sábado, 1 de mayo de 2021

Liturgia de la Palabra:



Liturgia de la Palabra:

02/05/2021
Domingo de la quinta semana de Pascua.
PRIMERA LECTURA
Él les contó cómo había visto al Señor en el camino.
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 9, 26-31
En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera realmente discípulo. Entonces Bernabé se lo presentó a los apóstoles.
Saulo les contó cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había predicado públicamente el nombre de Jesús.
Saulo se quedó con ellos y se movía libremente en Jerusalén, predicando públicamente el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los judíos de lengua griega, que se propusieron suprimirlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo.
Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL 21, 26b-27. 28 y 30. 31-32
R. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R.
Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R.
Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R.

Liturgia de las horas P. Paco Rebollo SIERVOS DEL DIVINO AMOR. OFICIO DE LECTURA, LAUDES, HORAS INTERMEDIAS, VÍSPERAS Y COMPLETAS. 2 DE MAYO DOMINGO V DE PASCUA

 




Propio del Tiempo. Salterio I

 

OFICIO DE LECTURA

 

INVITATORIO

 

Si ésta es la primera oración del día:

 

V. Señor abre mis labios

R. Y mi boca proclamará tu alabanza

 

Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:

 

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

 

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

 

Venid, aclamemos al Señor,

demos vítores a la Roca que nos salva;

entremos a su presencia dándole gracias,

aclamándolo con cantos.

 

Porque el Señor es un Dios grande,

soberano de todos los dioses:

tiene en su mano las simas de la tierra,

son suyas las cumbres de los montes;

suyo es el mar, porque él lo hizo,

la tierra firme que modelaron sus manos.

 

Venid, postrémonos por tierra,

bendiciendo al Señor, creador nuestro.

Porque él es nuestro Dios,

y nosotros su pueblo,

el rebaño que él guía.

 

Ojalá escuchéis hoy su voz:

«No endurezcáis el corazón como en Meribá,

como el día de Masá en el desierto;

cuando vuestros padres me pusieron a prueba

y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

 

Durante cuarenta años

aquella generación me repugnó, y dije:

Es un pueblo de corazón extraviado,

que no reconoce mi camino;

por eso he jurado en mi cólera

que no entrarán en mi descanso»

 

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

 

Ant. Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

 

Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:

 

V. Dios mío, ven en mi auxilio

R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

 

 

Himno: OH PERPETUO PASTOR QUE PURIFICAS

 

Oh perpetuo Pastor que purificas

a tu grey con las aguas bautismales,

en las que hallan limpieza nuestras mentes

y sepulcro final nuestras maldades.

 

Oh tú que, al ver manchada nuestra especie

por obra del demonio y de sus fraudes,

asumiste la carne de los hombres

y su forma perdida reformaste.

 

Oh tú que, en una cruz clavado un día,

llegaste por amor a extremos tales,

que pagaste la deuda de los hombres

con el precio divino de tu sangre.

 

Oh Jesucristo, libra de la muerte

a cuantos hoy reviven y renacen,

para que seas el perenne gozo

pascual de nuestras mentes inmortales.

 

Gloria al Padre celeste y gloria al Hijo,

que de la muerte resurgió triunfante,

y gloria con entrambos al divino Paracleto,

por siglos incesantes. Amén.

 

SALMODIA

Palabra de Dios diaria. P. Francisco J. Rebollo Leòn LECTURAS DEL DOMINGO V DE PASCUA 2 DE MAYO (BLANCO) Yo soy la vid, ustedes los sarmientos.






ANTÍFONA DE ENTRADA Cfr. Sal 97, 1-2

Canten al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas y todos los pueblos han presenciado su victoria. Aleluya.

Se dice Gloria.

ORACIÓN COLECTA

Dios todopoderoso y eterno, lleva a su plenitud en nosotros el sacramento pascual, para que, a quienes te dignaste renovar por el santo bautismo, les hagas posible, con el auxilio de tu protección, abundar en frutos buenos, y alcanzar los gozos de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA

Les contó como había visto al Señor en el camino.

Del libro de los Hechos de los Apóstoles: 9, 26-31

Cuando Pablo regreso a Jerusalén, trato de unirse a los discípulos, pero todos le tenían miedo, por que no creían que se hubiera convertido en discípulo.


Entonces, Bernabé lo presento a los apóstoles y le refirió como Saulo había visto al Señor en el camino, como el Señor le había hablado y como el había predicado en Damasco, con valentía, en el nombre de Jesús. Desde entonces, vivió con ellos en Jerusalén, iba y venía, predicando abiertamente en el nombre del Señor, hablaba y discutía con los judíos de habla griega y éstos intentaban matarlo. Al enterarse de esto, los hermanos condujeron a Pablo a Cesarea y lo despacharon a Tarso.

Reflexión 121: El jardín interior secreto de tu corazón

 



Reflexiones diarias sobre la Divina Misericordia
365 días con santa Faustina

Reflexión 121: El jardín interior secreto de tu corazón

Imagina que tu casa tuviera un patio interior escondido en el que tuvieras un jardín. Nadie sabía de este jardín secreto. Era un lugar donde se plantaba, se labraba, se trabajaba, se desyerbaba y se cosechaba. Los productos de este huerto se distribuyeron en secreto a muchos para nutrirlos y deleitarlos. Esta es una imagen de lo más profundo de tu alma. La casa simboliza todo tu ser. El jardín interior y oculto simboliza las profundidades interiores y secretas de tu alma. El jardinero es nuestro Señor y Él es el que entra en secreto, labrando, plantando, desyerbando, cultivando y cosechando los muchos frutos buenos que brotan de tu vida. Él desea entrar en secreto, haciendo mucho trabajo en tu vida que nadie conoce. El resultado, si lo dejas entrar, será experimentado por la abundancia de virtud que se desborda y afecta la vida de muchos (Ver Diario # 581).

¿Dejas que nuestro Señor entre en el jardín interior y secreto de tu propia alma? ¿Le permite trabajar dentro de usted, produciendo una cosecha abundante? Esta obra que Él desea hacer en ti es una obra que solo tú puedes ver. Es un secreto sagrado de gracia que obra en tu vida. El Señor lo ofrece por Su perfecto amor por ti. Dígale, en este día, que lo dejará entrar y luego permítase observar cómo Él hace cosas maravillosas en este patio interior, transformándolo en un jardín lleno de abundancia.

Señor, veo este patio y soy consciente de que está cubierto de malas hierbas de todo tipo. Hay mucho trabajo que hacer. Pero, este día, te digo “Sí”. Acepto la labor de perfecto amor que me ofreces y te devuelvo mi gratitud por la obra milagrosa que deseas hacer. Ayúdame a ser paciente contigo y adorarte mientras preparas la tierra, siembras tus virtudes y das una cosecha. Te doy las gracias, mi querido Señor. Jesús, en Ti confío. 





El camino ordinario hacia lo extraordinario Sábado, 1 de mayo de 2021 Memoria Opcional de San José Obrero

 



Reflexiones diarias católicas
¡Mi vida católica!

El camino ordinario hacia lo extraordinario
Sábado, 1 de mayo de 2021

Memoria Opcional de San José Obrero

Lecturas para hoy

Jesús vino a su lugar natal y enseñó a la gente en su sinagoga. Quedaron asombrados y dijeron: "¿De dónde sacó este hombre tanta sabiduría y maravillas? ¿No es él el hijo del carpintero?" Mateo 13: 54–55

El 8 de diciembre de 2020, el Papa Francisco anunció el inicio de la celebración universal del "Año de San José", que concluirá el 8 de diciembre de 2021. Presentó este año con una Carta Apostólica titulada "Con corazón de padre". En la introducción a esa carta, el Santo Padre dijo: “Cada uno de nosotros puede descubrir en José, el hombre que pasa desapercibido, una presencia diaria, discreta y oculta, un intercesor, un apoyo y un guía en tiempos de angustia”.

