jueves, 30 de junio de 2022

Confesar los pecados

 


8. Confesar los pecados

La Confesión, un encuentro con Cristo.
Al sacramento de la Penitencia vamos a pedir perdón por nuestros pecados. Cualidades de una buena Confesión: “concisa, concreta, clara y completa”.
Luces y gracias que recibimos en este sacramento. Importancia de las disposiciones interiores.
I. «Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas»¹, leemos en la Antífona de entrada de la Misa.
La Cuaresma es un tiempo oportuno para cuidar muy bien el modo de recibir el sacramento de la Penitencia, ese encuentro con Cristo, que se hace presente en el sacerdote; encuentro siempre único, y siempre distinto. Allí nos acoge como Buen Pastor, nos cura, nos limpia, nos fortalece. Se cumple en este sacramento lo que el Señor había prometido a través de los Profetas: «Yo mismo apacentaré a mis ovejas y yo mismo las llevaré a la majada. Buscaré a la oveja perdida, traeré la extraviada, vendaré a la herida y curaré la enferma, y guardaré las gordas y robustas»².
Cuando nos acercamos a este sacramento debemos pensar ante todo en Cristo. Él debe ser el centro del acto sacramental. Y la gloria y el amor a Dios han de contar más que nuestros pecados. Se trata de mirar mucho más a Jesús que a nosotros mismos; más a su bondad que a nuestra miseria, pues la vida interior es un diálogo de amor en el que Dios es siempre el punto de referencia.
El hijo pródigo que vuelve —eso somos nosotros cuando decidimos confesarnos— inicia el camino del retorno movido por la triste situación en la que se encuentra, sin perder nunca la conciencia de su pecado: No soy digno de ser llamado hijo tuyo; pero conforme se acerca a la casa paterna va reconociendo con cariño todas las cosas del hogar propio, del hogar de siempre. Y ve en la lejanía la figura inconfundible de su padre que se dirige hacia él. Esto es lo importante: el encuentro. Cada Confesión contrita es “un acercamiento a la santidad de Dios, un nuevo encuentro en la propia verdad interior, turbada y transformada por el pecado, una liberación en lo más profundo de sí mismo, y, con ello, una recuperación de la alegría perdida, la alegría de ser salvados, que la mayoría de los hombres de nuestro tiempo han dejado de gustar³. Nosotros hemos de procurar que sientan, que experimenten esa nostalgia de Dios y se acerquen a Él, que les espera.
Debemos sentir deseos de encontrarnos a solas con el Señor lo antes posible, como lo desearían sus discípulos después de unos días de ausencia, para descargar en Él todo el dolor experimentado al comprobar las flaquezas, los errores, las imperfecciones, los pecados, tanto al desempeñar nuestros deberes profesionales como en la relación con los demás, en la actividad apostólica, en la misma vida de piedad.
Este empeño por centrar la Confesión en Cristo es importante para no caer en la rutina, para sacar del fondo del alma aquellas cosas que son las que más pesan y que sólo saldrán a la superficie a la luz del amor a Dios. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas.
II. «Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa. Lava del todo mi delito, limpia mi pecado.⁴

Volved la mirada a María

 


