viernes, 25 de noviembre de 2016

¿Cómo afrontar la tragedia del aborto y el profundo dolor que genera?

Por Blanca Ruiz

Foto referecial. Foto: Pixabay.
MADRID, 24 Nov. 16 / 01:05 pm (ACI).- La decisión del Papa Francisco de extender a todos los sacerdotes la posibilidad de perdonar el pecado del aborto es una noticia que han acogido con ilusión desde el Proyecto Raquel, que ayuda cada año a más de 300 mujeres y hombres en toda España a superar el síndrome postaborto, un dolor que en ocasiones acompaña a las personas toda una vida.
El síndrome postaborto son las secuelas psicológicas que mujeres y hombres sufren después de haber abortado. Entre los síntomas destacan la ansiedad, las pesadillas, el estrés post-traumático y la depresión acompañada de un sentimiento de culpa que se agudiza en la fecha en la que el bebé hubiera nacido.
La Presidenta de Spei Mater-Proyecto Raquel en España, María José Mansilla, cuenta a ACI Prensa que además de agradecer el anuncio del Santo Padre, es necesario “acompañar a estas personas, darles luz y acogida. Esto es un reto tanto para los sacerdotes como para los laicos”.
Según explica Mansilla a ACI Prensa, lo que hace su organización es “una ayuda psicológica y espiritual, porque se trata de un problema que afecta a toda la persona” y que se divide en 10 sesiones que se realizan en unos 3 meses aproximadamente, pero “todo depende de las necesidades de cada una de las personas que participan”.
En ese itinerario hay tres figuras fundamentales: el consejero, el sacerdote y el profesional de la salud mental, que en ocasiones puede obviarse.
Se sigue una metodología de acompañamiento y no de terapia para que, como dice San Juan Pablo II en la Evangelium Vitae, ‘se comprenda lo que ha sucedido y asuma la verdad de las cosas’”.
En ese sentido, Mansilla señala a ACI Prensa que, si bien es muy importante “el perdón y la reconciliación sacramental,  muchas personas no son capaces de asimilarlo y por eso necesitan un proceso para también perdonarse a sí mismas”.
De hecho, la presidenta de Spei Mater-Proyecto Raquel, asegura que es necesario “vivir el duelo por la pérdida del bebé, despedirse de él. En el proyecto se les hace un pequeño funeral en el que los padres y las madres se despiden del pequeño no físicamente sino con la oración”.
Pero no sólo acuden mujeres al Proyecto Mater, sino que “uno de cada cuatro personas afectadas por el síndrome postaborto es un hombre”, asegura Mansilla. Ellos lo sufren de manera parecida a las mujeres, pero con algunas diferencias, “en muchos casos no se sienten con derecho a estar tristes y sufrir la pérdida de ese hijo”.
“El plan en el proyecto Raquel para ellos está adaptado en algunos puntos, ya que ellos no han pasado por la experiencia física, y también depende del papel que tuvieron en ese aborto: si se negaron, si dejaron a la mujer sola o si lo supieron años después”, asegura la presidenta.
“Los casos que más me llaman la atención son las personas que abortaron hace muchos años, y que llevan como 40 años con ese dolor en su corazón y que llegan buscando acabar con un sufrimiento que les ha acompañado toda una vida”.
“A veces, después del acompañamiento dejan una medicación que tomaban desde años. Ahí se ve la mano de Dios, al igual que cuando acuden chicas muy jóvenes de apenas 15 años que tienen un dolor en el corazón que les hace pensar que nada tiene sentido”.
“Tras esta ayuda vuelven a nacer. También hay quienes cambian su vida por completo y llegan a decir, que a pesar de que parece increíble, de algo tan horrible, puede salir algo bueno, porque conoces la misericordia y eso cambia la vida”.
El Proyecto Raquel comenzó en el año 2010 y actualmente se encuentran en unas 33 diócesis españolas. Según precisa a pesar de que no llevan unas estadísticas “podemos atender a unas 300 mujeres al año entre todas las diócesis, pero sería lo mismo si atendiéramos tan solo a una”.
Este proyecto de ayuda a mujeres y hombres afectados por este síndrome nació en Estados Unidos pero se ha extendido a muchos países en el mundo.

EVANGELIO DEL VIERNES XXXIV DEL T. ORDINARIO 25 DE NOVIEMBRE

Cuando vean que sucede esto, sepan que el Reino de Dios está cerca.




