viernes, 28 de julio de 2017

¿Qué es el matrimonio? Responde una mujer cuyo esposo enfermo ha perdido «la chispa y el encanto»

¿Qué es el matrimonio? Responde una mujer cuyo esposo enfermo ha perdido «la chispa y el encanto»


ReL28 julio 2017


Dorothy Cummings es una escritora canadiense, licenciada en Literatura Inglesa y colaboradora habitual de varios medios católicos, y autora de varios libros, entre ellos uno traducido a varios idiomas: Seraphic Singles [Solteros seráficos], que en forma desenfadada aborda la vida de una joven católica dispuesta a vivir conforme a su fe.


Dorothy está casada con Mark McLean, de 44 años, y viven cerca de Edimburgo (Escocia). No tienen hijos. En marzo pasado, a Mark le diagnosticaron un tumor cerebral que exigía una intervención inmediata de drenaje por un problema de hidrocefalia, bajo riesgo de muerte inminente. Sobrevivió a la operación y dos meses después pudieron irse de vacaciones a Florencia, pero allí sufrió un desmayo. De regreso a casa, ha habido que operar de nuevo.


Dorothy bromea con la lista de cosas favoritas que Mark escribió antes de que el cirujano les desvelase que tras la nueva operación tendrá que llevar de por vida un drenaje desde el cerebro al estómago: la primera, un estrúdel de cereza bien caliente; la segunda, su esposa Dorothy; la tercera, una solemne misa tradicional; la cuarta, un generoso almuerzo a base de carne asada al romero con patatas asadas, regado con un vino chianti y tiramisú como postre; la quinta, nadar en el Mediterráneo; la sexta, una cama fresca para dormir la siesta después de comer; la séptima, la luz del ocaso a través de una vidriera.

Ahora Mark está hospitalizado de nuevo, en un estado realmente complicado, y Dorothy ha escrito una nueva entrada en su blog de Lifesitenews para transmitir las reflexiones sobre el matrimonio que a ella, experta escritora sobre la soltería, le suscita su nueva situación:


La enfermedad se llevó su chispa y su encanto, pero nunca he amado tanto a mi esposo 
Durante muchos años tuve un blog que era muy popular entre la gente que llevaba siendo soltera muchos años. Se llamaba Seraphic Singles. Conocí a mi marido dos años después de iniciarlo. Mark era uno de mis lectores. También él llevaba un blog que dejó cuando nos comprometimos; creo que era su modo de aliviar la soledad. Tal vez también el mío lo fuera para mí.

Cuando escribí en mi blog que nos habíamos comprometido, los lectores me preguntaron si empezaría un blog sobre la vida matrimonial. La idea no me gustó. Sabía mucho sobre qué significa ser una católica soltera de más de treinta años, pero me sentía inadecuada para escribir acerca del matrimonio. ¿Qué podía saber yo sobre este tema?

Llevo ya casada ocho años y mi marido está en la cama, con daño cerebral tras la segunda de dos operaciones invasivas.  Ahora puedo aportar algo a la antigua discusión sobre la vida matrimonial.

Amor a primera vista
Elegir un esposo es, probablemente, lo más importante de la vida adulta. Yo tenía 37 años cuando elegí a Mark, por lo que a pesar de mi juventud casquivana, había tenido tiempo para adquirir algo de sentido común.

Dorothy confiesa que sabía mucho de soltería, pero poco de matrimonio. Ahora ya sí.

Lo que me enamoró de Mark fue que era amable, divertido, alegre, inteligente y apasionado sobre muchas cosas interesantes. Cuando daba una conferencia en su trabajo lo hacía con tanto entusiasmo como si fuera la primera vez que la daba, cuando en realidad ya la había dado innumerables veces antes. Era también un apasionado converso al catolicismo, después de servir a Dios durante años como anglicano. Amaba a Dios. Y tenía temor de Dios. Todas las personas que conocí en su ciudad natal, en Escocia, le amaban. Yo me sentía cada vez más atraída por su cuerpo delgado y sus grandes ojos azules. Y él parecía estar muy atraído por mí, lo que fue una bendición, porque más o menos 36 horas después de conocerle ya estaba enamorada de él.

La prueba del amor 
Ahora muchas de esas cualidades se han perdido: durante cuánto tiempo, nadie lo sabe. Mark se esconde en su habitación y no deja que sus amigos y compañeros, preocupados, le vean. Suele estar triste y, a menudo, confuso. Su vista está tan dañada que no puede leer, por lo que se pasa el día escuchando la radio. Cuando está muy lúcido, se queja. Sólo Dios sabe cuándo estará bien para poder trabajar de nuevo.

Durante las dos semanas siguientes a su operación, el único tema de conversación de Mark era el dolor que sentía. La morfina le ha quitado el apetito, por lo que está raquítico. Está demasiado cansado para afeitarse y se niega a bañarse más de  una vez a la semana: parece un San Antonio en el Desierto, o un San Jerónimo en uno de sus momentos más malhumorados. Uno de los ojos de Mark es más pequeño que el otro y no sé por qué. El más grande sobresale en su cara demacrada.

Solo con mirarse 
Pero quiero deciros algo: tiene su rosario en la cama y me repite una y otra vez que me ama. Y yo le amo mucho más ahora que cuando acababa de casarme con él. Me casé con Mark porque era inteligente, divertido y bueno. La inteligencia y la diversión, por el momento, han desaparecido, pero la bondad permanece. Y es suficiente.

La bondad era suficiente cuando le visitaba en el hospital y mi marido, antes muy locuaz, no tenía nada que decir. A veces nos cogíamos de la mano y nos mirábamos mutuamente, Mark a través de una neblina de morfina. Esas silenciosas conversaciones han sido las más importantes de nuestro matrimonio. Sin la mediación de las palabras, le decía que le amaba y él me decía que me amaba. Pienso que esto es lo más cerca que el amor humano puede estar de la Adoración Eucarística.  

Cuando era una joven romántica, deseaba un marido grande y fuerte que me protegiera de los tempestuosos vientos de la vida adulta: la soledad, la pobreza, el trabajo duro, los hombres malos. Cuando era una soltera de mediana edad y más realista, pensaba más en términos de compañerismo, pero la idea de la protección seguía presente en mi mente. Siempre me gustó que Mark me acompañara a casa desde la parada de autobús cuando ya había oscurecido. Pero ahora veo que este papel protector está compartido.

Algunos consejos 
Mi consejo para cualquier mujer que esté tomando en consideración casarse con un hombre es que se lo imagine tumbado en una cama de hospital, sedado y con daño cerebral. Y entonces, de una manera menos romántica, que se lo imagine sin afeitar durante semanas, quejándose, malhumorado, diciendo que no quiere bañarse mientras ella hace el trabajo de casa, mientras mira de reojo el reloj que la avisará para que vaya a ocuparse de su otro trabajo a tiempo completo. Si sigue queriendo casarse con él, magnífico. Si no, debe abandonar la idea.

Una vez casados -sacramentalmente, entre adultos en total libertad- ésta será la vocación para siempre. No hay vuelta atrás. Hay que hacer que funcione, y esto siempre implicará un gran trabajo. Los esposos tendrán que respetarse y si uno de los dos, después de la boda, pierde el respeto por el otro, el que lo mantiene tendrá que ayudarle a recuperarlo.

"Cuando se me hace difícil vivir con mi marido", le dije una vez a una amiga casada que se sentía triste, "pienso en lo duro que debe ser para él vivir conmigo y me animo. Funciona de maravilla".

Mi amiga se quedó asombrada por el consejo.

"Ningún sacerdote me ha dicho esto antes", me dijo.

"Porque ningún sacerdote es una mujer casada", le respondí.

Ésta es la esencia del matrimonio: recordar que, en la medida de lo posible, tienes que ver el mundo, incluyéndote a ti mismo, a través de los ojos de tu cónyuge. Por lo tanto, al final no se trata de casarte con "la persona adecuada", sino de ser, tú, "la persona adecuada".

Traducción de Helena Faccia Serrano.