El Evangelio anterior, tomado de las lecturas de este memorial, señala el hecho de que Jesús era "el hijo del carpintero". José era un trabajador. Trabajó con sus manos como carpintero para suplir las necesidades diarias de la Santísima Virgen María y del Hijo de Dios. Les proporcionó un hogar, comida y las demás necesidades diarias de la vida. José también los protegió a ambos siguiendo los diversos mensajes del ángel de Dios que le habló en sus sueños. José cumplió con sus deberes en la vida de manera silenciosa y oculta, sirviendo en su rol de padre, esposo y trabajador.

Aunque José es reconocido y honrado universalmente hoy en día dentro de nuestra Iglesia e incluso como una figura histórica mundial prominente, durante su vida habría sido un hombre que pasó desapercibido en gran medida. Habría sido visto como un hombre corriente cumpliendo con su deber ordinario. Pero, en muchos sentidos, eso es lo que hace de San José un hombre ideal a imitar y una fuente de inspiración. Muy pocas personas están llamadas a servir a otros en el centro de atención. Muy pocas personas son elogiadas públicamente por sus deberes cotidianos. Los padres, especialmente, a menudo son poco apreciados. Por eso, la vida de San José, esta vida humilde y oculta vivida en Nazaret, proporciona a la mayoría de las personas inspiración para su propia vida diaria.

Si su vida es algo monótona, oculta, despreciada por las masas, tediosa e incluso aburrida a veces, busque inspiración en San José. El memorial de hoy honra especialmente a José como un hombre que trabajó. Y su trabajo fue bastante normal. Pero la santidad se encuentra especialmente en las partes ordinarias de nuestra vida diaria. Elegir servir, día tras día, con pocos o ningún elogio terrenal, es un servicio de amor, una imitación de la vida de San José y una fuente de tu propia santidad en la vida. No subestime la importancia de servir de estas y otras formas ordinarias y ocultas.

Reflexione, hoy, sobre la vida cotidiana ordinaria y “corriente” de San José. Si descubre que su vida es similar a la que él habría experimentado como trabajador, cónyuge y padre, regocíjese por ese hecho. Regocíjese por el hecho de que también está llamado a una vida de extraordinaria santidad a través de los deberes ordinarios de la vida diaria. Hazlos bien. Hazlos con amor. Y hazlos en la inspiración de San José y su esposa, la Santísima Virgen María, que habría participado en esta vida cotidiana. Sepa que lo que hace todos los días, cuando lo hace por amor y servicio a los demás, es el camino más seguro hacia la santidad de vida para usted.

Jesús mío, Hijo del carpintero, te agradezco el don y la inspiración de Tu padre terrenal, San José. Te agradezco por su vida ordinaria vivida con gran amor y responsabilidad. Ayúdame a imitar su vida cumpliendo bien mis deberes diarios de trabajo y servicio. Que pueda reconocer en la vida de San José, un modelo ideal para mi propia santidad de vida. San José Obrero, ruega por nosotros. Jesús, en Ti confío.



Transmisión Eucaristía Sabado 01 de Mayol 2021-6:00 AM-Basílica del Seño...

Misa de hoy ⛪ Sábado 1 de Mayo de 2021, Padre Luis Eduardo Gómez - Tele VID

Adoración al Santísimo 🙏 Sábado 1 Mayo de 2021, Padre Luis Eduardo Gómez...

San José Obrero 1 de Mayo

 


San José Obrero 1 de Mayo


"El 1 de mayo de 1955—escribe un testigo presencial— Roma era un hervidero de gente sencilla y morena, con mirada abierta y espontánea. Aquí y allá, en los bares y vías que acercan al Vaticano, grupos de hombres, mujeres y niños, mezclados en alegre algarabía, despachaban el leve bagaje de sus mochilas y apuraban unas tazas de rico café. En su derredor parecía soplar un aire nuevo, sin estrenar. Hasta tal punto que el semblante de la Ciudad Eterna, acostumbrado a todos los acontecimientos y a todas las extravagancias de todos los pueblos de la tierra, parecía asombrado ante aquella avalancha nueva de cuerpos duros y curtidos y de almas ingenuas, que desbordaban todo lo previsto."

 Se diría que había un presentimiento. Cuando aquellos grupos confluyeron en una de las grandes plazas romanas y a lo largo de las amplias márgenes del Tíber e iniciaron su marcha hacia el Vaticano, flotaba algo en el ambiente. La vía de la Conciliación se estremecía con un eco nuevo, el de las rotundas voces de los obreros del mundo, que, al compás de bravos himnos, y bajo sus guiones y pancartas, representando a todos sus hermanos del mundo, avanzaban al encuentro del Papa.

 Era una riada inmensa de vida, de calor, de entusiasmo. Bajo el crepitar de los camiones, cargados de trabajadores, que con sus instrumentos de trabajo avanzaban hacia la plaza de San Pedro, corría una multitud alegre y sencilla, gritando hermosas consignas: "¡Viva Cristo Trabajador! ¡Vivan todos los trabajadores! ¡Viva el Papa!". Aquellos doscientos mil hombres superaban el viejo latido de odio y de muerte, cambiándolo por otro de resurrección y de vida.

 Oigamos de nuevo al mismo cronista: "Con espíritu nuevo y conciencia clara de la nobleza trabajadora la inmensa muchedumbre fue llenando, en creciente oleaje, la monumental plaza de San Pedro. Las fontanas se transformaron en racimos humanos y sobre la enardecida concentración el obelisco neroniano parecía un dedo luminoso que apuntaba tercamente la ruta de los luceros, la única capaz de redimir al doliente mundo del trabajo. A los pies mismos de la basílica se detenía el oleaje humano y bajo el balcón central de la iglesia más monumental del cristianismo se levantaba el rojo estrado papal. Pronto apareció en él la blanca figura del Vicario de Cristo mientras la plaza entera vibraba en un ensordecedor griterío y un continuo agitar de pañuelos y pancartas. Las fontanas parecían abrir sus bocas para gritar, el obelisco se estiraba más y más hacia el cielo y la majestuosa columnata de Bernini tenía un movimiento de gozo y de gloria. Todo se movía en torno al Cristo en la tierra, y por las cornisas y capiteles —como bandada de palomas al viento— iban saltando los gritos de paz, trabajo y amor.

 "De la inmensa plaza se fueron destacando pequeños grupos de obreros, portadores de mil obsequios calientes que el mundo del trabajo ofrecía al Papa. Los vimos subir las gradas del estrado y arrodillarse, con sus manos llenas y toscas, ante el Cristo visible en la tierra. Algunos, con serenidad, decían una frase densamente aprendida. Otros, vencidos por el momento grandioso, lo olvidaban todo e improvisaban ricas espontaneidades, O no hacían más que mirar al Papa, cara a cara, y llorar. La plaza seguía gritando por su descomunal boca de doscientos cuarenta metros de anchura y volando en alas de los doscientos mil corazones de obreros. Sólo cuando el Papa se levantó quedó muda y sobrecogida, como un desierto silencioso. Sobre el silencio palpitante vibró la voz del papa Pío XII.

 “¡Cuántas veces Nos hemos afirmado y explicado el amor de la Iglesia hacia los obreros! Sin embargo, se propaga difusamente la atroz calumnia de que "la Iglesia es la aliada del capitalismo contra los trabajadores". Ella, madre y maestra de todos, ha tenido siempre particular solicitud por los hijos que se encuentran en condiciones más difíciles, y también, de hecho, ha contribuido poderosamente a la consecución de los apreciables progresos obtenidos por varias categorías de trabajadores. Nos mismo, en el radiomensaje natalicio de 1942, decíamos: "Movida siempre por motivos religiosos, la Iglesia condenó los diversos sistemas del socialismo marxista y los condena también hoy, siendo deber y derecho suyo permanente preservar a los hombres de las corrientes e influjo que ponen en peligro su salvación eterna".

 "Pero la Iglesia no puede ignorar o dejar de ver que el obrero, al esforzarse por mejorar su propia condición, se encuentra frente a una organización que, lejos de ser conforme a la naturaleza, contrasta con el orden de Dios y con el fin que ÉI ha señalado a los fieles terrenales. Por falsos, condenables y peligrosos que hayan sido y sean los caminos que se han seguido, ¿quién y, sobre todo, qué sacerdote o cristiano podrá hacerse el sordo al grito que se levanta del profundo y que en el mundo de Dios justo pide justicia y espíritu de hermandad?"

 Sin embargo, la fiesta, con toda su hermosura, hubiera podido quedar como una más entre las muchas que se han celebrado en la magnífica plaza de San Pedro y el discurso como uno de tantos entre los pronunciados por el papa Pío XII. No fue así. Por boca del Sumo Pontífice la Iglesia se aprestó a hacer con la fiesta del 1 de mayo lo que tantas veces había hecho, en los siglos de su historia, con las fiestas paganas o sensuales: cristianizarlas.

 El 1 de mayo había nacido en el calendario, de las festividades bajo el signo del odio. Desde mediados del siglo XIX esa fecha se identificaba en la memoria y en la imaginación de muchos con los bulevares y las avenidas de las grandes ciudades llenas de multitudes con los puños crispados. Era un día de paro total en que el mundo de los proletarios recordaba a la sociedad burguesa hasta qué punto había quedado a merced del odio de los explotados. Y esa fiesta, la fiesta del odio, de la venganza social, de la lucha de clases, iba a transformarse por completo en una fiesta litúrgica, solemnísima, del máximo rango (doble de primera clase), con su hermoso oficio propio y su misa también propia.

«Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí» (Jn 14,7-14)

 



 «Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí» (Jn 14,7-14)


P. Jacques PHILIPPE

(Cordes sur Ciel, Francia)

Hoy, estamos invitados a reconocer en Jesús al Padre que se nos revela. Felipe expresa una intuición muy justa: «Muéstranos al Padre y nos basta» (Jn 14,8). Ver al Padre es descubrir a Dios como origen, como vida que brota, como generosidad, como don que constantemente renueva cada cosa. ¿Qué más necesitamos? Procedemos de Dios, y cada hombre, aunque no sea consciente, lleva el profundo deseo de volver a Dios, de reencontrar la casa paterna y permanecer allí para siempre. Allí se encuentran todos los bienes que podamos desear: la vida, la luz, el amor, la paz… San Ignacio de Antioquía, que fue mártir al principio del siglo segundo, decía: «Hay en mí un agua viva que murmura y dice dentro de mí: ‘¡Ven al Padre!’».

Jesús nos hace entrever la tan profunda intimidad recíproca que existe entre Él y el Padre. «Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí» (Jn 14,11). Lo que Jesús dice y hace encuentra su fuente en el Padre, y el Padre se expresa plenamente en Jesús. Todo lo que el Padre desea decirnos se encuentra en las palabras y los actos del Hijo. Todo lo que Él quiere cumplir a favor nuestro lo cumple por su Hijo. Creer en el Hijo nos permite tener «acceso al Padre» (Ef 2,18).

La fe humilde y fiel en Jesús, la elección de seguirle y obedecerle día tras día, nos pone en contacto misterioso pero real con el mismo misterio de Dios, y nos hace beneficiarios de todas las riquezas de su benevolencia y misericordia. Esta fe permite al Padre llevar adelante, a través de nosotros, la obra de la gracia que empezó en su Hijo: «El que crea en mí, hará él también las obras que yo hago» (Jn 14,12).

Fuera de la Iglesia no hay salvación.

 



 Fuera de la Iglesia no hay salvación.

“¿Cómo entender esta afirmación tantas veces repetida por los Padres de la Iglesia? Formulada de modo positivo significa que toda salvación viene de Cristo-Cabeza por

la Iglesia que es su Cuerpo”. (Cat 846).

