lunes, 1 de julio de 2024

martes, 2 de julio de 2024 Santo Evangelio 2 de Julio 2024

 


Texto del Evangelio (Mt 8,23-27):

 En aquel tiempo, Jesús subió a la barca y sus discípulos le siguieron. De pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas; pero Él estaba dormido. Acercándose ellos le despertaron diciendo: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!». Díceles: «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?». Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza. Y aquellos hombres, maravillados, decían: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?».



«Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza»


Fray Lluc TORCAL Monje del Monasterio de Sta. Mª de Poblet

(Santa Maria de Poblet, Tarragona, España)

Hoy, Martes XIII del tiempo ordinario, la liturgia nos ofrece uno de los fragmentos más impresionantes de la vida pública del Señor. La escena presenta una gran vivacidad, contrastando radicalmente la actitud de los discípulos y la de Jesús. Podemos imaginarnos la agitación que reinó sobre la barca cuando «de pronto se levantó en el mar una tempestad tan grande que la barca quedaba tapada por las olas» (Mt 8,24), pero una agitación que no fue suficiente para despertar a Jesús, que dormía. ¡Tuvieron que ser los discípulos quienes en su desesperación despertaran al Maestro!: «¡Señor, sálvanos, que perecemos!» (Mt 8,25).

El evangelista se sirve de todo este dramatismo para revelarnos el auténtico ser de Jesús. La tormenta no había perdido su furia y los discípulos continuaban llenos de agitación cuando el Señor, simplemente y tranquilamente, «se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran bonanza» (Mt 8,26). De la Palabra increpatoria de Jesús siguió la calma, calma que no iba destinada sólo a realizarse en el agua agitada del cielo y del mar: la Palabra de Jesús se dirigía sobre todo a calmar los corazones temerosos de sus discípulos. «¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe?» (Mt 8,26).

Los discípulos pasaron de la turbación y del miedo a la admiración propia de aquel que acaba de asistir a algo impensable hasta entonces. La sorpresa, la admiración, la maravilla de un cambio tan drástico en la situación que vivían despertó en ellos una pregunta central: «¿Quién es éste, que hasta los vientos y el mar le obedecen?» (Mt 8,27). ¿Quién es el que puede calmar las tormentas del cielo y de la tierra y, a la vez, las de los corazones de los hombres? Sólo quien «durmiendo como hombre en la barca, puede dar órdenes a los vientos y al mar como Dios» (Nicetas de Remesiana).

Cuando pensamos que la tierra se nos hunde, no olvidemos que nuestro Salvador es Dios mismo hecho hombre, el cual se nos acerca por la fe.

SAN OTÓN DE BAMBERG OBISPO

 




2 DE JULIO SAN OTÓN OBISPO

SAN OTÓN DE BAMBERG

OBISPO

PALABRA DE DIOS DIARIA

San Otón fue obispo de Bamberg y es llamado el Apóstol de Pomerania . Nació en Suabia, Alemania, y vivió en el siglo XII. Huérfano de padre y madre, enfrentó muchas dificultades para costear sus estudios en filosofía y ciencias humanas. Partió a Polonia para ganarse la vida. Poco a poco se estableció y fundó una escuela que ganó prestigio y le dio buenas ganancias.

Se hizo conocido y estimado en la corte polaca , amigo y consejero del emperador, que lo nombró obispo de Bamberg. San Otón, sin embargo solamente quedó con la conciencia tranquila cuando fue consagrado obispo por el papa Pascual, alrededor del año 1106.

Es considerado el evangelizador de la Pomerania; fundó allí numerosos monasterios. Y apoyado por Boleslao, duque de Polonia que dominaba la región, y por Vratislao, duque cristiano de Pomerania, recorrió todas las ciudades instruyendo a los gentiles y bautizando a los que se adherían a la fe, intercediendo ante el príncipe por la liberación de los prisioneros, exhortando a todos a abandonar los ídolos y a convertirse al Dios de Jesucristo. Esparció misioneros por toda la Pomerania.

Fue canonizado en el año 1189 por el Papa Clemente III.

