sábado, 16 de junio de 2018

«¡Hermano!»

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ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

De viaje por razones laborales en un país de África acudo ayer a mi Misa diaria. La catedral del país se halla cerca de mi hotel lo que facilita mi presencia en la Eucaristía. Al salir del templo, se acercan varios feligreses sonrientes para saludarme. Todos utilizan la misma expresión: «¡Hermano!».
La expresión «¡Hermano!» es una de las más antiguas y originales entre los cristianos. En el libro de Hechos de los Apóstoles, los discípulos son llamados «hermanos» y para hablar de las iglesias se hace referencia a los «hermanos» de Corinto, de Éfeso o de Jerusalén.
El término «¡Hermano!» recuerda dos aspectos de la Buena Nueva que transforma de manera radical el sentido de la fraternidad: la eternidad prometida y la universalidad de la salvación que rompe los límites de la Iglesia. La fraternidad no siempre ha implicado concordia: la primera vez que aparece la palabra «hermano» en la Biblia es con Caín y Abel. Con José y sus hermanos la Biblia descubre también situaciones conflictivas en las que predominan los celos, el poder y el deseo de dominación… Lo que la Biblia enseña es que la fraternidad no se da sino para recibir y construir.
La eternidad nos convierte en contemporáneos de los que nos han precedido en la fe y la humanidad. Los cristianos somos un pueblo de hermanos allí donde estemos. Siempre me sorprende que Santiago y Juan pudieran dejar a su padre Zebedeo en la barca y marcharse sin más, siguiendo a Jesús. Esta fraternidad nos convierte en hermanos y hermanas en Cristo. ¿Somos conscientes de eso? ¡Es una invitación al respeto mutuo!

La gran noticia de la fraternidad según el Evangelio es que contamos con un mediador que es Cristo, el hermano mayor de una gran multitud de hombres y mujeres en todos los confines del mundo. Es él quien les dirá a las mujeres en la mañana de Pascua: «Id y anunciad a mis hermanos…» «¡Hermano!» Esta fraternidad ya no es un riesgo, el de tener que compartir la herencia, es una oportunidad, ya que la herencia, precisamente, es compartir la vida con los demás, ya que Jesús compartió su vida con nosotros.
Hoy cuando recite en la Misa el Padrenuestro abriré especialmente mi corazón para llenarlo de la fuente de la gracia que es hacer de mi comunidad cristiana —mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo, mis correligionarios de la parroquia…— auténticas fraternidades de amor para disfrutar de la herencia de Cristo que es vivir la vida en fraternidad.
Le pido hoy al Señor que venga y habite en mi, que habite en nuestras comunidades, que renazca con toda su gracia, que nos haga personas que invitemos con nuestra vida a la reconciliación y la construcción de un mundo donde impere de comunión fraterna y el amor.


¡Señor, ayúdame a ser signo profético de comunión, de alegría y de esperanza allí donde mi vida me lleve y permíteme anunciar la belleza de la Iglesia en la que todos somos hermanos! ¡Ayúdame a abrir las puertas de mi corazón a los hermanos para que, desde la experiencia, convertirme en un pequeña iglesia de amor fraternal! ¡Ayúdame a cultivar cada día relaciones basadas en el amor, el respeto, la transparencia, la autenticidad, la escucha, la libertad, la confianza, la fidelidad y el respeto mutuo! ¡Envía tu Santo Espíritu, Señor, para que por medio de su amor seamos capaces de crear una auténtica comunidad de hermanos! ¡Ayúdame a ver en el hermano a una persona con la dignidad de hijo de Dios, un hermano que forma parte del mismo Cuerpo que es Tu Iglesia! ¡Ayúdame a ser siempre solícito, amable, acoger y fraternal con todas las personas porque todos ellos son mis hermanos! ¡Envía tu Santo Espíritu, Señor, para que sea el arquitecto de la fraternidad entre todos y para que por medio de Él seamos capaces de derribar los muros que nos separan como consecuencia de nuestros egoísmos, autocomplacencias, orgullo y vanidad! ¡Dispersa de nuestra vida, Señor, los enfrentamientos y las discordias para poder trabajar unidos en pos de la verdad, para construir un mundo en el que impere la fraternidad y el amor! ¡Permite, Señor, surjan en nuestros entornos relaciones más fraternas en las que quepa la comprensión y el perdón y vivamos como miembros de un mismo Cuerpo y de una misma familia que es la tuya! ¡Concédeme la gracia, Señor, de saber convivir con los demás, a ser más fraternal, a tratar bien a cuantos me rodean, a querer el bien para ellos, porque todos somos hermanos y porque todo te lo debemos a Ti que nos has creado!

¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!

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