sábado, 15 de abril de 2017

EL CRISTO DEL BRAZO CAÍDO

Publicado: 13 Abr 2017 15:01 PDT
El Viernes Santo procesiona en Toledo una imagen del Crucificado tan querida como peculiar

No es un Cristo articulado, al que el vaivén de la procesión ha soltado la mano del madero, no. El Cristo de la Vega que este Viernes Santo recorre las calles de Toledo es el único esculpido así, con el brazo derecho caído.

Se cree que pudo formar parte de un grupo escultórico de un Descendimiento, de autor desconocido, del que no se conservan imágenes. Según el historiador toledano Francisco de Pisa, ya se encontraba en la basílica visigoda de Santa Leocadia en el año 1554y ya desde antiguo a esta imagen del Crucificado le acompañó un halo legendario.

Al menos tres leyendas circulan sobre el Cristo de la Vega y, aunque los personajes difieren, en todas la escultura de Cristo es puesta por testigo y milagrosamente responde, indicando con su brazo la verdad. Así lo relata Salazar de Mendoza ya en 1618 y el padre Antonio de Quintadueñas en 1651 en su compendio de los «Santos de la Imperial Ciudad de Toledo». «En el altar mayor de la iglesia vi y adoré la imagen de bulto de Cristo Nuestro Señor. Estatura grande y caído el brazo derecho, demostración que afirman algunos haber sucedido en ocasión que negando un judío cierta cantidad de maravedís a un cristiano, poniendo al Santo Cristo por testigo, derribó el brazo, dando a entender trataba verdad el cristiano y luego se convirtió el judío», cuenta el famoso cronista toledano.

A la historia de esta deuda negada por el judío, Sixto Ramón Parro añade en su «Toledo en la mano» otra referida a «dos caballeros que sostuvieron un duelo junto a las tapias de esta ermita, y habiendo caído el que injustamente le provocara, su rival le alzó del suelo y le perdonó la vida, entrándose en seguida (sic) a orar ante el Santo Cristo, que bajó el brazo en señal de aprobación por su noble comportamiento».
A buen juez, mejor testigo

Sin embargo, la leyenda más popular que rodea al Cristo de la Vega es la historia del caballero y la doncella que José de Zorrilla recogió en «A buen juez, mejor testigo» (1838). El poeta y dramaturgo vallisoletano contaba los amores de Diego Martínez con Inés de Vargas, a la que juró ante el Cristo toledano que se casaría con ella cuando regresara de la guerra en Flandes. La joven le esperó durante tres años al soldado y cuando al fin le vio regresar, salió corriendo en su encuentro. Diego, que volvió convertido en capitán «tan galán como altanero», renegó de la joven y de su juramento («¡Tanto mudan a los hombres fortuna, poder y tiempo!»).

Desesperada, Inés pidió la intercesión del gobernador de Toledo, don Pedro Ruiz de Alarcón y viendo cómo Diego mentía, presentó como testigo al Cristo de la Vega ante el asombro de todos. Hasta la iglesia acudió el tribunal en pleno, Inés y Diego, junto a una multitud de curiosos y ante la imagen preguntó el notario: «Jesús, Hijo de María, ante nos esta mañana citado como testigo por boca de Inés de Vargas, ¿juráis ser cierto que un día a vuestras divinas plantas juró a Inés Diego Martínez por su mujer desposarla?».

Zorrilla describe que «asida a un brazo desnudo una mano atarazada vino a posar en los autos la seca y hendida palma, y allá en los aires «¡Sí juro!», clamó una voz más que humana». Cuando la multitud alzó la vista, vio a la imagen con los labios abiertos «y una mano desclavada», concluye la leyenda.

El relato del Cristo jurando públicamente por la palabra de Inés de Vargas fue muy popular en los primeros años del siglo XX. El pintor Luis Menéndez Pidal representó la escena en un cuadro que ganó una medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1890, Ricardo Villa estrenó en 1915 una zarzuela basada en la leyenda y en 1925 fue llevada al cine por Federico Deán Sánchez con el Barón de Kardy en el papel de Diego Martínez, aunque no llegó a ser exhibida comercialmente. Adolfo Aznar recuperaría «El milagro del Cristo de la Vega» para el cine en 1940, reforzando la difusión de la leyenda. «A buen juez, mejor testigo» de Luis Menéndez Pidal

El padre Antonio de Quintadueñas apuntaba, sin embargo, que el Cristo de la Vega podría ser copia del de la capilla de San Miniato, en Florencia. La leyenda cuenta siendo soldado San Juan Guilberto (985-1073) iba a vengarse de un enemigo que, una vez vencido, le suplicó piedad arrodillado y con los brazos en cruz. Guilberto le concedió el perdón y a continuación entró al monasterio a rezar ante el Cristo que, según Quintadueñas, bajó el brazo dando a entender así que le había agradado. «A imitación de esta santa imagen se han labrado otros crucifijos y traído a España, y entre ellos se piensa fue uno éste que está en el templo referido de Santa Leocadia», concluye el historiador toledano del siglo XVII.

En la biografía del fundador de la orden de Vallombrosa, se indica sin embargo que el Cristo respondió con un movimiento de cabeza, no con el brazo. La imagen se guarda hoy en la Basílica de la Trinitá, con ambos brazos clavados y la cabeza inclinada.
De la imagen original del Cristo de la Vega solo se conserva la cabeza, en el convento de San Antonio. Las tropas napoleónicas destruyeron la basílica y quemaron la imagen durante la Guerra de la Independencia (1808-1814).
«La imagen que hoy se ve fue hecha a imitación de la primitiva, a la que, según el voto de algunos ancianos que la conocieron, es en un todo igual», apuntaba el poeta Gustavo Adolfo Bécquer en su «Historia de los templos de España»

Esta segunda imagen fue destrozada durante la Guerra Civil. Según escribió Enrique Vera en 1938, «se encontró diseminada y rota en cuarenta y ocho pedazos y brutalmente golpeada». Bienvenido Villaverde restauró el Cristo que procesiona en Toledo cada Viernes Santo y los siete viernes comprendidos entre la Pascua de Resurrección y Pentecostés en conmemoración de las Siete Palabras que Jesús pronunció en la cruz. Son los famosos «reviernes» en los que los toledanos vuelven a orar ante el Cristo de la Vega.

 Fuente: ABC