viernes, 14 de abril de 2017

Cómo visten las religiosas según su orden Adriana Bello


Cada atuendo es una declaración y un recordatorio de su compromiso con Dios y la Virgen

Algunos insisten en decir que la moda es superficial. Pero no lo es ni en la vida cotidiana de las mujeres “regulares” ni de las monjas (aunque de distintas maneras). Los hábitos religiosos tienen una historia antiquísima y, desde entonces, han sido dotados de un simbolismo prácticamente sagrado, ya que significan que la persona consagró su vida a Dios.
Aunque con los años su vestimenta ha cambiado un poco, en general su atuendo austero y sencillo ha mantenido su base inicial. Sin embargo, según cada orden religiosa, hay detalles o “accesorios” que varían y cada uno está dotado de un significado interesantísimo. A continuación, la explicación del hábito de cuatro de ellas.

 Monjas Benedictinas


Las religiosas de esta orden religiosa llevan una túnica, velo, cinturón y escapulario (entendido como la pieza larga que cuelga adelante y atrás). Todo su atuendo es de color negro, tanto porque ese color significa penitencia como también porque era la tela más económica cuando la orden fue fundada en Italia siglos atrás, reflejando así modestia. Debajo del velo utilizan una toca (pieza de tela ceñida al rostro) blanca para enmarcar su rostro.
Tanto el velo (que suelen llevar doble, uno blanco y uno negro encima) como la toca son un recordatorio que le pertenecen a Dios; además, permiten cubrir su cabello para protegerlas de toda vanidad. El cinturón es símbolo de las cadenas de Jesucristo y de obediencia; mientras que el escapulario representa su compromiso con la conversión.

Monjas Carmelitas


Su hábito consiste en una amplia túnica color café oscuro (que es una invitación a abrazar la cruz cada día, así como un recordatorio de la tierra, ya que Karmel -Carmelo- significa Jardín de Dios), sujeta por un cinturón (casi siempre de cuero, símbolo de auto-control) cuyo extremo pende de lado, y un escapulario del mismo color con un escote trapezoidal (según la tradición, el 16 de julio de 1251 la Virgen María se apareció a San Simón Stock en Inglaterra, a quien entregó el escapulario del Carmen).
El escapulario representa la protección de María y su deseo de vestirlas en Cristo. Para salir, utilizan también un manto o capa blanca, que simboliza la pureza del corazón y la mente, la santidad y la castidad.

Monjas Dominicas


Las hermanas de esta orden visten de blanco como señal de simplicidad, luz, pobreza y, sobre todo, recordatorio de que son las “novias” de Cristo. Su hábito fue propuesto por la Virgen al Beato Reginaldo de Orleans.
Su velo es negro (símbolo de humildad, además para diferenciarse del blanco de las novicias) y pueden usar una capa de este color durante el invierno o alguna ceremonia. La unión de ambos colores tiene un significado especial, ya que es la penitencia (negro) cubriendo y protegiendo la pureza (blanco), demostrando también que para permanecer “limpios”, se requiere hacer sacrificios. Algunas llevan un largo rosario de 15 misterios sujeto al cinto y todas deben portar un escapulario blanco.

Monjas Clarisas


Al pertenecer a la Segunda Orden de San Francisco, utilizan un hábito muy sencillo de túnica, toca, velo (negro) y un cordón como cinturón. En cuanto al color del hábito, suele ser marrón como el de los monjes, pero también puede ser gris (San Francisco en realidad usaba un hábito gris, pero se sabe que el Santo tenía fascinación por las alondras porque tenían una especie de capucha como los religiosos y eran aves muy austeras).
El cordón que utilizan tiene tres nudos para representar los votos de castidad, obediencia y pobreza. En cuanto al calzado, al igual que ocurre con casi todas las religiosas, suelen ser sandalias pero también depende si hay una necesidad especial, por lo que también utilizan zapatillas de goma o zapatos cerrados de cuero.
Para las mujeres comunes, el qué nos vamos a poner el día siguiente puede ser una complicación por la variedad de opciones. Pero para las religiosas, que sólo tienen una, también es un desafío porque es la confirmación de su entrega a Dios.