jueves, 16 de septiembre de 2021

September 16 2021, Angelus and Holy Rosary

Cómo perdonar de corazón, Padre Juan Jaime Escobar - Tele VID

Adoración al Santísimo 🙏 Jueves 16 Septiembre de 2021, Padre Mariusz Mak...

Misa de hoy ⛪ Jueves 16 de Septiembre de 2021, Padre Mariusz Maka - Tele...

San Cornelio 16 de Septiembre

 


San Cornelio 16 de Septiembre

(† 253)


El catolicismo no es laxitud, pero tampoco es rigidez inhumana. Cuenta con las debilidades de los hombres, como contó con ellas su Divino Fundador, Jesús, que no quebraba la caña cascada, ni apagaba el leño todavía humeante. Es curioso observar cómo la Iglesia condenó con idéntico celo la depravación de las costumbres que el rigorismo moral: las ideas desorbitantes como las demasiado alicortas. Ya desde los primeros siglos de la era cristiana fueron fulminadas con el anatema todas las doctrinas que suponían al hombre fuera del quicio de su debilidad. Estúdiense las condenaciones de encratitas, novacianos, jansenistas, etc., y se verá que los rostros ceñudos y demasiado alargados por la rigidez no caben en la Iglesia. Y es que ésta se sitúa siempre en el fiel de la balanza: entre el ángel y la bestia: entre los hombres. Yerran, por tanto, quienes intentan deshumanizar al hombre con el pretexto de elevarlo hacia las altas cimas de Dios, ¿Condescendencia de la Iglesia? En cuanto que aprueba el mal, no; pero sí en cuanto que lo supone. Bien considerado todo esto, queda bien claro que no hay por qué rasgarse las vestiduras cuando la Iglesia —Esposa purísima de Cristo— rechaza palabras como reforma, puritano, cátaro (= puro), pietista, etc. (todas ellas con un evidente significado de pureza), por estar marcadas de herejía. El refrán latino dice que in medio, consistit virtas (en el medio está la virtud), y la Iglesia se mantiene en ese medio humano evitando los extremos de rigorismo o laxitud.

 Y todo esto, a propósito de San Cornelio. Porque este Santo fue uno de los que —desde el timón de la nave de San Pedro— supieron sortear los escollos del más y del menos, quedando en el justo medio.

 En efecto, el nombre del papa Cornelio va asociado en la historia eclesiástica al del cisma o herejía de los novacianos. Frente a la intransigencia de éstos, San Cornelio vio que el leño todavía humeaba... ¿Por qué, pues, apagarlo? En la célebre cuestión de los lapsi (o caídos en la apostasía) veremos que San Cornelio representa la auténtica mentalidad de la Iglesia.

 No es demasiado lo que se sabe sobre este Papa, pero es suficiente e históricamente válido.

 A la muerte. del papa Fabián, martirizado en el comienzo de la persecución de Decio (20 de enero del 250), la sede romana quedó vacante durante dieciséis meses. En este largo período gobernaron la Iglesia romana los sacerdotes de la ciudad, entre los cuales se significó en todo momento un tal Novaciano, autor de diversas obras y hombre rigorista, Y éste, parecía ser el candidato para ocupar la cátedra de San Pedro, cuando, al amainar la persecución, se trató de elegir nuevo Papa. Sin embargo, la mayoría de los votos designó al sacerdote Cornelio (abril del 251), que fue reconocido como Romano Pontífice, frente a un grupo de presbíteros que apoyaban a Novaciano. La ambición de éste hizo que pronto surgiera un cisma en Roma. De hecho, Novaciano se hizo consagrar como obispo de Roma y envió cartas a las demás iglesias para que le reconocieran como Papa. Pero prevaleció pronto el buen sentido, y Cornelio vio que su designación era aceptada como válida, no sólo por la mejor parte del clero y del pueblo de Roma, sino también por las grandes lumbreras de la época, Dionisio de Alejandría, Cipriano de Cartago, así como por el resto de la cristiandad.

 La actividad de este Pontífice se centró principalmente en la condenación del rigorismo de Novaciano en la cuestión de los lapsi. Ya desde muchos años atrás se venía discutiendo si los cristianos que habían apostatado de la fe (=lapsi) podían ser admitidos en el seno de la Iglesia, previa una sincera conversión. Esto, en definitiva, no era sino un caso particular de la gran cuestión que había agitado a los pontificados de Ceferino (198-217) y de Calixto (217-222) sobre la admisión en la Iglesia o la exclusión perpetua de la misma de los grandes pecadores. Los obispos de Oriente se inclinaban más bien por el rigorismo; aunque no fue esto general, pues ya hemos dicho que por lo menos San Dionisio de Alejandría se inclinó hacia San Cornelio. El problema, como se ve, adquirió dimensiones extraordinarias y turbó durante años a algunas cristiandades. Concretamente, San Cipriano hubo de maniobrar entre el rigorismo desesperante y la indulgencia excesiva, inclinándose al fin y abiertamente hacia la doctrina del papa Cornelio, como lo testimonia la correspondencia sostenida con el Pontífice Romano por el gran obispo de Cartago. Esta correspondencia tiene, por otra parte, una importancia nada despreciable para demostrar la primacía de la Iglesia romana.

 El hecho es que en pocos meses la verdad se impuso sobre el error. San Cornelio, espíritu recto aunque flexible, supo demostrar que hay momentos en que no es posible ceder. Así le ocurrió a él, cuando supo sellar su fe con el martirio en Centumcellae (actual Civitavecchia) en el año 252.

 La muerte de San Cornelio tuvo lugar en el mes de junio; pero la traslación de sus restos a Roma, desde la cercana ciudad, a donde había sido desterrado y donde sufrió el martirio, se verificó probablemente el 14 de septiembre, fecha de la muerte de San Cipriano, cuya memoria va asociada a la de nuestro Santo en una fiesta común. Fue enterrado en una cripta próxima al cementerio de San Calixto. Su epitafio no está escrito en griego, como el de los papas del siglo III; dice simplemente Cornelius martyr, E. P., ¿no es más que suficiente título de gloria este del martirio? Su sucesor fue el papa Lucio.

 De la carta de San Cornelio a Fabián de Antioquía se desprenden unos datos interesantes para conocer el estado de la Iglesia de Roma, todavía no desarrollada por completo: los presbíteros eran, en aquella sazón, cuarenta y seis, siete diáconos, siete los subdiáconos, cuarenta y dos los acólitos y cincuenta y dos los exorcistas, lectores y ostiarios. Cifras, en verdad, muy modestas para las que había de alcanzar con el correr del tiempo la Urbe, pero que revelan ya la pujanza del cristianismo en medio de la persecución.

 De la vida de San Cornelio podemos sacar una enseñanza, a saber, que hay que estar dispuestos a sellar la fe con el testimonio de la sangre, pero, a la vez, hay que tener comprensión con los débiles, con los que reniegan con su conducta de la fe o con los que no han recibido de Dios todavía esa "luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo" (San Juan).


 FAUSTINO MARTÍNEZ GOÑI.

Diez sencillas formas de demostrar el amor a la Virgen María para empezar a aplicar desde ya

 


Diez sencillas formas de demostrar el amor a la Virgen María para empezar a aplicar desde ya

La Virgen María, con Jesús, en un fotograma de La Pasión de Cristo

La Virgen María es considerada la madre entre las madres, por lo que el amor inmenso por sus hijos queda lejos de dudas. Pero como toda madre, aunque no lo necesite, ella también desea ser amada.

En una bella reflexión, el padre Ed Broom presenta diez formas con las que demostrar a la Virgen el gran amor que se la profesa, sabiendo que además Ella es la gran intercesora:

1. Habla con ella

Tenemos que acostumbrarnos a hablar con María, nuestra queridísima Madre, muy a menudo, y confiarle, hablarle de corazón, amarla. Encomendarle toda nuestra vida a Ella es lo más agradable, así como a su Hijo Jesús, el Hijo de Dios y el Hijo de la Santísima Virgen María. María es nuestro modelo, nuestra guía, nuestra amiga y nuestra tiernísima madre. Ella tanto nos ama y anhela mantener un diálogo continuo con nosotros.

¡Empecemos hoy mismo! Todo buen amigo piensa siempre en el otro y habla muy a menudo. María es nuestra Madre, pero también es nuestra amiga y confidente.