Volved la mirada a María.
Volved la mirada a María. Cuando Gabriel entró en su aposento y comenzó a hablarle, Ella preguntó: ¿cómo se hará esto? (Lc 1,34). El siervo del Espíritu Santo le respondió diciendo: para Dios nada es imposible (Lc 1,37). Y Ella, creyendo firmemente en aquello que había oído, dijo: he aquí la esclava del Señor (Lc 1,38). Y al instante descendió el Verbo sobre Ella, entro en Ella y en Ella hizo morada, sin que nada advirtiese. Lo concibió sin detrimento de su virginidad, y en su seno se hizo niño, mientras el mundo entero estaba lleno de Él (…). Cuando oigas hablar del nacimiento de Dios, guarda silencio: que el anuncio de Gabriel quede impreso en tu Espíritu. Nada es difícil para esa excelsa Majestad que, por nosotros, se ha abajado a nacer entre nosotros y de nosotros.
Hoy María es para nosotros un cielo, porque nos trae a Dios. El Altísimo se ha anonadado y en Ella ha hecho mansión, se ha hecho pequeño en la Virgen para hacernos grandes (…). En María se han cumplido las sentencias de los profetas y de los justos. De Ella ha surgido para nosotros la luz y han desaparecido las tinieblas del paganismo.
María tiene muchos nombres, y es para mí un grande gozo llamarla con ellos. Es la fortaleza donde habita el poderoso Rey de reyes, mas no salió de allí igual que entró: en Ella se revistió de carne, y así salió. Es también un nuevo cielo, porque allí vive el Rey de reyes; allí entró y luego salió vestido a semejanza del mundo exterior (…). Es la fuente de la que brota el agua viva para los sedientos; quienes han gustado esta bebida llevan fruto al ciento por uno.
Este día no es, pues, como la primera jornada de la creación. En aquel día las criaturas fueron llamadas al ser; en éste, la tierra ha sido renovada y bendecida respecto a Adán, por quien había sido maldecida. Adán y Eva, con el pecado, trajeron la muerte al mundo; pero el Señor del mundo nos ha dado en María una nueva vida. El Maligno, por obra de la serpiente, vertió el veneno en el oído de Eva; el Benigno, en cambio, se abajó en su misericordia y, a través del oído, penetró en María. Por la misma puerta por donde entro la muerte, ha entrado también la Vida que ha matado a la muerte. Y los brazos de María han llevado a Aquél a quien sostienen los querubines; ese Dios a quien el universo no puede abarcar, ha sido abrazado por María. El Rey ante quien tiemblan los ángeles, criaturas espirituales, yace en el regazo de la Virgen, que lo acaricia como a un niño. El cielo es el trono de su majestad, y Él se sienta en las rodillas de María. La tierra es el escabel de sus pies y Él brinca sobre ella infantilmente. Su mano extendida señala la medida del polvo, y sobre el polvo juguetea como un chiquillo.
Feliz Adán, que en el nacimiento de Cristo has encontrado la gloria que habías perdido. ¿Se ha visto alguna vez que el barro sirva de vestido al alfarero? ¿Quién ha visto al fuego envuelto en panales? A todo eso se ha rebajado Dios por amor del hombre. Así se ha humillado el Señor por amor de su siervo, que se había ensalzado neciamente y, por consejo del Maligno homicida, había pisoteado el mandamiento divino. El Autor del mandamiento se humilló para levantarnos.
Demos gracias a la divina misericordia, que se ha abajado sobre los habitantes de la tierra a fin de que el mundo enfermo fuera curado por el Médico divino. La alabanza para Él y al Padre que lo ha enviado; y alabanza al Espíritu Santo, por todos los siglos sin fin.
San Efrén el sirio
Himno al Nacimiento de Cristo



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3.3 Divorcio entre teología y espiritualidad


3.3 Divorcio entre teología y espiritualidad

El contraste entre fe y razón, que desgarra el alma de todo cristiano auténtico, tiene sus raíces en el "divorcio entre Teología y Espiritualidad" que se produjo en el siglo XII (con Pedro Abelardo y Bernardo de Claraval). Vamos a dar una justificación para el término "divorcio". Es correlativo a un supuesto: que hubo una "unión" a la que siguió una "historia de separación" por causas históricamente identificables. Ahora es seguro, sin embargo, que cualquier esfuerzo de reconciliación basado en razones "no históricas" está condenado al fracaso o incluso a la separación definitiva. La encíclica Fides et ratio de Juan Pablo II y las publicaciones de Benedicto XVI fueron los últimos intentos tenues, que fracasaron.

Por supuesto, el status quaestionis es generalmente negado por teólogos y moralistas; para ellos todo está simplemente ligado a una falta "accidental" que debe situarse en el período posterior al Concilio de Trento porque, para ellos, la Espiritualidad o es parte integrante de la Teología especulativa o es una rama de la Moral, entendida como ciencia de la acción . Por tanto, según ellos, la Espiritualidad debería ser “teología vivida” (para Marco Vannini “filosofía vivida”). Y la verdadera devoción y todas las corrientes espirituales con sus enseñanzas no son más que las "doctrinas dispersas" que constituyen el fenómeno, por así decirlo, "subdesarrollado". Por lo tanto, no se acepta una "separación" entre la teología y una de sus aplicaciones.

Se aplaude a Rahner por haber desenganchado la Espiritualidad de la Moralidad y por haberla anexado a la Dogmática para liberarla de una gran esclavitud. Cuando relaciona mística y moralidad (y lo que dice de la mística en su "Lexikon für Theologie und Kirche" es válido para toda la vida espiritual), observa con razón que las normas, las leyes de la acción humana están en función de la perfección, se son el camino o la expresión de una ascensión espiritual, de la unión con Dios, por lo que la moral está al servicio de la vida, dice Rahner, no la moral de la vida. Sin embargo, aún hoy, en muchas Facultades Teológicas, la Espiritualidad es considerada un "apéndice" de la Teología Moral, y es parte de ella, y está sujeta a ella.

