De Corazón a corazón: Hch 13,13-25 (“Dios ha suscitado un Salvador, Jesús”); Jn 13,16-20 (“Yo conozco a los que he elegido… el que acoja a quien yo envíe, me acoge a mí”)
Contemplación, vivencia, fraternidad, misión: Las palabras de Jesús, pronunciadas en la última Cena, son siempre recién salidas de su Corazón, también hoy en nuestra época eclesial. En realidad, no hay "salvación" plena si no es en "Jesús" ("Salvador"). Dios Amor ha sembrado semillas y huellas de esta salvación en todos los pueblos; pero todo lleva a Jesús, el único "Salvador". El que sigue al Señor, está llamado a ser su transparencia y destello. Nos ha elegido para amarle y hacerle amar. Entonces la vida ordinaria se hace fecunda en el gozo de la esperanza.
*Con María la Iglesia camina en comunión, abierta a las sorpresas del Espíritu Santo: La vocación apostólica se tiene que vivir con el "amor maternal" de María y de la Iglesia: "La Virgen fue en su vida ejemplo de aquel amor maternal con que es necesario que estén animados todos aquellos que, en la misión apostólica de la Iglesia, cooperan a la regeneración de los hombres" (LG 65).

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