Proclamación del santo Evangelio según san Lucas: 21, 29-33

En aquel tiempo, Jesús propuso a sus discípulos esta comparación: "Fíjense en la higuera y en los demás árboles. Cuando ven que empiezan a dar fruto, saben que ya está cerca el verano. Así también, cuando vean que suceden las cosas que les he dicho, sepan que el Reino de Dios está cerca. Yo les aseguro que antes de que esta generación muera, todo esto se cumplirá. Podrán dejar de existir el cielo y la tierra, pero mis palabras no dejarán de cumplirse". 

Palabra del Señor. 


Gloria a ti, Señor Jesús.



¿Desgracias incomprensibles?

Es cierto que las noticias, nos muestran cuerpos mutilados,despedazados. Pero lo más importante de cada una de esas personas, sus almas, son indestructibles.
 Por: P. Fernando Pascual LC | Fuente: Catholic.net 


El hermano Jacinto sentía una pena profunda en su alma. Otra vez las noticias hablaban de un desastre. Cientos, quizá miles de muertos. Como si fuese una extraña ley de la fatalidad que todo tipo de mal ocurriese precisamente en los países más pobres, en los lugares que ya sufrían por miles de miserias e injusticias.
Su oración era casi un grito de angustia. “¿Por qué, Señor? ¿Qué ocurre para que sean los pobres los primeros en morir? ¿No tienen ya en sus corazones tantas lágrimas? ¿No son víctimas de un mundo de injusticias y pecados? ¿No merecen, al menos ellos, un poco de Tu Bondad divina, de la atención que diste a los pobres y a los enfermos cuando caminaste por tierras de Palestina?”
El padre abad había percibido la inquietud de aquel monje lleno de juventud, impulsivo y enamorado. No era la primera vez que la noticia de una desgracia natural había alterado el corazón del hermano Jacinto. Era viva la memoria del tsunami, del huracán, del terremoto, de los atentados terroristas contra familias y contra niños...

El hermano Jacinto mantuvo la mirada triste durante todo el día. Llegada la noche, el padre abad se dejó encontrar. Preguntas, rabia, lágrimas. El desahogo fue profundo, y el padre escuchaba a su inquieto y buen discípulo.

Al final, cuando las estrellas se hacían más intensas, cuando una lechuza lanzaba su canto sugestivo en medio de la noche, el padre abad pensó que era el momento de ofrecer una pequeña y humilde semilla a un corazón atribulado. No resultaba fácil decir aquello. Pero confió en la luz del Espíritu Santo. Miró la silueta de un Cristo crucificado que dominaba el jardín del convento, y empezó a hablar.

“Hermano Jacinto. Creo que a todos nos impresiona vivir en un mundo lleno de injusticias, de miserias, de pecados, de pobreza, de muertes violentas, de terremotos y disparos. Nos cuesta, sobre todo, ver morir a niños inocentes, ver llorar a las madres por sus hijos, ver la angustia de socorristas con pocos medios y con esperanzas mortecinas.

Pero hay un modo distinto y más profundo de ver las cosas. Desde Dios, a la luz del cielo, descubrimos que la muerte no es desgracia, no es condena, no es fracaso. Es simplemente, como decía un laico profundo y sencillo que vivió hace unos años en Italia, un paso, la entrada en una paz envidiable y profunda.

Ese laico, Renzo Buricchi, hablaba así a un amigo pocas horas de morir: «Marcello, lo que te digo a ti debes decirlo a todos: ¡morir es algo maravilloso! Se entra de repente dentro de una luz que no tiene igual, y sientes una paz y una alegría que no puede compararse con ninguna sensación».

Las personas por las que lloras acaban de dar el paso. Antes vivían en medio de dolores y de angustias. Ahora pertenecen al mundo de Dios. Allí no hay lágrimas, ni tinieblas, ni injusticias, ni angustias. Quienes acogieron la mano maravillosa del Dios amigo gozan en estos momentos de algo muy grande, algo que nada ni nadie podrá arrebatarles.

Es cierto que la prensa, la radio, la televisión, nos muestran cuerpos mutilados, ennegrecidos, despedazados. Pero lo más importante de cada una de esas personas, sus almas, es indestructible. Han empezado a vivir en una dimensión distinta. Han pasado a una nueva etapa de su existir humano.