Con Rahner, por lo tanto, la Espiritualidad puede ser considerada una "disciplina" y ya no excluida del título de "Facultad Teológica". Ahora bien, es legítimo preguntarse: ¿pero no será una caída entre Escila y Caribdis? ¿Serán los místicos más felices de estar sujetos a las redes conceptuales de la Dogmática en lugar de ser leídos de acuerdo con la impronta de la teología moral?

Por supuesto, ya en el siglo XVIII la teología se había vuelto áridamente discutible, al punto que el mismo Voltaire se cansó de ella. Él escribe: “Pero no discutas en absoluto; los designios eternos escondidos en el seno de Dios están demasiado lejos de los mortales. Lo poco que sabemos a ciencia cierta, frívolos como nosotros, no vale tanto la pena. El mundo está lleno de errores, pero de esto concluyo que predicar la razón es solo un error más”. (Obras completas t. 34.567)

Los hechos que estamos considerando son ciertos, pero describen las últimas consecuencias del "divorcio", no su origen. El exponente más autorizado entre los que admiten, de hecho, el divorcio entre Teología y Espiritualidad es Yves Congar. Él, en toda su producción bibliográfica, se ocupa de las relaciones entre Teología y Filosofía e ignora la Espiritualidad o la trata como parte integrante de la Teología, aunque reconoce la separación cada vez mayor entre Teología y Espiritualidad, a partir del siglo XV. Para Congar, el “nominalismo” es culpable, quizás no todavía en su precursor Durandus en S. Porciano († 1334) y ya arraigado en Ockham († 1347), pero sí en sus seguidores. De la investigación histórica del P. Congar, todos los elementos deben ser considerados como "consecuencias" del nominalismo. Admite "una cierta ruptura entre Filosofía y Teología, e igualmente entre la Filosofía, el conocimiento racional y la Religión. De ahí la separación entre dos órdenes de cosas...: por un lado una realidad puramente religiosa, una espiritualidad de la fe, una mística de la experiencia interior, que ya no se nutre de una actividad estrictamente especulativa o teológica, por el otro una especialización propiamente dialéctica y formal en la que se aplica una lógica muy crítica a las cuestiones escolásticas…” “En la primera línea se encuentra Gerson, que por otro lado se alimenta de san Buenaventura, luego la mística del “devoto moderno” en la que Lutero encontrará algún consuelo espiritual; en la segunda línea los tratados de los nominalistas... ya que, a pesar de la inspiración religiosa de su propia crítica, la obra teológica en ellos se presenta como un tratado lógico, dialéctico y crítico, de cuestiones escolares (...) la desconfianza apuntará, si no a considerar los excesos cometidos en el uso de la dialéctica, a propugnar, en el siglo XIV, en un sentido religioso, mucho más que por necesidades científicas, una reforma de la teología en una línea orientada principalmente a las necesidades espirituales de las almas. Así Gerson, Nicolás de Clémanges, Nicolás de Estrasburgo y otros, como Nicolás de Cusa y Guglielmo Durand el joven, recordarán, como remedio para un estado de la teología que juzgan con demasiada severidad, una vuelta al estudio de las fuentes”.

En cuanto a la relación entre Filosofía y Teología y su interacción, la descripción de Congar es probablemente correcta, pero en cuanto a la aplicación de los datos de la Espiritualidad, el dominico francés puede ser criticado: porque confunde los siglos, coloca a las personas y los tratados en corrientes equivocadas. De hecho, Gerson y Nicolò Cusano fueron los últimos en intentar reconstruir la unión entre Teología y Espiritualidad, lamentablemente en vano. Gerson († 1429) quiso repensar la teología escolástica tardía de manera que no la excluyera de la realidad, sino que intentara hacerla capaz de expresar la experiencia religiosa; una tarea imposible para la teología actual. Cusano († 1464), al llegar con su nuevo método de filosofar, pudo haberlo convertido en un instrumento válido para integrar las fuentes cuando la Devotio Moderna e, a principios de siglo XVI Erasmo de Rotterdam, estaban desarrollando un nuevo estilo teológico que "examinaba" los textos (filológicamente) en lugar de "usarlos" para algún razonamiento. Y así, por esta reunificación fallida, aún hoy, casi seis siglos después de la muerte de Cusano, seguimos discutiendo y sin pensar.

Congar agrega: “una actitud fideísta corresponde necesariamente a la devaluación del conocimiento racional. Los dos están determinados según una proporción rigurosa. No es que los nominalistas deban ser acusados ​​de fideísmo total, pero, en general, el fideísmo es una actitud que se ha extendido con ellos".

