martes, 31 de enero de 2017

PEREGRINACIÓN CON NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN

Desde el 25 de Marzo al 25 de Diciembre diariamente los creyentes-peregrinos estamos invitados a la PEREGRINACIÓN CON NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN,  haciendo memoria de los 9 meses que Ella llevó a Jesús en su Purísimo Seno. Durante esta Peregrinación cada creyente-peregrino acostumbra a pedir a la Santísima Virgen que le ayude a conseguir tres gracias muy especiales.

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La piedad popular a la Santísima Virgen, diversa en sus expresiones y profunda en sus causas, es un hecho eclesial relevante y universal. Brota de la fe y del amor del pueblo de Dios a Cristo, Redentor del género humano, y de la percepción de la misión salvífica que Dios ha confiado a María de Nazaret: La Virgen no es sólo la Madre del Señor y del Salvador, sino también, en el plano de la gracia, la Madre de todos los hombres.
De hecho, los creyentes entendemos fácilmente la relación vital que une al Hijo y a la Madre. Sabemos que el Hijo es Dios y que Ella, la Madre, es también Madre nuestra. Creemos en la santidad inmaculada de la Virgen María, la veneramos como Reina gloriosa en el Cielo, y estamos  seguros de que María, Madre de Misericordia, intercede en nuestro favor, y por tanto imploramos con confianza Su protección. Por ello celebramos con gozo sus fiestas, participamos con gusto en sus procesiones, acudimos en peregrinación a sus Santuarios, nos gusta cantar en su honor, y le presentamos ofrendas votivas. Por todo ello la Iglesia nos exhorta a todos –ministros sagrados, religiosos, fieles laicos– a alimentar nuestra oración a María Santísima con ejercicios de piedad personal y comunitarios.

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PEREGRINACIÓN CON NUESTRA SEÑORA DE LA ENCARNACIÓN 
ORACIONES Y MEDITACIONES SUGERIDAS
25 DE MARZO AL 25 DE DICIEMBRE
 
 
SEÑAL DE LA CRUZ
P. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. A. Amén.
P. Señor, te adoramos y te bendecimos. A. Porque en la obra de la salvación asociaste a la Virgen Madre.
P. Contemplamos tu “fiat”, Santa María. A. Para seguirte en el camino de la fe.
ORACIÓN INICIAL
Oh Virgen Santísima, Madre de Dios, Madre de Cristo, Madre de la Iglesia, míranos clemente en esta hora.
Virgo fidélis, Virgen fiel, ruega por nosotros. Enséñanos a creer como has creído Tú. Haz que nuestra fe en Dios, en Cristo, en la Iglesia, sea siempre límpida, serena, valiente, fuerte, generosa.
Mater amábilis, Madre digna de amor. Mater pulchrae dilectiónis, Madre del Amor Hermoso, ¡ruega por nosotros! Enséñanos a amar a Dios y a nuestros hermanos como les amas Tú; haz que nuestro amor a los demás sea siempre paciente, benigno, respetuoso.
Causa nostrae laetítiae, Causa de nuestra alegría, ¡ruega por nosotros! Enséñanos a saber captar, en la fe, la paradoja de la alegría cristiana, que nace y florece en el dolor, en la renuncia, en la unión con Tu Hijo Crucificado: ¡haz que nuestra alegría sea siempre auténtica y plena para podérsela comunicar a todos! Amén.
Se reza la primer SALVE
Dios te salve, Reina y Madre de Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
V.Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. R.Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
 
Oh María, Aurora del mundo nuevo, Madre de los vivientes, A Ti confiamos la causa de la vida: Mira, Madre, el número inmenso de niños a quienes se impide nacer, de pobres a quienes se hace difícil vivir, de hombres y mujeres víctimas de violencia inhumana, de ancianos y enfermos muertos a causa de la indiferencia o de una presunta piedad. Haz que quienes creemos en tu Hijo sepamos anunciar con firmeza y amor a los hombres de nuestro tiempo el Evangelio de la vida. Alcánzanos la gracia de acogerlo como don siempre nuevo, la alegría de celebrarlo con gratitud durante toda nuestra existencia y la valentía de testimoniarlo con solícita constancia, para construir, junto con todos los hombres de buena voluntad, la civilización de la verdad y del amor, para alabanza y gloria de Dios Creador y amante de la vida.
 
