viernes, 21 de abril de 2017

¿UNA PROFECÍA FALSA?

Patmos
En la imagen vemos la famosa  visión de San Juan en la isla de Patmos que dio origen a la escritura del Apocalipsis o Revelación de dicha visión.
Hay innumerables profecías de santos católicos a veces difíciles de aclarar. Y también existen falsificaciones como la célebre, ahora, profecía de San Nilo, que es una invención. Por no hablar de profetas laicos que abundaron siempre , pero particularmente en nuestra época.
Mi juicio respecto de las profecías, incluso las de algunos santos está expresada en el post titulado  Escepticismo sobre las profecías. Algo que en parte se extiende a supuestas apariciones.
bosco_insideBueno será ser prudente incluso con el tratamiento que demos a las profecías bíblicas o de santos reconocidos. Cuanto más al valor que demos  a otra profecías sobretodo a loa profetas laicos como Nostradamus. En mi opinión mejor sería no darles crédito alguno. Incluso estimo que el dejarse llevar por la curiosidad o avidez de nuevos conocimientos sobre cosas que en  sí están ocultas por voluntad de Dios, no deja de ser algo reprobable.
En un post anterior y reciente me he hecho eco de una profecía que se hizo célebre en le tiempo de la beatificación de Juan Pablo II por Benedicto XVI.

Me estoy refiriendo a la llamada “Profecía de San Anselmo de Sunium”. La profecía suele estar reproducida en muchos blogs que  a su vez dependen de la lista de profecías del desaparecido blog “Santa Iglesia Militante”. Este a su vez la cita tal como está en la fuente inexhaurible de profecías  del famoso libro de “Servant” y de cuyo nombre en este momento no me acuerdo, pero sí declaro que lo he poseído y leído más de una vez. El libro siempre me ha dejado una sensación de hartura, por las muchísimas profecías que allí constan, algunas de ellas claramente contradictorias.  Siempre he sacado la impresión de estar escritas con cierto desorden, y haciendo un despliegue tipográfico algo excesivo y cansino. Este libro me consta que se ha traducido al francés y que muchos tradicionalistas del país vecino han bebido allí sus esperanzas, digamos,  escatológicas.
Lo que es interesante para mí es que pude saber quien era su autor. Su autor,según creo, era el escolapio P.Anselmo del Álamo  [creo recordar ahora después de 30 años). Este padre estaba muy metido en el mundo “profético” en particular era propagandista de una vidente mejicana, que creo se firmaba la “Portavoz de Jesús“. También había tomado partido en las querellas acerca de una santa española, famosa por sus milagros (por ejemplo multiplicación de alimentos dados a los pobres -¡Francisco diría que no se acabaron!), que fundó una congregación de religiosas. El director espiritual de esta santa mujer llegó a combatirla y a su vez fundó otra congregación, de nombre muy parecido. Era escolapio y quizas por camaradería nuestro buen P. Anselmo tomó partido a favor de él y en contra de la santa mujer a que me he referido y cuyo nombre era “Pilar Izquierdo”.
He dicho lo anterior para dejar entender que mi admiración por el P. Anselmo, es perfectamente descriptible. Y lo mismo digo de su libro del título que no logro recordar, firmado por Servant.
La profecía de San Anselmo de Sunium se refiere así:
San Anselmo de Sunium (Obispo de Sunium, Grecia, en el siglo XIII).
Refiriéndose a Roma dice:
“Desgracia a ti, ciudad de las siete colinas, cuando la letra K sea alabada en tus murallas. Entonces tu caída se aproximará; tus dominadores y tiranos serán destruidos. Tú has irritado al Altísimo por tus crímenes y tus blasfemias, tú perecerás en la derrota y en la sangre”.
Profecía extraída del libro Vaticinia seu Proedictiones Illustrium Virorum, Bertoni, Venecia, 1605 (M. Servant, pág. 281).

