sábado, 15 de abril de 2017

LA NOCHE SANTA: NOCHE DEL FUEGO Y DE LA LUZ



1.- LA NOCHE SANTA: NOCHE DEL FUEGO Y DE LA LUZ

Por Gabriel González del Estal

1.- Los cristianos de los primeros siglos lo tenían muy claro: la noche del sábado santo era la noche más importante del año, era la noche, la noche del fuego y de la luz de Cristo. Más importante aún que la noche de Navidad. En la noche de Navidad celebramos el nacimiento del Señor, pero, como se nos dice en el Pregón Pascual, ¿de qué nos serviría haber nacido, si no hubiéramos sido rescatados? Ellos vivían la noche de Pascua como una noche mágica, como una explosión de luz salvadora y liberadora, como el anuncio de una libertad largamente deseada. Las imágenes más preferidas para expresar el sentido y el significado teológico de esta noche santa eran el fuego y, consiguientemente, la luz. Sabemos que la iglesia quiso que la celebración de la fiesta de Navidad se celebrara el día 25 de diciembre porque ese era el día en que los paganos celebraban la fiesta del sol naciente. En esta noche de Pascua queremos seguir viendo a Cristo como nuestra luz, como nuestro sol invicto, que nos iluminó definitivamente con el resplandor de su luz en la noche en que, rotas las cadenas de la muerte, ascendió victoriosamente al cielo. Por eso, la Iglesia llama dichosa a esta noche, porque sólo ella conoció el momento en que Cristo resucitó de entre los muertos. Será una noche clara como el día, la noche iluminada por el gozo.

2.- Pascua significa “paso” y en esta noche celebramos el paso de la muerte a la vida, la victoria de nuestro Salvador sobre la muerte. Por eso, en esta noche eran bautizados los catecúmenos. ¡Con qué íntimo gozo, con qué fervor salían los catecúmenos de la fuente bautismal, habiendo dejado en ella sepultados sus pecados! Eran vestidos con una túnica blanca, una túnica inundada de una luz, de una gracia y de un resplandor espiritual. Así vestidos, los catecúmenos entraban en la iglesia, y, en ese momento, todo el templo estallaba y resplandecía de luz, de alegría y de canciones de alabanza al Dios Salvador y liberador. Para los catecúmenos este era el momento más emotivo y más importante de su vida. En esta noche santa veían cómo el Señor había ahuyentados sus pecados, lavado sus culpas, y les había devuelto la inocencia.

3.- Nosotros, los cristianos de este siglo XXI, debemos vivir también esta noche de Pascua con la alegría de saber que Cristo quiere seguir siendo para nosotros fuego y luz, camino, verdad y vida. En esta noche santa hemos encendido el cirio pascual, la Luz de Cristo. Necesitamos que Cristo siga encendiendo en nosotros el fuego de su amor, la luz de la inteligencia, para que la llama del cirio vivo y encendido de nuestro corazón siga ardiendo e iluminando nuestras vidas y la vida de todas aquellas personas a las que amamos. El amor, como la llama, no mengua al repartirse, sino que se multiplica y crece. En esta noche santa, vamos a pedirle al Señor del fuego y de la luz, que ilumine los corazones y las inteligencias de todos los gobernantes del mundo, para que a nadie falte el calor de una mirada atenta y de una mano generosa, para que nadie muera por falta de pan, de ternura y de misericordia, para que brille siempre en el mundo el fuego del amor y de la generosidad. Encendamos en el corazón de todas las personas del mundo la luz y la llama de este cirio pascual, la Luz de Cristo, para que arda e ilumine la vida de todas las personas de buena voluntad.