Suena el teléfono y veo en la pantalla de mi móvil “Mamá”, siempre pienso en la suerte que tengo de poder recibir esa llamada y poder buscar entre mis contactos a esa persona abnegada con la que compartir siempre que me encuentro alegre, triste o quiero compartir algo con alguien que me quiere incondicionalmente. El rol de las madres, junto la familia, ha sido fundamental para el desarrollo humano e integral de las personas a lo largo de la historia.
Jesús ya pidió a su Madre amor incondicional por cada uno de nosotros. Junto a la cruz de Jesús estaba su madre, la hermana de su madre, María, la de Cleofás y María la Magdalena. Jesús al ver a su madre y junto a ella el discípulo que amaba, dijo a su madre: “Mujer aquí tienes a tu hijo”. Luego, dijo al discípulo: “Ahí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo lo recibió como algo propio. (Jn 19. 25-27).
Aunque a veces en la sociedad las madres se sienten poco valoradas y escuchadas, son pilar de la familia, y a menudo, transmiten el sentido más profundo de la práctica religiosa: oraciones, gestos de devoción que un niño aprende de sus padres y se plantan las semillas de la fe en los pequeños corazones. Cada hijo es un don, un regalo en el que la Madre nos regala sabernos y sentirnos hijos y nos hace hermanos. Sentirse querido y amado como uno es, no por lo quién somos sino por lo que somos. Una sociedad sin madres sería una sociedad deshumanizada, su misión como la que Jesús encargó a su Madre, es la mirarnos todos desde un amor verdadero e incondicional, como una madre mira a sus hijos. La madre Teresa de Calcuta fue madre espiritual de muchos niños durante su vida, en su bello poema dedicado a la maternidad evoca la importancia de las semillas plantadas en los niños durante su crecimiento.
«son pilar de la familia, y a menudo, transmiten el sentido más profundo de la práctica religiosa: oraciones, gestos de devoción que un niño aprende de sus padres y se plantan las semillas de la fe en los pequeños corazones.»
Enseñarás a volar,
pero no volarán tu vuelo.
Enseñarás a soñar,
pero no soñarán tu sueño.
Enseñarás a vivir,
pero no vivirán tu vida.
Sin embargo…
en cada vuelo,
en cada vida,
en cada sueño,
perdurará siempre la huella
del camino enseñado.
En nuestros días el papel de las madres, espiritual o terrenal, en el más amplio sentido de la palabra, es uno de los pilares donde mirarnos. Todos podemos ser madres de alguien que se siente solo y abandonado, un refugio de escucha y de amor incondicional donde no te sientas juzgado ni herido, ese amor que una madre siente por su hijo y que tiene la capacidad de que sembrar y enseñar el camino correcto en el que sentirnos libres.
por Manuela Ruedas Martinez
Periodista, madre apasionada por la familia. Interesada en la psicología y en las personas.
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