sábado, 24 de agosto de 2019

La puerta estrecha es para los que se hacen pequeños



¡Buenos días, gente buena!
Fr. Arturo Ríos Lara, ofm.
XXI Domingo Ordinario C
Evangelio:
Lucas 13, 22-30. 
Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén.
Una persona le preguntó: «Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?». El respondió: «Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: "Señor, ábrenos". Y él les responderá: "No sé de dónde son ustedes". Entonces comenzarán a decir: "Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas". Pero él les dirá: "No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!".
Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera.
Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios.
Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos».
Palabra del Señor.


La puerta estrecha es para los que se hacen pequeños
Nos encontramos con dos imágenes fuertes: una puerta estrecha ante la cual se amotina una muchedumbre y presiona para entrar. Luego, un repentino cambio de prospectiva, la segunda imagen nos lleva más allá de esa entrada estrecha, inmersos en una atmósfera de fiesta, en una muestra multicolor y multiétnica: vendrán de oriente y occidente, del norte y del sur y se sentarán a la mesa…

La puerta es angosta, pero se abre en una fiesta. Eso nos inquieta, pues pensamos pronto que “estrecha” signifique sacrificios y fatigas. Pero el Evangelio no dice eso. La puerta es estrecha, quiere decir a la medida de niño y de pobre: si no son como niños, no entrarán… La puerta es pequeña, como los pequeños que están en casa de Dios: todo lo que hyan hecho con uno de estos pequeños, conmigo lo hicieron… Y aunque fuera minúscula como el ojo de una aguja (cómo es difícil para quienes poseen riquezas entrar en el Reino de Dios, es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja) y fuéramos todos como camellos que intentan pasar inútilmente, por el ojo de la aguja, aquí está la solución, encerrada en una de las más hermosas palabras de Jesús, verdadera buena nueva: todo es posible para Dios (Mc 10, 27). El es capaz de hacer pasar un camello por el ojo de una aguja, Dios se apasiona por lo imposible, diez camellos pasarían por ese minúsculo agujero. Porque nadie se salva por si mismo, pero todos podemos ser salvados por Dios. No por nuestros méritos, sino por tu bondad,  por la puerta santa que es su misericordia.

Cuando la puerta abierta se cierra, comienza la crisis de los “buenos”. “Hemos comido contigo” (alusión a la Eucaristía), “has enseñado en nuestras plazas (conocemos el Evangelio y el Catecismo), ¿por qué no nos abres? No sé de dónde vienen, ustedes vienen de un mundo que no es el mío.

No basta con comer a Jesús, que es pan, se necesita hacerse pan para los demás. No basta con ser creyentes, debemos ser creíbles. Y la medida está en la vida. A fe verdadera se muestra no en como uno habla de Dios, sino en como uno habla y actúa en la vida, desde ahí se comprende si uno ha habitado con Dios.

La conclusión de la pequeña parábola está llena de sorpresas: se supera la idea de la puerta estrecha como puerta para pocos, para los mejores. Todos pueden pasar por la puerta santa de Dios. El sueño de Dios es hacer brotar hijos de todas partes, para una o propuesta de felicidad, para una vida de plenitud. Es posible para todos vivir mejor, y Jesús tiene la llave, El los reúne de todos los rincones del mundo, como habitantes clandestinos del reino, llegados al último, pero considerados por él como los primeros.
¡Feliz Domingo!
¡Paz y Bien!

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