En esa nueva etapa ellos nos esperan a ti y a mí. No quieren vernos tristes, no quieren que la angustia atenace esa capacidad que tenemos de amar y de acompañar a los vivos que no conocen la maravilla de la muerte, que sufren porque creen haber perdido a alguien que, en cambio, goza ya de la dicha de los cielos.

Hermano Jacinto, si vivimos de verdad como cristianos, si tenemos una fe profunda en Cristo muerto y resucitado, veremos cada acontecimiento con ojos nuevos. Lo que antes creíamos ser desgracia llega a convertirse en una bendición, en un momento de dicha indescriptible. La verdadera desgracia, el fracaso más profundo de una vida, consiste en no haber sabido amar, no haber sabido acoger el amor continuo que el Padre de los cielos ofrece a cada uno de sus hijos y de sus creaturas.

Hoy podemos, tú y yo, rezar para que las miradas de los corazones lleguen más lejos. La vida nace desde el Amor y avanza hacia el Amor. El Amor escribe la última página de la historia. Todo lo que no es Amor es pérdida. Si tenemos que llorar y lamentarnos, es precisamente por esos que se consideran satisfechos en sus riquezas y no son capaces de pensar en sus hermanos.

Te invito a venir conmigo, unos momentos, a la capilla. Junto a Cristo están ahora cientos de almas de corazones buenos. Otros tendrán que pasar un tiempo en el purgatorio, en espera de una purificación completa. Otros... no sé, tú y yo quisiéramos un infierno vacío, pero cada uno escoge lo que ama. Nadie será obligado a ingresar en el cielo, a amar a Dios eternamente”.

Dos sombras oran, en silencio, en la capilla del monasterio. Junto al abad, con su mirada llena de paz, su respiración serena, sus manos arrugadas, está el hermano Jacinto. Empieza a comprender aquello que tantas veces había leído en el Evangelio: “Os digo a vosotros, amigos míos: No temáis a los que matan el cuerpo, y después de esto no pueden hacer más. Os mostraré a quién debéis temer: temed a Aquel que, después de matar, tiene poder para arrojar a la gehenna; sí, os repito: temed a ése. ¿No se venden cinco pajarillos por dos ases? Pues bien, ni uno de ellos está olvidado ante Dios. Hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis; valéis más que muchos pajarillos” (Lc 12,4-7).

El Misterio del Anillo de Bodas de la Virgen María con San José

Los evangelios hacen aparecer a María cuando narran la concepción de Jesús.

Según lo que narran se puede ver que María en ese momento era prometida de José de Nazaret, quien era carpintero.

desposorio

Los relatos evangélicos se inician después de los desposorios de María con San José.
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El evangelio según san Lucas dedica dos capítulos a la concepción e infancia de Jesús.
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Es en Lucas también donde es llamada “muy favorecida”, “bendita entre 
DESPOSORIO_DE_MARIA_Y_JOSE_2todas las mujeres”, “madre del Señor”…

Leer también dos visiones de los desposorios que son muy interesantes y otras dos reflexiones sobre el matrimonio santo:

FUE UN MATRIMONIO

La sentencia comúnmente aceptada por los teólogos es que María contrajo verdadero matrimonio con San José.
Para algunos es incluso verdad de fe (como Seldmayr), para otros próxima a la fe (Lepicier). Según el Papa Benedicto XIV la sentencia contraria (es decir, que no hubo matrimonio verdadero) es ‘temeraria’.
Los textos bíblicos siempre hablan de ‘desposorio’, ‘matrimonio’:
-Lc 1,26-38: ‘una virgen desposada con un varón de nombre José’;
-Lc 2,5: José fue a Belén, ‘con María su esposa’;
-Mt 1,18-25: ‘Estando desposada María… con José…’; ‘…José, hijo de David, no temas recibir en tu casa a María, tu esposa…’; ‘recibiendo en su casa a su esposa’…
Estos textos indican claramente que en el momento de la Anunciación, María estaba ciertamente desposada con José.
Era virgen (lo dice expresamente San Lucas).
Tenía intención de permanecer virgen, aún estando, como ya estaba, desposada: lo expresa claramente su pregunta al ángel: “¿cómo podrá suceder esto, si no yo conozco varón?”; esta pregunta carece de todo sentido y es ininteligible en una mujer que está a punto de convivir con un hombre, pues en tal caso debería haber supuesto que concebiría del modo más natural del mundo, una vez que empezase a convivir con José.
Distinto es el caso en que Ella tuviese intención, compartida con su esposo, de permanecer virgen; en este caso: o el ángel está hablando de un cambio de planes por parte de Dios…. o de un milagro inaudito.
La encarnación tuvo lugar antes de que María fuese llevada a casa de José. Revelado a José el misterio de la concepción virginal, José llevó a María a su casa, celebrándose las nupcias (Mt 2,24).

El matrimonio se realizó según el ceremonial hebreo que incluía: primero los esponsales o promesa de unión (en este estado de vida estaba María en la Anunciación) y luego las nupcias o solemne introducción de la esposa en casa del marido.

Según la tradición judía de aquel momento, los jóvenes varones se desposaban entre los dieciocho y veinticuatro años, mientras que las jóvenes mujeres a partir de los doce años eran consideradas doncellas (na’arah) a partir de esa edad podían desposarse.
El matrimonio judío tenía dos momentos, desposorio y matrimonio propiamente dicho: el primero era celebrado en la casa de la novia y traía consigo acuerdos y obligaciones, aunque la vida en común era preciso.
Si la novia no había estado casada antes se esperaba un año después del desposorio para llegar a la segunda parte, el matrimonio propiamente dicho, donde el novio llevaba solemnemente a la novia desde la casa de sus padres a la de él.
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Los desposorios entre los judíos equivalían a nuestra boda, aunque no eran nupcias definitivas.
Si después de los desposorios ella era infiel a su marido se la consideraba adúltera, y si éste moría, a ella se la consideraba viuda.

Los desposorios judíos suponían un compromiso tan real que al prometido se llamaba “marido”.
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Aunque María no vivía todavía con San José, ya era su legítima esposa.
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Por eso el ángel llama a María esposa: «José, no temas aceptar a María, tu esposa».

En cuanto a la naturaleza del matrimonio hay que decir que San José y la Virgen María contrajeron verdadero matrimonio en cuanto a su esencia (o como se dice en teología: en cuanto a su primera y esencial perfección).
Porque lo formal del matrimonio (lo que constituye propiamente a un hombre y una mujer en esposos) es el consentimiento para la unión conyugal, es decir en la unión indivisible de los ánimos.
En cuanto a la segunda perfección (que es el uso del matrimonio o unión carnal de los esposos) José y María renunciaron voluntariamente antes ya de que María fuese introducida en casa de José. ¿Esto implica imperfección del matrimonio?.
Hay que distinguir que en cuanto a la unión carnal, no fue matrimonio perfecto, pero sí fue perfecto en cuanto a la educación de la prole: el niño Jesús.
¿Cuáles fueron los motivos de conveniencia para que María se desposase con San José si no iban a tener vida matrimonial (en cuanto a la unión carnal)?.
Los motivos más importantes que señalan los santos Padres son:

Para que Jesús no fuera tenido por hijo ilegítimo por los impíos.
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Para escribir su genealogía dentro del uso corriente, por medio del varón.
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Para ocultar al diablo el parto de la Virgen.
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Para que José tuviera el oficio de alimentarlo.
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Para librar a la Virgen de toda infamia (calumnia).
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Para que no fuera apedreada como adúltera por quienes no aceptasen el milagro de la Encarnación virginal.
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Para que tuviese el auxilio de José a lo largo de su vida.
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Para simbolizar a la Iglesia desposada con Jesucristo.
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Para honrar a la virginidad y al matrimonio, y presentar tanto a las vírgenes como a las esposas un ejemplo vivo.

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EL ANILLO NUPCIAL DE MARÍA Y JOSÉ

Desde la Edad Media los anillos de la boda de José y María ejercieron cierta fascinación en la religiosidad popular.
La influencia de las narraciones apócrifas que se deleitaban en el milagro de la elección de José para esposo por una parte, la iconografía de los desposorios por otra, contribuyeron a que la ceremonia de la boda.
Con anacronismos encantadores, divulgarán la imagen de la imposición o entrega del anillo por san José a la esposa María virgen.
Todo ello explica el hecho de que se conservaran y veneraran en lugares distintos cinco anillos nupciales al menos.
La primacía numérica la detentó u ostentó Francia, con cuatro de las cinco joyas devocionales.

