viernes, 16 de junio de 2017

Instrumento de paz y amor



ORAR CON EL CORAZÓN ABIERTO
Meditaciones diarias para un sincero diálogo con Dios

Abro el Salmo 45: «desistid, reconocer que soy Dios, yo domino los pueblos, domino el mundo». Se hace en mi interior un silencio largo y profundo. Lo que dice el Padre es muy claro: detened cualquier tipo de lucha, que las guerras se paren, que los hombres no luchen por ideales falsos, que las armas se abandonen. Todo esto está destruyendo el amor en la tierra que Él había plantado.Atentado en Manchester, cristianos asesinados en Egipto, hombres, mujeres y niños abandonados ante las costas de Chipre… El horror en forma de muerte y desastre están al orden del día. Pero no hay que dejar de llorar. Tantos acontecimientos trágicos exigen a los que tenemos fe rezar por la paz en el mundo. La paz es un don de Dios y como tal se ha de pedir incesantemente en la oración.
Los cristianos hemos tomado partido. Es una opción radical y firme. Es la opción por la paz, por la lucha contra la injusticia, contra el odio, contra la discriminación. Pedirle a Dios en la oración es rogarle por un mundo donde impere la justicia y la fraternidad, el respeto y la dignidad. Frente a los actos de terrorismo, de violencia, de destrucción, de asesinatos, la oración del cristiano es un canto al amor, es edificar en base al corazón.

La exigencia del amor es consustancial al mensaje evangélico; es, por tanto, una exigencia vital para cualquier hombre de bien y especialmente si está bautizado.
Pero no basta simplemente con orar y ser consciente de cuál es mi obligación como cristiano: es fundamental ser capaz de lo que implica ser constructor de paz. Y eso es vivir en la cercanía de Dios. Vivir su amor, su misericordia y su perdón. Cuando uno se acerca a Dios sus horizontes se amplían y es más capaz de acoger en su corazón el sufrimiento del mundo, de la sociedad y del prójimo que sufre. Cantar como hace San Francisco para que uno pueda convertirse en instrumento de su paz y donde haya odio ponga amor y donde haya ofensa ofrezca perdón. El problema radica en que la oración suele ser frágil, débil y de poca fe, como es mi caso, y como el corazón está repleto de heridas y rencores cuando eso ocurre debilita mi amor a Dios y la eficacia de mi oración.
Pero este mal solo se supera por medio del amor y el perdón base del compromiso cristiano.



¡Vengo, Señor, en mi oración de hoy para llenarme de tu presencia y conseguir que mi vida se llene de ilusión, de fuerza, de alegría y de paz! ¡Señor, el mundo se olvida con gran frecuencia de tus enseñanzas y eso nos lleva a tener actitudes violentas y agresivas y a la pérdida de la paz! ¡Señor, el problema no radica solo en los atentados, en los asesinatos, en las guerras, en los malos tratos, en los desórdenes de ámbito social y de todos esos males que hacen que se deteriore la paz en nuestro entorno, sino en que los corazones abrigamos mucho rencor y dolor y eso nos lleva a perder la serenidad interior y la paz! ¡Señor, no permitas que mi corazón se aleje de ti para que no olvide las palabras de tu buena nueva y los mensajes de tu evangelio, para que mi corazón esté impregnado de tu amor y pueda darle a mi vida una amplitud de miras cristianas porque si no me queda el vacío y eso lleva a la soberbia, al rencor, la envidia, la autosuficiencia, el egoísmo y otros tantos males que me llevan a refugiarme en actitudes negativas alejadas de ti! ¡Señor, quiero expresarte hoy mi compromiso con la paz, con el encuentro con el hermano, con la generosidad de mi corazón! !Como rezaba San Francisco de Asís hoy quiero ser un instrumento de tu paz. Donde haya odio, que yo ponga amor. Donde haya ofensa, que yo ponga perdón. Donde haya discordia, que yo ponga unión. Donde haya error, que yo ponga verdad. Donde haya duda, que yo ponga fe. Donde haya desesperanza, que yo ponga esperanza. Donde haya tinieblas, que yo ponga luz. Donde haya tristeza, que yo ponga alegría. Haz, que no busque tanto el ser consolado como el consolar, el ser comprendido como el comprender, el ser amado como el amar. Porque dando es como se recibe. Olvidándose de sí mismo es como se encuentra. Perdonando como se encuentra el perdón. Muriendo, como se resucita a la vida eterna! ¡Gracias, Señor, porque tu cercanía es garantía de paz, de serenidad, de esperanza y de amor para mi! ¡Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío!