jueves, 13 de septiembre de 2018

El Santo nombre de María

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ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

Hoy es la fiesta del santo nombre de María, establecida por el Papa Inocencio XI, el año 1683, en memoria de una victoria memorable ganada por los cristianos sobre los turcos, con la protección visible de la Reina del Cielo bajo las murallas de Viena después de que el rey de Polonia exclamará después de la Misa: “Caminemos con confianza bajo la protección del Cielo y con la asistencia de la Santísima Virgen María”.
El nombre de María es un nombre glorioso, amable, pacificador, que te remite al amor de la Virgen. ¡Que el nombre de María con el de Jesús y el José esté incesantemente en mis labios y en mi corazón!
Llamar a alguien por su nombre significa ponerse en contacto con él. Entre el nombre y el que lo sostiene existe una relación estrecha y sustancial, una afirmación sobre la esencia de quien lo usa, algo de su propia naturaleza, a veces un programa de vida completo, o una misión. El nombre expresa todas las cualidades y aptitudes de la persona nombrada. Designa su misión, su valor personal. En la Biblia, por ejemplo, Jacob, después de su lucha nocturna contra Dios, recibe de Él un nuevo nombre: “Israel”. Jesús le da a Simón un nuevo nombre: Kephas, Pedro. Dios le da a Adán el poder de nombrar animales. Para dar un nombre a un animal o un ser humano, hay entender o intentar comprender la naturaleza de la persona, su papel en este mundo. Dios mismo le reveló su nombre a Moisés: ¡Yahvé! ¡La Ley prohibía la representación de Dios como una imagen o estatua, pero Moisés podía llamarlo por su nombre! Invocar su nombre, llamarlo por su nombre, es entrar en una relación de conocimiento y amor con él. En la religión musulmana, no existe esta relación de intimidad con Dios. Tenemos esta gracia porque Dios se nos reveló y nos permitió llamarlo por su nombre. María Magdalena reconocerá a Jesús resucitado, cuando lo llama por su nombre: “María”.

María es un nombre de salvación porque el de la Madre es el de llave que abre las puertas del cielo, es la estrella que ilumina nuestro camino, que da brillantez a todo el universo, que penetra en las sombras tantas veces profundas del corazón, que alecciona a las almas para fortalecer sus virtudes y derrotar sus defectos.
Cuando pronuncias el nombre de María los vientos de la tentación escampan; las tribulaciones del corazón aminoran, los vientos del orgullo se disuelven, la tristeza desaparece, la desesperación se torna esperanza. En los momentos de desesperación, de congoja, de duda, de angustia… cuando pronuncias el nombre de María todo parecer que se reconforta.
Me ocurre con frecuencia. Cuando acudo a María mi corazón se transforma. Te ayuda a no desviarte, a no desesperarte, a no caer. Te sientes protegido, tus temores aminoran, tus miedos se apaciguan.
Hoy le pido al Señor que me de una devoción más amorosa y más confiada a la Virgen María. María, la Madre, la que responde de inmediato a los hijos que la llaman por su nombre.
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¡Oh dulce Virgen María, bendícenos siempre, guíanos, enséñanos a amar a Jesús y a caminar por el camino de la santidad! ¡Dios te salve, María…! ¡María, Madre, qué hermoso es tu nombre! ¡Qué hermoso el nombre de la Madre de Dios! ¡El nombre de una Reina, de una doncella sencilla, puerta del cielo! ¡Hoy quiero darte gracias por todo lo que eres para mi, la unión de los hombres con Dios, que se hace en tu seno de Madre! ¡Te doy gracias, María, porque eres el centro de la unión de Dios con nosotros! ¡María, Madre, tu nombre me evoca generosidad, esperanza, fe humildad, fortaleza, confianza, amistad, fidelidad, sencillez, pureza, sostén de la Iglesia, apertura de corazón, misericordia, compañera, valentía, decisión, esclava del Señor, dulzura, maternidad abierta a toda la humanidad, estrella de la evangelización…! ¡Quiero parecerme a Ti, María, en todo! ¡Transforma mi corazón, hazlo nuevo, unido a Jesús! ¡Hoy pronuncia con alegría tu nombre, María, imploro tu ayuda y me cobijo bajo tu maternal protección! ¡María, te amo con todo mi corazón y amo también tu santo nombre! ¡Que no deje nunca de invocarlo para que no dejes de salir a mi encuentro, para que en los momentos de dificultad no dejes de consolarme con tu dulce presencia, para que intercedas ante Jesús y me llenes de gracias y bendiciones divinas, para que seas mi abogada cuando caigo, para que me endereces cuando me aparte del camino, para que ablandes mi corazón! ¡Que no deje nunca de nombrarte, María, para llenar mi corazón de fe, de amor, de confianza y de esperanza porque quiero que todo mi ser ser impregne de la gracia de Dios que se derrama a través tuyo! ¡María, guíame siempre por los caminos de la vida porque quiero llegar al cielo en tu compañía!

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