miércoles, 1 de noviembre de 2017
Fieles difuntos
Fieles difuntos
Memoria litúrgica, 2 de noviembre
Por: Tere Fernández | Fuente: Catholic.net
Conmemoración de todos los fieles difuntos. La Santa Madre Iglesia, después de su solicitud en celebrar con las debidas alabanzas la dicha de todos sus hijos bienaventurados en el cielo, se interesa ante el Señor en favor de las almas de cuantos nos precedieron con el signo de la fe y duermen en la esperanza de la resurrección, y por todos los difuntos desde el principio del mundo, cuya fe sólo Dios conoce, para que, purificados de toda mancha del pecado y asociados a los ciudadanos celestes, puedan gozar de la visión de la felicidad eterna.
Un poco de historia
La tradición de rezar por los muertos se remonta a los primeros tiempos del cristianismo, en donde ya se honraba su recuerdo y se ofrecían oraciones y sacrificios por ellos.
Cuando una persona muere ya no es capaz de hacer nada para ganar el cielo; sin embargo, los vivos sí podemos ofrecer nuestras obras para que el difunto alcance la salvación.
Con las buenas obras y la oración se puede ayudar a los seres queridos a conseguir el perdón y la purificación de sus pecados para poder participar de la gloria de Dios.
Venid, benditos de mi Padre
La palabra más bella que pueda Dios decirte es: Venid La invitación personal a acercarnos sin temor a Él.
Por: P Mariano de Blas LC | Fuente: Catholic.net
Venid, benditos de mí Padre, a tomar posesión del Reino de los Cielos.
Las palabras más bellas que pueda Dios decir a una criatura son ésas: ‘Venid’: la invitación personal a acercarnos sin temor; venid a mi mesa, venid a mi huerto, entrad en mi amistad.
“Benditos de mí Padre”: Tener la bendición de Dios en la vida es la máxima seguridad, porque esa bendición transforma tu vida entera en una amorosa felicidad.
“A tomar posesión del Reino de los Cielos”: Te daré la mitad de mi Reino, te doy mi Reino, se nos dice aquí; el Reino de Dios, ¡qué grande es, qué hermoso es, qué tuyo es! Aquí tienes la llave, pequeño príncipe del gran Reino. Te sonaba muy exigente el precio, porque te hablaban de cruz y renuncia, y ahora que eres dueño del castillo, ¿qué opinas? ¿Barato, muy caro, inefable? ‘Juego de niños’, dijo uno del precio, cuando se lo mostraron, aunque lo maltrataron como a un mártir, y apostó por ese Reino; nadie se lo pudo arrebatar.
¿Por qué luchas en la vida? ¿Por qué te matas y trabajas y oras? ¡Qué rico eres y qué rico vas a ser, cuando te entreguen las llaves de un Reino eterno! Tienes que saber esperar y luchar y morir por ese Reino.
Imitar a quien supo ser fiel
Por: H. Jorge Alberto Leaños García, L.C. | Fuente: missionkits.org
En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.
Cristo, Rey nuestro. ¡Venga tu Reino!
Oración preparatoria (para ponerme en presencia de Dios)
Quiero estar contigo; necesito estar a tu lado; ahora puedo estar un momento en tu presencia. Tú me lo has dado todo. Quiero pasar un tiempo, aquí y ahora, para intentar amarte un poco más.
Evangelio del día (para orientar tu meditación)
Del santo Evangelio según san Mateo 25, 31-46
Jue 2 Nov Evangelio del día Trigésima semana del Tiempo Ordinario - Año Par
“ El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá ”
Primera lectura
Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1-5a. 6b-7
Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe más.
Vi la Ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo y venía de Dios, embellecida como una novia preparada para recibir a su esposo.
Y oí una voz potente que decía desde el trono: «Esta es la morada de Dios entre los hombres: él habitará con ellos, ellos serán su pueblo, y el mismo Dios estará con ellos. El secará todas sus lágrimas, y no habrá más muerte, ni pena, ni queja, ni dolor, porque todo lo de antes pasó.»
Y el que estaba sentado en el trono dijo: «Yo hago nuevas todas las cosas. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Al que tiene sed, yo le daré de beber gratuitamente de la fuente del agua de la vida. El vencedor heredará estas cosas, y yo seré su Dios y él será mi hijo.»
Salmo
Sal 24 R/. A ti, Señor, levanto mi alma
Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.