2. Empieza el día con María

Al despertar cada mañana, nuestra primera acción debería ser la oración, ¿y qué oración? ¿Por qué no empezar el día entregándose totalmente a Jesús, en todo lo que dices, haces y piensas, a través del Corazón Inmaculado de María? Entrega a Jesús, por medio de María, tus ojos, tus oídos, tu mente, tu corazón, tu cuerpo y hasta tus intenciones; en una palabra, dale todo a Jesús por medio de la Madre María. ¡Qué importante es empezar bien el día a través del Corazón de María! Si quieres, puedes rezar la Oración de Consagración a María que aparece a continuación. Si no tienes un escapulario marrón, sería bueno que compraras uno y llevaras el escapulario de la Virgen como signo de que le perteneces y estás bajo su protección. Llévalo siempre, excepto en la ducha.

¡Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a Vos y, en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón. En una palabra, todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amen.

3. Dile a María que la amas

Una madre no se cansa de oír a su hijo decir: «¡Mamá, te quiero, eres lo máximo!». Uno podría tener la tentación de decir: «Ella ya lo sabe, ¿por qué decírselo si ya lo sabe?». Es cierto, lo más probable es que una buena madre ya lo sepa. Pero aún así, le gusta escuchar las palabras. Al decir: «Mamá, te amo», el corazón de una madre salta de alegría. Esto mismo se debe decir de la Virgen. Con las palabras más sencillas, cuando decimos: «Madre María, te quiero», entonces María, la Madre de Dios experimenta una gran alegría en su purísimo e Inmaculado Corazón. Por eso, en el transcurso del día recordemos decir: «¡Madre María, te amo!».

4. Camina con Ella

Hay una canción muy conocida, tanto en español como en italiano, dedicada a María y relacionada con este tema, cuyo título es Santa María del Camino, que significa «Nuestra Señora del Camino». Por eso, cuando viajamos, y ya sea un viaje corto o uno muy largo, deberíamos pedirle a la Madre María que nos acompañe. La Virgen es la mejor compañera de viaje y nos protege de muchos peligros en el trayecto, tanto físicos como morales. ¡Cuántos accidentes, físicos y morales, se han evitado seguramente viajando con María-Santa María del Camino!

María Auxiliadora

5. Imitar a María



Cuando conocemos a alguien y le guardamos un profundo respeto, el resultado suele ser la imitación, y la imitación lleva al seguimiento, y el seguimiento al amor profundo a esa persona. San Luis de Montfort destaca las diez principales virtudes de María que deberíamos procurar imitar: su profunda humildad, su fe viva, su obediencia ciega, su oración incesante, su abnegación constante, su pureza sobrecogedora, su amor ardiente, su paciencia heroica, su bondad angélica y su sabiduría celestial. (La verdadera devoción a María, San Luis de Montfort #108).

6. Confiar y encomendarse a María

Cuando se confía verdaderamente en una persona, se le confía el cuidado propio, sabiendo que esa persona especial nos cuidará y nos protegerá. Considera esto: Dios Padre confió a su Hijo unigénito al cuidado de María. Por eso, nosotros podemos confiar nuestra vida totalmente al cuidado de María, nuestra querida y amantísima Madre. «Nunca se supo que alguien que huyera a tu protección quedara sin ayuda». (El Memorándum, San Bernardo).

7. Cuéntale a María tus dolores y fracasos

Podríamos ser tentados por el enemigo, el diablo, que verdaderamente odia a María, a sentirnos inhibidos para contarle a la Madre María nuestros dolores y sufrimientos profundos. ¡Lo contrario debería ser el caso! María, la mejor de las madres, sabe muy claramente que cuando un niño está herido, es cuando el niño necesita el más tierno amor y cuidado. ¡Así debería ser con nosotros! Cuando los días parecen estar nublados, sombríos y francamente deprimentes en lo más profundo de nuestra alma, ¡es entonces cuando realmente necesitamos abrirnos y hablar con María, nuestra Madre! María es a la vez refugio de los pecadores y salud de los enfermos: ¡dos títulos de María en sus famosas Letanías!