Antiguamente se lo recordaba el 30 de junio, pero su fiesta en el Martirologio Romano actual es el 2 de julio.
Publicado por Padre Francisco Javier Rebollo León

Liturgia de las horas P. Paco Rebollo SIERVOS DEL DIVINO AMOR. OFICIO DE LECTURA, LAUDES, HORAS INTERMEDIAS, VÍSPERAS Y COMPLETAS.2 DE JULIO MARTES XIII DEL T. ORDINARIO

 





De la Feria. Salterio I


OFICIO DE LECTURA 

Si el Oficio de Lectura es la primera oración del día:

V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

Ant. Al Señor, al gran Rey, venid, adorémosle.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

Ant. Al Señor, al gran Rey, venid, adorémosle.

Si antes del Oficio de lectura se ha rezado ya alguna otra Hora:

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.


Himno: ALABEMOS A DIOS QUE, EN SU PALABRA

Alabemos a Dios que, en su Palabra,
nos revela el designio salvador,
y digamos en súplica confiada:
«Renuévame por dentro, mi Señor.»

No cerremos el alma a su llamada
ni dejemos que arraigue el desamor;
aunque dura es la lucha, su palabra
será bálsamo suave en el dolor.

Caminemos los días de esta vida
como tiempo de Dios y de oración;
él es fiel a la alianza prometida:
«Si eres mi pueblo, yo seré tu Dios.»

Tú dijiste, Jesús, que eras camino
para llegar al Padre sin temor;
concédenos la gracia de tu Espíritu
que nos lleve al encuentro del Señor. Amén.

SALMODIA

"Yo vine a ver a los enfermos".

 



"Yo vine a ver a los enfermos".

JESUS CURA IMPONIENDO MANOS

Yo Soy Amor y Misericordia y así deseo sea vuestro corazón, sepan que Yo les pido esta entrega para su salvación y la de todos estos hijos Míos que están al borde de la perdición, y esto es por Mi Misericordia, que han sido ustedes escogidos para dar amor, eso sólo les pido, sólo amor, no vean tanto los defectos de los demás, sino que ellos necesitan de su compasión, de su paciencia, de su entrega de ustedes, sean sencillos, humildes como lo es Mi Corazón, y no se piensen dignos, den lo que Yo les he dado, sólo amor.

Que María sea vuestro ejemplo y fortaleza, no digan no a ver al que está enfermo del alma, porque Yo vine a ver a los enfermos, porque son los que necesitan este amor.

Yo los bendigo y todo háganlo convencidos de que en cada uno Estoy Yo.

Sagrado Corazón de Jesús

Siervos del Divino Amor

MISAL DIARIO PALABRA DE DIOS. LECTURAS DEL MARTES XIII DEL T. ORDINARIO 2 DE JULIO (VERDE)

 "¿Quién es éste, a quien hasta los vientos y el mar obedecen?"





Se sugiere utilizar hoy las oraciones de la Misa por los enfermos, tal como aparecen en el presente formulario (cfr. Misas para diversas circunstancias, Misal Romano, p. 1156 [1148]); pero en su lugar pueden utilizarse las del domingo anterior o las de cualquier domingo del Tiempo Ordinario.

ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Is 53, 4
El Señor ha cargado nuestros sufrimientos, ha soportado nuestros dolores.
ORACIÓN COLECTA
Dios todopoderoso y eterno, salvación perpetua de los que creen en ti, escucha nuestra oración por tus siervos enfermos, para quienes imploramos el auxilio de tu misericordia, a fin de que, recuperada la salud, puedan ofrecerte su acción de gracias en tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo…

LITURGIA DE LA PALABRA

El Señor ha hablado, ¿quién no profetizará?

Del libro del profeta Amós: 3, 1-8; 4, 11-12

Escuchen estas palabras que el Señor les dirige a ustedes, hijos de Israel, y a todo el pueblo que hizo salir de Egipto: "Sólo a ustedes los elegí entre todos los pueblos de la tierra, por eso los castigaré con mayor rigor por todos sus crímenes.

¿Acaso podrán caminar dos juntos, si no están de acuerdo? ¿Acaso no ruge el león en la selva, cuando tiene ya su presa? ¿Lanza su rugido el cachorro de león desde su cueva, si no ha cazado nada? ¿Cae el pájaro al suelo, sin que se le haya tendido una trampa? ¿Se levanta del suelo la trampa, sin que haya atrapado algo? ¿Se toca la trompeta en la ciudad, sin que se alarme la gente? ¿Hay alguna desgracia en la ciudad, sin que el Señor la mande? Ciertamente el Señor no hace nada sin revelar antes su designio a sus profetas. Pues bien, ya ha rugido el león, ¿quién no tendrá miedo? El Señor Dios ha hablado, ¿quién no profetizará? Los he destruido a ustedes como a Sodoma y a Gomorra; han quedado como un tizón sacado del incendio y no se han vuelto a mí, dice el Señor. Por eso te voy a tratar así, Israel, y porque así te voy a tratar, prepárate, Israel, a comparecer ante tu Dios".

Palabra de Dios.

De la Carta Apostólica del Beato Juan XXIII «INDE A PRIMIS» (30-VI-1960) sobre el fomento del culto a la preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo

 



De la Carta Apostólica del Beato Juan XXIII
«INDE A PRIMIS» (30-VI-1960)
sobre el fomento del culto
a la preciosísima Sangre de nuestro Señor Jesucristo

Muchas veces desde los primeros meses de nuestro ministerio pontificio ha ocurrido que invitásemos a los fieles en materia de devoción viva y diaria a volverse con ardiente fervor hacia la manifestación divina de la misericordia del Señor en cada una de las almas, en su Iglesia Santa y en todo el mundo, cuyo Redentor y Salvador es Jesús, a saber, la devoción a la Preciosísima Sangre.

Así, pues, al acercarse la fiesta y el mes consagrado al culto de la Sangre de Cristo, precio de nuestro rescate, prenda de salvación y de vida eterna, que los fieles la hagan objeto de sus más devotas meditaciones y más frecuentes comuniones sacramentales. Que reflexionen, iluminados por las saludables enseñanzas que dimanan de los Libros Sagrados y de la doctrina de los Santos Padres y Doctores de la Iglesia en el valor sobreabundante, infinito, de esta Sangre verdaderamente preciosísima, «de la cual una sola gota puede salvar al mundo de todo pecado» [Himno Adoro te devote]. Porque, si es infinito el valor de la Sangre del Hombre Dios e infinita la caridad que le impulsó a derramarla desde el octavo día de su nacimiento y después con mayor abundancia en la agonía del huerto, en la flagelación y coronación de espinas, en la subida al Calvario y en la Crucifixión y, finalmente, en la extensa herida del costado, como símbolo de esa misma divina Sangre, que fluye por todos los Sacramentos de la Iglesia, es no sólo conveniente sino muy justo que se le tribute homenaje de adoración y de amorosa gratitud por parte de los que han sido regenerados con sus ondas saludables.

Y al culto de latría, que se debe al Cáliz de la Sangre del Nuevo Testamento, especialmente en el momento de la elevación en el sacrificio de la Misa, es muy conveniente y saludable suceda la Comunión con aquella misma Sangre indisolublemente unida al Cuerpo de Nuestro Salvador en el Sacramento de la Eucaristía. Entonces los fieles en unión con el celebrante podrán con toda verdad repetir mentalmente las palabras que él pronuncia en el momento de la Comunión: «Tomaré el cáliz de salvación e invocaré el nombre del Señor... Que la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo guarde mi alma para la vida eterna. Así sea». De tal manera que los fieles que se acerquen a él dignamente percibirán con más abundancia los frutos de redención, resurrección y vida eterna, que la sangre derramada por Cristo «por inspiración del Espíritu Santo» (Heb 9,14) mereció para el mundo entero.

Y alimentados con el Cuerpo y la Sangre de Cristo, los fieles, hechos partícipes de su divina virtud que ha suscitado legiones de mártires, harán frente a las luchas cotidianas, a los sacrificios, hasta el martirio, si es necesario, en defensa de la virtud y del reino de Dios, sintiendo en sí mismos aquel ardor de caridad que hacía exclamar a San Juan Crisóstomo: «Retirémonos de esa Mesa como leones que despiden llamas, terribles para el demonio, considerando quién es nuestra Cabeza y qué amor ha tenido con nosotros... Esta Sangre, dignamente recibida, ahuyenta los demonios, nos atrae a los ángeles y al mismo Señor de los ángeles... Esta Sangre derramada purifica el mundo... Es el precio del universo, con ella Cristo redime a la Iglesia... Semejante pensamiento tiene que frenar nuestras pasiones. Pues ¿hasta cuándo permaneceremos con nuestro afecto pegado al mundo presente? ¿Hasta cuándo permaneceremos inertes? ¿Hasta cuándo dejaremos de pensar en nuestra salvación? Consideremos los beneficios que el Señor se ha dignado concedernos, seamos agradecidos, glorifiquémosle no sólo con la fe, sino también con las obras».

¡Ah! Si los cristianos reflexionasen con más frecuencia en la advertencia paternal del primer Papa: «Vivid con temor todo el tiempo de vuestra peregrinación, considerando que habéis sido rescatados de vuestro vano vivir no con plata y oro, corruptibles, sino con la sangre preciosa de Cristo, como cordero sin defecto ni mancha!» (1 Pe 1,17-19). Si prestasen más atento oído a la exhortación del Apóstol de las gentes: «Habéis sido comprados a gran precio. Por tanto, glorificad a Dios con vuestro cuerpo» (1 Cor 6,20).

¡Cuánto más dignas, más edificantes serían sus costumbres; cuánto más saludable sería para el mundo la presencia de la Iglesia de Cristo! Y si todos los hombres secundasen las invitaciones de la gracia de Dios, que quiere que todos se salven, pues ha querido que todos sean redimidos con la Sangre de su Unigénito y llama a todos a ser miembros de un único Cuerpo místico, cuya Cabeza es Cristo, ¡cuánto más fraternales serían las relaciones entre los individuos, los pueblos y las naciones; cuánto más pacífica, más digna de Dios y de la naturaleza humana, creada a imagen y semejanza del Altísimo, sería la convivencia social! 

EL REZO DEL ÁNGELUS

 



EL REZO DEL ÁNGELUS

El Ángelus, devoción de origen franciscano, que para el Diccionario de la Real Academia Española es «Oración en honor del misterio de la Encarnación», hace una síntesis admirable del misterio, de las personas que intervienen en tan gran acontecimiento y de la misión o actitud de cada una de ellas, con palabras tomadas del mismo Evangelio. En su extremada brevedad, ofrece materia sólida a la vez que asequible para la meditación cotidiana del creyente.

San Lucas refiere que el ángel Gabriel fue enviado por Dios a Nazaret, a una virgen llamada María. El ángel le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Luego añadió: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante de Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús». Y le aclaró: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra». María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Días después, María fue a casa de Zacarías y saludó a Isabel, la cual exclamó: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre». A modo de conclusión, san Juan añade en el prólogo de su Evangelio: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros».

Al parecer hay que atribuir al Pobrecillo de Asís el mérito de haber introducido la llamada diaria a la oración en nuestros países. En 1220, Francisco regresó de Oriente Próximo, donde se había encontrado con el Islam. En particular, durante el asedio de Damieta en el otoño de 1219, tuvo la serena audacia de cruzar las líneas enemigas, las de los Sarracenos, para encontrarse con el Sultán de Egipto, Al-Malik. ¿Quedó impresionado por la llamada a la oración de los almuecines, que desde lo alto de los minaretes invitaban a los fieles de Alá a volverse hacia Dios varias veces al día? ¿Soñó con introducir esta costumbre en el Occidente cristiano? De hecho, apenas regresó a Italia, tuvo la profética ocurrencia de escribir una carta a todas las autoridades de los pueblos, de los ediles municipales a los reyes, diciéndoles entre otras cosas:

«Tributad al Señor tanto honor en medio del pueblo que os ha sido encomendado, que cada tarde se anuncie por medio de pregonero o por medio de otra señal, que se rindan alabanzas y gracias por el pueblo entero al Señor Dios omnipotente».

¿Recogieron sus hermanos la sugerencia? Lo cierto es que el Ángelus nació el año 1250 en un convento franciscano de Arezzo, Italia. Según documentos históricos precisos, un tal fray Benito hacía cantar o recitar allí, cada atardecer, al toque de las campanas, una antífona que empezaba por las palabras: «El ángel del Señor anunció a María...». Desde entonces se instauró en los conventos la costumbre de acompañar el bello saludo mariano vespertino con el repique de campanas.

