miércoles, 23 de septiembre de 2020

Los jóvenes y la violencia (segunda parte)

 



Los jóvenes y la violencia (segunda parte)

Autor: Mons. Rómulo Emiliani, c.m.f.



En la familia se dan muchas discusiones y peleas estériles y absurdas por las cosas más triviales. La gente se resiente mucho por estas peleas, insultos, conflictos, rivalidades continuas y maltratos y las heridas después cuestan cerrar. Este cáncer tan tremendo de odios y resentimientos absurdos, provocados por el pecado de soberbia, causan mucho sufrimiento. Además, en muchos hogares se ve de manera indiscriminada cualquier tipo de programa en el que predomina la violencia, así como ejemplos de orgullo y soberbia. No es de extrañar, entonces, que se utilicen las armas de la pelea, el grito y la malcriadez, para imponer la razón sobre los demás. El continuo bombardeo de violencia en los medios de comunicación social, en los programas, películas y aún las telenovelas, está causando graves consecuencias en la convivencia familiar.

Es cierto que algunas veces se sufre de incomprensión en casa por diferencias de generación. Los papás nacieron en otra época, tienen otra manera de pensar, ven las cosas de manera diferente; pero no por eso están equivocados y dejan de tener razón. Un joven inteligente sabe escuchar, aprender de los consejos y comprender que, aunque los papás no tengan a veces toda la razón, tampoco son ignorantes ni mentirosos. Hay que ser astuto, saber escuchar, ser humilde y aprender de la experiencia de los mayores. Recuerda que la Palabra dice que pongas la otra mejilla, lo que significa que no devuelvas mal por mal. Si te gritan, no grites; si te ofenden, no ofendas; no añadas más leña al fuego. Algunos papás y mamás están tan golpeados por la vida que se descontrolan. Ponte en su lugar, mira su historia personal y su contexto y te darás cuenta que algunas veces no actúan con toda la razón y el equilibrio, por los golpes que han recibido en la vida.

Es necesario que tú pongas una gran medida de comprensión. Si tus papás, hermanos o amigos te fallan, Jesús dice que perdones setenta veces siete. Reconcíliate lo más pronto que sea posible; no seas rencoroso, mata el resentimiento antes de que se convierta en rencor y odio. Dice Jesús en la Palabra que amemos al que dice ser nuestro enemigo. ¿Qué diferencia tenemos con los paganos si no amamos a nuestro enemigo? Como dice Jesús en la Palabra, antes de que el juez te lleve al alguacil y te metan preso, reconcíliate cuanto antes.

Oración ante el Santísimo Sacramento

 



Oración ante el Santísimo Sacramento


Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombres estáis día y noche
en ese Sacramento, lleno de misericordia y amor, esperando, llamando
y acogiendo a cuantos vienen a visitaros; creo que estáis presente en
el Santísimo Sacramento del Altar; os adoro desde el abismo de mi
nada, os doy gracia por todos los beneficios que me habéis hecho, y
especialmente por haberos dado todo a mí en ese Sacramento, por
haberme concedido por abogada a María, vuestra Madre santísima y por
haberme llamado a visitaros en este lugar santo.

Saludo hoy a vuestro amantísimo Corazón, y es mi intención saludarlo
por tres fines: el primero, para daros gracias por tan insigne don;
el segundo, para reparar las injurias que habéis recibido de todos
vuestros enemigos en este Sacramento, y el tercero, para adoraros
desde aquí en esta visita, en todos los lugares de la tierra donde
estáis sacramentado con menos culto y más abandono.

Jesús mío, os amo con todo mi corazón. Me arrepiento de haber
ofendido tantas veces en mi vida pasada a vuestra bondad infinita.

Propongo mediante vuestra gracia no ofenderos más adelante; y ahora,
miserable como soy, me consagro enteramente a Vos, renuncio a mi
voluntad, a mis afectos, a mis deseos, a todo lo que me pertenece, y
os hago de ello donación. En adelante haced de mí y de todas mis
cosas cuanto os plazca.

No os pido ni quiero otra cosa que vuestro santo amor, la
perseverancia final y el perfecto cumplimiento de vuestra voluntad.

Os recomiendo las almas del Purgatorio, y en particular las más
devotas del Santísimo Sacramento y de María Santísima. Os recomiendo
también todos los pobres pecadores. Por fin, oh Salvador amantísimo,
uno todos mis afectos a los de vuestro amantísimo Corazón, y así
unidos los ofrezco a vuestro eterno Padre, pidiéndole en vuestro
nombre se digne aceptarlos, y oiga mis súplicas por amor vuestro.!