Ensancha mi corazón oprimido
y sácame de mis tribulaciones.
Mira mis trabajos y mis penas
y perdona todos mis pecados. R/.
Guarda mi vida y líbrame,
no quede yo defraudado de haber acudido a ti.
La inocencia y la rectitud me protegerán,
porque espero en ti. R/.
¿Qué significa querer ser un santo?
Ojalá pudiera decir que me he sometido y cedido mi voluntad por completo a Dios. No puedo decir eso, todavía. He pasado más días sentado junto a mi esposo en las habitaciones de hospital de lo que me importa contar. Las visitas al hospital son una ocurrencia mensual, semanal o quincenal para nosotros. Tuve que esperar con horror y miedo al ver a mi esposo perder el conocimiento y toser sangre en los cuencos. He tenido que pasar silenciosamente mi Rosario por Divine Mercy Chaplets con lágrimas corriendo por mi rostro mientras mi esposo está completamente desorientado en la cama del hospital a mi lado. Mi esposo tiene 40 años. No tiene 70 u 80. Tiene 40. Cada nuevo episodio me recuerda que puedo quedar viuda en cualquier momento: la próxima semana, el próximo año, en diez años, veinte años. No lo sabemos, pero sabemos que esta enfermedad podría volverse inmanejable en cualquier momento.
En verdad, la posibilidad de que yo sea viuda o él viudo siempre ha sido así, porque no sabemos qué sucederá día a día. La muerte llega a la hora señalada por Dios y, a menudo sin previo aviso, pero hay algo diferente en descubrir que mi esposo tiene una rara y peligrosa enfermedad autoinmune. Hace que esa realidad sea tangible. Está al frente y al centro en nuestras vidas. Él tiene buenos días y días que sufre mucho. Cada nuevo día trae más incertidumbre. En esa incertidumbre, Dios me está llamando a confiar en Él y amarlo completamente. Él me ofrece Su Sagrado Corazón todos los días y yo solo necesito aceptarlo por completo en toda su admiración, maravilla, alegría, terrible sufrimiento y tristeza.
Amar a Dios y al prójimo: ¿por qué y cómo?
Todavía puedo recordar su rostro y el tono apasionado de su voz cuando me habló algunas palabras a mí y a otros seminaristas. Fue en el clímax del escándalo de abuso sexual cometido por clérigos en 2002 en los Estados Unidos. Algunos sacerdotes en una diócesis le habían recomendado a su obispo que una forma de lidiar con la baja moral y el agotamiento del clero era permitirles más días libres durante la semana. Nuestro sacerdote-profesor en el seminario, obviamente enfurecido por tal pedido, nos dijo:
Cuando te conviertes en sacerdote, no me importa cuántos días libres tienes durante la semana, o cuánto tiempo tienes de vacaciones anuales o qué lugares exóticos visitas para tus vacaciones; Mientras no crezcas en tu amor por Dios y por su rebaño que te han sido confiados como sacerdotes, nunca conocerás el verdadero gozo.
¿Por qué es imperativo para nosotros guardar los dos Mandamientos inseparables para amar a Dios y al prójimo que Jesús da en el Evangelio del domingo? Algunos de nosotros podemos haber preguntado a nuestros padres u otras figuras de autoridad por qué debemos obedecer sus instrucciones solo para recibir esa respuesta familiar, "Porque lo digo". ¿Podemos y debemos mantener el doble Mandamiento del amor simplemente porque Dios lo dice así? ? ¿Cuál es entonces la razón más profunda que sostiene nuestro esfuerzo por amar a Dios con todo nuestro corazón, mente, alma y fuerza y a nuestros vecinos como a nosotros mismos?
¿SEGUIR A JESUS? ¡POR QUÉ NO!
¿SEGUIR A JESUS? ¡POR QUÉ NO!
Por Javier Leoz
1. - En esta festividad de Todos los Santos, hemos de caer en la cuenta de una gran herencia: ser santo significa participar de la santidad de Dios. Un cristal por el que, la presencia del Señor, se ve nítidamente por las obras o un balcón abierto por el que, cuando se asoma, se escucha en toda su pureza la Palabra que nos ilumina.