Dos monasterios benedictinos poseían sendas alianzas: el borgoñón de Semur-en-Auxois que, según la tradición, fueron donadas por el que fuera patrono o encomendero del monasterio, el conde Gérard del Rosellón, a mediados del siglo VIII.
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El otro, más tardío, pertenecía a la abadía de Anchin, y se contaba que había sido transportado por los cruzados y donado por benefactores civiles y eclesiásticos en el siglo XIII.

Ya en el siglo XIV y comienzos del XV se veneraba en Notre Dame de Paris el par de anillos que se creía haber intercambiado los santos esposos en su boda.
La fuente principal y señera que lo transmite es, nada menos, Jean Gerson, que esgrime en prosa y verso esta prenda para afianzar su constante petición de una fiesta con misa y oficio de los desposorios de José y María.
Lo suplicaba al poderoso e influyente duque de Berry en 1413 poniéndole de relieve el gran servicio religioso que prestaría estableciendo y apoyando la fiesta (que habría que colocar en tiempo litúrgico de Navidad) del “virginal matrimonio de San José y Nuestra Señora y el rezo del oficio” que él mismo había compuesto, y, además, todo ello en la iglesia de Notre Dame de Paris, “donde están los anillos del desposorio de la Virgen”.
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EL ANILLO DE PERUGIA

Ni todos en conjunto, ni ninguno de los anillos franceses en particular, pudieron competir con el realmente afortunado.
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El que se conserva aún y se venera en la capilla propia de la catedral de San Lorenzo de Perugia.

Puede decirse, incluso, que es la reliquia josefina por excelencia, la más enriquecida de gracias espirituales, con indulgencias.
La más rica también en leyendas y en bibliografía de todos los talantes, desde la más crédula a la más crítica y rigurosa.
La vigente aún y animadora de acontecimientos culturales y festivos con motivo de la exposición pública y ritual del anillo nupcial.

Sus orígenes son oscuros a más no poder, algo frecuente e incluso incitante en devociones populares.
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Para ser más exactos, habría que decir que no se conocen los orígenes del santo anillo, lo que sitúa a la reliquia en el ámbito de la fantasía, de la imaginación, y del juego lejano de claros intereses político y religiosos.
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La leyenda, posterior, explica la llegada del santo anillo a Chiusi, su primera localización, en el siglo III gracias a la mártir santa Mustiola, patrona de Chiusi y que había recibido el santo obsequio de su marido, también mártir.

La otra versión, no más verosímil ni probable que la anterior, habla de la presencia de la reliquia nupcial en Chiusi ya a principios del siglo XI.
Un joyero local, Rainerio o Ainero, la había recibido en Roma de un judío, con el ruego de que la venerase como merecía, condición que no cumplió Rainerio con aquella joya, que dejó semiolvidada en la iglesia de Santa Mustiola.
Hasta que a eso de los diez años, el hijo (además único) de Rainerio murió y fue conducido a la iglesia de Santa Mustiola.
Allí, estando en el túmulo, resucitó para reprochar públicamente al padre su pecado de descuido, y, tras haber recibido la seguridad de reparación de la culpa, murió otra vez plácidamente.
Y comenzaron los milagros, ya en aquella misma ocasión con un repique de campanas sin que nadie las tañera.
Siguieron con castigos a alguien que no respetó al santo anilloy, según narran los cronistas de Chiusi conducidos por la fantasía, se multiplicaron sin cesar en lo sucesivo.
La fama de los milagros despertó las rivalidades.
Y a mediados del siglo XIV, con la excusa de que la iglesia de Santa Mustiola, extramuros y regida por canónigos regulares, resultaba insegura para tal tesoro, la reliquia se depositó en la catedral.
Fue una decisión de la autoridad civil, y los pleitos que se siguieron entre los canónigos de ambas iglesias condujeron a que la autoridad eclesiástica, el obispo de Chiusi, decidiera que el santo anillo fuera depositado en una iglesia neutral: la urbana de los pobres franciscanos conventuales.
relicario del anillo de perugia
Allí estaba, cuando se hizo presente otro de los elementos habituales en la historia y en el tráfico de las reliquias: el hurto sacro, revestido casi siempre con ropajes de intervenciones sobrenaturales para justificar la nueva propiedad.
En el caso del santo anillo es posible que actuaran también rivalidades entre los poderes civiles y los eclesiásticos.