Amen


Fuente: Grupo de Oración Santo Cura de Ars

martes, 22 de septiembre de 2020

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN - Miercoles,23 de septiembre de 2020.




PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN.
Miercoles,23 de septiembre de 2020.
Pensamiento bíblico:
San Pablo escribió a los Corintios: «Yo mismo, hermanos, cuando vine a vosotros a anunciaros el misterio de Dios, no lo hice con sublime elocuencia o sabiduría, pues nunca entre vosotros me precié de saber cosa alguna, sino a Jesucristo, y éste crucificado» (1 Cor 2,1-2).
Pensamiento franciscano:
Dice san Francisco en su Regla: «Todos los hermanos empéñense en seguir la humildad y pobreza de nuestro Señor Jesucristo, y recuerden que ninguna otra cosa del mundo debemos tener, sino que, como dice el Apóstol: teniendo alimentos y con qué cubrirnos, estamos contentos con eso. Y deben gozarse cuando conviven con personas de baja condición y despreciadas, con pobres y débiles y enfermos y leprosos y los mendigos de los caminos» (1 R 9,1-2).
Orar con la Iglesia:
En comunión de fe y de esperanza con la Virgen María, dirijamos al Padre nuestra oración, diciéndole y repitiéndole: Hágase en nosotros tu voluntad, Señor.
-Para que toda la Iglesia acoja dócilmente, como María, la Palabra de Dios, con toda su carga de novedad y de gracia.
-Para que, a ejemplo de Cristo y de María, sepamos adherirnos con amor a la voluntad del Padre y ponerla en el centro de nuestras opciones de vida.
-Para que en Cristo, nuevo Adán, y en María, nueva Eva, sea reconocida la imagen y dignidad de la persona humana, salida de las manos del Creador.
-Para que la sabiduría del Evangelio inspire siempre a la humanidad y la oriente en el camino que lleva a la implantación del reino de Dios.
Oración: Dios Padre que, por el anuncio del ángel, nos revelaste la encarnación de tu Hijo, guíanos, por su pasión y cruz y con la intercesión de la Virgen María, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.




 

Adoración al Santísimo (Canción con letra)

Liturgia de las horas P. Paco Rebollo SIERVOS DEL DIVINO AMOR. OFICIO DE LECTURA, LAUDES, HORAS INTERMEDIAS, VÍSPERAS Y COMPLETAS. - 23 DE SEPTIEMBRE MIÉRCOLES XXV DEL T. ORDINARIO SAN PÍO DE PIETRELCINA

 

Del Común de santos varones: para los santos religiosos - Salterio I

 

SAN PÍO DE PIETRELCINA, presbítero (MEMORIA)

 

Nacido en 1887, San Pío de Pietrelcina , sacerdote capuchino, es el fraile de las llagas, que se santificó viviendo a fondo en carne propia el misterio de la cruz de Cristo y cumpliendo en plenitud su vocación de colaborador en la Redención. En su ministerio sacerdotal ayudó a miles de fieles de todo el mundo, principalmente mediante la dirección espiritual, la reconciliación sacramental y la celebración de la eucaristía. Juan Pablo II lo beatificó el día 2 de mayo de 1999, y lo canonizó el 16 de junio de 2002, estableciendo que se celebre su fiesta el 23 de septiembre, aniversario de su muerte (1968).

 

OFICIO DE LECTURA

 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

 

V. Señor abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza

 

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

 

Ant. Aclamemos al Señor, en esta fiesta de san Pío de Pietrelcina.

 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Aclamemos al Señor, en esta fiesta de san Pío de Pietrelcina.

Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

Himno: DICHOSOS LOS QUE, OYENDO LA LLAMADA

 

Dichosos los que, oyendo la llamada

de la fe y del amor en vuestra vida,

creísteis que la vida os era dada

para darla en amor y con fe viva.

 

Dichosos, si abrazasteis la pobreza

para llenar de Dios vuestras alforjas,

para servirle a él con fortaleza

con gozo y con amor a todas horas.

 

Dichosos mensajeros de verdades,

que fuisteis por caminos de la tierra,

predicando bondad contra maldades,

pregonando la paz contra las guerras.

 

Dichosos, del amor dispensadores,

dichosos, de los tristes el consuelo,

dichosos, de los hombres servidores,

dichosos, herederos de los cielos. Amén.

 

SALMODIA

 

Ant 1. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

 

Salmo 17, 2-30 I- ACCIÓN DE GRACIAS DESPUÉS DE LA VICTORIA

 

Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

 

Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo,

mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoco al Señor de mi alabanza

y quedo libre de mis enemigos.

