lunes, 5 de junio de 2017

LOS DONES Y LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO



LOS DONES Y LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

Por Gabriel González del Estal

1.- Vieron aparecer unas lenguas, como llamaradas, que se repartían, posándose encima de cada uno. Se llenaron todos del Espíritu Santo. Hoy es la fiesta del Espíritu, el día en el que unos apóstoles y discípulos de Jesús, con la recepción del Espíritu Santo sufrieron una transformación interior tal que les cambió la vida para siempre. Por eso, podemos decir que hoy es también el cumpleaños de la Iglesia. Hasta el momento de la recepción del Espíritu Santo, los apóstoles y discípulos de Jesús eran unas personas bastante desconcertadas, miedosas, sin influencia en la sociedad en la que vivían. Pero cuando recibieron el Espíritu Santo y se les incendió el alma de vida espiritual y de espíritu cristiano cambiaron totalmente. Todo esto lo hemos oído decir y predicar ya muchas veces. Yo hoy quiero añadir que los apóstoles y discípulos del Resucitado, cuando recibieron el Espíritu Santo recibieron también los dones y los frutos del Espíritu. Tanto los dones como los frutos del Espíritu Santo son innumerables, pero tradicionalmente hemos hablado de 7 dones del Espíritu Santo y, cuando hablamos de los frutos del Espíritu frente a los frutos de la carne, lo hacemos con las palabras que nos dice san Pablo en Gálatas 5. Pues bien, yo le pido hoy al Espíritu que derrame sobre cada uno de nosotros sus siete dones: sus dones de sabiduría y entendimiento, de consejo y ciencia, de piedad, fortaleza y temor de Dios. Y que en nuestra vida ordinaria manifestemos los frutos del Espíritu: amor, paz, longanimidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. Meditemos cada uno de nosotros en la importancia cristiana que tiene el vivir cada día de nuestra vida en conformidad con los dones y los frutos del Espíritu, manifestando en nuestro comportamiento interior y exterior que somos hijos del Espíritu, no hijos de la carne. Este debe ser nuestro propósito no solo en el día de esta fiesta del Espíritu Santo, sino durante toda nuestra vida. Y pidámoslo, con palabras del salmo responsorial, no sólo para cada uno de nosotros, sino para todos los hombres: ¡Envía tu espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra! ¡Qué necesidad tenemos todos nosotros, y toda la tierra, de vivir según el Espíritu de Jesús, manifestando en todos los actos de nuestra vida los dones y los frutos del Espíritu Santo!

2.- Nadie puede decir “Jesús es Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo. Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de servicios, pero un mismo Señor; y hay diversidad de funciones, pero un mismo Dios que obra todo en todos. En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común. Es la bien conocida teoría paulina de cuerpo místico de Cristo. Todos los cristianos somos miembros vivos de este cuerpo místico que es Cristo, cabeza de la Iglesia. En cada uno de nosotros, dice san Pablo, se manifiesta el Espíritu para el bien común. Todos los cristianos debemos formar una unidad, una Iglesia, que es una, aunque no uniforme, sino diversa. Todos somos distintos como individuos, pero somos uno como Iglesia, porque todos hemos sido bautizados en el mismo Espíritu. En este sentido, decimos nosotros ahora, es como debemos los cristianos caminar hacia el ecumenismo. El ecumenismo no es uniformidad, sino unidad cristiana dentro de la diversidad propia de personas y pueblos distintos. Y todos debemos buscar el bien común por encima del bien particular. Como decía san Agustín a sus monjes: en esto conoceréis que habéis adelantado en la virtud, en que amáis los bienes comunes más que los propios.

3.- En esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros. La paz es el primer mensaje que Jesús les da a sus discípulos cuando se les aparece. Paz interior y paz exterior, paz dentro de nosotros mismos y paz con los demás. La predicación del evangelio de Jesús debe hacerse siempre con valentía y con paz. Somos enviados por Jesús, el príncipe de la paz. Procuremos que nuestra predicación, de palabra y de obra, produzca siempre la paz y la alegría del espíritu. Es una paz que perdona, que quiere salvar, antes que condenar. Y no nos olvidemos de pedir, en esta fiesta del Espíritu, con las palabras de la Secuencia: Ven, Espíritu divino, manda tu luz desde el cielo… salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno.