
ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios
El Señor está cerca; ¡y tan cerca!
En este tiempo de adviento tengo más conciencia de que el Señor está a punto de llegar para salvar a todos los hombres y que ofrece su palabra para la alegría del corazón. Pensamiento hermoso porque es la magnífica proclamación que hace la Iglesia de que Dios no nos olvida; al contrario, viene a nuestro encuentro para salvarnos. Depende de cada uno preparar su futuro.
Siguiendo el patrón de Juan el Bautista, hay que preparadle el camino al Señor, allanad sus senderos. Me corresponde alentar mi corazón para la penitencia, estar atento y alegre al mismo tiempo, ya que «el Señor está cerca». ¡Y tan cerca!
Y como Juan el Bautista mi voluntad debe estar decidida a cumplir la misión divina. Vivir como Juan en la humildad, una vida austera y hermosa, valiente y entregada, reveladora de un espíritu de oración. Dios también me pide que proclame a Cristo y prepare su camino. La tarea es difícil: pero dado que Dios me la confía, pongo mi confianza en su ayuda infalible.
Juan el Bautista me invita a una profunda renovación interior, en cada una de mis ocupaciones cotidianas. Cambiar aquellas cosas torcidas de mi corazón. Rectificar aquellas actitudes sinuosas. Mejorar las circunstancias personales que están en penumbra. Dejar de lado las acciones en apariencia desinteresadas. Dejar de lado los intereses egoístas. Evitar autojustificarme cada vez que me equivoco. Utilizar bien el tiempo para mi propio bien y el de los demás. Tratar de no encerrarme en mis propios intereses y placeres mundanos. Hacer que mis metas sean elevadas. Es decir, rectificar para hacer mi camino una senda de rectitud para que Cristo pueda llegar a mí por el camino llano.
Es un tiempo de conversión personal pero también de oración por la conversión de las mentalidades y los comportamientos de nuestros contemporáneos inmersos en sociedades descristianizadas. ¡Hay tantas personas, cerca y lejos de nosotros, que viven como si Dios no existiera! Incluso Dios es expulsado de las estructuras y las leyes de la sociedad en nombre del «bien» de la humanidad.
Como cristiano soy consciente de que la venida del Señor es inminente. Para recibir la gracia especial del Mesías, tengo que hacer penitencia por mis pecados, corregir mis comportamientos equivocados y reparar los daños causados por mis acciones. Estas son las bellas palabras de Isaías, que salen también de los labios de Juan: suavizar las colinas, restaurar los caminos. La tibieza, la autosuficiencia, el orgullo, la confusión de la mente, el conformismo, el desánimo, la autocomplacencia… no son elementos apropiados para un cristiano que se prepara concienzudamente para la Navidad. Preparar el camino exige olvidarse de uno mismo para comprometerse a anunciar al Niño-Dios que nacerá en Belén.
¡Espíritu Santo, ayúdame a enderezar los camino y allanad el sendero para que Cristo llegue a mi vida como merece! ¡Abaja en mi interior aquello que me impide allanar el camino como la soberbia y el orgullo, la vanidad y los egos, la autosuficiencia y las complacencias mundanas! ¡Permíteme, Espíritu Santo, transformar mi corazón, renuévalo y purifícalos, para que Dios pueda acercarse a él sin encontrar barreras de ningún tipo! ¡Reduce mi vida a la humildad y la modestia, para que el Niño Dios hecho Hombre llegue a mi corazón con la alegría de llegar a lo pequeño! ¡No permitas, Espíritu Santo, que mi preparación sean superficial, repleta de adornos exteriores, sino que lo que brille es mi interior! ¡Ayúdame, Espíritu Santo, a contribuir en esta misión desde la autenticidad de mi testimonio y desde la humildad de mi trabajo apostólico! ¡Espíritu Santo, sanador de corazones hambrientos de Dios, no permitas que cierre mi corazón al amor de Dios, escogiendo la comodidad y la autosuficiencia, lo fácil y lo que me desvía de Dios! ¡Espíritu divino, permíteme enderezar de mi vida todo lo que tiene que ser cambiado y torcido! ¡Toma, Espíritu divino, las riendas de mi vida y ayudarme a preparar las sendas para que Cristo llegue a mi corazón! ¡María, Virgen Santa, Estrella de la Evangelización, ayúdame a ser dócil a la llamada del Señor y trabajar con humildad en dar a conocer la Verdad de tu Hijo Jesús! ¡Te pido, Espíritu de Dios, que transformes también los corazones de aquellos que están alejados de Jesús, que lo han abandonado o que luchan por alejarlo de la sociedad actual!
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