 

Me cercaban olas mortales,

torrentes destructores me aterraban,

me envolvían las redes del abismo,

me alcanzaban los lazos de la muerte.

 

En el peligro invoqué al Señor,

grité a mi Dios:

desde su templo él escuchó mi voz

y mi grito llegó a sus oídos.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

 

Ant 2. El Señor me libró porque me amaba.

 

Salmo 17 II

 

Entonces tembló y retembló la tierra,

vacilaron los cimientos de los montes,

sacudidos por su cólera;

de su rostro se alzaba una humareda,

de su boca un fuego voraz,

y lanzaba carbones ardiendo.

 

Inclinó el cielo y bajó

con nubarrones debajo de sus pies;

volaba sobre un querubín

cerniéndose sobre las alas del viento,

envuelto en un manto de oscuridad:

 

como un toldo, lo rodeaban

oscuro aguacero y nubes espesas;

al fulgor de su presencia, las nubes

se deshicieron en granizo y centellas;

 

y el Señor tronaba desde el cielo,

el Altísimo hacía oír su voz:

disparando sus saetas, los dispersaba,

y sus continuos relámpagos los enloquecían.

 

El fondo del mar apareció,

y se vieron los cimientos del orbe,

cuando tú, Señor, lanzaste el fragor de tu voz,

al soplo de tu ira.

 

Desde el cielo alargó la mano y me sostuvo,

me sacó de las aguas caudalosas,

me libró de un enemigo poderoso,

de adversarios más fuertes que yo.

 

Me acosaban el día funesto,

pero el Señor fue mi apoyo:

me sacó a un lugar espacioso,

me libró porque me amaba.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. El Señor me libró porque me amaba.

 

Ant 3. Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.

 

Salmo 17 III

 

El Señor retribuyó mi justicia,

retribuyó la pureza de mis manos,

porque seguí los caminos del Señor

y no me rebelé contra mi Dios;

porque tuve presentes sus mandamientos

y no me aparté de sus preceptos;

 

Le fui enteramente fiel,

guardándome de toda culpa;

el Señor retribuyó mi justicia,

la pureza de mis manos en su presencia.

 

Con el fiel, tú eres fiel;

con el íntegro, tú eres íntegro;

con el sincero, tú eres sincero;

con el astuto, tú eres sagaz.

Tú salvas al pueblo afligido

y humillas los ojos soberbios.

 

Señor, tú eres mi lámpara;

Dios mío, tú alumbras mis tinieblas.

Fiado en ti, me meto en la refriega;

fiado en mi Dios, asalto la muralla.

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Señor, tú eres mi lámpara, tú alumbras mis tinieblas.

 

V. Todos quedaban maravillados.

R. De las palabras que salían de la boca de Dios.

 

PRIMERA LECTURA

 

Del libro de Tobit 4, 1-6. 20-23-5, 1-22

 

EL JOVEN TOBÍAS EMPRENDE EL VIAJE A MEDIA

 

Aquel día, Tobit se acordó del dinero que había depositado en casa de Gabael, en Rangués de Media y pensó para sus adentros:

 

«He pedido la muerte. ¿Por qué no llamo a mi hijo Tobías y le informo sobre ese dinero antes de morir?»

Entonces, llamó a su hijo Tobías y, cuando se presentó, le dijo:

 

«Hazme un entierro digno. Honra a tu madre; no la abandones mientras viva. Tenla contenta y no la disgustes en nada. Acuérdate, hijo, de los muchos peligros que pasó por tu causa cuando te llevaba en su seno. Y, cuando muera ella, entiérrala junto a mí en la misma sepultura.

 

Hijo, acuérdate del Señor toda tu vida; no consientas en pecado ni quebrantes sus mandamientos. Haz obras de caridad toda tu vida, y no vayas por caminos injustos, porque a los que obran bien les van bien los negocios. Bendice al Señor en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos y que lleguen a buen fin todas tus sendas y proyectos. Porque no todas las naciones aciertan en sus proyectos; es el Señor quien, según su designio, da todos los bienes o humilla hasta lo profundo del abismo. Bien, hijo, recuerda estas normas; que no se te borren de la memoria.

 

Y ahora te comunico que en casa de Gabael, el de Gabri, en Ragués de Media, dejé en depósito cuarenta arrobas de plata. No te apures porque seamos pobres; si temes a Dios, huyes de todo pecado y haces lo que le agrada al Señor, tu Dios, tendrás muchas riquezas.»

