lunes, 20 de marzo de 2017

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introducción
La devoción a San José es antigua en la Iglesia y su culto se desarrolla en torno a la Sagrada Familia. Pero su fiesta litúrgica del 19 de marzo data del siglo XV, gracias al Papa franciscano Sixto IV; la fecha del 19 de marzo quizá fue una manera de cristianizar la memoria pagana de la diosa Minerva. Y fue el Papa Beato Pío IX quien declaró a San José Patrono de la Iglesia el 8 de diciembre de 1870.

La grandeza de San José, que era justo, se percibe en la misión que Dios le encomendó: cuidar a Jesús y a su Madre, la Virgen María. Las virtudes de S. José, como la castidad, se vislumbran meditando aquellas palabras del ángel a José: “No temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo” (Mt 1, 20).

S. José, persona normal, era una criatura nueva, renacida del Espíritu Santo y por este Santo Espíritu era guiado y animado de maneras diversas. A veces se sentía inflamado en el amor divino; otras veces descendía por los grados de la humildad y lloraba los pecados de los hombres; incluso, en ocasiones, descansaba en un gran silencio y paz, abrazado a la voluntad divina.

En tiempos difíciles para nuestra fe volvamos nuestra mirada a San José, fiel custodio de la Sagrada Familia. Si dedicamos algún tiempo a contemplar los primeros misterios de la salvación cristiana mediante la adoración eucarística y la contemplación de los misterios del Santo Rosario, Dios cuidará de nosotros, pues la esperanza cristiana nunca y a nadie defrauda.

La Iglesia camina en tiempos de confusión y tantas cosas se derrumban a nuestro alrededor y otras tantas se van perdiendo y, mientras, nacen siempre nuevas presencias de Dios. Recemos con confianza a San José, Patrono de la Iglesia Católica, sabiendo que la Iglesia está en manos de Cristo y las puertas del infierno nunca prevalecerán. La Iglesia no necesita de nuevos salvadores, basta que aceptemos a Jesús como nuestro Señor y nuestro Salvador y sigamos a quien es camino, verdad y vida.

Los tiempos difíciles son los buenos tiempos para ejercitar la fe, la esperanza y la caridad, viendo que nada podemos sin la ayuda de Dios y que todo lo podemos en aquél que nos conforta. Nadie nos puede separar del amor de Cristo; en consecuencia, sigamos caminando con la mirada fija en Jesús hacia nuestro destino, pues sólo somos peregrinos en este mundo. La comedia de este mundo pasa; lo importante es salvar el alma.


Fr. Pedro Fernández Rodríguez

“ Éste es el administrador fiel y solícito ”
Primera lectura
Lectura del segundo libro de Samuel 7, 4-5a. 12-14a. 16
En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: -«Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre." »

Salmo
Sal 88 R. Su linaje será perpetuo.
Cantaré eternamente las misericordias del Señor, 
anunciaré tu fidelidad por todas las edades. 
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno, 
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R.

Sellé una alianza con mi elegido, 
jurando a David, mi siervo: 
«Te fundaré un linaje perpetuo, 
edificaré tu trono para todas las edades.» R.

Él me invocará: 


«Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor, 
y mi alianza con él será estable. R.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos 4, 13. 16-18. 22
Hermanos: No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que, no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó, contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.

Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Mateo 1, 16. 18-21. 24a
Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: Maria, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: -«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le habla mandado el ángel del Señor.