sábado, 22 de julio de 2017

¿Renunciar o no renunciar?

orar con el corazon abierto

ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

Me invitan a una cena de verano con personas de diferentes ambientes, la mayoría de ellos ⎯⎯por su comentarios ⎯⎯ no creyentes. Incluso hay una mujer que, en el fragor de la conversación, sentencia que el «cristianismo es algo anti-natural». Para no estropear la velada hasta ese momento he permanecido en silencio. Pero no puedo dejar de intervenir. En la opinión respetable de estas personas entregadas a la satisfacción de los caprichos no se puede comprender que seguir a Jesús no implica renunciar a las cosas bonitas de la vida. Al contrario, seguir a Cristo es poseerlo todo porque Él lo da todo.
Cuando uno escucha hablar de «renuncias» en quienes no creen en la Verdad lo habitual es que emitan juicios despiadados contra la fe católica y, así, surge la ocasión perfecta para despreciar las enseñanzas de la Iglesia y criticar a los que seguimos a Cristo. Quienes así actúan no comprenden el verdadero sentido de la «renuncia».
Tengo un amigo que es cantante de ópera y, en la actualidad, actúa en los más importantes escenarios del mundo triunfando con su voz. Un sobrino mío ha aprobado recientemente las oposiciones al Banco de España después de tres años de denodado esfuerzo. Desde muy jóvenes ambos, por decisión propia y en aras a su sueño profesional, han «renunciado» a los divertimentos nocturnos, a los viajes, a los «placeres» de la vida. Nadie pone el grito en el cielo por ello porque sus esfuerzos han supuesto «renuncias» que la sociedad observa como algo positivo y natural. Sin embargo, en el cristianismo la crítica maliciosa es su sentido «anti-natural».

Toda renuncia se realiza, en la mayoría de los casos, por un fin superior. En el caso de mi amigo y de mi sobrino por alcanzar la meta profesional con unas dosis de reto personal. En el caso del cristiano, el objetivo es la santidad. Es una meta espiritual pero también una opción personal. Tomar la firme decisión de seguir a Cristo es buscar la senda de la santidad. Esta «anti-naturalidad» a los ojos de muchos es «trascendencia» a los ojos de Dios.
La pregunta que me hago hoy: Si soy capaz a renunciar a determinadas cosas de mi vida en aras a conseguir un objetivo, ¿por qué me cuesta tanto a veces renunciar a otras poniendo infinidad de excusas que tan relacionadas están con mi camino hacia la santidad?

¡Señor, hazme comprender que cualquier renuncia vital debe pasar por entregarme primero a Ti! ¡Señor, anhelo tomar opción por mí aunque muchas veces me desvíe del camino como consecuencia de mi tibieza y mi debilidad! ¡Envía tu Espíritu, Señor, para que me de la fuerza y la sabiduría para convertirme en un auténtico seguidor tuyo sabiendo discernir lo que es mejor para mi! ¡Señor, que no tenga miedo a las renuncias mundanas y que sea siempre consciente que ser cristiano implica renunciar a cosas que pueden ser importantes pero que tienen como fin la eternidad y el encuentro con tu amor! ¡Señor, que no olvide nunca que ser cristiano no permite dobleces sino que tiene una única verdad: el encuentro contigo! ¡Señor, hazme consciente de que la santidad es un mandato tuyo, que tu voluntad es mi santificación y no permitas que me conforme a los deseos que impone mi voluntad; ayúdame a ser santo en todos los aspectos de mi vida a imitación tuya!