 

Tobías respondió a su padre Tobit:

«Padre, haré lo que me has dicho. Pero, ¿cómo podré recuperar ese dinero de Gabael, si ni él ni yo nos conocemos? ¿Qué contraseña puedo darle para que me reconozca y se fíe de mí y me dé el dinero? Además, no conozco el camino de Media.»

 

Tobit le dijo:

«Gabael me dio un recibo, y yo le di el mío; firmamos los dos el contrato, después lo rompí por la mitad y cogimos cada uno una parte, de modo que una quedó con el dinero. ¡Veinte años hace que dejé en depósito ese dinero.! Bien, hijo, búscate un hombre de confianza que pueda acompañarte, y le pagaremos por todo lo que dure el viaje. Vete a recuperar ese dinero.»

 

Tobías salió a buscar un guía experto que lo acompañase a Media. Cuando salió, se encontró con el ángel Rafael, parado ante él; pero no sabía que era un ángel de Dios. Le preguntó:

 

«¿De dónde eres, buen hombre?»

Respondió:

«Soy un israelita, compatriota tuyo, y he venido aquí buscando trabajo.»

Tobías le preguntó:

«Sabes por dónde se va a Media?»

Rafael le dijo:

«Si. He estado allí muchas veces y conozco muy bien todos los caminos. He ido a Media con frecuencia, parando en casa de Gabael, el paisano nuestro que vive en Ragués de Media. Ragués está a dos días enteros de camino desde Ecbatana, porque queda en la montaña.»

Entonces Tobías le dijo:

«Espérame aquí, buen hombre, mientras voy a decírselo a mi padre. Porque necesito que me acompañes; ya te lo pagaré.»

El otro respondió:

«Bueno, espero aquí, pero no te entretengas.»

 

Tobías fue a informar a su padre, Tobit:

«Mira, he encontrado a un israelita compatriota nuestro.»

Tobit le dijo:

«Llámalo, para que yo me entere de qué familia y de qué tribu es, y si es de confianza para acompañarte, hijo.»

Tobías salió a llamarlo:

«Buen hombre, mi padre te llama.»

Cuando entró, Tobit se adelantó a saludarlo. El ángel le respondió:

«¡Que tengas salud!»

Pero Tobit comentó:

«¿Qué salud puedo tener? Soy un ciego que no ve la luz del día. Vivo en la oscuridad, como los muertos, que ya no ven la luz. Estoy muerto en vida: oigo hablar a la gente, pero no la veo.»

 

El ángel le dijo:

«Ánimo, Dios te curará pronto; ánimo.»

Entonces Tobit le preguntó:

«Mi hijo Tobías quiere ir a Media. ¿Podrías acompañarlo como guía? Yo te lo pagaré, amigo.»

Él respondió:

«Sí. Conozco todos los caminos. He ido a Media muchas veces, he atravesado sus llanuras y sus montañas; sé todos los caminos.»

Tobit le preguntó:

«Amigo, ¿de qué familia y de qué tribu eres? Dímelo.» Rafael respondió:

«¿Qué falta te hace saber mi tribu?» Tobit dijo:

«Amigo, quiero saber exactamente tu nombre y apellido.»

Rafael respondió:

«Soy Azarías, hijo del ilustre Ananías, compatriota tuyo.»

Entonces, Tobit le dijo:

«¡Seas bienvenido, amigo! No te enfades si he querido saber exactamente de qué familia eres. Ahora resulta que tú eres pariente nuestro, y de muy buena familia. Yo conozco a Ananías y a Natán, los dos hijos del ilustre Semeías. Iban conmigo a adorar a Dios en Jerusalén, y no han tirado por mal camino. Los tuyos son buena gente. Bienvenido, hombre; eres de buen linaje.» Y añadió:

«Te daré como paga una dracma diaria, y la manutención lo mismo que a mi hijo. Acompáñale, y ya añadiré algo a la paga.»

Rafael respondió:

«Lo acompañaré. No tengas miedo; sanos marchamos y sanos volveremos; el camino es seguro.»

Tobit le dijo:

«Amigo, Dios te lo pague.»

Luego, llamó a Tobías y le habló así:

«Hijo, prepara el viaje y vete con tu pariente. Que el Dios del cielo os proteja allá y os traiga de nuevo sanos y salvos; que su ángel os acompañe con su protección, hijo.»

Tobías besó a su padre y a su madre y emprendió la marcha, mientras Tobit le decía: «¡Buen viaje!»

 

RESPONSORIO    Tb 4, 20; 14, 10. 11

 

R. Bendice al Señor en toda circunstancia, pídele que sean rectos todos tus caminos, * para que lleguen a buen fin todos tus proyectos.