Lo cierto fue que uno de los frailes del convento de San Francisco, se dijo que llamado fray Winter, de Maguncia, sustrajo la reliquia.
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Lo que ya no es tan seguro es discernir si, tal y como confesaría el fraile, la robó con el objetivo de llevarla a su tierra alemana o, comprado por las autoridades perusinas que se lo pagaron con generosidad, llana y sencillamente para entregar el tesoro tan rentable a la ciudad de Perugia.

La justificación se fabricaría por parte de la ciudad con la tradición de que cuando el fraile ladrón se encaminaba hacia Alemania, justo allí, junto a Perugia, le sorprendió una niebla tan densa y tan duradera, que le impidió progresar, y por ello, y por inspiración divina, se vio obligado a entregar la preciosa prenda al gobierno urbano de la ciudad.
Por supuesto, el común de Perugia lo acogió gozosamente y lo encerró en un arca fortísimo y con muchas llaves. Y se depositó en la catedral de San Lorenzo.
Como era de esperar, las dos ciudades se enzarzaron en una guerra que no se limitaba a la confrontación legal sino que llegaba también a expresiones más violentas.
Sixto IV, a quien recurrieron desde Chiusi y desde su defensora Siena, decidió contra Perugia; pero el sucesor, Inocencio VIII, que necesitaba ganarse el favor de la ciudad, dirimió el conflicto a favor de Perugia. Para celebrarlo, en 1487 predicó un encendido apóstol de san José, el franciscano fray Bernardino de Feltre.
Fueron tan arrebatadas y fundadas sus palabras, que animó a las autoridades a honrar la milagrosa reliquia con la edificación de una capilla dedicada al santo anillo prónubo, como en realidad se hizo, y a fundar lo que sería el alma alentadora del culto y de la veneración: la Cofradía del Santo Anillo.
Capilla propia en la catedral, cofradía responsable, interés del municipio, todo ello ha influido de manera decisiva en la devoción a una reliquia simpática, no cabe duda.
No obstante, a pesar de estos factores, a los que hay que añadir el del atractivo turístico de las fiestas en la actualidad, en tiempos anteriores a los contemporáneos se necesitaba también, y sobre todo, para la popularidad la oferta de ganancias espirituales y los milagros.
En cuanto a las indulgencias, de las que disfrutaban los cofrades, para ganarlas estaban los tres días de exposición, cuando se sacaba el santo anillo de su arca fuerte y se mostraba al público.

Y por lo que se refiere a los milagros, las crónicas y los escritos apologéticos dan buena cuenta tanto de los prodigios atribuidos a la mediación de la reliquia como a su fama de proteger a las esposas embarazadas, a las familias en cualquier necesidad.
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Favores que podrían obtener no sólo a los peregrinos a su capilla sino también quienes disfrutasen de alguna copia (que solía ser también de piedra) del santo anillo de Perugia.

La veracidad de la reliquia sería cuestionada, naturalmente, además de por las exigencias religiosas de elite, por los críticos, desde que en el siglo XVII la historiografía se hiciera más rigurosa y aventurase los criterios de autenticidad característicos de los ilustrados del siglo XVIII.
La verdad es que los Bolandistas, tan rigurosos con las leyendas carmelitanas y las historias proféticas, se muestran mucho más suaves con el santo anillo.
Andreas Rivet, en su interesante “Apología mariana” (1639) expone con tanta dureza, que hasta el comprensivo Benedicto XIV se vería obligado a matizar sus clamores.
Con este motivo, el cardenal Lambertini esgrime un principio muy válido de hermenéutica historiográfica: “en estas cosas no hay que reclamar más que la probabilidad ni de este anillo hay que aseverar nada de manera firmísima sino, y solamente, creer piadosamente lo que es tradición”.
La crítica sensata llegaría precisamente de este papa ilustrado. Al tratar de las fiestas marianas, concretamente y en primer lugar de la de los Desposorios de la Virgen con san José (23 de enero), termina hablando de la reliquia del santo anillo.
Alude a los que la atacan y también a los excesivamente crédulos, como acabamos de ver, y manifiesta su punto de vista:
“Pero nosotros, con la debida veneración hacia esta reliquia, advertimos con la mejor voluntad a quienes lean esas cosas que no se crean que por las actas de Sixto IV y de Inocencio VIII la Sede Apostólica ha juzgado como genuino este anillo santo.
Porque ambos pontífices trataban solamente de si el anillo sagrado debía adjudicarse al pueblo de Chiusi o al de Perugia; y a pesar de que en aquel juicio se presumía la verdad del anillo, ¿quién hay que ignore que una cosa es presumir y otra el definir y declarar?”.
La devoción y la leyenda, la capacidad de penetración de los sermones antaño, de artes como el teatro, o del turismo, han popularizado esta reliquia, mimada por la ciudad que la posee.
Por si fuera poco, la iconografía, concretamente la pintura, y la pintura de maestros de primer orden, ha sido otro factor de propaganda del santo anillo.
Nos referimos al cuadro de los Desposorios, la tabla encargada por los magistrados y oligarquías urbanas de Perugia nada más recibir el refrendo pontificio de la reliquia en su posesión (1486).

