viernes, 2 de febrero de 2024
jueves, 1 de febrero de 2024
PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN DÍA 2 DE FEBRERO
PARA TENER EL ESPÍRITU DE ORACIÓN Y DEVOCIÓN
Pensamiento bíblico:
Cuando entraban en el Templo con el niño Jesús sus padres, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2,28-32).
Pensamiento franciscano:
Nuestro Señor Jesucristo -escribe san Francisco- puso su voluntad en la voluntad del Padre, diciendo: Padre, hágase tu voluntad; no como yo quiero, sino como quieras tú. Y la voluntad del Padre fue que su Hijo bendito y glorioso, que él nos dio y que nació por nosotros, se ofreciera a sí mismo por su propia sangre como sacrificio y hostia en el ara de la cruz; no por sí mismo, por quien fueron hechas todas las cosas, sino por nuestros pecados, dejándonos ejemplo, para que sigamos sus huellas (2CtaF 10-13).
Orar con la Iglesia:
Acojamos a Cristo Jesús, que viene a nuestro encuentro, y presentémosle nuestras peticiones:
-Por la santa Iglesia de Dios, para que, por la vida de sus fieles y el ministerio de sus sacerdotes, haga brillar ante los hombres la luz de Cristo.
-Por los que tienen autoridad en la vida pública, para que su labor sea siempre de servicio, de justicia y de paz.
-Por quienes han cumplido muchos años, para que vean realizadas sus esperanzas trascendentales y puedan ir al Padre llenos de paz.
-Por todos los que creemos y esperamos en Cristo, para que la manifestación del Señor en la carne sea causa de vida y no ocasión de caída.
Oración: Dios todopoderoso, que recibiste en tu templo a tu Unigénito, que se ofrecía por nosotros, escucha nuestras oraciones. Te lo pedimos Jesucristo, nuestro Señor. Amén.
Señor mío Jesucristo, que por el amor que tienes a los hombres, permaneces de día y noche en este Sacramento, lleno de misericordia y ternura, esperando, llamando y acogiendo a todos los que vienen a visitarte, yo creo que estás aquí presente. Te adoro desde el abismo de mi nada, te doy gracias por todos los favores, y especialmente por haberte entregado a mí en este Sacramento; por haberme concedido a María, tu propia Madre, como intercesora; y por haberme llamado a visitarte en esta iglesia.
Yo saludo hoy a tu amadísimo Corazón y deseo adorarle, en agradecimiento por este gran don, en reparación de todos los ultrajes que tú, mi amado Jesús, recibes, en este Sacramento, de tus enemigos.
Oh, Jesús mío, te amo de todo corazón. Me arrepiento de haberte ofendido tantas veces. Me propongo con tu gracia no ofenderte más en adelante, u ahora, aunque estoy lleno de faltas e imperfecciones, me consagro todo a ti. Haz de mí, lo que te agrade. Yo solo te pido y solo deseo tu santo amor, y la perseverancia hasta el fin.
Te encomiendo también las almas del purgatorio, especialmente a aquellas que han sido más devotas del Santísimo Sacramento y de María Inmaculada.
Por fin, mi amado Salvador, uno todos mis afectos a los de tu amorosísimo Corazón, y los ofrezco a tu Padre Eterno, suplicándole que por amor a ti, se sirva aceptarlos y escucharlos. Así sea.
Santo Evangelio 2 de Febrero 2024
Texto del Evangelio (Lc 2,22-40):
Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, como está escrito en la Ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor» y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor.
Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre Él, le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel». Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de Él.
Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: «Éste está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción —¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!— a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones».
Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén. Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él.
«Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación»
Rev. D. Lluís RAVENTÓS i Artés
(Tarragona, España)
Hoy, aguantando el frío del invierno, Simeón aguarda la llegada del Mesías. Hace quinientos años, cuando se comenzaba a levantar el Templo, hubo una penuria tan grande que los constructores se desanimaron. Fue entonces cuando Ageo profetizó: «La gloria de este templo será más grande que la del anterior, dice el Señor del universo, y en este lugar yo daré la paz» (Ag 2,9); y añadió que «los tesoros más preciados de todas las naciones vendrán aquí» (Ag 2,7). Frase que admite diversos significados: «el más preciado», dirán algunos, «el deseado de todas las naciones», afirmará san Jerónimo.
A Simeón «le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor» (Lc 2,26), y hoy, «movido por el Espíritu», ha subido al Templo. Él no es levita, ni escriba, ni doctor de la Ley, tan sólo es un hombre «justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel» (Lc 2,25). Pero el Espíritu sopla allí donde quiere (cf. Jn 3,8).
