lunes, 1 de mayo de 2017

San José obrero, 1º de mayo

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Glorioso San José,
que has tenido la gracia de consagrar el trabajo
de tus manos al servicio personal de Jesús,
vuelve tu mirada hacia los campos del Señor.
La mies es mucha; pero los obreros son pocos.
Ayúdanos con tus ruegos,
para que muchos descubran la alegría
de vivir el evangelio de Jesús.
Que en nuestras comunidades no falten
ministros que partan el pan de la Eucaristía,
ni misioneros que lleven la buena noticia,
ni laicos que sean luz y sal,
ni religiosos que vivan
con la mano en el pulso del tiempo y
el oído en el corazón de Dios.
Enséñanos a callar cuando nuestras palabras
no sean mejores que el silencio,
muéstranos que lo importante no es tener, sino ser;
edúcanos en la prudencia y en la austeridad,
acompáñanos en nuestro andar,
para que aprendamos a abandonarnos en manos
del Dios que quiere que todos los hombres se salven
y lleguen al conocimiento de la verdad.
Ilumínanos para que lleguemos a amar sin medida,
a ser generosos para que no nos duela compartir,
a vivir con la mirada en Dios,
para disfrutar así de la tierra mientras vivimos y
gozar luego de la gloria eterna. Amén.

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