jueves, 10 de agosto de 2017

Hacer concreta la experiencia de la Cruz

orar con el. corazon abierto
ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

Tengo un profundo aprecio por la figura de Edith Stein, que ha pasado a la posteridad como santa Teresa Benedicta de la Cruz. Hoy celebramos su festividad. Hija del pueblo judío, conversa al catolicismo, murió como mártir en la infierno de Auschwitz —uno de los lugares donde más se ha abominado la maldad contra Dios y contra el ser humano— un día como hoy de 1942. Edith había afirmado que el amor al prójimo es la medida del amor que uno siente por Dios y así aceptó con entereza morir junto a sus hermanos judíos en las cámaras de gas.
En un día como hoy, rememorando la figura de esta santa de la que recomiendo encarecidamente la lectura de sus libros, uno comprende lo importante que supone en los momentos de mayor dolor acoger la misericordia de Dios en su vida. Edith Stein sufrió en  propias carnes el dolor y vio sufrir en las almas de sus compañeros de Auschwitz-Birkenau la más ingrata persecución contra la dignidad del hombre. Pero en el silencio de la noche oscura del dolor sintió la compasión y la misericordia divina. Su fe se mantuvo firme, su oración se mantuvo viva. Oró por todas las víctimas de la opresión y ofreció su sacrificio por los torturadores. Edith es el testimonio vivo del Evangelio del sufrimiento que hace experiencia concreta en el sentido de la Cruz. Ella apellidó su nombre con el signo de la Cruz, destino del pueblo de Dios. Con Edith Stein uno comprende que lo que realmente da la vida es participar vivamente de la Pasión de Jesús.

Santa Teresa Benedicta de la Cruz sufrió etapas diversas de creer y descreer, en un continuo debate filosófico por descubrir la fe pero, sobre todo, dio sentido a la redención en la Cruz. Su vida fue un continuo mirar hacia el Crucificado y desde esa mirada pudo recomenzar cada vez que su mundo se derrumbaba: la oposición de su ambiente familiar a su conversión, la imposibilidad de trabajar por su condición de judía, la injusticia de no poder acceder a una cátedra universitaria por ser mujer, la muerte martirial por ser fiel a Jesucristo…
Hoy, por voluntad de san Juan Pablo II, esta mártir de la fe es copatrona de Europa. Me ayuda mucho una frase suya tan profunda como esperanzada: «No aceptes como verdad nada que carezca de amor. Y no aceptes como amor nada que carezca de verdad».

¡Señor, gracias por el testimonio de verdad, amor y fe de santa Teresa Benedicta de la Cruz! ¡Gracias, Edith Stein, porque tu testimonio me ayuda a comprender el valor del testimonio en el sufrimiento y la necesidad de unir puentes entre las personas de diferentes religiones! ¡Señor, por la intercesión de santa Teresa Benedicta de la Cruz, ayúdame a crecer en santidad y amor, a comprometerme activamente en ser testimonio de verdad y libertad, que no acepte como verdad nada que carezca de amor y no acepte como amor nada que carezca de verdad! ¡Ayúdame, Señor, como hizo Edith Stein a ser testimonio de respeto, de entrega al prójimo, de tolerancia sin medida, de acogimiento desde el corazón a otros que piensan distinto de mi! ¡Ayúdame, Señor, a ser testimonio fe para construir una sociedad donde este impreso el signo de la fe, del amor, de la fraternidad, del respeto y la tolerancia! ¡Hazme comprender, Señor, que es en el Evangelio del sufrimiento donde te hayas presente! ¡Quiero mirar siempre la Cruz, Señor, estar unido íntimamente a Ti para que, con la fuerza de tu Santa Cruz, pueda consolar la aflicción del prójimo, llevar tu amor misericordioso al que sufre, mirar con tus ojos al que sufre! ¡Señor, ayúdame de hacer la oración y la Eucaristía el fundamento de mi vida, la experiencia de la cruz mi acción cotidiana y la confianza y mi abandono en Ti el sentido de mi existencia!