martes, 31 de enero de 2017

EL ROSARIO 05: ORACIÓN EN EL ESPÍRITU

El Rosario 05: Oración en el Espíritu

De Wiki de FRAYNELSON.COM
 

El Rosario Oración en el Espíritu

Hermanos queridos el día de hoy quiero compartir una reflexión sobre la oración en el Espíritu, cuando Jesús se encuentra con la Samaritana según nos dice el capítulo cuarto del Evangelio según San Juan, Jesús habla de algo muy importante delo que es la adoración en el Espíritu, dice: “creedme mujer que llega la hora que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre, llega la hora en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en Espíritu y en Verdad; así quiere el Padre que sean los que le adoren, Dios es Espíritu y los que le adoran deben adorar en Espíritu y Verdad” [[ ]] Palabra de Dios!
Con estas palabras Jesucristo le da un rostro a la oración cristiana, nuestra oración es una oración en Espíritu y en Verdad y por supuesto como esto es un lugar en donde siempre recordamos la presencia de María y rezamos con frecuencia el Rosario; yo me atrevo a hacer esta pregunta ¿El Rosario es una oración en Espíritu y en Verdad? Si lo es, ¿Cómo podemos aprovechar esa realidad?; si no lo es, ¿Qué tenemos que hacer para que esa oración, que nos caracteriza como Dominicos y como familia Dominicana, qué tenemos que hacer para que nuestra oración sea en Espíritu?
Hace unos días me encontré un letrero en la c
iudad de Bogotá, una especie de grafiti haciendo propaganda a un grupo evangélico y ellos decían algo así como: “Nosotros no rezamos, nosotros oramos”, hacían esa diferencia entre lo que es rezar y lo que es orar y leyendo un poco el material que distribuía este grupo protestante quedaba muy clara una cosa. Para ellos, lo que hacemos nosotros los Católicos es rezos; nosotros somos gente que reza. Pero ellos si conocen la oración, ellos oran.
Y ahí creo que está puesto un desafío a nosotros, yo creo que muchos Católicos se quedan un poco perplejos cuando se le habla en este lenguaje, cuando lo interrumpen a uno y le preguntan: ¿Oye, tú rezas o tu oras?. Y la idea que nos quieren meter en la cabeza es que rezas es una cosa solo con la boca, es repetir oraciones y siempre nos dice; el Rosario no es oración, el Rosario es una repetición ustedes son como cortorras y resulta que ahora que veníamos peregrinando y que veníamos rezando el Santo Rosario pues entonces esta era la peregrinación de las cotorras, según entiendo yo. Porque veníamos con el Santo Rosario.
Así que tenemos como dos desafíos en este momento: Por una parte Jesús nos invita a darle un verdadero rostro a nuestra oración, El dice la oración tiene que ser en Espíritu y en Verdad. Y por otra parte tenemos ese desafío de los Cristianos no Católicos que nos dicen que no hay rezar sino que hay que orar. Y eso es lo que a mí me ha puesto a pensar y a pedirle a Dios una luz, para ver, cómo ha de ser el rostro de nuestra oración especialmente cuando tomamos este instrumento, cuando tomamos el Rosario.
Hay grandes maestros de la vida de oración, entre ellos yo recuerdo con afecto a una persona que me ha hecho mucho bien: Santa Catalina de Siena, una Dominica; ella no era una Religiosa, ella era una Virgen Consagrada, una persona laica vivía en su casa y vivía una vida de intensa unión con Cristo. Santa Catalina dio muchas enseñanzas por eso ella es Doctora de la Iglesia. Cuando nosotros oímos Doctores tiene la Santa Madre Iglesia no se refiere a que hay mucho Católico que es médico los doctores quiere decir los que enseñan; la palabra doctor viene de un verbo en latín el verbo “dochere” que significa enseñar, el Doctor es el que enseña. Entonces Santa Catalina es Doctora, es una gran Maestra de vida espiritual y ella nos habla sobre las dos formas principales de oración. Ella nos dice que hay una oración que es una oración VOCAL y otra oración que es la oración MENTAL y nos cuenta cual es la diferencia entre estas dos oraciones.