”Los que sin culpa suya no conocen el Evangelio de Cristo y su Iglesia, pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida, con la ayuda de la gracia, hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna” (LG 16).

Esto quiere decir para nosotros que donde hay salvación, allí esta la Iglesia. Por tanto, de alguna manera, la Iglesia está presente en cualquier parte del mundo en que se lleve a cabo la salvación, pues todas las personas buenas del mundo, al tener los mismos sentimientos de Cristo y recibir de El la salvación, tienen el deseo implícito de ser miembros de la Iglesia, lo que realizarán en su plenitud, al menos en el más allá. Por eso, alguien ha dicho que en el cielo todos serán católicos; pues, cuando se vean las cosas desde el punto de vista de Dios con la totalidad de la verdad revelada, entenderemos que la plenitud de la verdad estaba en la Iglesia católica.

Ciertamente, Cristo es más grande que nuestros limitados pensamientos humanos.

Cristo puede salir al encuentro del hombre y salvarlo a través de todos los caminos del mundo. Por eso, donde hay salvación allí está Cristo; y donde está Cristo, está la Iglesia Católica. Por consiguiente, donde no hay salvación, allí no está la Iglesia Católica.

Luego podemos decir, que fuera de la Iglesia no hay salvación porque no esta Cristo Jesús. Y todos los que se salvan, se salvan por medio de Cristo en la Iglesia. Como diría S. Ignacio de Antioquia hace diecinueve siglos: “Allí donde esta Cristo Jesús, esta la Iglesia Católica” (Smyrn 8,2)“Donde esta Pedro allí está la Iglesia (S. Ambrosio)

La Inquisición

Hay muchos que cuando quieren desprestigiar a la Iglesia, sacan a relucir el tema de la Inquisición. Para ellos, la Inquisición fue algo poco menos que diabólico. Sobre ella, los enemigos de la Iglesia crearon una leyenda negra, que, incluso, muchísimos católicos la creen todavía. Por eso, debemos aclarar las cosas, ubicándonos en el tiempo en que actuó y no juzgar las cosas con las ideas y la mentalidad de este siglo XX, pues cometeríamos una tremenda injusticia. Como lo haría el que juzgara a Dios o a Moisés, porque en el libro de la Ley, se manda apedrear a los adúlteros, como ocurre todavía hoy en algunos países árabes.

Saludo a Jesús Sacramentado

 



Saludo a Jesús Sacramentado

Oh Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, aquí presente en el Santísimo Sacramento del altar, creo todo lo que Vos, mi Señor, me habéis revelado.

Arrepentido de todos mis pecados, esperando en Vos que nunca permite que sea confundido, agradeciendo por este don supremo, amándoos sobre todas las cosas en este Sacramento de vuestro amor, adorándoos en el misterio profundo de vuestra humildad, os manifiesto y hago patente todas las heridas y miserias de mi pobre corazón y os pido me deis todo lo que necesito y deseo.

Pero tan solo os necesito a Vos, oh Dios mío, tan solo os deseo a Vos, vuestra gracia y la gracia de usar debidamente vuestras gracias, poseeros en esta vida y poseeros en la otra.

Bendito seáis, oh poder divino de vuestro paternal Corazón, que aunque todo lo podéis, sin embargo, no podíais darnos un don más precioso que este Santísimo Sacramento.
Oh Pan celestial, gran Sacramento, os adoro y os alabo en todo momento. (repítase después de cada alabanza.)

Bendita seáis, oh Sabiduría del Verbo Divino, que todo lo sabéis y lo ordenáis, y sin embargo no sabíais prepararnos una comida más exquisita, que este Santísimo Sacramento.

Bendito seáis, oh Dios mío, que en vuestra inefable dulzura de amor os habéis transformado en este pan para dárosnos como el más dulce manjar.

Bendito seáis, oh Dios mío, que habéis encerrado todos vuestros misterios en esta humilde forma de pan terrenal. ¡Oh Trinidad Santísima!

Amén