sábado, 22 de abril de 2017

(429) Habla Jesús resucitado, por José María Iraburu

Resurrección - El Greco, 1578
Melitón de Sardes (+180) es uno de los Padres de la Iglesia del siglo II, Obispo de Sardes, cerca de Esmirna, en el Asia menor. Estimado como santo, fue un autor muy estimado por la calidad de sus numerosas obras, aunque de la mayoría de ellas sólo se conserva la memoria de sus títulos. Reproduzco a continuación un fragmento de su Homilía sobre la Pascua.
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«Fijaos bien, queridos hermanos: el misterio de Pascua es a la vez nuevo y antiguo.  […] Antiguo según la Ley, pero nuevo según la Palabra encarnada. […]
«El sacrificio del cordero, el rito de la Pascua y la letra de la Ley tenían por objetivo final a Cristo Jesús, por quien todo acontecía en la Ley antigua y, con razón aún mayor, en la nueva Alianza.
«La Ley se convirtió en la Palabra y de antigua se ha hecho nueva. Ambas salieron de Sión y de Jerusalén. El mandamiento se transformó en gracia y la figura en realidad: el cordero vino a ser el Hijo; la oveja, el hombre, y el hombre, Dios.
«El Señor, siendo Dios, se revistió de la naturaleza de hombre: sufrió por el que sufría, fue encarcelado en bien del que estaba cautivo, juzgado en lugar del culpable, sepultado en favor del que yacía en el sepulcro.


«Y resucitado de entre los muertos, exclamó con voz potente: 
«¿Quién de vosotros puede acusarme de pecado?  [Jn 8,46] ¡Que se me acerque! Yo soy –dice– quien he librado al condenado, yo quien he vivificado al muerto, yo quien hice salir de la tumba al que ya estaba sepultado. ¿Quién peleará contra mí? Yo soy –dice– Cristo; el que venció la muerte, encadenó al enemigo, pisoteó el infierno, maniató al fuerte, llevó al hombre hasta lo más alto de los cielos; yo, en efecto, que soy Cristo.
«Venid, pues, vosotros todos, los hombres que os halláis enfangados en el mal, recibid el perdón de vuestros pecados. Porque yo soy vuestro perdón, soy la Pascua de salvación, soy el cordero degollado por vosotros, soy vuestra agua lustral, vuestra vida, vuestra resurrección, vuestra luz, vuestra salvación y vuestro rey. Puedo llevaros hasta la cumbre de los cielos, os resucitaré, os mostraré al Padre celestial, os haré resucitar con el poder de mi diestra».
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Nuestro Señor Jesucristo verdaderamente resucitó glorioso: no hay más que oirle, infinitamente consciente de su victoria sobre el pecado y la muerte, sobre el mundo y el diablo. Él mismo, antes de resucitar a Lázaro, había tenido con Marta este diálogo, que hoy lo tiene con nosotros:
–«Tu hermano resucitará  […] Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que cree en mí no morirá para siempre. ¿Crees tú esto?
–«Ella contestó: Sí, Señor, yo creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, que ha venido a este mundo» (Jn 11,23-27)