viernes, 21 de julio de 2017

El alivio de la Cruz

Jesus on the Cross with Heavenly Sky Above
Hay días que necesitas el suave roce de la caricia del Señor. Que deje la impronta de su amor en lo más profundo de tu corazón herido. Que golpee con sus dedos los miedos e inseguridades que me embargan y los aparte de mi.
Anhelo fervientemente que mis manos se unan a las suyas y sentir la profunda ternura que siente por mi, frágil e inconsistente como soy. Hay días que pesa la mochila de la vida, el crujir de los dientes por las incomodidades del día a día, las gotas finísimas de sufrimiento que empapan el alma de desasosiego.
Sentado en oración ante el Sagrario, observo la enorme Cruz que preside el altar. Y miro las manos heridas y ensangrentadas del Señor. Esas mismas manos que elevaron la Hostia en la Última Cena, que impusieron sus manos sobre enfermos, que levantó a enfermos y lisiados, que abrazó a niños, mujeres y ancianos, que bendijo multitudes… Esas manos amables, generosas, abiertas a la paz, impregnadas de humildad, sencillez y amor son las que necesito sentir en días como este. Son manos que no dirigen el dedo acusador, que no juzgan, que no golpean, que no lanzan piedras. Son manos que me levantan a pesar de mi condición de pecador y que me bendicen a pesar de mi miseria y mi pequeñez.
Me fijo en las manos de ese crucifijo y doy gracias a Dios porque esas manos abiertas me han redimido del pecado, me abren a la esperanza y a la confianza y me permiten entregar toda mi necesidad. Pero esas manos, me llevan a mirar el rostro de Cristo. Desde la Cruz, pese a los ojos cerrados, el Señor me mira. Me mira con amor y con misericordia. Con compasión y con amabilidad. Es una mirada llena de bondad y de perdón. Es una mirada de sanación y de transformación interior.
Entonces comprendo que nada tengo que temer. Que en aquella Cruz está la Verdad de mi vida, la esencia de mi espiritualidad. Que siendo imperfecto como soy el Señor me quiere mostrar que me ama con amor eterno. ¡Gracias, Señor, porque tu Cruz es el alivio de mi corazón!



Jesus on the Cross with Heavenly Sky Above


¡Gracias, Señor, por la vida, por mi familia, por la salud, por tu amor, por el trabajo, por los alimentos, por las cosas buenas que me suceden, por los amigos, por mis compañeros de comunidad, por la bendición de cada día! ¡Bendice, Señor, a todos cuantos me rodean porque ellos también necesitan de tu amor y de tu misericordia! Señor, que en la contemplación de la Cruz nada me haga temer; pongo en tus manos mis ilusiones, mis sufrimientos, mis anhelos, mis problemas y mis necesidades que conoces de sobras y que sabes que es mejor para mí! ¡Señor, hágase tu voluntad en mi! ¡Señor, cuando me las fuerzas me debiliten, fortaléceme! ¡Cuando las dudas me embarguen, aumenta mi fe! ¡Cuando la tristeza me envuelva, llena de tu consuelo sanador! ¡Cuando no esté al altura y te falle, envíame tu perdón! ¡Cuando la impaciencia me embargue, seréname! ¡Cuando me equivoque, indícame el camino a seguir! ¡Cuanto te llame, escúchame! ¡Y, sobre todo, cuando te busque, que el Espíritu Santo me llene con tu presencia y me haga sentir tu amor!