hallaba privado de la gloria de Dios, que sólo podía obtener por la sumisión a él. Por esto Moisés decía también al pueblo: Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia, amando al Señor, tu Dios, escuchando su voz, adhiriéndote a él, pues él es tu vida y tus muchos años en la tierra.

 

Y, queriendo disponer al hombre para esta vida, el Señor promulgó por sí mismo el decálogo, para todos sin distinción; y, con su venida en carne, este decálogo no fue abolido, sino que sigue en vigor, completado y aumentado. En cambio, no promulgó por sí mismo al pueblo los preceptos que implican servidumbre, sino que los promulgó por boca de Moisés, como afirma el mismo Moisés: En aquella ocasión el Señor me mandó que os enseñara, mandatos y decretos.

 

Aquellos preceptos, pues, que implicaban servidumbre y tenían el carácter de signo fueron eliminados por el nuevo Testamento de libertad; en cambio, los que eran de ley natural, liberadores y comunes a todo hombre, los completó y perfeccionó, dando a los hombres, con suma liberalidad y largueza, el conocimiento de Dios como Padre adoptivo, para que lo amasen de todo corazón y siguieran al que es su Palabra sin desviarse.

 

RESPONSORIO

 

R. Moisés, siervo de Dios, ayunó cuarenta días y cuarenta noches * para prepararse a recibir la ley del Señor.

V. Subió Moisés hacia el Señor en el monte Sinaí, y ahí permaneció durante cuarenta días y cuarenta noches.

R. Para prepararse a recibir la ley del Señor.

 

ORACIÓN.

 

OREMOS,

Concédenos, Dios todopoderoso, que, purificados por la penitencia cuaresmal, lleguemos totalmente convertidos a las próximas fiestas pascuales. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén

 

CONCLUSIÓN

 

V. Bendigamos al Señor.

R. Demos gracias a Dios.

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVITATORIO

(Si Laudes no es la primera oración del día

se sigue el esquema del Invitatorio explicado en el Oficio de Lectura)

 

V. Señor abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza

 

Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle.

 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. A Cristo, el Señor, que por nosotros fue tentado y por nosotros murió, venid, adorémosle.

 

Himno: DELANTE DE LA CRUZ LOS OJOS MÍOS

 

Delante de la cruz los ojos míos

quédenseme, Señor, así mirando,

y sin ellos quererlo estén llorando,

porque pecaron mucho y están fríos.

 

Y estos labios que dicen mis desvíos,

quédenseme, Señor, así cantando,

y sin ellos quererlo estén rezando,

porque pecaron mucho y son impíos.

 

Y así con la mirada en vos prendida,

y así con la palabra prisionera,

como la carne a vuestra cruz asida,

 

quédeseme, Señor, el alma entera;

y así clavada en vuestra cruz mi vida,

Señor, así, cuando queráis me muera. Amén.

 

SALMODIA