La Oració Vocal y la Oración mental. Yo no voy a entrar en demasiados detalles pero me parece que lo que ella explica está muy bien explicada. Dice entre otras cosas, traducido al lenguaje nuestro una forma muy coloquial de expresarme. La Oración Vocal es cuando tú tomas las palabras de otra persona y las repites queriendo apropiártelas, esa es Oración Vocal. Tú tomas las palabras de otras persones y tu la utilizas, las dices con tu voz.
La Oración Mental es cuando movido por el amor, movido por la acción del Espíritu ti le das cause a los afectos y les das cause a la palabras con las que Dios te sugiere que le hables. Esto se parece mucho a lo que dice los protestantes de rezar y de orar. Pero veamos que lo que dicen los protestantes es una gran contradicción. Porque Jesús nos sugirió que rezáramos utilizando el Padre Nuestro. “Cuando oréis decid Padre Nuestro que estás en el cielo” [[ ]]. Jesús nos enseñó que utilizáramos esas palabras. Entonces yo le diría a un protestante: Si Jesús me dio unas palabras para que yo las dijera, ¿Cómo puede ser un pecado, una deshonra o una equivocación utilizar esas palabras, las mismas que me dio Jesús? No puede ser un error y a ahí están esas palabras, además tenemos en la Sagrada Escritura un libro que es un libro completo de oraciones es el libro de los Salmos, son ciento cincuenta Salmos que tenemos y estos Salmos como los utilizamos nosotros: pues los leemos, ¿no?. Nosotros decimos leemos estas palabras que no las hemos escrito nosotros, las tomamos nosotros. Y cuando un protestante toma el libro de los Salmos y lee un Salmo, ¿Es una cotorra?, ¿Por el hecho que está utilizando palabras de otra persona eso lo convierte en una cotorra?. Por supuesto que no. ¿Qué es lo que nos está mostrando Dios sobre esto de la oración?.
Como bien lo explica Santa Catalina de Siena, uno aprende a orar de la misma manera como uno aprende a hablar. ¿Y cómo uno aprende a hablar?. Repitiendo. Tanto que las mamás le enseñan a los bebés lo que tienen que repetir, “pa-pa, pa-pa”, hasta que al fin el bebecito dice papá. Nosotros aprendemos a hablar repitiendo siempre el comienzo del lenguaje es una repetición. La oración empieza siempre desde afuera y sa va volviendo interior, empieza como oración vocal y termina como oración mental. Empieza como oración en nuestra boca y se va volviendo oración en nuestro corazón. No hay que oponer las dos cosas. No hay que decir que la única que vale es la oración del corazón o la oración mental no hay que decirlo. ¿Por qué?. Porque la oración tiene un camino, tiene un proceso. Que tal que nosotros le dijéramos a un bebé por el hecho de que apenas puede decir unas poquitas palabras, “cállese hasta que aprenda hablar”, precisamente va a aprender a hablar empezando por repetir. Entonces, la oración mis hermanos siempre empieza como una repetición y les cuento una cosa también en los grupos de oración, también en los congresos de alabanza, también en los grupos de los protestantes la gente aprende a orar repitiendo.
Por ejemplo, una persona había sido bautizada Católica y había sido Católica toda la vida, pero, entra a uno de estos grupos y allá le enseñan que no hay que decir el Señor, no hay que decir Dios, sino que hay que decir Jehová y al rato a las semanas de convertido este personaje empieza a decir bien dice el salmo: “Jehová es mi pastor”, ¿ y por qué dices Jehová?, porque aprendí a repetirlo allá. Todos empezamos repitiendo y no hay que tener miedo a decirlo en voz alta, la oración empieza siendo una repetición. La oración empieza siendo la copia exterior que hacemos de aquello que hacen otras personas, nosotros empezamos por repetir lo que otros hacen y al principio no entendemos lo que estamos diciendo. Cuando nos dicen en la misa “Levantemos el corazón”, “Lo tenemos levantado hacia el Señor”, esa es una repetición.
