miércoles, 12 de junio de 2019

Santo Evangelio del Día 12 de junio

MIÉRCOLES DE LAS TÉMPORAS DE PENTECOSTÉS

Estación litúrgica en Roma: Santa María la Mayor

Semidoble
(ornamento encarnados)

Ayuno y Abstinencia

Conmemoración: Santos Juan y San Facundo Confesores

"Por la palabra del Señor se consolidaron 
los cielos y por Soplo de su boca les vino todo su poder."
(Salmos XXXII, 6)



Epístola
En aquellos días: Hacíanse por manos de los apóstoles muchos milagros y prodigios en el pueblo; y todos se reunían de común acuerdo en el pórtico de Salomón. De los demás nadie se atrevía a juntarse con ellos, pero el pueblo los tenía en gran estima. Agregáronse todavía más creyentes al Señor, muchedumbre de hombres y mujeres, de tal manera que sacaban a los enfermos a las calles, poniéndolos en camillas y lechos, para que al pasar Pedro, siquiera su sombra cayese sobre uno de ellos. Concurría también mucha gente de las ciudades vecinas de Jerusalén, trayendo enfermos y atormentados por espíritus inmundos, los cuales eran sanados todos.
Hechos V, 12-16



Evangelio
En aquel tiempo: Dijo Jesús a las turbas de los Judíos: Ninguno puede venir a Mí, si el Padre que me envió, no lo atrae; y Yo lo resucitaré en el último día. Está escrito en los profetas: «Serán todos enseñados por Dios». Todo el que escuchó al Padre y ha aprendido, viene a Mí. No es que alguien haya visto al Padre, sino Aquel que viene de Dios, Ése ha visto al Padre. En verdad, en verdad, os digo, el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Los padres vuestros comieron en el desierto el maná y murieron. He aquí el pan, el que baja del cielo para que uno coma de él y no muera. Yo soy el pan, el vivo, el que bajó del cielo. Si uno come de este pan vivirá para siempre, y por lo tanto el pan que Yo daré es la carne mía para la vida del mundo”. Empezaron entonces los judíos a discutir entre ellos y a decir: “¿Cómo puede éste darnos la carne a comer?”
Juan VI, 44-52

Catena Aurea


San Agustín In Ioannem tract., 26.
He aquí cómo el Padre atrae enseñando la verdad y no imponiendo la necesidad, porque el atraer es propio de Dios: "Todo el que oyó la voz del Padre y aprendió, viene a mí". ¿Cómo así? ¿Jesucristo nada enseñó? ¿Cómo, si los hombres no vieron a su maestro el Padre, vieron al Hijo? El Hijo, pues, hablaba, pero el Padre enseñaba. Y si yo, siendo hombre, enseño a aquél que ha oído mi palabra, el Padre también enseña a aquél que oye a su Verbo. El mismo da a conocer esto y nos enseña lo que dijo, expresándose a continuación en estos términos: "No porque alguno ha visto al Padre, sino aquél que oyó la voz del Padre". Como diciendo: no sea que acaso, cuando esto os digo, que todo el que ha oído y aprendido del Padre, digáis entre vosotros: nunca hemos visto al Padre; ¿cómo podemos aprender de El? Oídlo de mí mismo. Yo he conocido al Padre, vengo de El, del mismo modo que la palabra es de aquél de quien la concibe, no porque suena y pasa, sino porque se queda con el que habla y atrae al que oye.


Crisóstomo, ut supra
Y en verdad que todos somos hijos de Dios y lo que es muy esencial y propio del Hijo, de esto no habló por la debilidad de los que le oyesen.


Crisóstomo, ut supra
Después manifiesta (lo que podía convencerles más) que ellos eran de mejor condición que sus padres, porque éstos, habiendo comido el maná, murieron, y por esto añade: "Para que el que comiere de él no muera". Por el fin da a conocer la diferencia de uno y otro pan. En este lugar llama pan a los misterios salvíficos y a la fe, que es su objeto propio, o bien se refiere a su cuerpo, pues todas estas cosas sostienen el alma.


San Agustín, ut supra
¿Pero nosotros, no comeremos del pan que baja del cielo? Aquellos murieron, como nosotros también hemos de morir en cuanto a la muerte de este cuerpo, visible y material. Pero en cuanto a la muerte del espíritu, de la que murieron los padres de éstos, Moisés comió el maná y muchos otros que agradaron a Dios y no murieron porque aquella comida visible fue entendida por ellos en sentido espiritual. Tuvieron de ella hambre espiritual, la gustaron en espíritu y espiritualmente quedaron saciados. Y nosotros hoy también recibimos un alimento visible, pero una cosa es el sacramento y otra la virtud del sacramento. ¿Cuántos hay que reciben este pan del altar, y mueren a pesar de ello? Por esto dice el Apóstol ( 1Cor 11,29): "Que come y bebe su propia condenación". Por tanto, comed el pan del cielo en espíritu y llevad vuestra inocencia ante el altar. Los pecados, ya que son diarios, que no sean mortales. Antes que os aproximéis al altar, ved lo que hacéis, ved lo que decís: perdónanos nuestras deudas, como nosotros perdonamos a nuestros deudores ( Mt 6,12). Si perdonas, te serán perdonadas. Aproxímate tranquilo, es pan, no veneno. Y si alguno comiese de este pan, no morirá, pero respecto de la virtud del sacramento y no en cuanto se refiere al sacramento visible; esto es, el que lo come interiormente y no exteriormente.


Alcuino
Y por eso no muere el que come este pan, porque "Yo soy el pan vivo que bajé del cielo".


Teofilacto
Con este fin se encarnó; y no fue primero sólo hombre y después tomó la divinidad, como dice Nestorio, mintiendo.


Beda
El Señor concedió este pan cuando instituyó el sacramento de su cuerpo y su sangre y lo dio a sus discípulos y cuando se ofreció a Dios Padre en el ara de la cruz. Cuando dice: "Por la vida del mundo", no debemos entender que por los elementos, sino por todos aquéllos que se designan en el nombre del mundo.


Teofilacto
Cuando dice: "Que yo daré" da a conocer su poder, porque no fue crucificado como siervo del Padre y menor que El, sino voluntariamente. Pues aunque se dice que fue entregado por el Padre, se entregó El a sí mismo. Y véase cómo el pan que nosotros recibimos en el sacramento no es la figura del cuerpo de Jesucristo, sino el mismo verdadero cuerpo de Jesucristo. Porque no dijo: el pan que yo daré lleva la imagen de mi cuerpo, sino: es mi propia carne. Se transforma este pan por las palabras inefables, por la bendición y habitación mística del Espíritu Santo en el cuerpo de Jesucristo. ¿Y por qué no vemos su cuerpo? Porque si lo viésemos, nos horrorizaríamos de comerlo. Por cuya razón, condescendiendo con nuestra fragilidad, vemos esta comida espiritual en la manera que convenía a nuestro modo de conocer. Entregó su carne por la vida del mundo, porque muriendo destruyó la muerte. Yo también entiendo la resurrección en aquellas palabras "por la vida del mundo". Porque la muerte del Señor concedió la resurrección general a todo el género humano. Y acaso a la vida, que consiste en la santificación y en la perfección según el espíritu, la llamó vida del mundo. Aunque no todos hayan recibido la vida que se encuentra en la santificación y en el espíritu, sin embargo, el Señor se entregó por el mundo y cuanto hay en él, por lo que todo el mundo se santifica.




Sea todo a la mayor gloria de Dios.

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