Ahora me propongo traer, sin dolerme prendas en reconocer el crédito quizás imprudente que se pueda traslucir  por haberla publicado,  a esta entrada un comentario que es no poco ilustrativo respecto de dicha ” profecía” , de la entrada anterior  “Quedan justo cuatro mesesy lo que es más importante se extiende en unas consideraciones resultado del estudio del autor en verdad profundo y didáctico.  su autor es nuestro Fray Eusebio de Lugo y dice lo siguiente:
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Dice así:
Acerca de esta profecía atribuida a un tal Anselmo de Sunium, llevo bastante tiempo preguntándome de dónde salía, y quién era ese misterioso obispo del que nadie había oído hablar.
Sin ánimo de ser exhaustivo, y en gracia a la brevedad, los hechos son los siguientes.
Parece que las decenas de webs que llevan unos años repitiendo esta profecía remiten a la obra conocida con el título: “Vaticinia seu praedicationes illustrium virorum sex rotis aere incisis compensa. De successione summi pontificis Romani…” publicado el año 1600 en Venecia.

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Su autor era nada menos que Girolamo Giovannini da Capugnano, dominico boloñés de la segunda mitad del S. XVI, conocido escritor de muchas materias históricas, litúrgicas, teológicas y jurídicas, que fue entre otras cosas inquisidor de Vicenza en nombre de la Serenísima República de Venecia, y utilizó su cargo para hacerse con muchos manuscritos que de otro modo, difícilmente habrían llegado a sus manos.
En él, nuestro dominico publica predicciones realizadas por medio de ciertas ruedas proféticas, que reproduce al principio de la obra de cada autor reseñado.
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Uno de esos autores es, efectivamente, un tal Anselmo, pero no de Sunium, o Sunion, que pensaba yo podía referirse a algún obispo latino nombrado en Grecia en el S. XIII, después del saco de Constantinopla por las tropas franco-venecianas, y la instauración de una jerarquía latina. El problema es que ni la persona, ni una posible diócesis de Sunium parece conocida, siendo el cabo Sunion, al Sur de Atenas, bien conocido por sus vistas, y las ruinas de sus templos helénicos.
En el libro dicho, aparece como Anselmo, obispo de Marsico, en el sur de Italia, cerca de Potenza. Inserta una rueda profética con códigos referidos a 15 Papas, empezando por Bonifacio IX, y acabando con Pío III, en 1503.
Sus fuentes manuscritas son sin duda las series proféticas que ya circulaban en los SS XIII-XIV, conocidas como Genus nequam, basadas en el modelo de las profecías bizantinas del S. XII, que anunciaban la llegada de un Emperador que restauraría la unidad de todo el Imperio Romano.
Cada profecía constaba de un texto enigmático alegórico, de una ilustración emblemática, de un lema, y de su atribución a un Papa. Supongo que a estas alturas, no pocos habrán pensado en su semejanza con la serie de lemas de san Malaquías, de la que tanto se habla últimamente…
La serie fue ampliada en el S. XIV con una continuación, conocida como Ascende calve, hasta que las dos se unificaron en el S. XV bajo el título “Vaticinia de summis pontificibus” atribuído, falsamente, pero no sin cierta razón, al muy sospechoso e influyente abad calabrés Joaquín de Fiore.
Serían finalmente impresas en 1591, en Ferrara, por el editor Vittorio Baldini, con el título: “Profezie ovvero Vaticinii dell’ abate Gioachino e di Anselmo, vescovo di Marsico…”
Esas son las fuentes de tal profecía.
Llama la atención, entre otras cosas, que esas predicciones no iban más allá del S. XVII, incluso las que preven al final de su lista el advenimiento del Anticristo, y el fin del mundo. Por lo que se ven estar ya completamente superadas por los acontecimientos, puesto que se han sucedido muchos más Papas de los que ellos preveían hasta la venida del Anticristo y fin del mundo.
