jueves, 30 de noviembre de 2017

¿Podemos ser amados tal y como somos? Un cortometraje que profundiza sobre la teología del cuerpo




Hoy les queremos presentar el nuevo cortometraje de Christopher West: «The Cry of the Heart» que nos explica qué es la teología del cuerpo. Ésta se basa en algunas audiencias realizadas por san Juan Pablo II durante su pontificado, donde explica el significado de nuestra corporeidad, por qué somos creados hombre y mujer y cómo, a través de nuestra dimensión corporal, logramos alcanzar un significado ante la verdad revelada por Cristo. También nos explica que somos amenazados por nuestros deseos y pasiones, que muchas veces, vestidos de falsa libertad, nos hacen esclavos.

San Juan Pablo II, a través de su enseñanza, nos recordó que el sentido trascendente del hombre se traduce en la experiencia de poder amar y ser amado. En Él (que es amor proveniente del Padre) y mediante un proceso de purificación, vamos permitiendo que ese amor tome todo nuestro corazón y, uniéndolo con los anhelos de nuestro amor, lo vuelva más puro y nos permita elegir lo que nos conviene y edifica (Cor 10, 23).

Te dejamos un video con la presentación de este nuevo cortometraje y  5 enseñanzas de la teología del cuerpo que podemos tener en cuenta para nuestra vida personal y de pareja, llámese noviazgo o matrimonio:


1. La vocación al amor y la unidad original entre el hombre y la mujer


Jesús, de manera contundente le dice a los fariseos: «¿No han leído que el Creador, desde el principio, los hizo hombre y mujer, y que dijo: “los dos se harán una sola carne”? Pues bien, lo que Dios unió no lo separará el hombre» (Mt 19, 4-6). Para comprender esto necesitamos seguir el eco de nuestro hombre histórico manchado por el pecado y llegar hasta el mundo (quizá difícil de imaginar) donde el hombre existía sin culpa. Ahí descubrimos el sentido de la soledad original, la unidad original y la desnudez original, conceptos propuestos por san Juan Pablo II.

En el principio Dios inscribió en nuestra humanidad la vocación al amor y a la comunión. El amor es por tanto nuestra vocación fundamental e innata. Por tal motivo, la salvación de nuestra sociedad está estrechamente ligada a la prosperidad de la comunidad que exista en fidelidad entre el hombre y la mujer.

«El hombre no puede vivir sin amor. Él permanece para sí mismo un ser incomprensible, su vida está privada de sentido si no se le revela el amor, si no se encuentra con el amor, si no lo experimenta y lo hace propio, si no participa en él vivamente» (Redenmtor Hominis nº 10).

2. La purificación del corazón

Lo que experimentamos ahora (después del pecado) es de alguna manera, lo opuesto a esa imagen y semejanza de Dios. El hombre y la mujer, en unión al amor de Dios, recrearían el misterio de la creación (procreación). Antes del pecado, este era el verdadero sentido del deseo sexual: amar como ama Dios, la entrega total al otro; una entrega que da fruto. Al estar manchados por el pecado, es necesario volver a comenzar a vivir de acuerdo a la verdad de nuestro cuerpo a través de un camino concreto: la Cruz. Esto significa purificarse. Cristo, el nuevo Adán, nos enseña a vivir esta experiencia. Es con su luz que podemos aprender a amar siguiendo el modelo de aquella mujer cuyo fiat encontró la plenitud en su sufrimiento a los pies de la cruz.

3. La resurrección de la carne

«”Cristo nos dijo que el hombre y la mujer no resucitarán en matrimonio” (Mt 22, 30). ¿Contradice esto al significado nupcial del cuerpo? Por supuesto que no, ya que las palabras de Cristo apuntan a comprender que precisamente en la resurrección descubriremos el objetivo de nuestra creación: encontrarnos cara a cara con el misterio del amor, Dios mismo» (San Juan Pablo II. Audiencia General 9/12/1981).

4. El celibato cristiano

«Hay hombres que a sí mismos se han hecho tales por amor al Reino de los Cielos. El que pueda entender, que entienda» (Mt. 19, 11-12). La continencia de nuestros deseos y pasiones debe estar animada por la voz que viene desde lo alto. Por tal motivo, los que están llamados a hacer una opción por el Reino a través del celibato, comprenden que éste es el vehículo que les permite llegar a conformar un vínculo con Cristo y el Padre hasta encontrar su realización en la vocación al amor. Si elegimos conscientemente esta manera de vivir nuestra realidad corpórea, estaríamos eligiendo, en cierto modo, nuestra participación especial en el misterio de la redención, encontrando también semejanza en la forma de vivir Cristo.

5. El sacramento del matrimonio

San Juan Pablo II nos recordó que el matrimonio es el sacramento primordial, ya que precisamente su condición sacramental lo hace signo visible de una realidad invisible que se verá consumada: «Por eso el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos se harán una sola carne» (Ef 3, 31-32).

Un sacramento es un misterio, un signo visible y eficaz de la gracia. En el matrimonio este sentido sacramental se encuentra en dos puntos importantes: el primero es el de los votos matrimoniales y el segundo es el de la relación sexual conyugal, porque solo de este modo es posible evidenciar el verdadero significado de las palabras: “te tomo como mi esposa (o mi esposo)”. Así pues, la sexualidad es la manera en la que el hombre y la mujer encuentran lo divino en el mundo natural.

«El compromiso que hacen los esposos en el altar, de amarse totalmente, fielmente y abiertos a la vida (indisolubilidad, fidelidad y apertura a los hijos) se expresan cuando se hacen una sola carne. Si los esposos son fieles a estas promesas en sus expresiones sexuales, podrán comunicarse verdaderamente el lenguaje de sus cuerpos» (San Juan Pablo II. Audiencia general 12/01/1983).

Acá te dejamos el trailer en Inglés. 

¿Te gustó está explicación? ¿Te parece un tema relevante para la catequesis de los jóvenes?

Artículo escrito por Irwing Contreras.

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