domingo, 19 de marzo de 2017

Unido a san José en su devoción a María

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ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO

Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

Tercer sábado de marzo con María en nuestro corazón. Este día coincide con la vigilia de la festividad de san José, esposo de la Virgen, modelo de virtud. Entre las virtudes que más brilla en el bueno de San José era su devoción a la Santísima Virgen.

La devoción amorosa a nuestra Madre es una gracia que viene de Dios. Es un don gratuito que el Padre obsequia por medio del Espíritu Santo. San José lo supo ver inmediatamente pues, al igual que María, San José fue el escogido por Dios para convertirse en el esposo de la Madre de Cristo. Y desde momento volcó todos sus anhelos en cuidarla, amarla, protegerla y entregarse a Ella como respuesta a la llamada divina.
San José ofreció, desde el comienzo, a María toda su intimidad abandonándose a Ella, compartiéndolo todo, ofreciéndole lo mejor de si mismo, dandole su protección, todo su amor, su cariño. Si en un matrimonio no existen secretos, en aquella santa unión todo estaba iluminado con la gracia del Espíritu. Y su amor era más intenso, puro, eterno con Jesús siempre en el centro de la vida.
San José puso todo su empeño en hacer feliz a María. Le ayudó a vivir por y en Jesús. Asumió todas las disposiciones y entregas de María como propias y ofreció sus manos y su corazón para corresponder a las necesidades de Jesús y María. ¡Qué hermosas debían ser las oraciones de aquellos dos padres por su Hijo, hijo también de Dios!
María es el camino seguro que nos lleva hacia Cristo. Una de las prerrogativas de ser Madre de Jesús es que es también Madre de Dios. Y quien se acerca a María acaba acercándose a Jesús, porque no es posible entender un amor a la Virgen que no termine en un amor por su Hijo. Y así, lo entendió también san José. Él fue el primero que se aplicó el principio de «A Jesús por María», llenando su vida de sus sentimientos, de su voluntad, de sus pensamientos, de su amor, de su entrega, de su sacrificio, de su bondad, de su generosidad y de todo aquello que rezumaba María en su corazón.
Y aunque decimos que María es la corredentora del género humano tiene en San José un estrecho colaborador porque con ella creció en santidad, amor, compromiso y entrega al Redentor.
En este día, vigilia de la festividad de san José, tomándole de su mano y el de la Virgen les pido a los dos que me ayuden a tener una vida interior como la suya, dispuesto a la voluntad del Padre, servicial con los que me rodean, generoso con los que me necesitan, entregado siempre a Jesús y a su causa. Y, sobre todo, ser capaz de vivir en santidad para alcanzar cuando corresponda el cielo deseado donde ellos dos ocupan un palco de honor.





¡Queridos san José y María, ejemplo de amor y de entrega mutua, os pido hoy por mi familia, para que os hagáis presentes junto a Jesús en ella y os convirtáis en el ejemplo a seguir para cada uno de sus miembros! ¡Bendecid a todos los que la formamos y protegednos de todo peligro, que nos desviemos ninguno del camino de la verdad y elevad al Padre el deseo de gozar de salud de cuerpo y alma! ¡Siguiendo vuestro ejemplo, concedednos la gracia de llenar nuestra familia de amor, de alegría, de paz, de entrega, de servicio, de perdón y de alegría! ¡Enseñadnos a perdonar siempre, a dialogar, a comprender las necesidades de cada uno, a ayudarnos a crecer en santidad y en bondad, a sostenernos cuando las pruebas acechen y a saber llevar la cruz con generosa entrega a la voluntad del Padre! ¡Siguiendo vuestro ejemplo mostradnos la manera de compartir lo que tenemos con los que más lo necesitan y que nuestra vida no se convierta en una cerrarnos en nosotros mismos! ¡San José y santa María, ayudadnos a hacer de nuestra pequeña familia una comunidad parecida a la que creasteis vosotros en Nazaret! ¡Y os pido también que os dignéis a proteger, custodiar y guardar a todas las familias del mundo especialmente aquellas más necesitadas!


Vergine Madre es el poema musicado de Dante Alighieri dedicado a las glorias de la Virgen María en su Canto XXXIII del Paraíso en La Divina Comedia: