martes, 28 de febrero de 2017

No me canse, Señor, de esperar



NO ME CANSE, SEÑOR, DE ESPERAR

Tu llegada y, con mi esperanza renovada,

sepa aguardar e intuir tu presencia salvadora.

Que nada ni nadie, Señor,

apaguen la lucidez de mi pensamiento para Ti.

Que nada ni nadie, Señor,

adormezcan mis ilusiones por descubrirte

mis sueños de permanecer junto a Ti

mis ideales de vivir contigo y en Ti.



Que no me queme, Señor,

por el fuego de la desesperanza

por aquello que apaga el fuego de mi amor

por aquello que me impide presentarme

como Tú lo hiciste en el templo:

tocado con la Gracia y el dedo del Padre.

¡Nada, Señor, me lo impida!

Y, porque soy más pobre de lo que aparento,

te ofrezco dos tórtolas de mi pobreza

Porque, aun siendo rico como a veces quisiera,

la vida me enseña que ante Ti

la penuria es puerta grande para conocerte.



Que no piense tanto, oh Señor,

en cambiar el mundo cuanto en que Tú

me cambies a mí, primero, por fuera y por dentro

Que no crea, oh Señor,

que la luz divina la necesita el mundo

y sí, antes que después, mi corazón incierto y roto.



QUE NO ME CANSE, SEÑOR, DE ESPERAR

Tu llegada y tu luz, tu mensaje y tu poder

tu presencia y tu salvación

hasta aquel día en el que cerrando los ojos

pueda proclamar a los cuatro vientos:

¡SIEMPRE HAS SIDO MI LUZ, SEÑOR!