lunes, 27 de febrero de 2017

Ángelus 26 de febrero de 2017

Angelus del 26 de febrero de 2017
“Queridos hermanos y hermanas, la página del Evangelio de hoy es un fuerte llamado a confiar en Dios, no se lo olviden, confiar en Dios, que cuida a todos los seres vivientes de la creación, provee el alimento a los animales y se preocupa de los lirios y de la hierba del campo.
Su mirada benéfica y atenta vigila cotidianamente por nuestra vida. Esta procede bajo las amenazas de tantas preocupaciones que nos ponen en riesgo de perder la serenidad y el equilibrio; aunque esta angustia frecuentemente es inútil porque no logra cambiar el curso de los eventos.
Jesús nos exhorta con insistencia a no preocuparnos por el mañana, recordándonos que sobretodo tenemos un Padre que nos ama, que no se olvida jamás de ninguno de sus hijos: confiarse a él no resuelve mágicamente los problemas, pero nos permite afrontarlos con el animo justo, con coraje. Y soy valiente porque me confío a mi Padre que cuida todo y me quiere mucho.
Dios no es un ser lejano y anónimo, sino nuestro refugio, el manantial de nuestra serenidad y de nuestra paz. Es la roca de nuestra salvación a la cual podemos aferrarnos con la seguridad de no caer; quien se aferra a Dios no cae nunca. Es nuestra defensa del mal, que siempre está al acecho.

Dios es para nosotros el gran amigo, el aliado, el Padre, pero no siempre nos damos cuenta, No nos damos cuenta que tenemos un amigo, un aliado, un padre. Preferimos apoyarnos en los bienes inmediatos y contingentes, olvidando y a veces rechazando el bien supremo, es decir el amor paterno de Dios.
Sentirlo Padre, en esta época de orfandad es muy importante. En este mundo huérfano, sentirlo Padre. Nosotros nos alejamos del amor de Dios cuando buscamos obsesivamente los bienes terrenos y las riquezas, manifestando así un amor exagerado a estas realidades.
Jesús nos dice que esta búsqueda afanosa es ilusoria y motivo de infelicidad y da a sus discípulos una regla de vida fundamental: ‘Busquen en cambio primero el Reino de Dios’.
Se trata de realizar el proyecto que Jesús anunció en el sermón de la montaña, confiando en Dios que no desilusiona como tantos amigos que nos han desilusionado. Trabajar como administradores fieles de los bienes que Él nos ha dado, incluso los terrenales, pero sin actual demasiado, como si todo, también nuestra salvación dependiera solo de nosotros.
Esta actitud evangélica pide una decisión clara, que el paso de hoy indica con precisión: ‘No se puede servir a Dios y a la riqueza’. O el Señor o los ídolos fascinantes pero ilusorios. Esta decisión que estamos llamados a cumplir repercute en todos nuestros actos, programas y empeños.
Es una decisión que debemos hacer de manera neta y que es necesario renovar continuamente, porque la tentación de reducir todo al dinero, placer y poder, nos amenazan.
Hay tantas tentaciones. Aunque honorar a estos ídolos lleva a resultados tangibles aunque fugaces, elegir a Dios no siempre muestra inmediatamente sus frutos. Es una decisión que se toma en la esperanza y que le deja a Dios la plena realización. La esperanza cristiana lleva a cumplimiento futuro de la promesa de Dios y no se detiene delante a ninguna dificultad, porque está fundada en la fidelidad de Dios, que nunca deja de cumplir. Él es fiel, es un padre, un amigo y un aliado fiel.
La Virgen María nos ayude a confiarnos al amor y a la bondad del Padre celeste, a vivir con Él y en Él. Este es el presupuesto para superar los tormentos y las adversidades de la vida, y también la persecución, como demuestra el testimonio de tantos hermanos y hermanas nuestros”.
Después de la oración del ángelus
“Queridos hermanos y hermanas, dirijo un cordial saludo a todos los peregrinos de Roma, de Italia y de los diversos países. Saludo a los fieles polacos de Varsovia y de otras localidades que han realizado una peregrinación mariana. Y de España, a los de Ciudad Real y a los jóvenes de Formentera. Saludo a los jóvenes de Cuneo, Zelarino, Mattarello y Malcesine, Fino Mornasco y Monteolimpino; a los recién Confirmados de Caravengo d’Adda, Almenno San Salvatore y Seravalle Scrivia; a los fieles de Ferrara, Latina, Sora, Roseto degli Abruzzi, Creazzo y Rivalta sul Mincio.
Saludo al grupo que ha venido por la “Jornada de las enfermedades raras”. Gracias, gracias a ustedes por todo lo que hacen, y deseo que los pacientes y sus familias sean adecuadamente apoyados en el no fácil recorrido, sea médico que legislativo. A todos les deseo un buen domingo y por favor no se olviden de rezar por mi. ‘Buon pranzo‘ y ‘Arrivederci‘”.
(Texto traducido por ZENIT)