
18/01/2017 de padreclaudiobert
El santo no es aquel que acepta el sufrimiento porque le agrade y que confiese esa preferencia ante Dios y los hombres, con el fin de obtener una gran recompensa. El santo es aquel que bien puede aborrecer el sufrimiento tanto como el que más, pero que de tal manera ama a Cristo a quien no ve, que quiere que su amor pase por la prueba del sufrimiento. Esto no lo hace porque piense que es una ganancia, sino porque el amor de Cristo en su corazón le demanda que lo haga.
El santo es aquel individuo tan acorde con el espíritu y el corazón de Cristo, que se ve compelido a responder a la demanda del amor de amor con otro amor hermanado con el de Cristo. Eso es para él una necesidad tan profunda, tan personal y exigente, que se convierte en un destino total. Cuánto más responde el santo a la acción secreta del amor de Cristo en su corazón, más comprende las inexorables demandas de ese amor.
Thomas Merton, El hombre nuevo I, 93
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