Después de avatares diversos, fue el maestro Perugino quien lo pintó, y en la capilla del santo anillo permanecería desde 1504 hasta que los franceses en 1797 lo expoliaran y lo llevaran a Francia (hoy se encuentra el cuadro en Caen).
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Tanto los Desposorios de Perugino como los coetáneos de su discípulo Rafael de Urbino, sitúan en el centro de la escena nupcial la entrega del anillo de José a María.

Accion de Gracias por el regalo mas grande del mundo

La imagen puede contener: velas y noche
Acción de Gracias por el regalo más grande de todos
P. ED BROOM, OMV
Acción de Gracias por el regalo más grande de todos
Acción de Gracias es un día de fiesta nacional que reúne a las familias para socializar, comunicar, conectar emocionalmente, y para disfrutar de una buena comida abundante! En este día no debemos olvidar la razón principal que debemos rendir abundante acción de gracias; esto es para Dios, que Él es y todo lo que Él nos ha dado tan generosamente a todos nosotros desde el momento de nuestra concepción hasta nuestro último aliento.
En efecto, ¿qué tenemos que no hayamos recibido de su amante y generosa Providencia? Sólo una cosa: nuestros propios pecados, éstos nos eligió debido a nuestra propia voluntad perversa.
Nos gustaría centrarse en un regalo crucial que debe mover el corazón a desbordamiento en agradecimiento no sólo un día al año, sino todos los días de nuestra vida. Este es el don sublime de la sagrada Eucaristía.
De todos los dones que Jesús nos dejó antes de ascender al cielo, donde está sentado a la diestra de Dios Padre, este don, este regalo más sublime, este don inefable y celestial de la bondad del corazón más sagrado de los méritos de Jesús nuestro gratitud constante. De hecho, la propia palabra Eucaristía significa "acción de gracias".
Veamos brevemente, de una manera tranquila y contemplativa, moverse a través de los distintos momentos en los que debe reconocer el don de la Eucaristía, adoro esta "presencia real" y rendir abundantes y rebosantes gracias.
1. Institución de la Eucaristía. Demos gracias a Nuestro Señor y Salvador Jesucristo, porque en Su amor y cuidado providencial instituyó la Santa Eucaristía en la última cena. De hecho, la última cena fue la primera Santa Misa donde Jesús instituyó el regalo de los regalos de la Santa Eucaristía. ¿Cuando y cómo? Cuando Jesús tomó el pan y el vino, bendijo, lo partió y dijo: " Tomen y coman esto es mi Cuerpo; tomar y beber esta es mi sangre; haced esto en memoria de mí. " Con estas palabras más sagradas y profundas Jesús nos dejó hasta el final del tiempo de su" presencia real "en la Eucaristía. Para ello queremos agradecer el buen señor y millones de veces.
2. Órdenes Sagradas y el sacerdocio . Por otra parte, como una extensión de la Institución de la Eucaristía en la Última Cena, Jesús ha querido perpetuar la Eucaristía a través de la instrumentalidad del Orden o el sacerdocio. Demos gracias al Señor Jesús por ser nuestro sacerdote eterno y alta, sino también gracias al Señor Jesús para instituir el Sacramento del Orden o el sacerdocio. ¿Qué tan importante es que gracias al Señor por el sacerdocio, sino también a orar por más vocaciones al sacerdocio, así como para la santificación y la perseverancia de los sacerdotes en su ministerio sagrado. San Agustín llama el cura "Alter Cristus" -otro Cristo. Venerable Arzobispo Fulton J. Sheen define al sacerdote como "La víctima que ofrece la víctima ."
3. Consagración . En el contexto de la celebración de la Santa Misa por el sacerdote que debe ser muy consciente de ese momento más sublime de la consagración. Cuando el sacerdote repite las palabras que Jesús dijo en la última cena sobre el pan y el vino y eleva tanto el pan y el vino, entonces Jesús es verdaderamente con nosotros. En cierto sentido, podemos incluso decir que esta es la Navidad: Jesús naciendo en las manos del sacerdote. Nuestra actitud debe ser la de profundo agradecimiento. En silencio, durante la consagración, nuestros corazones deben ser levantadas en lo alto para alabar, adorar, culto y gracias a Dios por que descendía del cielo para estar con nosotros.
