sábado, 13 de mayo de 2017

Rendir cuentas sinceras a Dios

orar con el corazon abierto
ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

Al final de la jornada, cuando cae la noche, Dios desea escuchar de tus propios labios cómo te ha ido el día y como te has desempeñado en el trabajo apostólico. Cuando rindes sinceras cuentas y con el corazón abierto de lo que has hecho te das cuenta que es mejor hablar poco y obrar mucho. Que lo que Dios espera de ti es un compromiso firme, mucha humildad y sencillez, mucha oración, mucha generosidad y, también, mucho silencio interior.
Comprendes que estás marcado por la cruz de Cristo, con el sello del bautismo, con la luz de Espíritu y que estás creado para alcanzar el cielo prometido. Que no es suficiente con adorar la cruz de Cristo: hay que aprender a cargar con ella en tu fragilidad y tu entereza cristiana.
La cruz no está lejos de uno, te acompaña siempre. Y no merece lamentarse porque sea demasiado pesada. El Señor no te la coloca en la espalda si no la puedes llevar y no permite cargarla por encima de tus propias fuerzas.

Sabiendo esto hay que poner todo el empeño para mejorar al día siguiente cuidando el corazón para que en él habite el Espíritu Santo, custodiándolo como un tesoro para que no entren los malos pensamientos, los sentimientos negativos, las malas intenciones, la soberbia, el orgullo, las malas acciones, los celos, la tibieza, las envidias…
Ese tiempo de reflexión nocturno es un camino hacia Dios. Convertirse implica ser cada vez más como Jesús: pensar como Él, sentir como Él, actuar como Él, amar como Él. Exige un esfuerzo progresivo y continuo. Y el conocerte a ti mismo te ayuda a progresar y ser testimonio del Evangelio de Cristo. Y caminar en pos del cielo prometido.

orar con el corazon abierto

En este día la oración no es mía. Pero es una plegaria muy hermosa para rezar por la noche, que a mí me gusta realizar en ocasiones porque me ayuda acostarme en paz:
Padre mío, ahora que las voces se silenciaron y los clamores se apagaron, aquí al pie de la cama mi alma se eleva hasta Ti para decirte:Creo en Ti, espero en Ti, te amo con todas mis fuerzas.Gloria a ti, Señor.
Deposito en tus manos la fatiga y la lucha, las alegrías y desencantos de este día que quedó atrás.
Si los nervios me traicionaron, si los impulsos egoístas me dominaron, si di entrada al rencor o a la tristeza,¡Perdón Señor! Ten piedad de mí.
Si he sido infiel, si pronuncié palabras vanas, si me dejé llevar por la impaciencia, si fui espina para alguien, ¡Perdón Señor!
No quiero esta noche entregarme al sueño sin sentir sobre mi alma la seguridad de tu misericordia, tu dulce misericordia enteramente gratuita, Señor. Te doy gracias Padre mío, por que has sido la sombra fresca que me ha cobijado durante todo este día. Te doy gracias porque invisible, cariñoso, envolvente me has cuidado como una madre, a los largo de estas horas.
Señor, a mi derredor ya todo es silencio y calma. Envía el ángel de la paz a esta casa. Relaja mis nervios, sosiega mi espíritu, suelta mis tensiones, inunda mi ser de silencio y serenidad. Vela sobre mí, Padre querido, mientras me entrego confiado al sueño, como un niño que duerme feliz en tus brazos. En tu nombre, Señor. Descansaré tranquilo.

Jaculatoria a María en el mes de mayo: Por tu limpia concepción, ¡oh Soberana Princesa! una muy grande pureza te pedimos de corazón.