Viernes semana diecinueve Tiempo Ordinario (12 agosto 2022)
De Corazón a corazón: Ez 16,1-15.60-63 (“Pasé junto a ti… hice Alianza contigo y fuiste mía”); Mt l9,3-12 (“Lo que Dios unió, no lo separe el hombre”)
Contemplación, vivencia, fraternidad, misión: Frecuentemente oímos la palabra “Alianza”, como cuando participamos en el sacrifico eucarístico de Cristo ("cáliz de la Nueva Alianza"). Dios ha querido establecer un “pacto de amor”, que él mismo compara al amor matrimonial. Todo ser humano está llamado a entrar en esta intimidad de Dios. Gracias al sacrificio redentor de Cristo, es posible vivir esta realidad familiar con Dios. Sin este amor nupcial de Dios, manifestado en Cristo, no se entiende nada del cristianismo. Entrar en la vida matrimonial supone un “catecumenado” previo y permanente. Entonces se entiende la unidad, la fidelidad y la fecundidad. La familia que vive esta realidad, es "Iglesia doméstica" y fuente de vocaciones.
*Con María la Iglesia camina en comunión, abierta a las sorpresas del Espíritu Santo: Todo corazón humano ha sido creado para reflejar el amor de Dios, que es la máxima unidad vital. En el matrimonio cristiano, esta unidad indisoluble la hace posible el “sí” de Cristo pronunciado por los esposos en su nombre. María es la máxima Madre porque es la máxima Virgen. En la fidelidad matrimonial y en la virginidad, en cada vocación a su modo, se quiere pertenecer totalmente a Cristo.

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