DIRECTORIO FRANCISCANO La Oración de cada día EL ROSARIO, CON LOS MISTERIOS COMENTADOS E ILUSTRADOS .

 



Rezo del Santo Rosario

V. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.
R. Amén.

V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.

V. Gloria al Padre...
R. Como era en el principio...

Los misterios que hemos de contemplar son

Jueves:
LOS MISTERIOS LUMINOSOS

Primer misterio: El bautismo de Jesús en el río Jordán.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

Segundo misterio: Jesús y María en las bodas de Caná.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

Tercer misterio: Jesús anuncia el Reino de Dios e invita a la conversión.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

Cuarto misterio: La transfiguración de Jesús en el monte Tabor.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

Quinto misterio: La institución de la Eucaristía.
Un Padrenuestro, diez Avemarías y Gloria.

[Terminado el rezo de los misterios correspondientes, suele saludarse a la Virgen en sus "tres purezas" y recitarle la Salve:]

V. Virgen purísima antes del parto.
R. Purifica nuestros pensamientos.
Avemaría

V. Virgen purísima en el parto.
R. Purifica nuestras palabras.
Avemaría

V. Virgen purísima después del parto.
R. Purifica nuestras obras y deseos.
Avemaría

Para más obligar a la Virgen santísima, saludémosla con una "Salve": Dios te salve...

Oremos:

Derrama, Señor, tu gracia sobre nosotros, que, por el anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo, para que lleguemos, por su pasión y su cruz, a la gloria de la resurrección. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Dios todopoderoso y eterno, luz de los que en ti creen, que la tierra se llene de tu gloria y que te reconozcan los pueblos por el esplendor de tu luz. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

V. Ave María Purísima.
R. Sin pecado concebida.

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Nardo del 30 de Junio ¡Oh Sagrado Corazón, Camino, Verdad y Vida!

 Oración: Diez Padre Nuestros, un Ave María y un Gloria.



Nardo del 30 de Junio
¡Oh Sagrado Corazón, Camino, Verdad y Vida!

Meditación: Sabes, Señor, me parece verte en una colina de la hermosa Galilea. Vestido de blanco estás, el manto no llevas, Tus discípulos están descansando y el cielo se está pintando de un rojo tornasolado. Se levanta un rico olor a tierra mojada, y sobre la colina en que pones Tu mirada un trigal se alza, parece como que el campo se ha vestido de dorado para alabar al Dios de lo alto. En la otra colina, sencillas flores multicolores esparcidas la tapizan, y sonríen al nuevo día. Más allá hay un campo ralo en el que no crece ningún sembrado. Señor, me parece que me quieres decir que el mundo así está. A pesar de que toda la tierra fue regada con la Santísima Sangre de Mi Señor, en muchos lugares la semilla no germinó pues no se trabajó con fe y amor. Fue entonces que la planta murió y la tierra en desierto se convirtió. La otra colina en la que germinan flores sencillas son las que han luchado en un campo no tan trabajado, pero donde los talentos a Dios se han presentado y El los ha premiado. El trigal del cual se saca el Pan son todos aquellos a quienes el Señor eligió para ser Sus testigos, y que se vistieron de dorado, abrazándose con nardos pues junto a El su vida han entregado.
Señor, que en la Santa Llaga de Tu Corazón nos abrazas a todos con el Fuego del Amor, escóndenos allí hoy, para evitar que caigamos en el mal. Purifícanos cual metal, para que alcancemos la Verdadera Vida en la Tierra Prometida.

Jaculatoria: ¡Enamorándome de Ti, mi Amado Jesús!

¡Oh Amadísimo, Oh Piadosísimo Sagrado Corazón de Jesús!, dame Tu Luz, enciende en mí el ardor del Amor, que sos Vos, y haz que cada Latido sea guardado en el Sagrario, para que yo pueda rescatarlo al buscarlo en el Pan Sagrado, y de este modo vivas en mí y te pueda decir siempre si. Amén.

Florecilla: Llenemos el altar que hemos preparado de flores físicas y espirituales, y cantemos en alabanza al Corazón del Amor, que es Jesús, Nuestro Redentor.

Pasaré al lugar del Tabernáculo Admirable

 



Homilía de san Jerónimo, presbítero, a los recién bautizados, sobre el salmo cuarenta y uno.