8. Llama a María cuando seas tentado

Nuestra vida es una batalla constante; somos soldados tanto de Jesús como de la Madre María. Eso significa que estamos en un campo de batalla constante. Nuestros enemigos son tres: el diablo, la carne y el mundo. Conscientes de esta intensa realidad de combate espiritual, debemos invocar el Santo Nombre de María en medio de la batalla y ¡la victoria será nuestra! La famosa  Batalla de Lepanto  resultó ser una sorprendente victoria al invocar a María y al rezo del Santísimo Rosario, ante la insistencia del Papa San Pío V. ¡Confiemos nuestras batallas a María, que es más poderosa que todo un ejército en orden de batalla! ¡El mero nombre de María causa terror y miedo en todo el infierno!

9. Promueve el amor a María como Madre

Si en verdad hemos experimentado el amor, el cuidado y la ternura de María en nuestra vida diaria, sin duda querremos dar a conocer a la Madre María por todas partes. María no es amada ni honrada por una razón principal: ¡no es conocida! ¿Cómo se la puede dar a conocer? ¡De muchas maneras! Fomentar la lectura de buenos libros sobre María como Las Glorias de María de San Alfonso de Ligorio, La  Verdadera Devoción a María  de San Luis de Montfort y  Redemptoris Mater y La Santísima Virgen María y el Rosario, ambos del Papa San Juan Pablo II.

Fomentar el rezo del Santo Rosario y rezarlo diariamente, repartir Rosarios con folletos sobre cómo rezar el Rosario y, finalmente, animar a llevar el Escapulario de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

10. La muerte en los brazos de María

El momento más importante de nuestra vida es el momento en que morimos. Este momento determinará para toda la eternidad nuestro destino eterno, ya sea el cielo o el infierno. ¿Por qué no prepararse para morir en gracia, para tener una muerte santa, al menos 50 veces al día? ¿Cómo, podrías preguntar? Simplemente rezando diariamente el Santísimo Rosario. Cada vez que rezamos el Ave María, nos preparamos para una muerte santa y feliz con estas palabras: “Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén”.

Por tanto, regocijémonos con la aguda conciencia de que todos tenemos una Madre celestial, María la Madre de Dios, la Madre de la Iglesia y nuestra querida Madre. Ella nos conoce, nos cuida, nos protege, pero sobre todo, ¡nos ama! De hecho, en medio de las pruebas, las luchas y las intensas batallas de la vida, encontremos nuestro refugio en el Inmaculado Corazón de María y en el Sagrado Corazón de Jesús.

(Publicado originariamente en el portal de noticias marianas CariFilii.es)

«A los pies de Jesús, comenzó a llorar» (Lc 7,36-50)

 



 «A los pies de Jesús, comenzó a llorar»  (Lc 7,36-50)


Mons. José Ignacio ALEMANY Grau, Obispo Emérito de Chachapoyas

(Chachapoyas, Perú)

Hoy, Simón fariseo, invita a comer a Jesús para llamar la atención de la gente. Era un acto de vanidad, pero el trato que dio a Jesús al recibirlo, no correspondió ni siquiera a lo más elemental.

Mientras cenan, una pecadora pública hace un gran acto de humildad: «Poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume» (Lc 7,38).

El fariseo, en cambio, al recibir a Jesús no le dio el beso del saludo, agua para sus pies, toalla para secarlos, ni le ungió la cabeza con aceite. Además el fariseo piensa mal: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora» (Lc 7,39). ¡De hecho, el que no sabía con quién trataba era el fariseo!

El Papa Francisco ha insistido mucho en la importancia de acercarse a los enfermos y así “tocar la carne de Cristo”. Al canonizar a santa Guadalupe García, Francisco dijo: «Renunciar a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús; amar la pobreza, para poder amar más a los pobres, enfermos y abandonados, para servirles con ternura y compasión: esto se llama “tocar la carne de Cristo”. Los pobres, abandonados, enfermos y los marginados son la carne de Cristo». Jesús tocaba a los enfermos y se dejaba tocar por ellos y los pecadores.

La pecadora del Evangelio tocó a Jesús y Él estaba feliz viendo cómo se transformaba su corazón. Por eso le regaló la paz recompensando su fe valiente. —Tú, amigo, ¿te acercas con amor para tocar la carne de Cristo en tantos que pasan junto a ti y te necesitan? Si sabes hacerlo, tu recompensa será la paz con Dios, con los demás y contigo mismo.