Celebrar esta fiesta es sentirnos fascinados por lo alto. Cuando ascendemos a las montañas vienen a nuestros ojos imágenes de valles y de ríos, de cielos estrellados o de horizontes lejanos. En esta jornada de Todos los Santos no nos conformamos con subir a los cerros. Trepamos más arriba. Elevamos nuestros ojos a esa realidad que ha sido la razón y el motor, el existir y el triunfo definitivo de tantos hombres y mujeres que se dejaron seducir por la beldad de Dios. No se conformaron con lo que encontraban en el suelo, con las propuestas caducas de felicidad, con los atajos traicioneros. Los santos apostaron fuerte: descubrieron que Dios era lo máximo y dieron firme testimonio de El.
La Eucaristía es nuestra vida
La Eucaristía es nuestra vida
Cuántas veces, acontecimientos familiares o personales, queremos que sean iluminados por la Palabra de Dios y, sobre todo, con la Acción de Gracias que es la Eucaristía.
En estos domingos, la Iglesia, nos hace reflexionar sobre el tema eucarístico. Entre otras cosas, porque la Iglesia, sabe que bebe y se alimenta de este sacramento que, por lo que sea, algunos de nuestros hermanos o conocidos dejaron de frecuentar.
La Eucaristía, además de ser testamento del mismo Cristo, es alimento para todo creyente. Es un punto en el que convergen Dios y el hombre. Un lugar en el que, la debilidad, se transforma en fuerza invencible. Un momento, que cuando se vive apasionadamente, se entra en comunión perfecta con Dios y se cae en la cuenta de que estamos llamados a ser instrumentos de su amor en medio del mundo.
Si con la Eucaristía, ya nos resulta a algunos mantener encendida la llama de la fe… ¡Cuánto más difícil sería sin ella ser fieles a la verdad o en el seguimiento a Jesús!
Las Gafas de Dios
LAS GAFAS DE DIOS..
Iba un difunto camino del cielo, donde esperaba encontrarse con Dios para su juicio. Se acercó a la entrada: las puertas estaban abiertas de par en par y nadie vigilaba. Se animó y cruzó la puerta. ¡Estaba dentro del cielo! De sala en sala se fue internando en el cielo, hasta que llegó a lo que tendría que ser la oficina de Dios; en su centro vio, sobre un escritorio, las gafas de Dios. No pudo resistir la tentación de echar una mirada a la Tierra con esas gafas. Con ellas se veía la realidad profunda de todo y de todos: lo profundo de las intenciones de los políticos, las auténticas razones de los economistas, las tentaciones de los hombres de Iglesia, los sufrimientos de las dos terceras partes de la humanidad. . .
Entonces se le ocurrió localizar a su socio de la financiera donde trabajaba; lo logró; en ese instante su colega estafaba a una pobre mujer viuda con un crédito bochornoso que terminaría de hundirla en la miseria para siempre. Al ver la injusticia que su socio iba a realizar, tuvo un profundo deseo de justicia. Buscó bajo la mesa el banquito de Dios y lo lanzó a la Tierra. El banquito le pegó un gran golpe a su socio, tumbándolo allí mismo.
Que no decaiga la esperanza!
QUE NO DECAIGA LA ESPERANZA!
Por Javier Leoz
1.- SANTIDAD Y FELICIDAD
Por José María Martín OSA
1.- La felicidad de las bienaventuranzas. En el evangelio de hoy Jesús dirige el discurso que llamamos “bienaventuranzas” sólo a sus discípulos, pues son ellos los que suben a la montaña y se acercan a El. Quiso estar a solas con ellos después de haber estado rodeado de la multitud. Quiso transmitir la “carta magna de su mensaje” en primer lugar a sus más íntimos, quizá porque sólo ellos estaban dispuestos a aceptar este anuncio revolucionario, aunque no lo entendieran muy bien. Bienaventurado es lo mismo que decir feliz, dichoso o bendito (del griego “makários”). A mí me gusta más la palabra “feliz” porque se entiende mejor en el mundo de hoy, donde todo el mundo persigue la felicidad. Lo que hoy leemos es la página clave de toda la enseñanza de Jesús. Jesús escoge una montaña encantadora, bella, verdeante, que domina todo el lago de Genesaret. Jesús habla de la auténtica felicidad. ¡Felices, felices, felices!... Felices, ¿quiénes? ¿Los ricos? No... ¿Los que ríen? No... ¿Los violentos y poderosos? No... ¿Los que están hartos de bienes? No... ¿Los que buscan sólo el placer? No... Todo lo contrario…
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