V. Practica lo que es agradable a sus ojos, con toda sinceridad y con todas tus fuerzas.

R. Para que lleguen a buen fin todos tus proyectos.

 

SEGUNDA LECTURA

 

De las Homilías de san Gregorio Magno, papa, sobre los evangelios

(Libro II, homilía 36, 11-13: PL 76, 1272-1274)

 

EN EL MUNDO, PERO NO DEL MUNDO

 

Mi intención es exhortaros a dejar todas las cosas, pero sin excederme. Si no podéis abandonar todas las cosas del mundo, por lo menos retenedlas de manera que no seáis vosotros retenidos en el mundo; las cosas terrenas han de ser poseídas, no han de poseernos ellas a nosotros; vuestras pertenencias han de estar bajo el dominio de la mente, sin dejar que vuestro espíritu se halle dominado por el amor de las cosas, ya que entonces caería él bajo el dominio de las mismas.

 

Por tanto, usad de las cosas de la tierra, pero que vuestro deseo tienda a las que son eternas; las cosas temporales sean una ayuda en vuestro peregrinar, las eternas el término deseado de esta peregrinación. Todos los acontecimientos del mundo han de ser mirados como de soslayo. Miremos, en cambio, de frente con los ojos de nuestro espíritu la meta hacia la cual caminamos.

 

Extirpemos de raíz nuestras malas costumbres, arrancándolas, no sólo de nuestro obrar, sino también de nuestro afecto. Que no nos aparten del convite eterno ni los deseos carnales, ni las preocupaciones absorbentes, ni el fuego de la ambición, sino que las cosas que hacemos en este mundo, aun las que son honestas, hagámoslas como de pasada, y así las cosas terrenales que nos causan placer de tal manera serán una ayuda para nuestro cuerpo que no obstaculizarán a nuestro espíritu.

 

Por esto, hermanos, no nos atrevemos a deciros que abandonéis todas las cosas; no obstante, si queréis, aun reteniéndolas, las abandonáis, cuando de tal modo gestionáis las cosas terrenas que no por ello dejáis de tender con todo vuestro corazón a las eternas. Pues usa del mundo, mas como si no usara de él, toda persona que se sirve de las cosas necesarias para su vida exterior y, con todo, no se deja dominar por ellas en lo interior,de tal modo que sirvan a lo de afuera sin debilitar las tendencias internas hacia lo de arriba. Para los que así obran, las cosas terrenas no son objeto de deseo, sino un mero instrumento del que se sirven. Que ninguna, pues, de las cosas de este mundo reprima el deseo de vuestro espíritu, que no os veáis enredados en el deleite que ellas procuran.

 

Si deseamos el bien, que nuestro espíritu se deleite en los bienes superiores, esto es, los celestiales. Si tememos el mal, pensemos en los males eternos y así, recordando dónde está el bien más deseable y el mal más temible, no dejaremos que nuestro corazón se apegue a las cosas de aquí abajo.

 

Para lograr esto, contamos con la ayuda del que es mediador entre Dios y los hombres; por su mediación lo alcanzaremos todo prontamente, si estamos inflamados de amor hacia él, que vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

RESPONSORIO    1Co 7, 29. 30. 31; 2, 12

 

R. El momento es apremiante. Queda como solución: que los que están alegres vivan como si no lo estuvieran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: * Porque la presentación de este mundo se termina.

V. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo.

R. Porque la presentación de este mundo se termina.

 

ORACIÓN.

 

OREMOS,

Tú, Señor, que concediste a san Pío de Pietrelcina el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de este santo, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.

Amén

 

CONCLUSIÓN

 

V. Bendigamos al Señor.

R. Demos gracias a Dios.

 

LAUDES

(Oración de la mañana)

 

INVITATORIO

 

Ant. Aclamemos al Señor, en esta fiesta de san Pío de Pietrelcina.

 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Aclamemos al Señor, en esta fiesta de san Pío de Pietrelcina.

 

Himno: VOSOTROS SOIS LUZ DEL MUNDO.

 

Vosotros sois luz del mundo

y ardiente sal de la tierra,

ciudad esbelta en el monte,

fermento en la masa nueva.

 

Vosotros sois los sarmientos,

y yo la Vid verdadera;

si el Padre poda las ramas,

más fruto llevan las cepas.

 

Vosotros sois la abundancia

del reino que ya está cerca,

los doce mil señalados

que no caerán en la siega.

 

Dichosos, porque sois limpios

y ricos en la pobreza,

y es vuestro el reino que sólo

se gana con la violencia. Amén.

 

SALMODIA