domingo, 29 de enero de 2017

María, modelo de lo que Dios quiere en mi vida

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28 ENERO, 2017 / RMMC
Último sábado de enero con María en el corazón. Hoy siento de nuevo a María en la felicidad de mi vida. Me imagino a María, la primera custodia viva de Cristo, tan unida a Él, tan cerca de Dios, tan llena del Espíritu Santo. Me imagino a María unida con el corazón al Padre Creador, al Espíritu Santo santificador y al Hijo vivificador.
Y me quiero llenar de esa alegría natural de la Virgen, hacerla mía. Sentirme uno con Ella porque cuando uno está lleno de gracia –por la gracia– su vida cambia y se transforma. Y me quiero llenar también de esa presencia viva de Dios en mi vida. Sentir como el Dios de la vida me consuela como consoló a María, me ilumina como iluminó a María, me guía como guió a María. Y anhelo hacer mía esa sobriedad, esa humildad, ese silencio de imperecedera profundidad, esa generosidad, ese espíritu de servicio, esa docilidad a la Palabra de Dios, esa disponibilidad sin cuestionamiento, esa fidelidad de María.
María es el modelo de lo que Dios quiere hacer en cada uno de sus Hijos. En ti y en mí. Por eso me quiero parecer más a Ella. Por eso ansío tenerla como maestra espiritual. Por eso quiero tomarla de la mano y marchar con Ella para seguir la llamada del Padre en mi camino hacia la santidad personal. Deseo seguir su camino de fe. Y su camino de servicio. Seguir su camino de certeza que es el que, en definitiva, yo debo recorrer para que el Dios de bondad me vaya colmando con sus infinitos bienes y con su honda misericordia. ¡Gracias, María! ¡Todo tuyo, María!

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¡Quiero caminar a tu lado, María, desprendido de todo, sin cargas, sin inquietudes, sin miedos, sin desvelos y hacerlo siempre alegre por tu presencia en mi vida, llenando mi alma de gozo, de optimismo y de esperanza! ¡Quiero caminar contigo, María, para vaciarme de mi orgullo, de mis certezas, de mi vanagloria, de mis tristezas y mis sinsabores y una vez vacío llenarme de lo auténtico y verdadero que es Cristo, tu Hijo! ¡Quiero ir al encuentro del Padre contigo, María! ¡Quiero llenar mi vida de la gratitud de Dios que tu misma experimentaste a lo largo de la vida, contento por ver la mano de Dios en todos los acontecimientos de mi vida, en los alegres y en los difíciles, en las alegrías y en las amarguras! ¡Quiero dar un «Sí» confiado como el tuyo, María, abriendo mi corazón para sentir la llamada del Padre! ¡Quiero mirar a todos los que me rodean y observar el mundo con tu mirada y con tus ojos de bondad, María! ¡Quiero aprender a detenerme en el camino para orar en silencio, para ser más contemplativo, para templar mi corazón y ser más dócil a la voluntad del Padre! ¡Quiero, María, a tu lado caminar hacia la santidad cotidiana, hacer extraordinario lo ordinario de vida como hiciste Tú cada día! ¡Quiero ser alegría para los demás como lo fuiste Tú, María! ¡Quiero que cada paso que dé este lleno de autenticidad y verdad, María, sin amedrentarme por las dificultes ni acobardarme ante los desafíos de la vida! ¡Quiero abrazar como abrazaste Tú al prójimo, María, y desde el cariño y el afecto transmitir a Dios a los que me rodean! ¡Todo tuyo, María, totus tuus! ¡Siempre tuyo, María, Madre de Amor y Misericordia!