Pero, ¿Qué es lo que nos enseña Santa Catalina sobre la oración?, que a través de esa repetición se van formando un surco en la piedra del corazón, el corazón alejado de Dios, el corazón sin oración es como una piedra, por eso, nos decía el profeta Ezequiel: “Que Dios nos iba a arrancar el corazón de piedra y nos iba a dar un corazón de carne” [[ ]]. El corazón sin Dios es como una piedra, pero a través de ese surco que se va haciendo pacientemente con las palabras que vamos repitiendo se van formando como un camino, se va rompiendo esa piedra, se va rotulando la tierra. Al principio hay que desgastar y desgastar y hay que cavar y cavar, pero que pasa muchas veces cuando empezamos a cavar y a cavar y a desgastar el suelo; un día sale el manantial, al principio la acción es solamente exterior, al principio es lo que otros nos han enseñado y esto vale para Católicos, protestantes, musulmanes, budistas, todos. Todos aprendemos repitiendo. Por eso les doy el ejemplo del protestante que aprende a decir: Jehová, Jehová. Usted no decía Jehová, hace dos años usted no decía Jehová, ¿De dónde sacó usted su tal Jehová? Es que allá en el grupo donde yo me congrego dicen Jehová. Ah!, luego usted también repite.
Todos repetimos. El comienzo siempre es repetir, el comienzo siempre es que pase por encima de nosotros como ese arrullo, como esa corriente que va desgastando la roca. Pero hay un momento maravilloso, un momento en el que todo ese que se ha excavado llega finalmente a un pozo, un momento en que todo eso crea dentro de ti una fuente, un manantial y cuando llega el manantial, llega lo que Santa Catalina llama la oración mental, la oración del corazón. Hay un momento en el que ya no dependemos más de otras personas de otros lenguajes, sino que ya la oración viene de adentro, en ese momento hay una oración más perfecta indudablemente. Esto se parece también a cuando la gente se enamora. Cuando una persona se enamora quiere decirle palabras bonitas a su amada vamos a suponer, ¿Y de dónde saca las palabras bonitas?, ¿Qué es lo que hace la gente?, ahí te mando ese mp3, un mp3 es una canción en archivo comprimido de audio, por supuesto, ahí te mando esta canción. ¿Por qué te mendo esta canción? Porque no se siente capaz de decir palabras tan bonitas como esas, ¿Entonces qué hace?, las repite. Toma esa canción que dice: “Tú eres el sol de mi vida” y no sé que más cosas y le manda esa canción. ¿Qué más hace la persona cuando está enamorada? Va a una papelería y compra una tarjeta y la tarjeta tiene un hermoso mensaje que dice esta frase que yo la conocí cuando era adolecente, es decir el siglo pasado, dice la frase así: – No se rían que aquí la mayoría son del siglo pasado – “Te amo no solo por lo que tú eres, sino por lo que yo soy cuando estoy contigo”. Uy! Que frase! La persona es consciente que esa frase no se le hubiera ocurrido, entonces para expresarle su amor a la persona amada, ¿Qué hace? Toma prestadas unas palabras y se las manda.
Eso es lo que nosotros hacemos con la oración, nosotros tomamos una novena, Novena de Nuestra Señora del Rosario, rezaré con devoción el Rosario de María y vienen por allá todas unas poesías. Algunas de las cuales me gustan y otras no tanto, pero ese es otro tema, vienen una cantidad de oraciones: “Dios de misericordia que a través del Santo Rosario nos has dado un instrumento de evangelización – y no sé qué-“ y salen palabras bonitas, palabras que tal vez a uno no se le ocurrirían, en ese momento uno se apoya en esas palabras para decirle cosas lindas a Dios, porque uno ama a Dios, como nosotros amamos a Dios queremos decirle cosas bonitas a Dios, pero a Dios que hacemos, ¿Qué le mandamos a Dios?, si vamos a las tarjetas Timoteo, pues, tal vez no puede estar la frase más apropiada aunque uno le podría decir: “Dios, nunca cambies”. Pero como que falta algo ¿no? “Dios eres súper especial TQM” Puede ser. Pero normalmente cuando le vamos a decir palabras a Dios nuestro Señor buscamos a aquella gente que ha sentido amor por Dios y nos apoyamos en esas personas porque esos son los enamorados de Dios. Los enamorados de Dios tienen un nombre en la Iglesia Católica, loe enamorados de Dios, son: Los Santos. Por eso vamos a los escritos de San Francisco de Asís, a los Escritos de San Ignacio de Loyola, San Francisco de Sales, San Ambrosio. Buscamos aquella gente que ha estado apasionadamente enamorada de Dios y utilizamos esas palabras, eso es lo mismo que hacemos con los Salmos, eso es lo mismo que hacemos con el Rosario.