Oh Jesús Sacramentado, te doy gracia

 


Oh Jesús Sacramentado, te doy gracia

Señor Jesucristo, Hijo de Dios vivo,
que por voluntad del Padre y la cooperación
del Espíritu Santo, mediante tu muerte
diste vida al mundo: líbrame por la recepción
de tu Sacrosanto Cuerpo y Sangre de todas
mis culpas y de todo mal.

Concédeme que yo siempre cumpla fielmente
tus mandamientos y no permitas que jamás
me separe de Ti.

Amén

jueves, 16 de septiembre de 2021 Santo Evangelio 16 de Septiembre 2021

 


jueves, 16 de septiembre de 2021
Santo Evangelio 16 de Septiembre 2021


Texto del Evangelio (Lc 7,36-50):

En aquel tiempo, un fariseo rogó a Jesús que comiera con él, y, entrando en la casa del fariseo, se puso a la mesa. Había en la ciudad una mujer pecadora pública, quien al saber que estaba comiendo en casa del fariseo, llevó un frasco de alabastro de perfume, y poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar, y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume.

Al verlo el fariseo que le había invitado, se decía para sí: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora». Jesús le respondió: «Simón, tengo algo que decirte». Él dijo: «Di, maestro». «Un acreedor tenía dos deudores: uno debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían para pagarle, perdonó a los dos. ¿Quién de ellos le amará más?». Respondió Simón: «Supongo que aquel a quien perdonó más». Él le dijo: «Has juzgado bien», y volviéndose hacia la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y no me diste agua para los pies. Ella, en cambio, ha mojado mis pies con lágrimas, y los ha secado con sus cabellos. No me diste el beso. Ella, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. No ungiste mi cabeza con aceite. Ella ha ungido mis pies con perfume. Por eso te digo que quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor. A quien poco se le perdona, poco amor muestra».

Y le dijo a ella: «Tus pecados quedan perdonados». Los comensales empezaron a decirse para sí: «¿Quién es éste que hasta perdona los pecados?». Pero Él dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado. Vete en paz».

«A los pies de Jesús, comenzó a llorar»

Mons. José Ignacio ALEMANY Grau, Obispo Emérito de Chachapoyas

(Chachapoyas, Perú)

Hoy, Simón fariseo, invita a comer a Jesús para llamar la atención de la gente. Era un acto de vanidad, pero el trato que dio a Jesús al recibirlo, no correspondió ni siquiera a lo más elemental.

Mientras cenan, una pecadora pública hace un gran acto de humildad: «Poniéndose detrás, a los pies de Jesús, comenzó a llorar y con sus lágrimas le mojaba los pies y con los cabellos de su cabeza se los secaba; besaba sus pies y los ungía con el perfume» (Lc 7,38).

El fariseo, en cambio, al recibir a Jesús no le dio el beso del saludo, agua para sus pies, toalla para secarlos, ni le ungió la cabeza con aceite. Además el fariseo piensa mal: «Si éste fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que le está tocando, pues es una pecadora» (Lc 7,39). ¡De hecho, el que no sabía con quién trataba era el fariseo!

El Papa Francisco ha insistido mucho en la importancia de acercarse a los enfermos y así “tocar la carne de Cristo”. Al canonizar a santa Guadalupe García, Francisco dijo: «Renunciar a una vida cómoda para seguir la llamada de Jesús; amar la pobreza, para poder amar más a los pobres, enfermos y abandonados, para servirles con ternura y compasión: esto se llama “tocar la carne de Cristo”. Los pobres, abandonados, enfermos y los marginados son la carne de Cristo». Jesús tocaba a los enfermos y se dejaba tocar por ellos y los pecadores.

La pecadora del Evangelio tocó a Jesús y Él estaba feliz viendo cómo se transformaba su corazón. Por eso le regaló la paz recompensando su fe valiente. —Tú, amigo, ¿te acercas con amor para tocar la carne de Cristo en tantos que pasan junto a ti y te necesitan? Si sabes hacerlo, tu recompensa será la paz con Dios, con los demás y contigo mismo

miércoles, 15 de septiembre de 2021

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN Jueves,16 de septiembre del 2021.


PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

De la Carta de san Pablo a los Romanos: «Hermanos, ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor; así que ya vivamos ya muramos, somos del Señor. Pues para esto murió y resucitó Cristo: para ser Señor de muertos y vivos» (Rom 14,7-9).

Pensamiento franciscano:

Alabanzas del Dios altísimo que compuso san Francisco después de su estigmatización: «Tú eres santo, Señor Dios único, que haces maravillas... Tú eres belleza, mansedumbre; tú eres protector, custodio y defensor nuestro; tú eres fortaleza, refrigerio. Tú eres esperanza nuestra, fe nuestra, caridad nuestra, toda dulzura nuestra, vida eterna nuestra: Grande y admirable Señor, Dios omnipotente, misericordioso Salvador» (AlD 5-6).

Orar con la Iglesia:

Bendigamos a Jesús, nuestro Salvador, que por su muerte y resurrección nos ha abierto el camino de la salvación.

-Señor de misericordia, que en el bautismo nos diste una vida nueva, haznos cada día más conformes a ti.

-Enséñanos, Señor, a ser alegría para los que sufren, y haz que sepamos servirte en cada uno de ellos.

-Ayúdanos, Señor, a hacer frutos dignos de penitencia y a buscar tu rostro con sinceridad de corazón.

-Perdona las faltas que hemos cometido contra la armonía y unidad de tu familia, y haz que tengamos un solo corazón y un solo espíritu.

Oración: Purifica y protege, Señor, a tu Iglesia, dirígela y sostenla siempre. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


 

¿Cuál de ellos lo amará más?

 

¿Cuál de ellos lo amará más?

Jueves 16 de septiembre

¡Paz y Bien!

Evangelio

Lucas 7, 36-50

En aquel tiempo, un fariseo invitó a Jesús a comer con él. Jesús fue a la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Una mujer de mala vida en aquella ciudad, cuando supo que Jesús iba a comer ese día en casa del fariseo, tomó consigo un frasco de alabastro con perfume, fue y se puso detrás de Jesús, y comenzó a llorar, y con sus lágrimas bañaba sus pies; los enjugó con su cabellera, los besó y los ungió con el perfume.

Viendo esto, el fariseo que lo había invitado comenzó a pensar: "Si este hombre fuera profeta, sabría qué clase de mujer es la que lo está tocando; sabría que es una pecadora".

Entonces Jesús le dijo: "Simón, tengo algo que decirte". El fariseo contestó: "Dímelo, Maestro". Él le dijo: "Dos hombres le debían dinero a un prestamista. Uno le debía quinientos denarios, y el otro, cincuenta. Como no tenían con qué pagarle, les perdonó la deuda a los dos. ¿Cuál de ellos lo amará más?" Simón le respondió: "Supongo que aquel a quien le perdonó más".

Entonces Jesús le dijo: "Haz juzgado bien". Luego, señalando a la mujer, dijo a Simón: "¿Ves a esta mujer? Entré en tu casa y tú no me ofreciste agua para los pies, mientras que ella me los ha bañado con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no me diste el beso de saludo; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besar mis pies. Tú no ungiste con aceite mi cabeza; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por lo cual, yo te digo: sus pecados, que son muchos, le han quedado perdonados, porque ha amado mucho. En cambio, al que poco se le perdona, poco ama". Luego le dijo a la mujer: "Tus pecados te han quedado perdonados".

Los invitados empezaron a preguntarse a sí mismos: "¿Quién es éste que hasta los pecados perdona?" Jesús le dijo a la mujer: "Tu fe te ha salvado; vete en paz".

Palabra del Señor

Reflexión

Para saber cuál es la diferencia entre reconciliación y confesión, la respuesta la podemos encontrar en este pasaje y es muy sencilla: el amor. Solamente quien ama se reconcilia, es decir, busca ser perdonado. El fariseo no siente la necesidad de ser perdonado, lo tiene todo, pero ha olvidado lo más importante, amar. La mujer de vida pública, en cambio, se descubre vacía, necesitada, lo único que tiene es sed de amor.

