viernes, 7 de abril de 2017

El rincón del hermano Rafael – “Saber esperar”- Consecuencias de amar a Dios



“Rafael Arnáiz Barón nació el 9 de abril de 1911 en Burgos (España), donde también fue bautizado y recibió la confirmación. Allí mismo inició los estudios en el colegio de los PP. Jesuitas, recibiendo por primera vez la Eucaristía en 1919.”
Esta parte de una biografía que sobre nuestro santo la podemos encontrar en multitud de sitios de la red de redes o en los libros que sobre él se han escrito.
Hasta hace bien poco hemos dedicado este espacio a escribir sobre lo que el hermano Rafael había dejado dicho en su diario “Dios y mi alma”. Sin embargo, como es normal, terminó en su momento nuestro santo de dar forma a su pensamiento espiritual.
Sin embargo, San Rafael Arnáiz Barón había escrito mucho antes de dejar sus impresiones personales en aquel diario. Y algo de aquello es lo que vamos a traer aquí a partir de ahora.
             
Bajo el título “Saber esperar” se han recogido muchos pensamientos, divididos por temas, que manifestó el hermano Rafael. Y a los mismos vamos a tratar de referirnos en lo sucesivo.
“Saber Esperar” - Consecuencias de amar a Dios
“No hay nada imposible cuando de veras se ama a Dios y sabemos que la Santísima Virgen nos guía.”
En muchas y muchas ocasiones, los santos nos dicen aquello que, de principio, resulta fácil de entender pero que, en verdad, no solemos tener demasiado en cuenta.
Todo esto, digámoslo, nos pone en evidencia ante Quien nos ha creado pero nos puede venir muy bien para darnos cuenta de qué somos y, sobre todo, de qué debemos ser si no lo somos.
El hermano Rafael, muy conocedor de la idiosincrasia del ser humano, pone sobre la mesa aquello que debemos tener por bueno y mejor y también aquello que nos constituye como hijos de Dios.
Todo esto ya lo sabemos. Es decir, nuestro Santo no nos descubre la América espiritual ignota que no conocíamos y nos da oportunidad de descubrir mucho sobre ella. No. Nos dice, al contrario, lo que descubrimos enseguida, muy al principio de darnos cuenta de que somos católicos.
Si miramos bien este texto, lo podemos dividir en tres partes que nos aportan, cada una de ellas, un claro mensaje.
En primer lugar, saber que nada hay imposible.
Decir esto, así, podría parecer un tanto exagerado. Sin embargo, sabemos que se refiere a nada que sea espiritualmente alcanzable pues, por ejemplo, no se a ser tan necio como para creer que alguien puede, por mucho que ame a Dios, llegar a la luna, es un decir, volando sin más.
No. Lo que nos dice el hermano Rafael es que lo que pudiera parecer imposible de llevar a cabo (pensemos, por ejemplo en perdona a alguien que nos ha hecho algo más que grave o cosas por el estilo) lo podemos conseguir. Pero, para eso, debe cumplirse la segunda condición.
Después, y tal es la segunda condición de la que hablamos arriba, que para que nada haya imposible debemos con una condición que podríamos entender sine qua non (verdadera condictio formadora de un espíritu verdaderamente filial de cara al Todopoderoso) o, lo que es lo mismo, que sin ella no se puede cumplir la otra parte de la expresión espiritual.
Por último, que tenemos a quien nos auxilie, quien nos guie en nuestro camino ordinario. Y tal no es otra que la Virgen María, Inmaculada y Madre de Dios.
Esto que nos dice San Rafael Arnáiz no está alejado de lo que podemos hacer. Es más, está al alcance de cualquiera que quiera ser, verdaderamente, hijo de Dios. Debemos, de todas formas, entender bien lo que significa lo imposible para nosotros.
A este respecto, habrá quien crea que le resulta imposible mantener un estado de oración que ocupe toda su vida; para otro creyente, le será muy difícil sobrellevar determinados comportamientos de otras personas o, en fin, cada cual carga con su propia cruz que, en este caso, puede ser superada siendo creyentes de verdad.
En realidad, todo esto no son, sino, consecuencias de amar a Dios. Seguramente, por eso, entendemos mejor qué pasa en contrario…