(CCL 78, 542-544)


PASARÉ AL LUGAR DEL TABERNÁCULO ADMIRABLE

Como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío. Como la cierva del salmo busca las corrientes de agua, así también nuestros ciervos, que han salido de Egipto y del mundo, y han aniquilado en las aguas del bautismo al Faraón con todo su ejército, después de haber destruido el poder del diablo, buscan las fuentes de la Iglesia, que son el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Que el Padre sea fuente, lo hallamos escrito en el libro de Jeremías: Me han abandonado a mí, la fuente de aguas vivas, para excavarse cisternas agrietadas, incapaces de retener el agua. Acerca del Hijo, leemos en otro lugar: Han abandonado la fuente de la sabiduría. Y del Espíritu Santo: El que beba del agua que yo le dé, se convertirá en él en manantial, cuyas aguas brotan para comunicar vida eterna, palabras cuyo significado nos explica luego el evangelista, cuando nos dice que el Salvador se refería al Espíritu Santo. De todo lo cual se deduce con toda claridad que la triple fuente de la Iglesia es el misterio de la Trinidad.

Esta triple fuente es la que busca el alma del creyente, el alma del bautizado, y por eso dice: Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. No es un tenue deseo el que tiene de ver a Dios, sino que lo desea con un ardor parecido al de la sed. Antes de recibir el bautismo, se decían entre sí: ¿Cuándo entraré a ver el rostro de Dios? Ahora ya han conseguido lo que deseaban: han llegado a la presencia de Dios y se han acercado al altar y tienen acceso al misterio de salvación.

Admitidos en el cuerpo de Cristo y renacidos en la fuente de vida, dicen confiadamente: Pasaré al lugar del tabernáculo admirable, hacia la casa de Dios. La casa de Dios es la Iglesia, ella es el tabernáculo admirable, porque en él resuenan los cantos de júbilo y alabanza, en el bullicio de la fiesta.

Decid, pues, los que acabáis de revestiros de Cristo y, siguiendo nuestras enseñanzas, habéis sido extraídos del mar de este mundo, como pececillos con el anzuelo: «En nosotros, ha sido cambiado el orden natural de las cosas. En efecto, los peces, al ser extraídos del mar, mueren; a nosotros, en cambio, los apóstoles nos sacaron del mar de este mundo para que pasáramos de muerte a vida. Mientras vivíamos sumergidos en el mundo, nuestros ojos estaban en el abismo y nuestra vida se arrastraba por el cieno; mas, desde el momento en que fuimos arrancados de las olas, hemos comenzado a ver el sol, hemos comenzado a contemplar la luz verdadera, y por esto, llenos de alegría desbordante, le decimos a nuestra alma: Espera en Dios, que volverás a alabarlo: "Salud de mi rostro, Dios mío."»

Reina de los Angeles

 


REINA DE LOS ANGELES

Esta última parte de las Letanías, reúne y exalta las excelsas grandezas de María celebrando su soberana realeza en el cielo y en la tierra, Por doce veces le damos el glorioso título de Reina A la Hija, a la Madre, a la Esposa del Rey, debemos invocarla como a Reina porque el titulo de Rey no sólo corresponde a cada una de las Personas Divinas, sino también a Dios - Hombre, el Hijo de María Santísima. El mismo aprobó para su Persona este nombre: "Sí, como dices, soy Rey" (Juan 18,37).

A la diestra del Rey, el Salmista vio a una Reina, vestida con manto de oro, gozosa del poder que Dios le ha otorgado, de poder conceder a quien la invoca toda clase de gracias y bendiciones. Esta Reina es María que fue investida de esta dignidad cuando Dios Padre, desde toda la eternidad la eligió por su Hija, por Esposa del Divino Espíritu y por Madre de su Unigénito y fue constituida Reina, no solo de los hombres, sino también de los Angeles, que son espíritus puros, muy poderosos, ágiles como el pensamiento y puros como la luz. Son inteligencias tan grandes que si queremos honrar, entre nosotros, un entendimiento, lo llamamos: angélico.

Los ángeles son ministros del Omnipotente. ¡Qué honor tener dominio sobre estos espíritus tan nobles; ser Reina de súbditos tan numerosos y potentes! Y esta autoridad y poder corresponde a María Reina de los Angeles, porque les aventaja en dignidad, es más excelsa que ellos.

La raíz de su excelsa dignidad, de su autoridad y de sus privilegios se debe a que es Madre del Verbo Divino. Ella pudo decir con el Padre Eterno: "Tu eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy" (Salmo 2:7)

La causa de tanta exaltación de María fue SU SINGULAR HUMILDAD.