Luego de rezar el contenido de la Oración a Maria Santísima escrita por el Beato Juan Pablo II se pide la gracia que se desea obtener (…)
  
V.Ruega por nosotros, Madre de Dios y Madre de Misericordia. R.Te rogamos nos concedas la gracia que te pedimos por Amor de Dios.
 
Se reza la segunda SALVE
 
Dios te salve, Reina y Madre de
Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
 
V.Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. R.Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
 
 
María, Madre de Misericordia, cuida de todos para que no se haga inútil la Cruz de Cristo, para que el hombre no pierda el camino del bien, no pierda la conciencia del pecado y crezca en la esperanza en Dios, «rico en Misericordia» (Ef 2, 4), para que haga libremente las buenas obras que Él le asignó (cf. Ef 2, 10) y, de esta manera, toda su vida sea «un himno a su gloria» (Ef 1, 12).
 
Luego de rezar  el contenido de la Oración a María Santísima escrita por el Beato Juan Pablo II se pide la gracia que se desea obtener (…).
 
V.Ruega por nosotros, Madre de Dios y Madre de Misericordia. R.Te rogamos nos concedas la gracia que te pedimos por Amor de Dios.
 
Se reza la tercer SALVE
Dios te salve, Reina y Madre de
Misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, Abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!
V.Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios. R.Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
 
Santa María, Madre de Dios y Madre de Misericordia, Tú has dado al mundo la verdadera Luz, Jesús, tu Hijo, el Hijo de Dios. Te has entregado por completo a la llamada de Dios y te has convertido así en fuente de la bondad que mana de Él. Muéstranos a Jesús. Guíanos hacia Él. Enséñanos a conocerlo y amarlo, para que también nosotros podamos llegar a ser capaces de un verdadero amor y ser fuentes de agua viva en medio de un mundo sediento.
Luego de rezar el contenido de la Oración a María Santísima escrita por el Santo Padre Benedicto XVI se pide la gracia que se desea obtener (…)
V.Ruega por nosotros, Madre de Dios y Madre de Misericordia R.Te rogamos nos concedas la gracia que te pedimos por Amor de Dios.
ORACIONES FINALES
  
Acordaos, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a vuestra protección, implorando vuestro auxilio, haya sido desamparado. Animado por esta confianza, a Vos acudo, oh Virgen de la Encarnación, Madre de mi Señor Jesucristo, y gimiendo bajo el peso de mis pecados me atrevo a comparecer ante Vos.Oh Madre de Dios y Madre de Misericordia, no desechéis mis súplicas, antes bien, escuchadlas y acogedlas misericordiosamente, por el Misterio de la Santísima Encarnación y por Amor de Dios. Amén.
 
Nos acogemos bajo tu protección, Santa Madre de Dios: no desprecies las súplicas que te dirigimos en nuestra necesidad, antes bien sálvanos siempre de todos los peligros, Virgen gloriosa y bendita.
Dios Padre Misericordioso, que con la cooperación del Espíritu Santo, preparaste el cuerpo y el alma de la gloriosa Virgen María para que fuese merecedora de ser digna morada de tu Hijo; concédenos que, pues celebramos con alegría el misterio de la Encarnación, por su piadosa intercesión seamos liberados de los males presentes y de la muerte eterna. Por el mismo Cristo nuestro Señor. Amén.
Oh Dios Eterno, en quien la Misericordia es infinita y el tesoro de compasión inagotable, vuelve a nosotros Tu mirada bondadosa y aumenta Tu Misericordia en nosotros, para que en momentos difíciles no nos desesperemos ni nos desalentemos, sino que, con gran confianza, nos sometamos a Tu Santa Voluntad, que es el Amor y la Misericordia mismos. Amén.
SEÑAL DE LA CRUZ
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.