He aquí el “Horóscopo” establecido por el dicho Anselmo de Marsico:
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Como ven, desde Bonifacio IX, hasta Pío III. Es decir, que la hipotética profecía de la K tendría que haberse verificado hace mucho tiempo…
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Ése es el texto anselmiano, que viene seguido de su traducción al italiano, y de una explicación de cómo se aplican los lemas a los sucesivos Pontífices…
Muy interesante, ahora bien…¿Dónde está la famosa profecía de la K? Confieso que yo, al menos de momento, no la encuentro en ninguna parte.
¿Qué hay detrás de todo esto? Podría llenar muchas páginas sobre este tema, pero para entenderlo, bastará lo siguiente:
Habrán visto que entre los más prominentes “profetas” cuyos vaticinios recoge la obra aludida, figura en lugar prominente un cierto abad Joaquín de Fiore.
Nacido en 1135, en Italia, autodidacta en filosofía y teología, se sabe que realizó un viaje a Palestina entre 1156 y 1157, siendo favorecido, según él, con una inefable experiencia mística en la cumbre del Monte Tabor, el Monte de la Transfiguración, por la que se le habría concedido un don especial para la recta interpretación de la Sagrada Escritura.
Recibido en la Orden Cisterciense en 1159, y elegido abad, acabó fundando su propia Orden, llamada de los florinos, actualmente extinta.
Es sobre todo su muy peculiar interpretación de la historia de la Iglesia la que lo ha hecho famoso:
Afirmaba que la historia sigue un proceso de desarrollo lineal, de progreso espiritual, que pasaría por tres fases, reflejo de la Santísima Trinidad:
La primera era, la del Padre, desde la Creación hasta el nacimiento de Cristo, sería la menos perfecta, una edad infantil, dominada por el temor servil, y cuyas figuras más importantes serían los profetas.
La segunda, la del Hijo, desde el nacimiento de Cristo hasta el advenimiento del Milenio, supone un progreso, está dominada por la Fe, y sus figuras más importantes son los sacerdotes, señaladamente, el Papa y los obispos; siguen subsistiendo la jerarquía de la época anterior,
La tercera, la del Espíritu Santo, supone el ápice del progreso espiritual, y por ende, político-social, en que desaparecen las jerarquías supervivientes de la edad anterior, para empezar a dominar, por fin, la fraternidad en Cristo, donde todos sean iguales.
Como todos están llenos del Espíritu Santo, ya no son necesarios los sacerdotes, ni el Papa y demás jerarquía de la Iglesia.
Y como ya no hay guerras ni enemistades, tampoco son ya necesarios los pastores seculares y sus espadas, Reyes y demás gobernantes.
Las figuras más importantes van a ser los monjes, y todo será común a todos…
Según una concepción cíclica del tiempo, sostiene que la plasmación de la Santísima Trinidad en el tiempo postula que los acontecimientos ocurridos en una edad se repiten en algún modo en las otras, por lo que el cumplimiento de las profecías también sería cíclico, de ahí que nuestro autor haya utilizado precisamente la figura de la rueda profética.
No hace falta decir que tales desvaríos, producidos por la “iluminación” cabalística, llevaban directamente a declarar superada la institución de la Iglesia, tal como la había establecido Nuestro Señor, y conducía directamente al comunismo más desaforado, y a la abolición de toda autoridad, a favor de un carismatismo cuyas consecuencias podemos comprobar en tanta aparicionitis, pentecostalismo, etc…de nuestros días.
Una concepción tan peligrosa de la historia, varias de cuyas proposiciones fueron condenadas por la Iglesia con ocasión del IV Concilio de Letrán en 1215, no podía dejar de producir los más pésimos frutos:
Todas las corrientes heréticas se aprovecharon de las armas que el abad Joaquín les había entregado, entre ellos, valdenses, cátaros, albigenses, fraticelli y muchos otros, que crearon un ambiente extremadamente enrarecido, bien descrito en la novela del agnóstico y anticatólico escritor Umberto. Eco, “El nombre de la rosa”.