La iniciativa de fray Benito se difundió ampliamente por todos los conventos franciscanos. Así, en 1269, el Capítulo general de Asís, presidido por san Buenaventura, decidió «que, en honor de la gloriosa Virgen, todos los hermanos enseñarán al pueblo a saludar varias veces a la bienaventurada Virgen cuando suene la campana de completas». En 1305, el Capítulo provincial de Padua decretó para la Provincia de Venecia: «Que al atardecer, en todos los conventos se toque tres veces la campana, lentamente, en honor de la gloriosa Virgen y que entonces todos los hermanos se arrodillen y digan tres veces: "Dios te salve, María, llena eres de gracia..."». Por el mismo tiempo, Bonvicino de Ripa, de la Orden de los Humillados, introdujo el toque vespertino de campanas en Milán y alrededores. El papa Juan XXII lo introdujo en Roma el 7 de mayo de 1327.

Al Ángelus de la tarde se añadió pronto el de la mañana. Practicado en Pavía desde 1330, su uso se había generalizado en toda la cristiandad a finales del siglo XIV. El toque del mediodía es más tardío y tuvo motivaciones diversas: honrar la Pasión de Cristo el viernes, implorar la paz, pedir la victoria sobre los turcos... Pero a finales del siglo XV desaparecieron esos usos diversos, y se consumó la unificación del Ángelus. Los tres toques de campanas que acompañan la recitación del Avemaría tienen la finalidad de honrar a María en el misterio de la Anunciación y Encarnación.

LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO

 



LA PRECIOSÍSIMA SANGRE DE CRISTO
Benedicto XVI, Ángelus del día 5 de julio de 2009

Queridos hermanos y hermanas:

En el pasado, el primer domingo de julio se caracterizaba por la devoción a la Preciosísima Sangre de Cristo. Algunos de mis venerados predecesores del siglo pasado la confirmaron, y el beato Juan XXIII, con la carta apostólica Inde a primis (30 de junio de 1960), explicó su significado y aprobó sus letanías. El tema de la sangre, unido al del Cordero pascual, es de primaria importancia en la Sagrada Escritura. En el Antiguo Testamento, la aspersión con la sangre de los animales sacrificados representaba y establecía la alianza entre Dios y el pueblo, como se lee en el libro del Éxodo: «Entonces tomó Moisés la sangre, roció con ella al pueblo y dijo: "Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con vosotros, según todas estas palabras"» (Éx 24,8).

A esta fórmula se remite explícitamente Jesús en la última Cena cuando, ofreciendo el cáliz a los discípulos, dice: «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos para el perdón de los pecados» (Mt 26,28). Y efectivamente, desde la flagelación hasta que le traspasaron el costado después de su muerte en la cruz, Cristo derramó toda su sangre, como verdadero Cordero inmolado para la redención universal. El valor salvífico de su sangre se afirma expresamente en muchos pasajes del Nuevo Testamento. Basta citar, en este Año sacerdotal, la bella expresión de la carta a los Hebreos: «Cristo... penetró en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabríos ni de novillos, sino con su propia sangre, consiguiendo una redención eterna. Pues si la sangre de machos cabríos y de novillos y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!» (Heb 9,11-14).

Queridos hermanos, está escrito en el Génesis que la sangre de Abel, asesinado por su hermano Caín, clama a Dios desde la tierra (cf. Gén 4,10). Y lamentablemente, hoy como ayer, este grito no cesa, porque sigue corriendo sangre humana a causa de la violencia, de la injusticia y del odio. ¿Cuándo aprenderán los hombres que la vida es sagrada y pertenece sólo a Dios? ¿Cuándo entenderán que todos somos hermanos? Al grito por la sangre derramada, que se eleva desde tantas partes de la tierra, Dios responde con la sangre de su Hijo, que entregó su vida por nosotros. Cristo no respondió al mal con el mal, sino con el bien, con su amor infinito. La sangre de Cristo es prenda del amor fiel de Dios a la humanidad. Contemplando las llagas del Crucificado, cada hombre, incluso en condiciones de extrema miseria moral, puede decir: Dios no me ha abandonado, me ama, ha dado la vida por mí; y así volver a tener esperanza.

Que la Virgen María, quien al pie de la cruz, junto al apóstol san Juan, recogió el testamento de la sangre de Jesús, nos ayude a redescubrir la inestimable riqueza de esta gracia y a sentir por ella gratitud íntima y perenne.

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