Pero el Rosario se lleva por delante a todos los otros, el Rosario es mejor que todos los otros – casi digo yo – ¿Por qué? Porque en el Rosario las palabras mismos que estamos utilizando son las palabras que Dios nos dio, el Rosario está tejido del Padre Nuestro que es la oración de Jesús y del saludo del Ángel que es la declaración misma del amor de Dios a María Santísima y a través de ella la declaración de amor a toda la humanidad. Eso es lo que estamos recordando, el Rosario es como tomar una tarjeta de esas que compran en una papelería, solo que no hay necesidad de comprar nada. Es tomar las palabras más hermosas para mirar a Jesucristo, las palabras más hermosas para contemplar el Evangelio, es tomar todas esas palabras y regalárselas, entregárselas a Dios por las manos de María santísima. Estamos tomando el autor más inspirado, el más inspirado de todos, el que le dá la inspiración a todos, ese se llama, el Espíritu Santo.
El Espíritu Santo a quién la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II lo llama verdadero autor de la escritura es no solo inspirado sino digo mejor es la inspiración de todos los que tienen inspiración y eso es lo que hacemos en el Rosario.
¿Qué hemos aprendido hasta ahora? Hemos aprendido que hay dos tipos de oración: Vocal y mental. La oración vocal consiste en repetir y la oración mental consiste en interiorizar hasta que salga el manantial, como le prometió Jesús a la Samaritana, como prometió Jesús en otro lugar del mismo Evangelio de Juan: “Hasta que haya un manantial que salta hasta la vida eterna” [[ ]], esa es la oración mental. Todos en todas las culturas, en todas las religiones siempre empezamos repitiendo. El papá musulmán que le enseña a su hijo musulmán: “Alá es dios y Mahoma es su profeta”, repita mijo y el hijo dice: “Jesucristo es el Señor”. – Bueno, ahí hay problemas en esa familia claro -, porque el papá espera que el hijo repita lo que el papá le está enseñando. Todos empezamos repitiendo.
Depende entonces de qué, ¿De qué depende la calidad del Rosario? Depende de la calidad de la inspiración, pero esa ya está garantizada porque es del Espíritu que es el que nos dio esas palabras. Entonces ¿De qué depende? Depende de cómo nosotros nos apropiemos de esas palabras, depende de cómo nosotros las hagamos nuestras, por eso es muy distinto decir un Padre Nuestro como lo diría una grabadora o decir el Padre Nuestro cayendo en la cuenta de la maravilla que estamos diciendo. Cuando nosotros caemos en la cuenta es como si estuviera roturándose la tierra, como si se estuviera excavando en el corazón nuestro buscando esa fuente profunda, la fuente de agua viva.
Nos falta aclarar el tema de la oración en el Espíritu y aquí me voy apoyar en mi otro amigo, Santa Catalina de Siena me ha guido muchísimo, pero hay otro maestro al que le debemos todo muchísimo en la Orden Dominicana que se llama Santo Tomás de Aquino. Santo Tomás de Aquino nos da una explicación interesantísima sobre la palabra Espíritu y sobre lo que quiere decir orar en el Espíritu. Así empieza la explicación de Santo Tomás, dice: Que la palabra Espíritu – Esto lo estoy traduciendo yo al lenguaje de nosotros a un lenguaje muy coloquial, no es una cita textual por supuesto, pero lo que estoy diciendo lo tomo de una obra que me gusta mucho que se llama: “Contra los Errores de los Griegos” “XXX YYYY” – Santo Tomás de Aquino hablando de Espíritu en esta obra dice lo siguiente: “Espíritu no es el nombre de algo que sabemos sino de algo que ignoramos” – Miren la profundidad de santo Tomás- , cuando nos referimos a Espíritu no nos referimos a algo que conocemos sino a algo que ignoramos. El Espíritu es el nombre que nuestra ignorancia le da a lo que no conoce pero que sabe que existe.
Esto es muy interesante y ustedes van a notar que tiene mucho que ver con una vida espiritual profunda yo diría mística. Jesús nos dijo en el pasaje del Evangelio con el que empecé esta reflexión, capítulo cuatro de San Juan, dijo Jesús: “Dios es Espíritu y los que adoran deben adorar en Espíritu y en Verdad” [[ ]] y esto se parece mucho a una frase que tiene San Pablo en su carta a los Romanos, San Pablo nos dice: “Nosotros no sabemos orar, el Espíritu viene en ayuda de nuestra fragilidad” [[ ]] y uno pensaría que San Pablo y uno pensaría que San Pablo lo que nos dice es que el Espíritu nos sigue regalando palabras o poesías o sentimientos inspirados, pero dice San Pablo: “Con gemidos inefables” [[ ]], el Espíritu viene en nuestra ayuda con gemidos inefables. Inefable, – por si a caso se lo recuerdo – significa lo que no es pronunciado, lo que no puede ser pronunciado, aquí estamos ante algo muy interesante, la oración en el Espíritu significa por lo menos dos cosas:
  Orar desde nuestra ignorancia, en primer lugar.
  En segundo lugar, significa orar sintiéndonos rebasados por algo que no cabe en palabras.
Nuestra oración, no es el recorrido incesante de un conocimiento que ya tenemos y esto es clave porque cuando uno repite lo que ya conoce, se aburre y por eso, el Rosario parece a veces aburrido porque decimos eso yo ya lo conozco. Santo Tomás nos advierte que la palabra Espíritu significa: Aquello cuya acción reconocemos pero cuya causa desconocemos, el Espíritu es el nombre de la ignorancia, por eso ustedes se encuentran con un rostro en la Biblia. Aparece el rostro de Cristo y en Cristo el rostro del Padre porque Jesús le dijo al Apóstol Felipe: “El que me ha visto a mi, ha visto al Padre”[[ ]], pero; la Biblia jamás nos da un rostro del Espíritu, nos da trazas, vestigios, señales, frutos, consecuencias de su paso; sabemos, presentimos que está, pero nunca lo tenemos al frente.
¿Y por qué nosotros nunca tenemos al frente al Espíritu Santo como poder mirar este vaso, como poder mirar a Jesús de Nazareth, como poder mirar al Padre en los ojos de Jesús de Nazareth, por qué nosotros nunca tenemos al Espíritu delante de nosotros? Siguiendo la línea mística de la interpretación que nos da Santo Tomás: Jamás tenemos frente nosotros al Espíritu porque es el Espíritu el que te está dando los ojos para que veas a Jesús. El ojo no puede mirarse a sí mismo. Es el Espíritu el que te da los ojos para que con tus ojos reconozcas el rostro de Cristo, si tú pudieras tener al Padre, al Hijo, al Espíritu frente a ti, tú estarías afuera del misterio de Dios. No, nosotros percibimos al Espíritu porque el Espíritu nos está dando el afecto y nos está dando los ojos para reconocer a Jesús. Entonces nosotros sabemos que está el Espíritu no porque lo tengamos al frente sino porque lo sabemos actuando en nosotros. En este sentido la acción del Espíritu Santo es una acción que solo conocemos de manera refleja, de manera oscura y que nunca puede completarse en palabras, por eso los gemidos del Espíritu son gemidos inefables.
