lunes, 29 de mayo de 2017

La Ascensión del Señor //Proselitismo



Brisa Andina
Caricias para el Alma
PUBLICADO EN AMOR, CONFIANZA, ESPERANZA, EVANGELIO, PASCUA, TERNURA, VIDA, VOCACION
La Ascensión del Señor //Proselitismo
Publicado el 28 mayo, 2017
      

“Jesús les dijo: Se me ha dado pleno poder en el cielo y en la tierra. Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado” (Mt 28, 18-20)



Hay dos modos de ser enviados: yéndose a otro lugar o permaneciendo en el mismo sitio, pero de otra manera. A todos nos dice el Señor: Id y predicad para hacer cristianos. En la encíclica Redemptoris missio, Juan Pablo II insistía en que no basta con el buen ejemplo o en dar criterios cristianos, es necesario convertir a las personas, hacer cristianos.

El proselitismo no es una posibilidad conveniente, sino un mandato de Cristo a cada cristiano. Porque es necesario que las personas crean y se bauticen, es decir, conozcan bien la doctrina cristiana y vivan la radicalidad del evangelio. El proselitismo es también necesario para que el Reino de Cristo crezca y todos los hombres de Toda raza, pueblo y barrio alaben a Dios con sus vidas como se debe alabar a Dios.


Pero es también una exigencia de la vida cristiana: si no se llega ahí, al corazón de las personas y se les plantea el sentido profundo de sus vidas, el apostolado será algo superficial, que no compromete del todo a quien lo hace.

El gran obstáculo del proselitismo no son las dificultades exteriores: los doce apóstoles al evangelizar no hicieron encuestas, ni un estudio sociológico del ambiente, sino que hablaron de Cristo sin ambages, sin detenerse ante lo que pudieran decir.

El gran obstáculo del proselitismo está en uno mismo, y es el miedo a tocar temas comprometidos porque se teme que los demás sabrán que uno practica su religión y cómo piensa sobre los grandes temas.

Ese miedo a quedar mal es cobardía y pereza. Triste espectáculo, porque una de las cosas más grandes que podemos hacer en esta vida es acercar a los demás a Cristo para que, conociéndole, le sigan.

Señor, perdona mis cobardías y mis perezas. Desde ahora quiero obedecerte y hablar de Ti a las personas que Tú esperas que hable.

Jesús Martínez García