4. Santa Comunión . Se pone mejor y mejor !!! Jesús no quiere quedarse y permanecer en las manos del sacerdote. ¡No! Jesús desea encontrar su morada en el corazón mismo de la persona humana, es decir, en el corazón y el alma de la persona humana a través de la digna recepción de la Santa Comunión. Mientras vivía en la tierra, no hay acto más sublime que una persona humana puede hacer que para asistir a la Santa Misa con devoción, participar plena, activa y conscientemente y después de recibir a Jesús en la Santa Comunión. Esto es cuando el cielo desciende a la tierra y desciende a la persona humana elevándolo en lo alto. De hecho somos hijos e hijas de Dios, tabernáculos del Altísimo, e iconos vivientes de Dios mismo. Esto es más cierto cuando recibimos a Jesús en nuestros corazones en la Santa Comunión. Mientras que Jesús vivió en la tierra, la gente podría ver a Jesús sólo en ocasiones y, a veces sólo desde una distancia. Pero ahora podemos ver a Jesús todos los días en la santa misa en el momento de la consagración y luego recibirlo en lo más profundo de nuestros corazones en la Santa Comunión. Esto se puede hacer todos los días de nuestras vidas! Cuán grande es nuestro Dios, pero ¿cómo abundante debe ser nuestro agradecimiento a un Dios tan amoroso.
5. El Tabernáculo y Custodia del Santísimo Sacramento . Antes de ascender al cielo, Jesús nos dejó las palabras más consoladoras: "He aquí, yo estaré contigo siempre hasta el fin del mundo." (Mateo 28:20) Si Jesús de hecho hizo ascender al cielo donde está sentado a la diestra de Dios Padre a continuación, donde se puede encontrar a Él en la tierra? ¡La respuesta! En cada Iglesia Católica, después de la celebración de la santa misa, los anfitriones restantes se depositan reverentemente en el Tabernáculo; A esto lo llamamos "El Santísimo". ¿Cuál es su propósito al estar en ese Tabernáculo? Hay un doble propósito. En primer lugar, los ministros eucarísticos pueden tomar al Señor Jesús a los enfermos y confinados en sus hogares para que puedan recibir a Jesús incluso en su debilidad física. En segundo lugar, los anfitriones del consagradas eucarística Señor Jesús, el Señor de señores y Rey de Reyes-está esperando con paciencia y anhelo de sus amigos que vienen a rendirle una visita. Se regocija cuando sus amigos pasan una hora en su Divina Presencia. Arzobispo Fulton Sheen llama a esto "La Hora de Poder". Jesús espera pacientemente a todos los hombres y mujeres de buena voluntad para venir a visitar él, hablar con él, consolarlo, adorar y adorarlo, sino también para agradecer a Él!
En conclusión, el Día de Acción de Gracias, como una fiesta civil viene una vez al año. Sin embargo, para los seguidores de Jesús, el Señor, acción de gracias puede y debe ser todos los días. Esto se expresa de la manera más profunda y sublime por nuestro amoroso respeto de lo que sucedió en la última cena, en la persona del sacerdote, en el momento de la consagración, en el más sublime de todos los momentos en los que uno recibir la comunión con reverencia; Por último, este se prolonga en nuestras visitas eucarísticas. Que la Virgen que dijo "Sí" al Señor y la Palabra de Dios se hizo carne en su vientre sagrado para nosotros lograr una actitud de gratitud eterna. Que nuestras palabras sean las palabras del salmista: "Dad gracias al Señor porque es bueno, porque su misericordia es para siempre."

Con Madera del Árbol de la Vida: Madre de Dios de la Misericordia de Kykkos, Chipre (25 nov)

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viernes, 8 de abril de 2016

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