¿Y cómo podemos aplicar esto al Santo Rosario?, ¿Cómo puede el Espíritu Santo y cómo puede la oración en el Espíritu convertirse en la norma cuando rezamos el Santo Rosario? Esta vez es otra autoridad, el Papa Pablo VI a quien yo personalmente tengo por Santo, el Papa Pablo VI quién nos da una pista, nos dice: Que en el Santo Rosario las sustancia de la oración está en los misterios y hay algo muy importante en la palabra misterio. La palabra misterio es hermana de la palabra Espíritu. ¿Por qué? Mira de hecho la palabra misterium en griego fue traducida a la palabra sacramentum en latín y el sacramentum es algo que a la vez revela y oculta es algo que anuncia pero lo que anuncia es mayor que lo que presenta. Como sucede por ejemplo en el Bautismo, lo que vemos es agua natural, lo que sucede en nuestra vida trasciende todo lavatorio y toda obra de h2o.
Pues nos explica la Papa Pablo VI que en el Rosario lo fundamental está en los misterios, rezar en el Espíritu cuando rezamos el Rosario es dejarnos fascinar por el misterio, pero que es un misterio entonces, un misterio no es una pared, un misterio es un pozo. Hay gente que piensa que nuestra fe consiste en poner barreras poner paredes, aquí llegó la pared ya no se puede seguir. Dios es uno y trino ya no pregunte más, Cristo está en la Eucaristía, cállese y no pregunte más, nuestra fe no es un fe que mutila las preguntas. Nuestra fe es una fe que anuncia respuestas infinitas.
Cuando hablamos de los misterios del Santo Rosario no estamos hablando cosas que no se pueden pensar, sino, cosas que podrías pensar toda la vida, sin agotarlas nunca y eso es un misterio y ahí es dónde se une la realidad de los misterios del Rosario y la realidad de la oración en el Espíritu. Orar en el Espíritu es dejarse fascinar por el misterio dejarse llevar por el misterio. Mi autora favorita Santa Catalina de Siena, dice: Que es como navegar en un océano sin orillas. Esas es la clase de oración que hace del Rosario una palabra viva en el corazón del creyente. Lo que dios quiere de ti y a lo que yo te quiero invitar en este día es a que te dejes fascinar por los misterios, tienes que preguntar como San Anselmo “XYZ”, ¿Por qué Dios en mi carne?. Tienes que preguntarte: ¿Por qué está El en la Cruz?, tienes que preguntarte: ¿Por qué su Bautismo?, tienes que preguntarte el cómo y el por qué, pero no con preguntas de escepticismo y de incredulidad sino con preguntas de amor, como el que entra en ese pozo que jamás termina; eso es orar con el Santo Rosario.
Recapitulemos esta segunda parte: ¿Qué es lo que hemos dicho? Hemos dicho que según Santo Tomás, hablar del Espíritu no es hablar de algo que conocemos sino ponerle un rótulo a nuestra ignorancia, el mismo Santo Tomás nos dice: “A Dios nadie puede abarcarlo”, a Dios nadie puede abrazarlo completamente.
En segundo lugar hemos dicho: Que el Espíritu no es algo que tenemos frente a nosotros sino es Aquel que nos da el amor connatural, el amor apropiado, el amor a la altura del amor con que hemos sido amados. Solo en el Espíritu podemos responder a la manera a como hemos sido amados, todo lo que Dios nos ha mostrado en Cristo no puede ser respondido apropiadamente con un corazón tan chiquito como el de nosotros, el Espíritu viene a nosotros levantando la calidad de nuestro amor y levantando nuestra mirada y por eso no tenemos al Espíritu al frente porque lo tenemos atrás, porque lo tenemos adentro porque es el que nos da la mirada. Y según eso, orar en el Espíritu con el Santo Rosario es fascinarnos con los misterios de Dios. Las personas que viven fascinadas con los misterios de Dios, que viven enamoradas de la belleza y la ternura de Dios, esas personas se llaman: Los Contemplativos. Y eso es el Santo Rosario: La oración contemplativa popular por excelencia en la Iglesia Católica.
Que Dios nos enamore del Santo Rosario pero vivido así, como palabras que el mismo Espíritu nos dio para que nosotros declaráramos nuestra gratitud y nuestro amor al Dios que nos creó, que nos redimió y nos santificó. Amén.