viernes, 12 de mayo de 2017

‘Mi prioridad es decir que sólo Dios puede colmar el corazón del hombre’


El Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Robert Sarah, invita a “poner a Dios en el centro de nuestras preocupaciones, en el centro de nuestros pensamientos, en el centro de nuestro actuar y de nuestra vida, en el lugar que solo Él debe ocupar”.


El Cardenal Robert Sarah, Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, estuvo presente en la celebración de la festividad de san Juan de Ávila en el municipio cordobés de Montilla.

El Cardenal Sarah ofreció en el teatro Garnelo la ponencia “La fuerza del silencio en la liturgia”, recogida en la web de la diócesis de Córdoba. Durante la ponencia, habló de un joven monje de la Abadía de santa María de Lagrasse que murió a causa de una esclerosis múltiple y cuya dimensión humana y mística del silencio le marcó profundamente. “Los ojos cansados del hermano Vicente María de la Resurrección irradiaban santidad, alegría, fe, caridad y paz en medio de un admirable silencio”, relata.


El cardenal Sarah centró su intervención en la importancia del silencio durante la liturgia: “El primer lenguaje de Dios es el silencio; para entrar en ese lenguaje debemos aprender a ser silenciosos y a descansar en Dios.”

“Es tiempo de poner a Dios en el centro de nuestras preocupaciones, en el centro de nuestros pensamientos, en el centro de nuestro actuar y de nuestra vida, en el lugar que solo Él debe ocupar”, subrayó.

Dirigiéndose a los sacerdotes, recordó que la verdadera urgencia es encontrar el sentido de Dios. “Y Dios Nuestro Padre no se deja abordar más que en el silencio”, recalcó.

El prefecto de la Congregación para el Culto Divino continuó explicando que “lo que más necesita la Iglesia hoy no es una reforma administrativa, ni un cambio estructural, ni una logística o estrategia de comunicación o un programa pastoral suplementario. El programa existe ya, es el de siempre, que proviene del Evangelio y la Tradición Viva. Se centra en Cristo, que tenemos que conocer, amar, imitar.”

“Como sacerdote, como pastor, como obispo y cardenal, como prefecto de un dicasterio romano, mi prioridad es decir que solo Dios puede colmar el corazón del hombre. Creo que somos víctimas de la superficialidad, del egoísmo y del espíritu mundano que propaga la sociedad mediática”, apuntó.

El purpurado invitó a los cristianos a entrar en el silencio porque sin el silencio, permanecemos en una ilusión mortal, ya que la única realidad que merece nuestra atención es solo Dios y Él espera nuestro silencio para revelarse. “Es prioritario recuperar el sentido del silencio, el silencio es más importante que cualquier otra obra humana, porque habla de Dios”, afirmó el cardenal Sarah, añadiendo que la verdadera revolución viene del silencio.

“El silencioso es un hombre libre, ninguna dictadura podrá nada contra el hombre silencioso, ningún poder puede arrastrarlo”, defendió durante la ponencia.

El lugar del silencio en la liturgia

Sobre el lugar que debe ocupar el silencio en la liturgia, el cardenal Sarah reflexionó: “Se trata de una preocupación fundamental en nuestros días. Ante la Majestad de Dios, nuestras palabras se pierden”.

“Rechazar este silencio impregnado de temerosa confianza y de adoración significa impedir a Dios comunicarnos su amor y manifestarnos su presencia”, afirmó, al tiempo que señaló que “el silencio sagrado es el lugar donde podemos encontrar a Dios”,

El cardenal Sarah destacó la importancia de que los sacerdotes aprendan de nuevo lo que significa el temor filial de Dios y el carácter sagrado de su relación con Él: “Los sacerdotes deben aprender de nuevo a temblar de estupor ante la Santidad de Dios y ser conscientes de la gracia extraordinaria de su sacerdocio”.

En este sentido, recordó que el Concilio Vaticano II subrayó que el silencio es un medio privilegiado para favorecer la participación del pueblo de Dios en la liturgia.

‘Los cristianos corren el riesgo de hundirse en la idolatría’

Sin embargo, el purpurado llamó la atención acerca de algunos presbíteros que, bajo el pretexto de pedagogía, se permiten interminables comentarios insignificantes y puramente horizontales: “Esos pastores tienen miedo de que el silencio ante el Altísimo dañe a los fieles, creen que el Espíritu Santo es incapaz de abrir los corazones a los misterios divinos mediante la infusión de la luz y la gracia santificante.”

En su intervención, el prefecto de la Congregación para el Culto Divino exhortó a los presbíteros a fomentar el silencio, “porque en la liturgia, el silencio sagrado es un bien precioso para los fieles, y los sacerdotes no deben privarlos de este tesoro”.

“Yo afirmo que en nuestros días los cristianos corren el riesgo de hundirse en la idolatría, prisioneros de numerosos discursos humanos, ruidosos, interminables, tendemos a elaborar un culto a nuestro gusto, dirigido a un Dios hecho a nuestra imagen”, advirtió.