sábado, 30 de junio de 2018

Ejemplos de fe (IV): el profeta Elías Cuarto texto centrado en la virtud de la fe, sobre la que se medita a partir de la vida del Profeta Elías, quien gozó de una gran intimidad con Dios.

Opus Dei - Ejemplos de fe (IV): el profeta ElíasEl profeta Elías es llevado a los cielos en un carro de fuego.
Después de AbrahamMoisés David, surge uno de los hombres más célebres del Antiguo Testamento: el profeta Elías, que el Catecismo de la Iglesia Católica designa como «padre de los profetas, "de la raza de los que buscan a Dios, de los que persiguen su Faz" (Sal 24, 6)»[1], y que, al igual que Moisés, gozó de una gran intimidad con el Señor. Su ejemplo nos puede servir para considerar una exigencia de la fe: la necesidad de dar culto exclusivamente al Señor. La vida de Elías —que «era un hombre de igual condición que nosotros»[2]- muestra cómo Dios auxilia a quienes acuden a Él mediante la oración, especialmente en las dificultades.
Elías, deseando morir, es despertado por un ángel.Elías, deseando morir, es despertado por un ángel.

Que todo este pueblo sepa que tú, Yahveh, eres Dios
Elías el Tesbita vivió en el reino de Israel durante el siglo VIII a.C. Su nombre, que significa «mi Dios es Yahveh», sintetiza el aspecto central de su misión: recordar que Yahveh es el único verdadero Dios y que solo a Él se debe dar culto. Y hacerlo precisamente cuando el rey Ajab, por influencia de su mujer Jezabel, adoraba a un dios extranjero y el culto al verdadero Dios convivía con la idolatría[3]«El pueblo adoraba a Baal, el ídolo tranquilizador del que se creía que venía el don de la lluvia, y al que por ello se atribuía el poder de dar fertilidad a los campos y vida a los hombres y al ganado. Aun pretendiendo seguir al Señor, Dios invisible y misterioso, el pueblo buscaba seguridad también en un dios comprensible y previsible, del que creía poder obtener fecundidad y prosperidad»[4].