viernes, 14 de abril de 2017

Pidamos perdón, seamos humildes. Viernes Santo



PIDAMOS PERDÓN, SEAMOS HUMILDES

Por Antonio García-Moreno

1.- LA PENA Y LA GLORIA DE LA PASIÓN.- "Mirad, mi siervo tendrá éxito, subirá y crecerá mucho" (Is 52, 13) Los cantos del Siervo paciente de Yahvé fueron siempre un enigma para los rabinos judíos, No acaban de entender, no entendieron nunca de quién se trataba. Era imposible admitir que el profeta Isaías se refiriese al Mesías, el Rey de Israel, el Hijo de David cuyo reino había de ser más glorioso y duradero que el de su padre.

Las palabras que hablan de los sufrimientos y las penas del Siervo son tan duras y descarnadas, tan trágicas y dramáticas, que oscurecían esas otras expresiones que hablan del triunfo del Siervo. Ocurría algo parecido a lo que ocurrió con los apóstoles cuando Jesús les hablaba de su Pasión y Resurrección. Les impresionaba tanto el hecho de que el Señor sufriera, que no podían entender que aquello era el primer paso para el triunfo glorioso del Señor.

2.- ACERQUÉMONOS CONFIADAMENTE. "Mantengamos firmes la fe que profesamos" (Hb 4, 14) La perícopa de la carta a los Hebreos que contiene la segunda lectura de hoy, nos exhorta a la confianza, a la firme convicción de que podemos, y debemos, acercarnos al trono de la gracia, es decir al trono de Dios, para alcanzar misericordia y ayuda en el tiempo oportuno. Nada, por tanto, ha de frenar nuestra camino hacia Dios, nada debe oscurecer nuestra seguridad en ser escuchados y complacidos en nuestras peticiones.

La razón última está en que Jesús es nuestro intercesor, el Sumo Sacerdote que ha penetrado ya en los cielos. El es, además, conocedor de nuestras necesidades, de nuestras limitaciones y carencias. El se hizo hombre con todas sus consecuencias, fue igual a nosotros, menos en el pecado. Por eso puede compadecerse de las flaquezas que nos afligen. De ahí que debemos estar firmes, seguros de ser comprendidos y atendidos.

3.- JUDAS.- "Judas, el traidor, conocía también el sitio...". (Jn 18, 2).- Era un lugar donde Jesús descansaba a veces con los suyos, una de aquellas cuevas cercanas a Jerusalén en la ladera sur del Monte de los olivos, zona tranquila y propicia también para la oración. Judas habría estado en más de una ocasión con el Maestro. El conocía las costumbres de Jesús, lo mismo que se conoce lo que hace y lo que piensa un amigo íntimo. Y es esa amistad de Judas con Jesús lo que hace más grave y despreciable su pecado.

Quizá es buena ocasión, el Viernes Santo, considerar que cada uno de nosotros es también amigo de Jesús, que sabemos dónde podemos encontrarlo, que conocemos su modo de ser y de pensar... Y que, lo mismo que Judas, le hemos traicionado, le hemos vendido. Aunque nos parezca mentira, así ha sido, así es cada vez que pecamos. Sin embargo, podemos ser diferentes de Judas, podemos confiar en el amor de Cristo, que nuestros pecados no apagan. Pidamos perdón, seamos humildes como Pedro, acudamos al Señor como él, y como él seremos perdonados.