Humildad es el conocimiento de nuestras limitaciones y debilidades y obrar de acuerdo con este conocimiento. Es un movimiento de "descenso" cuyo punto de partida es el falso lugar que nos señala el amor propio y cuyo término es la verdad. Por eso "la humildad es la verdad". (Sta. Teresa).

Así, cuanto más llenas de amor propio, tanto más vacías estamos de verdaderos méritos.

Veamos en la Anunciación el ejemplo tan grande de humildad de María. Ante la sublime revelación del Angel que la proclama Madre de Dios, Ella protesta ser solamente la humilde esclava (servidora) del Señor. La verdadera humildad se manifiesta en la obediencia.

¡Oh Madre amada. Reina de los Angeles, alcánzanos la gracia de saber combatir nuestro amor propio para ser verdaderamente humildes!.

LECTURA BREVE Is 66,1-2

 


LECTURA BREVE   Is 66,1-2


Así dice el Señor: «El cielo es mi trono y la tierra el estrado de mis pies: ¿Qué templo podréis construirme?; ¿o qué lugar para mi descanso? Todo esto lo hicieron mis manos, todo es mío —oráculo del Señor—. En ése pondré mis ojos: en el humilde y el abatido que se estremece ante mis palabras.»


Ante Jesús Sacramentado

 



Ante Jesús Sacramentado.

Oh amabilísimo Señor, estoy aquí presente delante de ti con una viva fe y una particular confianza ya que tú con tanto amor te has acercado a mí y te has dado a mí totalmente en modo admirable. ¿Qué cosa no puedo y no debo esperar de tu bondad?

Sí, yo espero, y lo espero sin duda, que habiéndote donado totalmente a mí en este sacramento por mi salvación, por mi proyecto espiritual, por mi perseverancia en la virtud y en la perfección cristiana, tú no me negarás nada de lo que necesitaré y podrá contribuir a mi satisfacción.

Espero que como Mediador, Sacerdote y Victima, por medio de quien podemos entrar en presencia del Padre Eterno, Tú, me reconcilies con Él, a quien he ofendido tantas veces y en modo grave.

Espero que Tú, como Pan bajado del cielo, vivo y vivificante, nutriéndome de tu Carne y de tu Sangre, me transformarás todo en ti, reinarás en mí, y según tu promesa, abras cuidado que yo en el futuro no viva sino por ti, así como tú no vives sino por tu Padre Eterno.

Finalmente, espero que Tú como gran médico que encarnándote has venido al mundo, donde aún habitas para la sanación de nuestros males, te dignaras concederme, por medio de tu sacrificio y de tu sacramento, la virtud de tus sufrimientos, de tus languideces y de tus llagas. De esta tu Eucaristía es monumento, así como es expresión real de las cicatrices que conse4rvas aún en medio de la gloria, para fortalecer mi alma y mi cuerpo: Haz, oh mi gran Jesús que esta virtud divina venga todavía sobre todas las potencias de mi alma y en todas las facultades de mi cuerpo: en mi intelecto para fortalecer y acrecentar mi fe; en mi corazón para separarlo de todas tus criaturas y para inflamarlo con tu santo Amor; para reprimir los movimientos de mis malas pasiones y para someterlas a las leyes de la razón y de tu gracia.

Venga finalmente sobre todos mis sentidos y sobre todos los miembros de mi cuerpo, para anonadar en él las rebeldías y los malos deseos.

OH señor, si tú quiere, puedes purificarme y sanarme de todos mis males por medio de este divino Misterio. Yo lo espero de tu infinita bondad y misericordia y por lo pronto invito a todo el mundo a alabarte, adorarte, agradecerte en cada momento en el Santísimo y Divinísimo Sacramento

Amén



jueves, 30 de junio de 2022 Santo Evangelio 30 de Junio 2022

 


Texto del Evangelio (Mt 9,1-8):

 En aquel tiempo, subiendo a la barca, Jesús pasó a la otra orilla y vino a su ciudad. En esto le trajeron un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados». Pero he aquí que algunos escribas dijeron para sí: «Éste está blasfemando». Jesús, conociendo sus pensamientos, dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: ‘Tus pecados te son perdonados’, o decir: ‘Levántate y anda’? Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene en la tierra poder de perdonar pecados —dice entonces al paralítico—: ‘Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa’». Él se levantó y se fue a su casa. Y al ver esto, la gente temió y glorificó a Dios, que había dado tal poder a los hombres.



«Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa»


Rev. D. Francesc NICOLAU i Pous

(Barcelona, España)

Hoy encontramos una de las muchas manifestaciones evangélicas de la bondad misericordiosa del Señor. Todas ellas nos muestran aspectos ricos en detalles. La compasión de Jesús misericordiosamente ejercida va desde la resurrección de un muerto o la curación de la lepra, hasta perdonar a una mujer pecadora pública, pasando por muchas otras curaciones de enfermedades y la aceptación de pecadores arrepentidos. Esto último lo expresa también en parábolas, como la de la oveja descarriada, la didracma perdida y el hijo pródigo.

El Evangelio de hoy es una muestra de la misericordia del Salvador en dos aspectos al mismo tiempo: ante la enfermedad del cuerpo y ante la del alma. Y puesto que el alma es más importante, Jesús comienza por ella. Sabe que el enfermo está arrepentido de sus culpas, ve su fe y la de quienes le llevan, y dice: «¡Animo!, hijo, tus pecados te son perdonados» (Mt 9,2).

¿Por qué comienza por ahí sin que se lo pidan? Está claro que lee sus pensamientos y sabe que es precisamente esto lo que más agradecerá aquel paralítico, que, probablemente, al verse ante la santidad de Jesucristo, experimentaría confusión y vergüenza por las propias culpas, con un cierto temor a que fueran impedimento para la concesión de la salud. El Señor quiere tranquilizarlo. No le importa que los maestros de la Ley murmuren en sus corazones. Más aun, forma parte de su mensaje mostrar que ha venido a ejercer la misericordia con los pecadores, y ahora lo quiere proclamar.

Y es que quienes, cegados por el orgullo se tienen por justos, no aceptan la llamada de Jesús; en cambio, le acogen los que sinceramente se consideran pecadores. Ante ellos Dios se abaja perdonándolos. Como dice san Agustín, «es una gran miseria el hombre orgulloso, pero más grande es la misericordia de Dios humilde». Y en este caso, la misericordia divina todavía va más allá: como complemento del perdón le devuelve la salud: «Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa» (Mt 9,6). Jesús quiere que el gozo del pecador convertido sea completo.

Nuestra confianza en Él se ha de afianzar. Pero sintámonos pecadores a fin de no cerrarnos a la gracia.

miércoles, 29 de junio de 2022

PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN Jueves 30 de junio del 2022.


PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN

Pensamiento bíblico:

San Pablo a los Corintios: -¡Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios del consuelo! Él nos alienta en nuestras luchas hasta el punto de poder nosotros alentar a los demás en cualquier lucha, repartiendo con ellos el ánimo que nosotros recibimos de Dios. Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo (2 Cor 1,3-5).

Pensamiento franciscano:

De san Francisco en su Regla: -Impongo por obediencia a los ministros que pidan al señor Papa uno de los cardenales de la santa Iglesia Romana, que sea gobernador, protector y corrector de esta fraternidad, para que, siempre súbditos y sujetos a los pies de la misma santa Iglesia, estables en la fe católica, guardemos la pobreza y humildad y el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, que firmemente hemos prometido (2 R 12,3-4).

Orar con la Iglesia:

Dirijamos nuestra oración al Señor Jesús, que enriquece continuamente a su Iglesia con la fuerza del Espíritu.

-Tú que llamaste a Simón Pedro para hacerlo pescador de hombres, continúa enviando obreros a tu mies.

-Tú que apaciguaste la tempestad marítima para que no se hundiera la barca de los discípulos, protege de toda perturbación a tu Iglesia.

-Tú que enviaste al apóstol Pablo a evangelizar a los gentiles, haz que el mensaje evangélico sea proclamado a toda la creación.

-Tú que confiaste a la Iglesia las llaves del reino de los cielos, abre sus puertas a todos los que, cuando vivían, confiaron en tu misericordia.

Oración: Llegue a tu presencia, Señor Jesús, la voz de la Iglesia suplicante, para que te permanezca siempre fiel y nos cuide con amor y sabiduría. Tú que vive y reinas por los siglos de los siglos. Amén.


 

Se te perdonan tus pecados

 

Se te perdonan tus pecados

Jueves 30 de junio

¡Paz y Bien!

Evangelio

Mateo 9, 1-8

En aquel tiempo, Jesús subió de nuevo a la barca, pasó a la otra orilla del lago y llegó a Cafarnaúm, su ciudad.

En esto, trajeron a donde él estaba a un paralítico postrado en una camilla. Viendo Jesús la fe de aquellos hombres, le dijo al paralítico: "Ten confianza, hijo. Se te perdonan tus pecados".