Es precisamente esta sed de amor lo que la lleva a Jesús, fuente infinita del amor. Había buscado el amor en los hombres y lo único que recibió fue vacío y soledad. Jesús no ha venido por los sanos sino por los enfermos, por ti y por mí. No tengamos miedo de acercarnos a la reconciliación, pues en ella, Jesús, por medio del sacerdote, nos dará el amor y el perdón de Dios, para despedirnos diciendo: Vete en paz.

¡Feliz Jueves!

FR. Arturo Ríos Lara, ofm

Liturgia de la Palabra:


Liturgia de la Palabra:

16/09/2021
Jueves de la vigesimocuarta semana de Tiempo Ordinario. Santos Cornelio, papa, y Cipriano, obispo, mártires.
PRIMERA LECTURA
Cuida de ti mismo y de la enseñanza; te salvarás a ti y a los que te escuchan.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 12-16
Querido hermano:
Que nadie te menosprecie por tu juventud; sé, en cambio, un modelo para los fieles en la palabra, la conducta, el amor, la fe, la pureza.
Hasta que yo llegue, centra tu atención en la lectura, la exhortación, la enseñanza.
No descuides el don que hay en ti, que te fue dado por intervención profética con la imposición de manos del presbiterio.
Medita estas cosas y permanece en ellas, para que todos vean cómo progresas.
Cuida de ti mismo y de la enseñanza. Sé constante en estas cosas; pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.
Palabra de Dios.

SALMO REESPONSORIAL 110, 7-8. 9. 10
R. Grandes son las obras del Señor.
Justicia y verdad son las obras de sus manos,
todos sus preceptos merecen confianza:
son estables para siempre jamás,
se han de cumplir con verdad y rectitud. R,
Envió la redención a su pueblo,
ratificó para siempre su alianza,
su nombre es sagrado y temible. R.
Primicia de la sabiduría es el temor del Señor,
tienen buen juicio los que lo practican;
la alabanza del Señor dura por siempre. R.

Aleluya Mt 11, 28
R. Aleluya, aleluya, aleluya.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados
- dice el Señor -,
y yo os aliviaré. R.

EVANGELIO
Sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ha amado mucho.
Lectura del santo Evangelio según san Juan 7, 36-50
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. En esto, una mujer que había en la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino trayendo un frasco de alabastro lleno de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con las lágrimas, se los enjugaba con los cabellos de su cabeza, los cubría de besos y se los ungía con el perfume. Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo:
«Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que que lo está tocando, pues es una pecadora».
Jesús respondió y le dijo:
«Simón, tengo algo que decirte».
El contestó:
«Dímelo, maestro».
Jesús le dijo:
«Un prestamista tenía dos deudores: uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de ellos le mostrará más amor?»
Respondió Simón y dijo:
«Supongo que aquel a quien le perdonó más».
Le dijo Jesús:
«Has juzgado rectamente».
Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón:
«¿Ves a esta mujer? He entrado en tu casa y no me has dado agua para los pies; ella, en cambio, me ha regado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con sus cabellos. Tú no mediste el beso de paz; ella, en cambio, desde que entré, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados han quedado perdonados, porque ja amado mucho, pero al que poco se le perdona, ama poco».
Y a ella le dijo:
«Han quedado perdonados tus pecados».
Los demás convidados empezaron a decir entre ellos:
«¿Quién es este, que hasta perdona pecados?».
Pero él dijo a la mujer:
«Tu fe te ha salvado, vete en paz».
Palabra del Señor. 

 

Laudes LITURGIA - 16 DE SEPTIEMBRE DE 2021 Ciclo B - Año I - Color Verde XXIV Semana del Tiempo de Ordinario Liturgia de las Horas Tomo III IV Semana del Salterio Primera Lectura 1 Timoteo 4, 12-16 Salmo 110 Evangelio Lucas 7, 36-50



Invitatorio
V. Señor, abre mis labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
Antífona
Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
Salmo 23
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
El la fundó sobre los mares,
El la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes
y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Portones!, alzad los dinteles,
levantaos, puertas antiguas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos.
Él es el Rey de la gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Se puede repetir la antífona
Entrad en la presencia del Señor con aclamaciones.
HIMNO
Oh Dios, autor de la luz,
de los cielos la lumbrera,
que el universo sostienes
abriendo tu mano diestra.