lunes, 24 de abril de 2017



ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

Hoy es el Domingo de la Misericordia. La Fiesta de la Divina Misericordia tiene como fin llevar a los corazones el mensaje de que Dios es misericordioso y nos ama a todos y que cuanto más grande es el pecador, más derecho tiene a Su misericordia.Conozco a bastante gente con una imagen negativa de Dios; lo ven como un Dios sordo, vengativo, culpable, cruel, responsable de nuestras enfermedades y desgracias. Pero esta imagen deformada de Él es debido a que no le conocen.
Al mismo tiempo conozco a otros con argumentos suficientes para quejarse de Dios y renegar de Él pero que viven en la acción de gracias continuada. En los acontecimientos negativos que padecen o han sufrido no ven la culpa de Dios; al contrario, vislumbran su mano amorosa y misericordiosa que les ayuda a avanzar al contemplar el bien que ese «mal» les reporta. Así es Dios, ayuda a obtener un bien de lo que nos sucede. Nos devuelve la gracia para caminar en la dirección correcta pero no pone solución a los problemas de nuestra vida. Esto me lleva a comprender la gran necesidad que tenemos de Dios. La necesidad de experimentar la fuerza de su acción en mi vida. Por eso hay que pedir esta gracia cada día, perseverar en la fe, en el amor, en el bien, en la vocación y en la esperanza y dar gracias desde la debilidad y la fragilidad de nuestra existencia.

Dios es amor. Y por eso es rico en misericordia. Una misericordia que es esperanza y que es perdón. Y yo deseo seguir experimentando ese amor especial de Dios que tanta seguridad y confianza me da en la vida. Que me otorga la fuerza interior para crecer en santidad de la que estoy tan lejos. Que me ayuda a comprender cuál es mi debilidad y como puedo enfrentarme a ella. Que me invita a no volver a pecar para no abusar de su misericordia.
Dios siempre otorga la fuerza interior que cada uno necesita y los recursos espirituales para salir adelante. ¿Por qué, entonces, me empeño tanto en dilapidar gracias tan grandes?

¡Padre, tu eres amor, un amor perfecto! ¡No te cansas nunca de amar y perdonar, signo de tu misericordia! ¡Padre, siempre nos das la oportunidad de comenzar de nuevo! ¡Padre, tu lo perdonas absolutamente todo aunque mis pecados tanto te hieran! ¡Padre, como San Pablo yo también me complazco en las enfermedades, en las necesidades, en las dificultades, en las persecuciones… lo hago por tu Hijo Jesucristo porque cuanto a más debilidad más fortaleza! ¡Por eso confío en ti, Padre, porque es en mi fragilidad donde te haces presente! ¡Gracias, Padre, porque eres rico en misericordia! ¡Porque por pura gracias, nos has salvado a través de Cristo! ¡Gracias porque me haces ser auténtico pues no puedo ocultarte la verdad de mi vida! ¡Gracias, Padre, porque el encuentro con tu misericordia me libera ya que supone adentrarse con mi verdad y con la tuya! ¡Gracias porque me pides, Padre, que me convierta interiormente pero también que sea capaz de descubrir tu verdadero! ¡Gracias porque hoy le invitas a tu gran fiesta de la misericordia que es la fiesta del arrepentimiento! ¡Gracias porque cada día me llamas, y me insistes en que sienta tu infinita misericordia! ¡Gracias, Padre, por tu infinita paciencia y generosidad, que es una clara invitación a mi conversión!