Al oír esto, algunos escribas pensaron: "Este hombre está blasfemando". Pero Jesús, conociendo sus pensamientos, les dijo: "¿Por qué piensan mal en sus corazones? ¿Qué es más fácil: decir 'Se te perdonan tus pecados', o decir 'Levántate y anda'? Pues para que sepan que el Hijo del hombre tiene poder en la tierra para perdonar los pecados, "le dijo entonces al paralítico": Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa".


Él se levantó y se fue a su casa. Al ver esto, la gente se llenó de temor y glorificó a Dios, que había dado tanto poder a los hombres.

Palabra del Señor

Reflexión

En este pasaje Jesús nos hace ver la importancia de la comunidad en nuestra vida de conversión.

Nos encontramos con un hombre que por sí solo no podía llegar hasta Jesús. Son sus amigos quienes han hecho posible que tuviera este encuentro. Cada uno de nosotros puede ser el instrumento para llevar a Jesús a aquellos que están impedidos para hacerlo. Y cuando me refiero a "impedidos", este impedimento no tendría que ser forzosamente físico. Hoy nos encontramos con tantos hermanos que, debido a una falta de formación religiosa o a experiencias negativas en su vida de fe, se encuentran "inválidos", de manera que no pueden caminar hacia una conversión profunda.

Invitarlos con frecuencia a nuestras reuniones de oración, a nuestras asambleas, a un retiro, a una plática religiosa, a ir a misa con nosotros. En una palabra, facilitarles el camino hacia Jesús, es mostrarnos verdaderamente como amigos, como hermanos, como apóstoles en el sentido auténtico de la palabra.

Creo que no hay una experiencia más gratificante que el llevar a una persona al encuentro con Jesús, de manera particular al sacramento de la confesión, en donde él escuchará, como este paralítico: "Ten confianza hijo, tus pecados te son perdonados", lo que le permitirá levantarse y caminar hacia la Luz.

¡Feliz Jueves!

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Jueves semana 13ª Tiempo Ordinario (30 junio, protomártires de Roma)

De Corazón a corazón: Am 7,10-17 (“Yo no soy profeta… El Señor me dijo: ve a profetizar a mi pueblo Israel”); Mt 9,1-8 (“Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados”)

Contemplación, vivencia, fraternidad, misión: La cercanía de Jesús es de corazón a corazón. Cada persona es recuperable por ser parte de la misma biografía de Jesús. Sólo él, Dios hecho hombre, puede asumir nuestro pecado, lavarlo con su sangre (es decir, con su vida donada) y hacernos partícipes de su misma vida divina. Este lenguaje profético no se entiende si uno no ha encontrado a Cristo en su vida. Quien no ha experimentado el amor misericordioso de Jesús, no sabe perdonar. Sólo es “profeta” quien sabe “hablar” de misericordia con su propia vida.

*Con María la Iglesia camina en comunión, abierta a las sorpresas del Espíritu Santo: La “llena de gracia”, con su “magníficat”, cantó la “misericordia” divina en el momento en que quedó santificado el Precursor (Juan Bautista), que sería “mucho más que profeta” (Mt 11,9). “Que a través de ti (María), la divina Misericordia se derrame sobre la tierra, y el dulce latido de la paz vuelva a marcar nuestras jornadas” (Papa Francisco, 25 marzo 2022).


 

Liturgia de las horas P. Paco Rebollo SIERVOS DEL DIVINO AMOR. OFICIO DE LECTURA, LAUDES, HORAS INTERMEDIAS, VÍSPERAS Y COMPLETAS. 30 DE JUNIO JUEVES XIII DEL T. ORDINARIO



De la Feria. Salterio I

 

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

Si ésta es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.

 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Venid, adoremos al Señor, porque él es nuestro Dios.



Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


Himno: CON GOZO EL CORAZÓN CANTE LA VIDA

Con gozo el corazón cante la vida,
presencia y maravilla del Señor,
de luz y de color bella armonía,
sinfónica cadencia de su amor.

Palabra esplendorosa de su Verbo,
cascada luminosa de verdad,
que fluye en todo ser que en él fue hecho
imagen de su ser y de su amor.

La fe cante al Señor, y su alabanza,
palabra mensajera del amor,
responda con ternura a su llamada
en himno agradecido a su gran don.

Dejemos que su amor nos llene el alma
en íntimo diálogo con Dios,
en puras claridades cara a cara,
bañadas por los rayos de su sol.

Al Padre subirá nuestra alabanza
por Cristo, nuestro vivo intercesor,
en alas de su Espíritu que inflama
en todo corazón su gran amor. Amén.

SALMODIA