Para que vean la importancia que tienen estas teorías en nuestros días, recordemos primero que los enemigos tanto de fuera como de dentro de la Iglesia, una vez que se vieron desenmascarados por el Concilio de Letrán, pretendieron que había llegado el tiempo del Papa Angélico, que declararía inaugurada la era del Espíritu Santo. Éste no era otro que el Papa san Celestino V, del que se ha hablado mucho recientemente, porque fue el primer Papa en renunciar voluntariamente al papado, como un tal Benedicto en nuestros días…
Según ellos, se revelaría perfectamente un “Evangelio eterno” que sustituiría a la Iglesia jerárquica corrupta y rica, sustituyéndola por la pobreza, la sencillez y la humildad, (¿les suena la música? ) representada por la Orden franciscana, en su rama más radical, conocida como los espirituales, o fraticelli.
Joaquín era el Elías, o el Juan Bautista de esa Parusía del Espíritu Santo, prevista en principio para 1260, pero que se retrasaba…
Habiendo comprendido Celestino V que los herejes pretendían servirse de él para declarar inaugurada esa era comunista, tomó una decisión heroica: Dimitir.
Los herejes intentaron entonces raptarlo y llevarlo a Grecia, donde habría sido muy útil en las manos de los cismáticos y heréticos “ortodoxos” griegos, que le habrían hecho firmar la renuncia del Papa de Roma a gobernar la Iglesia de Oriente.
Frustrados sus planes por la mano del enérgico Bonifacio VIII, pretendieron que el Anticristo ya estaba aquí, (el Papa), y que la Iglesia Romana se había convertido en la gran ramera de Babilonia, cosa que repetirán todos los herejes hasta nuestros días.
Los franciscanos rebeldes intentaron entonces que los reyes de Francia o de Alemania atacaran al Papa, y lo juzgaran por herejía. (De ahí arranca esa pestífera y herética doctrina condenada por la Iglesia, según la cual un Papa puede caer en error contra la Fe, y enseñárselo a la Iglesia.
Desde entonces, todos los herejes han sido partidarios de los desvaríos joaquinitas, más o menos reciclados en gibelinismo (como Dante Alighieri), en protestantismo, en liberalismo, en modernismo, o en el Concilio Vaticano II, no por casualidad llamado por Juan XXIII “Un Nuevo Pentecostés” para la Iglesia.
¿Adivinan ahora por qué un tal decíme Jorge ha escogido precisamente el nombre de Francisco, y le da tal énfasis a la pobreza, la humildad, la sencillez, la democratización, etc…?
Sencillamente, está preparando la abolición de lo que quede de católico en la iglesia conciliar, camino de la Nueva Era, en que ésta simplemente se disuelva en la nueva religión, opio de un mundo que dejará chico a las descripciones del Mundo feliz de Huxley, o el 1984 de Orwell, perfectas aplicaciones de las aberraciones soñadas por el marránico Joaquín.
He llegado a oír en cierto programa radiofónico: “Lo que no pudimos lograr con Celestino, lo conseguiremos con Francisco”.
Por último, no puedo dejar de señalar aquí hasta qué punto es peligroso el apocalipticismo obsesivo e histérico de ciertos clérigos tradicionalistas, recién llegados a una forma sui generis de sedevacantismo, pero despreciadores del Papado como siempre, que influidos por la obra del marránico P. Lacunza, sostienen todavía la inminencia de una Parusía que se parece demasiado a las pesadillas del joaquinismo como para ser mera casualidad.
Aprendamos de la historia, y desconfiemos de ciertas profecías derrotistas, que nos quieren hacer bajar los brazos, con el cuento de que todo está perdido, y que es inútil trabajar para una restauración de la Iglesia, ya que al parecer, Nuestro Señor nos salvaría sin nosotros, y nuestra preceptiva y libre colaboración