Ahora comprueba con extrañeza que no se ha hecho ningún preparativo, no se ven banderas, ni guirnaldas, ni escudos en ningún sitio. José y María cruzan la explanada llevando el Niño en brazos. «¡Puertas, levantad vuestros dinteles, alzaos, portones antiguos, para que entre el rey de la gloria!» (Sal 24,7), clama el salmista.
Simeón se avanza a saludar a la Madre con los brazos extendidos, recibe al Niño y bendice a Dios, diciendo: «Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz; porque han visto mis ojos tu salvación, la que has preparado a la vista de todos los pueblos, luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel» (Lc 2,29-32).
Después dice a María: «¡y a ti misma una espada te atravesará el alma!» (Lc 2,35). ¡Madre!, —le digo— cuando llegue el momento de ir a la casa del Padre, llévame en brazos como a Jesús, que también yo soy hijo tuyo y niño.
Liturgia de las horas P. Paco Rebollo SIERVOS DEL DIVINO AMOR. OFICIO DE LECTURA, LAUDES, HORAS INTERMEDIAS, VÍSPERAS Y COMPLETAS. 2 DE FEBRERO VIERNES IV DEL T. ORDINARIO FIESTA DE LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR
Del Propio de la Fiesta.
LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR. (FIESTA)
OFICIO DE LECTURA
INVITATORIO
Si ésta es la primera oración del día:
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:
Ant. Mirad, el Señor llega a su templo santo, venid, adorémosle.
Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA
Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.
Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Mirad, el Señor llega a su templo santo, venid, adorémosle.
Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: CRIATURAS, ALEGRAOS
Criaturas, alegraos,
pues la salud nos llega:
el Redentor del hombre,
Señor de cielo y tierra.
María, toda gracia,
abre a Cristo la puerta:
pasa el Rey, y cerrada
eternamente queda.
La Madre es todo gozo,
el hombre es todo espera,
y Cristo presentado
de gracia al mundo llena.
Honor y gloria a Cristo,
a quien el Padre engendra,
y por el Santo Espíritu
da a luz una doncella. Amén.
SALMODIA
"Vuestras oraciones".
"Vuestras oraciones".
ORACION MANOS1
Hijitos: Os amo y bendigo y saben que Yo os escucho, mas os quiero decir que en vuestras oraciones os falta más desprendimiento, que seréis aun más escuchados, siendo vuestra oración un verdadero coloquio de amor conmigo; para llegar a esto debéis pensar a quién estáis alabando, que no debéis repetir como un disco en el cual se grabó aquello y que cuantas veces queráis, repite lo mismo.
Daos cuenta ya de la importancia de la oración, sentidme presente, atento a lo que me decís, a lo que me pedís. ¡Poneos en Mi presencia verdaderamente!; dejad todo aquello que os estorbe, que os perturbe, olvidando todo, levantando vuestro espíritu, dejando lo terreno que os ata, sed sinceros teniendo humildad, reconociendo vuestras miserias, vuestra nada, ¡Nada es más agradable a Mi Corazón, que un alma que al dirigirse a Mi, reconozca su nada!.
Nunca será escuchada una oración llena de soberbia y vanidad, mas os digo: no confundáis; la confianza sí es de Mi agrado, esa confianza que mueve las fibras de Mi amante Corazón; porque debéis pensar que soy Amor y Misericordia y que os escucho por más pecadores que seáis, porque por eso estoy en los sagrarios, esperando pacientemente a las almas que se acercan para tener este diálogo.
Estoy a vuestro lado siempre solícito a vuestros llamados y que Mi Madre es el camino para llegar a este diálogo, que siempre la nombréis y pidáis su auxilio y me ofrezcáis vuestras oraciones, por medio de su Corazón Inmaculado, tened por seguro que vosotros seréis escuchados.
Pedid al Espíritu Santo el fuego para esta oración, porque todo el que pide en Mi nombre, será escuchado y todo el que busca encontrará la Luz, la Verdad y la Vida Eterna, porque Yo soy el Camino. Tomad vuestra cruz y seguidme llenos de regocijo, de amor, porque sois hijos de la luz y luz debéis ser.
Dictado por el Sagrado Corazón.
Siervos del Divino Amor
MISAL DIARIO PALABRA DE DIOS. LECTURAS DEL VIERNES IV DEL T. ORDINARIO 2 DE FEBRERO LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR (BLANCO)
"Luz que alumbra a las naciones y gloria de tu pueblo, Israel".



