jueves, 23 de abril de 2020

Santo Evangelio del Día 23 de abril


SAN JORGE,
Mártir

Semidoble

(ornamentos encarnados)

Conmemoración: Lunes de la Octava de Solemnidad de San José



Combate valerosamente por la fe,
conquista la vida eterna para la cual fuiste llamado.


(1 Timoteo 6, 12)


Lección
Acuérdate de Jesucristo, de la estirpe de David, resucitado de entre los muertos, según mi Evangelio. En Él sufro hasta cadenas como malhechor; mas la Palabra de Dios no está en cadenas. Por eso todo lo soporto a causa de los escogidos, para que ellos también alcancen la salvación en Cristo Jesús con gloria eterna. Tú, empero, me has seguido de cerca en la enseñanza, en la conducta, en el propósito, en la fe, la longanimidad, la caridad, la paciencia; en las persecuciones y padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra; persecuciones tan grandes como sufrí, y de todas las cuales me libró el Señor. Y en verdad todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús serán perseguidos.
II Timoteo II, 8-10, III 10-12


Evangelio
En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: “Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que, estando en Mí, no lleva fruto, lo quita, pero todo sarmiento que lleva fruto, lo limpia, para que lleve todavía más fruto. Vosotros estáis ya limpios, gracias a la palabra que Yo os he hablado. Permaneced en Mí, y Yo en vosotros. Así como el sarmiento no puede por sí mismo llevar fruto, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mí. Yo soy la vid, nosotros los sarmientos. Quien permanece en Mí, y Yo en él, lleva mucho fruto, porque separados de Mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en Mí, es arrojado fuera como los sarmientos, y se seca; después los recogen y los echan al fuego, y se queman. Si vosotros permanecéis en Mí, y mis palabras permanecen en vosotros, todo lo que queráis, pedidlo, y lo tendréis. 
Juan XV, 1-7



Catena Aurea

San Agustín In Ioannem tract., 80.
Esto lo dice porque es la cabeza de la Iglesia, y nosotros sus miembros, el mediador entre Dios y los hombres, el que es hombre Cristo Jesús. En verdad que son de una misma naturaleza la vid y los sarmientos. Pero cuando añade la palabra verdadera ¿no prescinde de aquella vid de que ha tomado la comparación? De tal modo se dice vid por semejanza, como se dice cordero, oveja y otras cosas análogas, de manera que más bien son verdaderas las cosas que se toman por comparación. Pero diciendo "Yo soy la verdadera vid", se distingue de aquella otra, de la cual dice Jeremías: "¿Cómo se convirtió en amargura la vid ajena?" ( Jer 2,21). Porque, ¿cómo había de ser verdadera vid, la que se esperaba que produjera uvas y produjo espinas?


San Hilario ut supra.
Mas para distinguir de su humilde condición corporal la majestad excelsa del Padre, dice que el Padre es el labrador cuidadoso de esta vid: "Y mi Padre es labrador".


Crisóstomo ut supra.
Ved aquí, pues, que el Hijo coopera, no menos que el Padre, al bien de sus discípulos. Porque si el Padre limpia, El contiene, lo que hace que los sarmientos den fruto. Sin embargo, es cosa clara que también el Hijo limpia, y que el permanecer en la raíz es también propio del Padre, que engendró la raíz. Es, pues, un gran perjuicio el no poder hacer nada; mas no se detiene aquí, sino que prosigue: "Si alguno no estuviere en mí, será arrojado fuera (esto es, no gozará de los cuidados del labrador) y se secará (esto es, perderá todo aquello que hubiere recibido de la raíz, privado de su auxilio y de su vida), y lo amontonarán".


Alcuino.
Los ángeles serán los podadores que lo echarán al fuego eterno para que arda.


San Agustín ut supra.
Sólo debemos decir que sus palabras están en nosotros cuando hacemos lo que mandó, y amamos lo que prometió. Porque aunque sus palabras estén en la memoria, si no se manifiestan en obras no se considera el sarmiento en la vid, porque su vida no nace del tronco. ¿Qué otra cosa puede quererse al estar en el Salvador, sino lo que no se aparta de la salvación? Lo que apetecemos en tanto que estamos en Cristo, es distinto de lo que queremos mientras estamos en el siglo. Porque mientras estamos en la vida de este siglo deseamos muchas veces cosas que ignoramos son en nuestro daño; pero no sucede así estando en Cristo, el cual no nos concede lo que nos perjudica. La oración del Padre nuestro pertenece a sus enseñanzas, y, por tanto, no debemos separarnos de la letra y espíritu de esta oración, para que se nos conceda lo que pedimos.





Sea todo a la mayor gloria de Dios.

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